Hola! Espero no haberme demorado mucho esta vez con el capitulo. Tuve algunos problemas con la partida del capitulo, pero estoy más que conforme con el resultado final. Sé que la acción puede verse un poco lenta, pero necesitaba dejar unas cosas en claro antes de seguir adelante con la relación Umi-Eagle. Les prometo que el próximo va a tener mucho más de eso.
Como siempre voy a estar esperando sus reviews, que además de ideas me dan mucho animo. Chao.
Esa noche, los padres de Umi durmieron cómodamente en una de las mejores habitaciones del palacio presidencial. Había sido un día largo y agitado para ellos, igual que los últimos cinco desde que su hija les había confiado todo lo que tenía relación con Cefiro.
Fue una impresión muy grande. No porque no creyeran la historia de su hija, todo lo contrario; el brillo de sus ojos y su seguridad para expresarse les había dado clara cuenta de que la muchacha de no estaba mintiendo ni alucinando. Todo había sido real. Todo era real. Era ese conocimiento lo que los impactaba. No necesitaban ser unos genios para darse cuenta de que Umi les había contado todo con el menor número de detalles peligrosos. Perfectamente podrían haber perdido a su única hija sin enterarse del cómo y aunque no habían dicho nada, ese pensamiento los había aterrado.
Ahora eso estaba ampliamente superado o al menos a muy escasos pasos de estarlo. Cefiro y el evidente cariño de sus habitantes hacia las tres guerreras, así como el genuino agradecimiento y aprecio por parte de los Chizetanos hacia su hija, habían contribuido notablemente a su tranquilidad. Y lo más importante, Umi era feliz; eso era innegable. Esa gente ya era parte de ella y por lo tanto igualmente parte de ellos.
En cuanto a los familiares de las demás muchachas, también ellos habían llegado a conclusiones similares. Por no mencionar que la época de crisis y terribles batallas había quedado en el pasado. ¿De qué les servía hacer escándalo ahora que sus queridas niñas ya habían salido bien libradas y airosas de tantos peligros? Hubiera sido ridículo. Mucho mejor era adaptarse a la nueva situación con el mejor animo y disposición posibles. Cefiro era un verdadero sueño, ¿por qué no simplemente disfrutarlo? Sin olvidar que Hikaru y Fuu realmente se habían esmerado en hacer todo placentero para ellos, hasta el punto de improvisar comida japonesa con ingredientes locales. A ellas no podían decepcionarlas. Ya habían tenido bastantes remordimientos anteriormente y ellos no se convertirían en uno más.
El amanecer en Autozam llego rápido y aunque muchos fueron conscientes de ello, nadie fue testigo de él. Debido al altísimo nivel de toxicidad del planeta, todo sitio habitable del planeta estaba protegido por inmensos domos que se encargaban de filtrar la escasa luz solar, regular la temperatura y purificar el aire. Eso por no hablar de las cada vez más prolíficas ciudades subterráneas. Poco había en el exterior que pudiera interesar a alguien.
Aún con todas esas adversidades encima, sus habitantes seguían adelante, ya fuera por completa resignación a la realidad que les había tocado o por una firme esperanza en el futuro. Eagle era de estos últimos. Eso era algo de lo que Tatra estaba segura. Podía verse en sus ojos. Él amaba su mundo y por lo mismo jamás se resignaría a verlo sobrevivir a costa de costa recluirse a sí mismo. Tal vez por eso la simpatía casi inmediata por él. Después de todo el comandante y la princesa no eran tan diferentes en ese respecto.
Muy probablemente fue eso lo que la hizo saberlo despierto y dirigirse a su dormitorio tan temprano. Ni siquiera se dio el lujo de golpear, simplemente abrió la puerta, sabiendo que lo encontraría ejercitándose de algún modo. Y así fue. Tan concentrado estaba en su serie de abdominales que ni siquiera escuchó la puerta abrirse.
-No es por criticar, ¿pero no sería mejor hacer eso en un gimnasio? –preguntó ya estando detrás suyo.
-Tatra –se colocó ágilmente de pie con bien disimulado sobresalto.
-Creo recordar que Geo me comentó sobre las instalaciones de preparación física que tienen en la academia. Sumamente completas si la descripción se ajusta.
