Volví! Me imagino que después de tanto tiempo sin aparecer por acá deben querer matarme o bien ya se olvidaron de mi fic. No los culpo, y les pido mil disculpas y que le den otra oportunidad a mi historia. Lo único que puedo decirles es que este semestre ha sido un caos y que antes de entregarles un capitulo hecho todo mal y a la rápida, preferí tomarme mi tiempo. Espero que la espera haya valido la pena y que el largo la compense. A todos gracias por sus reviews y animo. Y ya no los hago esperar más. ¡A leer!
-¡Umi, eso fue verdaderamente memorable! –la felicitó Geo con un caluroso apretón de manos y una brillante sonrisa que dejó al descubierto una dentadura muy bien cuidada –Eagle realmente no se lo esperaba, nadie en verdad. Y yo que no le tomé una foto a la cara de mi comandante...
-Geo no exageres –logró articular la guerrera entre risas.
-No lo hace –intercedió Zazu –Creo que de ahora en adelante el pobre Eagle va a pensarlo más de dos veces antes de decidir por ti.
-Sí, creo que tendré que tener mucho cuidado contigo de ahora en adelante.
La turbación del trío fue más que evidente y sus caras de inocencia y disculpas a medio de decir, cuál de todas menos segura a la anterior, no engañaban a nadie. Eagle los observaba, apoyado a uno de los lados de la puerta de la sala que Geo generalmente usaba para descansar y comer dulces. A pesar de la sonrisa en su cara, había algo serio en su semblante, algo que le indicaba a Umi que su audacia le iba a salir muy cara.
-Geo, me parece que todavía te queda papeleo que revisar de ayer y Zazu, ¿podrías revisar la serie D de los nuevos robots de combate? Me parece que hay un ligero desfase en la activación del escudo de defensa.
No bien hubo dicho eso, tanto el sub-comandante como el ingeniero en máquinas se apresuraron a evacuar el lugar, dejando a la muchacha completamente sola para enfrentar a ese par de ojos dorados que se posaban en ella. Estaba algo nerviosa, pero para nada amedrentada y francamente ella sabía que volvería a repetir su accionar otras mil veces si fuera necesario.
Fue la risa del hombre frente a ella la que terminó por eliminar cualquier pensamiento negativo. Era su risa normal, no la de un hombre planeando una siniestra venganza y eso la tranquilizó lo suficiente como para confesar –¿Sabes que hablar por detrás de la espalda de alguien de esa forma puede producir arritmias e incluso ataques cardiacos?
-¿En serio? –pregunto poniendo fin a las carcajadas –No lo habría adivinado nunca –dijo con fingida inocencia –Claro que tampoco te hubiera imaginado poniéndome en semejante situación sin previo aviso.
-¿Qué situación? –dijo con la voz más inocente que pudo.
-Umi...
Ahora la que reía era ella –Lo siento, pero me no dejaste salida –se sentó en una de las sillas de la sala -¿Dónde están ahora?
-Mi padre los está atendiendo –respiró con alivio.
-¿Tan terrible fue? –después de soltar una pequeña risa.
-No lo calificaría de esa manera, pero sí... fue algo incomodo al principio –se sentó en la silla junto a ella –Tus padres son simpáticos, no malentiendas –tenía los codos apoyados en sus rodillas y estaba ligeramente inclinado hacia delante.
-¿Pero?
-No vuelvas a hacerme algo como eso –la miró directo a los ojos.
-Entendido... –logró susurrar ante la intensidad y autoridad de su mirada.
Al verla así, decidió suavizar su mirada. Después de todo, tampoco se trataba de espantar a la amiga que tanto había extrañado. Además, no le gustaba verla intimidada, menos por él.
-Sé que no te gustó que decidiera por ti, pero lo hice creyendo que era la mejor opción del momento. Tú y las otras iban a meterse en problemas si no regresaban y eso no me hubiera gustado nada. Además, ya bastante habías hecho por mí. De no ser porque reaccionaste rápido y fuiste a buscar a Alcar...
-Nunca lo sabremos –ella acababa de inclinarse hace adelante para apoyar su mano sobre la de él –Prefiero no pensar en esa alternativa.
-Tampoco a mí me agrada mucho, pero es cierto. Ya le agradabas bastante a mi padre, pero luego de eso definitivamente te tiene en un altar.
-Muy bien, si la idea era avergonzarme, ya lo lograste.
-No era esa la intención inicial, pero es bueno saberlo.
-Odioso –retiró su mano de la suya y con, ademán de fastidio, apartó la vista de él.
El rió. Luego la quedó mirando en un modo que despertó gran curiosidad en ella. Era casi como si estuviera meditando algo de profunda importancia, pero no se decidiera a dar con la conclusión definitiva a pesar de tenerla delante de la nariz.
-De verdad que tienes apenas catorce –dijo finalmente y aún entonces no parecía muy convencido.
-¿Eh? Sí, esa es mi edad –respondió sin entender que tenía eso que ver con la conversación -Aunque no por mucho; en tres meses cumplo quince.
-Quince años... Tan joven...
-¿Perdón?
-A que recién vengo a caer en cuenta de lo niña que eres –por la cara que ella le puso, pudo darse cuenta de lo mal que le había caído ese comentario y rápidamente agregó –No tiene nada que ver con tu carácter, de hecho, por tu madurez cualquiera podría pensar que eres mayor. Yo mismo tiendo a olvidar que tienes la misma edad que Hikaru.
-¡Vaya comparación! –se colocó de pie y adoptó una pose más bien defensiva y con ambos cruzados al frente -En caso de que no lo hayas notado, Hikaru se ve mucho menor de lo que realmente es. Todavía recuerdo que en nuestra primera vez en Cefiro, Fuu y yo no la creímos mayor de doce años.
-Sí, me lo contó –dijo evitando reírse.
-¿A que viene esta repentina preocupación por nuestra edad? ¿No me digas que dudas de nuestra habilidad como guerreras mágicas sólo por eso?
-Un minuto, señorita, yo no he dicho eso –de pronto se había puesto muy serio, ya sin ninguna risa que controlar.
-Pero es que eso es lo que parece –se volteó, dándole la espalda completamente y se dirigió a una de las ventanas. No lo vio ponerse de pie y dirigirse hacia ella, ni siquiera lo escuchó, y es que el entrenamiento militar había hecho sus pasos muy silenciosos –Y en todo caso, ¿quién eres para juzgar eso? Zazu es tu ingeniero en máquinas y es sólo un año mayor que yo. ¡Tú tienes diecinueve y ya eres comandante!
-Me malentendiste –los escasos dos pasos de distancia a la que él estaba de ella, la hicieron sobresaltarse algo. Eagle lo notó, pero no hizo ningún comentario al respecto –No fue mi intención hacerte sentir así –había algo dulce en el tono de su voz, pero molesta como estaba, Umi no lo notó.
-¿Entonces qué? –ella seguía dándole la espalda. "¿Cómo es posible que me creas una chiquilla inmadura".
-La situación con tus padres fue incomoda porque no supe que reacción esperar de ellos. Es cierto que me he enfrentado a peores cosas, pero siempre con una gran cantidad de información al respecto. Una batalla puede ser feroz y uno estar en gran desventaja, pero créeme que el más mínimo conocimiento sobre lo que te espera alivia mucho la carga. Y en mi caso en particular, me permite ver mis puntos a favor, por muy pocos que sean, e improvisar.
-Muy bien, creo que ya me quedó claro que te sentiste acorralado –dijo ella cortante –Lo que no entiendo es que tiene eso que ver con que yo tenga catorce.
Eagle suspiró –Cuando me veo enfrentado a algo de improviso, acostumbro a analizarlo e intentar contrastarlo con algo que ya conozco –le explicó –Lo más cercano a esto ha sido cuando uno de mis subordinados ha resultado herido o muerto.