-Lo son.
-¿Y entonces?
-Conozco a mi padre. De por sí se preocupa mucho por mí y con todo lo que ha pasado él simplemente…
-¿Se ha vuelto sobre-protector?
-Algo. Podríamos decirlo.
-Es natural. Eres su único hijo. Pero te entiendo. Créeme que te entiendo -compartieron una risilla breve, él con ambas manos en la cintura y la mirada baja y ella observándolo como lo hubiera hecho con la propia Tata –Entiendo porque quisiste ocultárselo, pero otra cosa es ocultárselo a la persona encargada de cuidar tu salud, ¿no te parece?
-¿Por qué será que tengo la impresión de no haber logrado eso último? –levantó la mirada -¿Desde hace cuánto qué sabes?
-¡Oh, vamos Eagle! ¿Realmente creíste que no me daría cuenta de los signos de reciente actividad física? Eso sin mencionar el inconfundible aroma del pelo recién lavado y de tu loción para el baño –agregó con una brillante sonrisa.
Eagle reía abiertamente –Ser hombre y militar no quita el tener ciertas vanidades –explicó –La higiene personal es importante, especialmente si uno está en constante compañía de representantes de otros planetas.
-¡Muy bien dicho! Además, no hay nada mejor para un cuerpo cansado que un buen baño. Y siendo comandante sabes mejor que nadie lo puede ocurrirle a una herida si no hay limpieza de por medio.
-Vaya que lo sé –suspiró -¿Estás molesta?
-No –fue la sincera y simple respuesta –No lo estuve ni siquiera cuando lo descubrí.
-¿Por qué?
-Porque desde el principio te tomaste tu recuperación de manera responsable. Por eso y porque me di cuenta de que era tu manera de luchar contra los pensamientos negativos. De desconectar tu mente de aquello en lo que no querías pensar y enfocar tu atención en algo más.
Le tomó tiempo retornar a la realidad luego de escucharla decir eso. Era cierto. Las sesiones y la compañía lo ayudaban enormemente durante el día, acercándolo paso a paso a su tan añorada paz mental. El gran problema eran las noches. Tan pronto como lograba conciliar el sueño este se plagaba de sombras e imágenes confusas. Muchas veces le era imposible recordar esos sueños, pero siempre salía de ellos con una profunda sensación de angustia y la necesidad de escapar. ¿De qué? Lo ignoraba, pero ya estaba harto.
No siempre había sido así o por lo menos no a ese nivel. Claro que había presentado ansiedad y sueños inquietos luego del ataque, pero Varda, Alcar y posteriormente Tatra lo habían ayudado con eso y poco a poco estos habían ido disminuyendo en número. Pero últimamente las cosas habían escapado completamente a su control. A pesar de eso él había continuado con su vida tan sonriente como siempre, procurando evitar toda preocupación a sus seres queridos. Creyó sinceramente que haber conseguido su cometido, pero claramente no había sido así.
El Eagle que Tatra tenía frente a ella poco o nada tenía que ver con la alegre y despreocupada imagen que él tanto se esmeraba en proyectar. El joven frente a ella tenía el semblante de un hombre mucho mayor, unas marcadas sombras debajo de los ojos y un lenguaje corporal que hablaba de cansancio espiritual y derrota.
-Eagle –ella habló con gran suavidad –tienes que entender que hace mucho que tu cuerpo dejó de necesitar atención. Es lo que ocurre aquí lo que me preocupa –dijo al tiempo que ponía su mano en su cabeza y acariciaba su pelo –Tienes que confiar en mí, de otra manera no puedo ayudarte y todo mi esfuerzo es en vano.
Poco antes de cerrar sus ojos, la mirada del comandante sólo podía describirse como una de profundo agradecimiento –Lo haré. Gracias.
Tatra parecía aliviada –De nada. Y ahora ve a bañarte. No me gustaría que tu cuerpo se enfriara y terminaras resfriándote porque yo te entretuve más de la cuenta. Cuando estés presentable búscame en la sala donde Geo, tú y los demás se reúnen. Ahí hablaremos con calma.