-¡Pero si yo estoy perfectamente! –se había volteado.
-Y créeme que estoy feliz por ello, pero por favor déjame continuar –más que enojada, ahora Umi se veía intrigada y algo alarmada -Dar la cara a sus familias tras un accidente o la muerte... siempre me ha resultado difícil y doloroso, pero insisto en que esto fue más complicado de manejar –su voz, siempre tan segura, ahora parecía tener problemas para salir de su boca -Al menos los familiares con quienes tuve que lidiar anteriormente, sabían a lo que sus hijos e hijas se veían expuestos como miembros del Ejercito Autozamita. Con tus padres la historia fue muy distinta.
-Eagle... –ya se había olvidado por completo de su molestia y lo observaba casi con aprensión.
-Hasta ahora, no sé que tanto les contaste sobre lo de ser Guerrera Mágica. Eres enérgica y decidida, capaz de valerte por ti misma y sacar adelante a aquellos que amas, estoy seguro de que ellos saben todo eso y se sienten orgullosos por ello. Pero lo cierto es que hasta hace unos días, dudo que te hayan imaginado como algo más que su hija querida. ¡Su única hija, para colmo! –era obvio que ese hecho seguía poniéndolo incomodo.
-¿Tanto te preocupas por eso?
-No puedo evitar ponerme en sus zapatos, eso es todo –ya no la miraba a ella sino al suelo.
Ella acortó aún más la distancia que había entre ellos y le retiró de la frente unos mechones que habían tapado sus ojos –Ya no pienses en eso. Es cierto que quedaron algo aturdidos al principio... –reconoció ella, en una forma que le arrancó una diminuta sonrisa al joven –pero ya lo superaron.
-¿Segura? –preguntó algo incrédulo.
-Sí, segura –contestó ella –Los Ryuzaki nos sobreponemos rápidamente a las sorpresas. Además, la estadía en Cefiro les ayudó mucho antes de venir aquí. Gurú Clef –un leve sonrojo tiñó sus mejillas –fue muy amable y paciente con ellos. Bueno, con ellos y el resto.
-¿El resto? –se interesó.
-¿De verdad no se te hizo raro que con lo preocupado que estaba por tu salud, Lantis volviera a Cefiro de forma tan repentina y que tuviera todo listo para irse en sólo un día? –le preguntó juguetona.
-Lo que me estás diciendo es que tu familia no fue la única en enterarse, ¿verdad?
-Básicamente –le sonrió –Pobre Lantis, seguro que todavía está dando explicaciones a sus futuros cuñados, en especial a los dos menores.
-¡Vaya amigo! Supo todo tres días antes que yo, ¡y no me dijo nada!
-No tuvo tiempo, Hikaru le dijo cuando ya estábamos en Cefiro. Además tengo entendido que estabas en mitad de tu tratamiento.
-Sí, Tatra estaba atendiéndome –se rió –Ese Lantis. En fin, me lo merezco por haber intentado invadir su planeta.
Con el animo más relajado y los malentendidos y molestias resueltos, la conversación se hizo más ligera y poco hubo al final de esta que el comandante no supiera de lo ocurrido durante la ausencia de Umi. Eagle rió de buen agrado cuando ella le relató sobre las peripecias de su amigo con los hermanos de Hikaru y, aunque todavía estaba algo resentido con él por haberle ocultado información, no pudo menos que experimentar algo de compasión hacia el pobre Cail.
-Ya veo que lo tendrán a prueba por un buen tiempo. Al menos el mayor lo está apoyando.
-Satoru es muy maduro y comprensivo. En cambio los otros... En fin, son buenas personas, nada más un poco sobre-protectores. Seguro que en cuanto se den cuenta de que Lantis daría su vida por proteger a Hikaru y que la ama más que a nadie, se calman y lo llaman hermano.
-Me encantará torturarlo cuando lo vea.
-¡Eagle!
-¿Qué? ¿No puede uno jugarle bromas inocentes a los amigos? –preguntó con su mejor cara de niño bueno.
-Sí, pero tú... –suspiró –Sólo no te excedas.
-Palabra de Comandante –se llevó la mano al corazón.
Umi volvió a suspirar. Con diecinueve años, un carisma que le ganaba el afecto y confianza de sus subordinados y pares, y el cerebro de un consumado estratega político y militar, él podía llegar a comportarse como un verdadero niño a ratos. Y sin embargo era a ese niño travieso, de habla fácil y honesta, al que había extrañado tanto. Sentía que podía hablar de todo con él. Inconscientemente, sonrió al pensar en eso.
-Creo que no me queda otra que creerte –lo dijo como quien hubiera dicho "Dios me ayude"
-¡Oye!
-Ya hablamos mucho sobre mí y Cefiro –sin hacerle el menor caso -ahora quiero escuchar sobre ti y Autozam. ¿Nada que yo pueda considerar interesante?
-Pues ahora que lo dices... A qué no adivinas a quién empieza a importarle de sobremanera todo lo que tiene que ver con cierta princesa.
-¿Alguien interesado en Tatra? ¿Románticamente dices?
-No podría asegurarlo aún –comenzó a decir pensativo y a caminar por la habitación con los ojos cerrados y ambos brazos detrás de la espalda -Es demasiado reciente. Pero con el estimulo adecuado... quién sabe hasta dónde podrían llegar los sentimientos de cierto sub-comandante –se detuvo y le echo una mirada de reojo a una muy atónita Umi.
-¡Geo! –gritó cuando finalmente fue capaz de reaccionar -¡Geo está enam...! –la mano de Eagle en su boca le impidió formular cualquier otro sonido.
-¡Shhhh! No tan fuerte –su voz era firme, pero apenas un murmullo –No creo que a él le guste que el planeta entero se entere –la liberó y al verla apenada por su reacción, le dedicó una sonrisa para devolverle la confianza -Como te dije, aún no puedo decirlo, pero sí puedo decirte que ella le agrada y que siente una fuerte admiración por su forma de ser.
-Ella es una excelente persona –dijo con cierto orgullo.
-Y una excelente guerrera también.
-¿La vio pelear? –estaba sorprendida –Pero si ella nunca levanta armas a menos que sea necesario.
-No es que la haya visto combatir, al menos no la primera vez –dijo como si eso fuera obvio dada la personalidad de la joven princesa –pero si vimos un impresionante despliegue de agilidad, precisión y velocidad. No me había impresionado tanto con alguien desde que me enfrente a Lantis por primera vez.
-¿Serías tan amable de explicarme qué pasó? –dijo la ansiosa y terriblemente impaciente Umi.
-Ocurrió luego de una de nuestras sesiones –comenzó a contarle –A pesar de que Tatra redujo significativamente mi tensión luego de ella, la verdad es que no me encontraba del todo bien al terminar –Umi evitó hacer comentarios, pero por el brillo de sus ojos y la repentina rigidez de sus labios, pudo adivinar que no le había agradado nada oír eso –Todo está bien, no tienes nada de que angustiarte. Algo he avanzado en el tiempo que no estuviste.
-¿Seguro que no lo dices sólo para calmarme? –preguntó, recordando su inclinación a restarle importancia a los problemas propios.
-No te culpo por pensar eso, pero estoy bien, en serio –le aseguró con total convicción -¿En dónde estaba? ¡Ah, sí! A Tatra no le gustó nada verme en ese estado. Traté de convencerla de que lo único que necesitaba era descansar, pero se resistió a dejarme solo. Dijo que el ambiente de la habitación había quedado muy cargado después de mi terapia emocional y que si realmente quería descansar lo mejor era salir a dar un paseo. Y así, antes de darme cuenta, estaba en un ascensor con ella y Geo, dirigiéndonos a una de las áreas recreacionales.
-¿También él?