Ajena a esta conversación se encontraba Umi, quien aunque ya despierta seguía cómodamente acurrucada en su cama. No era cansancio lo que la mantenía ahí, sencillamente quería disfrutar de la quietud del momento. Bastante falta que le hacía luego del viaje a Cefiro y pocos días más tarde la llegada a Autozam. No lo había demostrado ante nadie, pero vaya que había estado tensionada con la revelación a sus familias. Ahora las cosas volvían lentamente a la calma y todavía más importante que eso era que las mentiras y los secretos habían llegado a su fin.
Más tarde contactaría a Hikaru y Fuu para saber como marchaban las cosas en Cefiro. No importaba la respuesta que se le diera, porque estaba más que segura de que nada podría empañar la libertad espiritual que sentía. Las demás sentían igual. Eso lo sabía sin necesidad de preguntar.
Y mientras ella decidía que de no ser extremadamente necesario no pondría un pie fuera de la cama en las próximas dos horas, Tatra lograba que Eagle descargara todo el pesar que silenciosamente había estado acarreando sin ayuda. En esas condiciones no era ninguna sorpresa que su estado de agitación al terminar las sesiones con ella hubiera llegado a niveles tan altos. No tenía más que recordar el día del incidente del robot de entrenamiento para saber que el comandante no hubiera resistido mucho más el seguir así.
Ahora que Umi estaba de vuelta, la princesa confiaba en lograr un avance mucho mejor. Ella tenía fuertes sospechas de que el hecho de que la muchacha hubiera vivido una experiencia similar, así como el saber que ella había lo había visto fuera de sí en los instantes previos al ataque y aún así no lo culpaba ni le temía, la convertían en un elemento clave en su recuperación. A eso se sumaba el que congeniaran y complementaran tan bien. Fuera por las razones que fuera ella le transmitía confianza y seguridad y eso era justamente lo que Eagle necesitaba para volver a ser él.
Para cuando la conversación llevaba un buen trecho y lentamente se acercaba a su fin, Umi ya estaba en pie y camino a la habitación designada a sus padres, deseosa de asegurarse que estuvieran bien. Geo había pasado por la habitación del comandante y algo preocupado de no haberlo encontrado ahí, se dirigió a la de Tatra sabiendo que ella debía saber si es que algo había mal. Allí se encontró con una nota dirigida a él y a la guerrera del agua. En ella la princesa explicaba que Eagle se encontraba perfectamente, pero que necesitaba tener una sería conversación con él a fin de darle un tratamiento efectivo, por lo que les rogaba no interrumpirlos y actuar lo más normal posible una vez se reunieran con ellos.
Geo suspiró para sus adentros. Sabía que si Tatra estaba preocupada por Eagle era porque en verdad había algo mal, por muy pequeño que fuera. De no ser porque la princesa aseguraba que la situación era remediable, muy seguramente el sub-comandante se hubiera alarmado. Que fuera ella la encargada de la recuperación de su superior y amigo lo calmaba. Ella lo sacaría adelante, de eso estaba seguro.
Con la nota cuidadosamente guardada en el bolsillo, fue en busca de Umi. Tatra había dirigido el mensaje a ambos y eso debía tener sin duda un porqué. Sería también una oportunidad para finalizar la conversación que su querido amigo había interrumpido la tarde anterior. El recuerdo le arrancó una sonrisa. Pobre Umi. Por buen corazón que Eagle tuviera, vérselas a solas con él… Definitivamente quería saber que tan bien librada había salido de la entrevista; aún le quedaba algo de culpa por haberla abandonado.
Le tomó tiempo encontrarla y cuando lo hizo ella se encontraba acompañada, no únicamente por sus padres, sino también por Caldina y Zazu. La primera conversaba animadamente con la madre de Umi, haciendo y generando comentarios que provocaban la risa de la peliazul y a ratos un gran abochornamiento por parte de esta. En cuanto a Zazu, él estaba pasando buen rato exhibiendo sus conocimientos ante un cordial señor Ryusaki.
-Veo que pasaron buena noche –comentó con semblante que parecía saludar a todo el grupo, pero con principal énfasis en los padres de la joven.
-Así es –respondió la señora Ryusaki con cara de total satisfacción –Realmente agradecemos su hospitalidad.
-No podríamos haber recibido mejor trato –agregó su esposo –Después del viaje el descanso nos vino como anillo al dedo.
-¡Era que no! –exclamó Caldina -Por mucho que Guro Clef haya procurado su comodidad, un viaje de esas características no deja de ser cansador.
-A decir verdad yo también estaba preocupada de que les afectara más –comunicó Umi –Con todas las experiencias que los he hecho vivir últimamente –lucía ligeramente mortificada.
-Ya no te preocupes por eso –la calmó su padre –Puedes ver que nos encontramos perfectamente y con muchas ganas de conocer Autozam.
-¡Yo puedo encargarme de eso! –dijo un entusiasta mecánico –El presidente me ha encargado escoltarlos hasta donde ustedes deseen y francamente será un placer.
-Sí, ya nos damos cuenta de que tienes ganas –le informó Geo a medio reír –pero baja un poco las revoluciones, tampoco es la idea asustarlos. Si por casualidad llegara a agotarlos con su entusiasmo desmedido, por favor no duden en hacérmelo saber –en un abrir y cerrar de ojos tenía al muchacho atrapado en un firma abrazo por el cuello –Yo sé muy bien como controlar a este pequeñín –en tanto le había sacado el sombrero y le alborotaba el pelo.
-¡Ah, Geo! –gimoteó tratando de librarse del agarre –No soy ningún pequeñín, ¡ya suéltame!
-Como digas, hombrecito –y lo liberó de golpe, guiñándole un ojo.
El pobre casi termina en el suelo por la repentina acción de su alto y moreno amigo. Cuando por fin recuperó el balance lo miró de reojo con visible molestia –Creo que prefería pequeñín –aquello que había sido dicho entre dientes, no dejó de provocar reacciones divertidas por parte del resto. Al ver que el quinceañero se veía cada vez más mortificado, le ofreció sus más sinceras y humildes disculpas, ofreciéndole además una generosa porción de sus dulces favoritos, lo que inmediatamente acabó con el enojo de Zazu.
Presintiendo que el grupo aún no había desayunado los invitó a pasar a una de las salas de conferencias del palacio presidencial (al extremo opuesto de donde se encontraban la princesa y su paciente), la que por no estar en uso en esos instantes y ser muy confortable, era un lugar más que apropiado para comer y conversar con calma.
Se instalaron allí sin complicaciones y tras preguntar qué se les apetecía, el propio sub-comandante se ofreció a traer los alimentos, requiriendo la asistencia de Umi para ese fin. La cocina tenía personal más que suficiente para esos menesteres, pero sabiendo lo independiente que era el moreno y su gran afición por los dulces (la que había transmitido con creces al comandante), la petición no la tomó completamente fuera de lugar. Ella misma estaba desarrollando un cierto gustillo por las golosinas Autozamitas y era una buena oportunidad para ayudar a su amigo a seleccionar la comida de acuerdo a los gustos de sus padres. Así que se excusó con ellos, prometiéndoles estar de regreso muy pronto con exquisiteces y dejándolos en la divertida y atenta presencia de Caldina y Zazu.
Ya en el pasillo, estando fuera del alcance auditivo de la sala y tras asegurarse de que no se encontrarían con nadie hasta llegar a la cocina, Geo procedió a sacar la nota de su bolsillo y alcanzársela a la muchacha.
-¿Qué es esto? –preguntó ahora sí tomada por sorpresa.
-Nada malo –le aseguró él –pero de todos modos es mejor que lo leas.
Mirando con cierta sospecha el papel, lo desdobló y no tuvo problemas para reconocer la letra de su amiga Chizetana. Atentamente leyó el contenido del mensaje y el sub-comandante fue testigo de cómo su semblante pasaba primero por uno de sorpresa para lentamente ir reflejando preocupación y finalmente adoptar una expresión más calmada pero pensativa.
-Ya se me hacía raro no haberme encontrado con ninguno de los dos –comentó devolviéndole el papel a Geo para que este lo guardara –Geo…
-Dime.
-¿Cómo estuvo después de que me fui El ya me comentó algo, pero aunque sé que no me mintió, también sé que no me dijo todo.