-Dijo que necesitaba un guía turístico.
Umi se rió sin la menor intención de disimularlo –Con el sentido de orientación que tiene y toda la información que ustedes nos dieron sobre los alrededores del palacio presidencial, a mí lo que me parece es que en realidad pidió la colaboración de Geo para asegurarse de que no te le escaparas y de paso subirte el animo.
-¿Y tú crees que no lo sé? El caso es que me dejé arrastrar por esos dos y lo cierto es que no me arrepiento –al ver como su rostro se iluminaba por los recuerdos, a ella no le cupo la menor duda –Geo se encargó de que fuéramos a un lugar en el que no había estado antes.
-Creí que conocías todos los alrededores.
-Esa área apenas estaba en construcción cuando partí con mi flota hacia Cefiro. No tardaron mucho en habilitarla, pero debido a mi coma y luego a mi recuperación, no puede verla hasta ese día.
-Se ve que te gustó.
-Sí... Tal vez te lleve más tarde –añadió entusiasmado -En fin. Estuvimos mucho rato dando vueltas por el lugar. La atmósfera de ahí es muy agradable, con todos esos niños corriendo y esa naturaleza autentica... En poco tiempo me sentí mucho mejor y me dediqué disfrutar sin pensar en nada más.
-Hasta que te relajaste.
El reprimió la risa, pero aún así, esta combatió por asomarse en sus labios –El caso es que a Geo le dio hambre y terminó invitándonos comida para llevar –ella lo miró con cara de "¿por qué no me sorprende?" -¿Qué? No tiene nada de malo comer algo como eso siempre que no se pase la mano.
-Aha... Bueno ¿y qué pasó luego de que los invitó?
-Nos sentamos a comer y a hablar debajo de un árbol en pleno centro de las áreas verdes. No habíamos compartido mucho cuando escuchamos gritos y vimos a alguna gente muy inquieta y luego corriendo.
-¿Qué pasó? –ella parecía inquieta.
-Uno de los nuevos robot de entrenamiento de combate se salió de control. Al parecer estaban haciéndole un chequeo en el transportador encargado de llevarlo a la academia de combate cuando se descompuso. Nos dio un buen susto.
-Cuando dices robot de combate, no te refieres a uno como el tuyo ¿o si?
-No. Como te dije era uno de entrenamiento. Son mucho más pequeños, aunque a mí me superan en por lo menos metro y medio de estatura.
-Pero yo he visto sus robots de entrenamiento ¡y son enormes!
-Te estás confundiendo con los de simulación.
-¿No es lo mismo?
-No. Un robot de entrenamiento se utiliza para preparar a los soldados al combate directo; es decir cuando estás fuera de toda maquina o vehículo. Un simulador en cambio, se usa para familiarizarlos con los dispositivos de los robots de combate y como entrenamiento para los torneos. El disfuncional era de los primeros.
-Creo que ya entiendo –contestó luego de procesar la información -¿Y qué hicieron con eso suelto?
-De partida, llamar a Zazu para que diera aviso y enviara un escuadrón de control, y lo segundo, intentar distraer su atención de los civiles y proteger a los mismos.
-Así que hicieron de señuelo.
-Y funcionó bastante bien, hasta lo hicimos caer –dijo con cierto orgullo –claro que nunca pensamos que su láser se dispararía producto de la caída, hay un mecanismo para evitar que eso pase, y claro, casi le da a un niño –la cara de Umi decía más que mil palabras –Tranquila, él está bien. Tatra intervino justo a tiempo.
-¿Lo quitó del camino?
-No le dio tiempo, fue demasiado rápido. Lo que hizo fue escudarlo.
-¿QUÉ? –antes de darse cuenta ya estaba de pie y prácticamente encima del comandante.
-¡No con su cuerpo, mujer! ¡Usó un escudo! –dijo al borde la risa al observar su reacción.
-¡Me lo hubieras dicho! –se defendió ya con algo de color en las mejillas, luego respiró con alivio -El escudo fue parte de su magia de defensa, ¿no?
-Sí –sin previo aviso comenzó a reír con toda la fuerza de sus pulmones dejando a una asombrada jovencita -¡Hubieras visto mi cara y la de Geo!... Fácilmente nos hubiéramos tragado a alguien –tosió un poco –Ver a una princesa sacar un escudo de la nada y proteger ella misma a un niño indefenso... –lentamente comenzó a calmarse –Y eso no fue todo.
-¿Hay más?
El joven asintió –Sí. El rayo que ella repelió dio contra una rama de árbol, una bastante gruesa, pero así y todo la cortó –había vuelto a estar serio –Apenas si había salvado al pequeño cuando otros dos ya estaban en peligro. Uno por estar debajo de la rama y la otra por haber estado trepada en ella.
-Nunca puede ser simple, ¿verdad? –razonó algo inconforme.
-No. Rara vez lo es –se quedó callado unos segundos, pensativo. Luego siguió narrando los hechos –Geo fue quien salvó al pequeño de morir aplastado, deteniendo la rama con sus propios brazos. Aún para él fue esfuerzo importante. Sus manos se lastimaron producto de roce. No tardé mucho en ir a ayudarlo y entre los dos dejamos la rama en el suelo y revisamos que el pequeño estuviera bien. Pero entonces oímos un grito y fue recién entonces que caímos en cuenta de la niña que colgaba varios metros sobre nuestras cabezas. La pobre apenas se sostenía y el miedo no la ayudó mucho, y como era de temerse se soltó... –para entonces Eagle tenía la frente apoyada en ambas manos; su expresión nada satisfecha, más bien sombría. A Umi le quedó muy claro que él todavía sentía la culpa por el descuido y por lo que pudo pasar –Si no hubiera sido por Tatra... debió verla desde mucho antes que nosotros... Salió de la nada y haciendo acrobacias de rama en rama, la alcanzó antes de que llegara al suelo.
-Menos mal –dijo llevándose la mano con alivio al pecho –Por lo visto sigue tan ágil y despierta como la recordaba.
-Ni lo dudes. El caso es que después de eso Geo quedó realmente fascinado con ella. En realidad, creo que ya lo estaba un poco cuando nos recibió con el resto de la comitiva. Como te dije de momento no pasa de una gran admiración y agrado, pero lo cierto es que es muy difícil producir un impacto tan profundo en él.
-No lo culpo. Es difícil imaginarse a alguien como ella, tan relajada y aparentemente distraída e infantil tomando acciones tan precisas. ¿Me pregunto a quién me recordará? –preguntó con una sonrisa divertida mientras lo miraba directo a los ojos con una mirada más que significativa.
Siguieron conversando un buen rato a solas, hasta que se les unió Caldina y la tan mencionada princesa. Ambas estaban felices de volver a tener a Umi entre ellos. La bailarina estaba algo molesta con ella por no haberla ida a ver directamente, aunque eso no le impidió casi tirarla al piso tras un efusivo abrazo. En esos momentos la muchacha se encontraba aún atrapada en sus brazos y siendo victima de reproches más bien cariñosos que amenazadores.
Tatra sonreía encantada con la escena. Ver a una Umi incomoda y fascinada al mismo tiempo con el recibimiento de alguien, era algo que no se veía muy seguido. Casi parecía una niña pequeña encantada de visitar a una tía muy querida, pero que al mismo tiempo se siente agobiada ante tanta demostración de afecto.
Y el comandante, él sólo sonreía satisfecho. Aunque como Tatra notó, su sonrisa estaba mucho más llena de vida que las le había visto esbozar en los últimos días. No que estas hubieran sido fingidas, pero sin duda la que estaba en sus labios en esos momentos superaba a todas en calidez. Sin duda alguna el cambio tenía que ver con la peliazul y esa influencia positiva no escapó a los ojos de la princesa, quien inmediatamente planeó como usar eso a favor de su paciente.