El moreno exhaló algo incomodo, mientras ponía la mano derecha tras de su cabeza –No ocurrió nada serio, pero al segundo día de que te fueras Tatra comenzó a alargar las sesiones –mientras hablaba podía sentir sobre sí la atenta mirada de Umi –Fue de forma gradual y como el tiempo no se extendió demasiado no me preocupé. No hasta que ella requirió mi presencia en el dormitorio de Eagle.
-El día en que los tres fueron al área recreacional y ese robot se salió de control.
-Veo que él ya te comentó algo ayer.
-Más o menos, pero me gustaría escuchar tu versión. Algo me dice que no oiré sobre lo heroica que fue Tatra, ¿verdad?
-No es que no lo haya sido –confirmó él –Pero sí, lo que oirás de mis labios nada tiene que ver con lo ocurrido en el parque.
De la boca de su alto amigo ella se enteró de que su primera impresión no había sido nada favorable ese día. Para empezar, el que la princesa lo hubiera convocado ya había resultado bastante fuera de lo común y si se le sumaba la sensación que fue despertándose en él conforme fue llegando a las cercanías del dormitorio… algo definitivamente andaba mal. Bastó abrir la puerta para confirmar las sospechas. Tal como Eagle había dicho, el ambiente del lugar había quedado tremendamente cargado, a tal punto que Geo sintió erizar su piel y tensar los músculos de su cuello. Para colmo la vista que ofrecía su amigo no era para nada alentadora. No era que estuviera lastimado, al menos no en una forma que él hubiera podido detectar, pero tampoco hubiera podido decir que estaba en su mejor forma. Lo que fuera que hubiese ocurrido allí, lo había dejado completamente alterado, si bien un desconocido sólo lo hubiera visto cansado. Pero él que lo conocía desde hace tanto y había pasado por tantas cosas a su lado, no fue fácilmente engañado.
Como la princesa lo viera poner el primer pie dentro de la habitación, rápidamente fue a su encuentro y con la expresión más despreocupada que fue capaz adoptar le comunicó que Eagle estaba bien, pero que necesitaba tomar aire para despejar la cabeza. Mientras hablaba, Geo observó que su amigo no era el único afectado, Tatra se veía ligeramente cansada y él no pasó por alto el ruego silencioso de sus ojos para que no comentara aquello que no le gustaba. Optó por seguir el juego y sacarlos a ambos de ahí lo más rápido posible, después de todo era cierto que una salida les haría bien.
El resto era bien conocido por la joven y Geo no se refirió a ello. Aún habiéndolo deseado, ya se encontraban a las puertas de la cocina y eso bastó para que Geo se abstuviera de seguir comentando sus impresiones. Umi, lejos de extrañarse de ello, compartió la discreción. Ninguno de los dos era ignorante de que Autozam pasaba por un momento tenso tanto en términos políticos como militares; cualquier comentario, por inocente que fuera, podía ser hábilmente usado por los oponentes del presidente Vision para desacreditarlo, igual ocurría en la milicia con ciertos oficiales de alto rango deseosos de ascender rápidamente en su carrera militar y a quienes les hubiera venido como anillo al dedo deshacerse de un potencial rival como Eagle.
No fue sino hasta al abandonar la cocina, ambos portando bandejas con platos, tasas, cubiertos, té, café, y una considerable cantidad de bizcochos y otras delicias, que Umi se atrevió a realizar un comentario:
-Y pensar que él me dijo que las cosas ya estaban mejor –había pesar en su voz –Dijo que había avanzado… Ya no sé que pensar.
-No creas que él trató de mentirte, porque no lo hizo –se apresuró a aclarar Geo –Sé que te es difícil creerlo luego de todo lo que has escuchado, pero la cosas de verdad mejoraron luego de ese día. No podría asegurarlo, no soy medico ni nada por el estilo, pero no me extrañaría que Tatra haya provocado eso a propósito –en vista de que ella lo miraba como si hubiera dicho un disparate y sus labios se aprontaban a defender a su amiga, tuvo que agregar rápidamente –Por favor no te enfades ni malentiendas, sé muy bien que ella jamás trataría de dañarlo. Le tengo gran estima, confianza y respeto, eso jamás lo dudes. Lo que creo es que Eagle inconscientemente no estaba realizando su terapia todo lo bien que debería haberlo hecho y ella al darse cuenta tomó medidas drásticas antes de que la situación se saliera de control. Algo así como abrir una válvula de escape cuando todavía es tiempo de evitar una explosión.
-Creo que entiendo tu punto y tiene sentido –dijo mirándolo –¿Pero si así están las cosas para qué la conversación a solas? Realmente me intriga.
-No creo que tengas que preocuparte por eso ahora –algo de tranquilidad comenzó a volver a su cara.
-¿Por qué lo dices?
-Mira adelante.
Caminando por el mismo pasillo en dirección hacia ellos, se podía divisar al comandante y la princesa, a considerable distancia aún. A Umi le hubiera acelerar el paso para ir a su encuentro, pero ya iban a paso ligero y correr con las bandejas repletas como iban de alimentos y bebidas hubiera provocado sin duda alguna un accidente. Ni hablar, tendrían que resistir un poco más.
Por fortuna no habría de ser tanto más, ya que ambos, Tatra primero y luego Eagle, los habían visto a su vez y aceleraron su andar para encontrarse con ellos. Tan pronto estuvieron frente a frente, lo primero que hizo el comandante, tras saludarlos, fue arrebatar la bandeja de las manos de la guerrera del agua para portarla él. Demás esta decir que las protestas de esta surtieron muy poco efecto sobre su rubio amigo.
-¿Qué clase de caballero sería si no te ayudara con esto siendo que tengo las manos vacías? De todos modos Tatra y yo íbamos a la cocina para conseguir comida, así que de todas formas hubiera terminado con una bandeja en las manos.
-Déjalo que la lleve, Umi –pidió la princesa –Hombres como él no hay muchos, ¿vas a darte el lujo de rechazar sus atenciones?
No le quedó más que resignarse, ¿y es que cómo decirle que no a su buena voluntad y a ese par de ojos ámbar tan dulces y hasta suplicantes? Mejor era que ella y Tatra fueran a la cocina en busca de las tasas, platos y cubiertos que les harían falta ahora que ellos se habían sumado al desayuno. Mientras eso ocurría, tanto de la boca de Tatra como la Eagle salía una simple pero significativa frase:
-Todo está bien.
Geo miró a su amigo directamente a los ojos y lo que vio en ellos causó que las comisuras de sus labios se curvaran un tanto hacia arriba, dotándolo de su clásica imagen confiada y resuelta. Se limitó a asentir con la cabeza y lanzarle una mirada que parecía decirle "Es gustó tenerte de vuelta."
La reacción de Umi en tanto había sido una de sentimientos encontrados. Claro que sabía que para que su amiga afirmara eso debía de ser cierto, cosa que la llenaba de satisfacción, pero al mismo tiempo su mente no dejaba de estar plagaba de preguntas relacionadas con la conversación que ellos habían tenido en la más completa reserva. Había estado a punto de preguntar al respecto, pero la gentil Tatra llevó su índice a sus labios, indicándole que aún no era el momento para aclarar dudas o más bien que no sería ella la encargada de despejarlas.
-Ten paciencia. Será él mismo quien te lo explique.
Nada más se comentó del asunto y pronto los cuatro se encontraron en compañía del resto, disfrutando de las exquisiteces que la cocina presidencial podía ofrecer. La conversación iba y venía animadamente por la sala de conferencia y la risa había inundado en más de una oportunidad el lugar.
Una vez satisfechos, Zazu reanudó su insistencia a los padres de Umi en darles un recorrido por el lugar hasta la hora en que el presidente se liberara de sus ocupaciones y pudiera atender personalmente a sus huéspedes. Ante tanta insistencia y la creciente curiosidad que sentían por conocer el lugar en que su hija había vivido el último tiempo, los señores Ryuzaki terminaron aceptando la gentileza del muchacho. Haciendo las veces de buen anfitrión, el comandante se sumó como segundo guía al recorrido y siguiendo su ejemplo, su segundo al mando se convirtió en el tercer guía (temía que su joven amigo terminara agobiando a la pareja). Por su puesto que el resto también se les unió, aunque como turistas. A pesar de ya conocer parte de Autozam, aún les faltaba mucho por recorrer; después de todo no habían olvidado su calidad de emisarias y que no estaban allí precisamente para divertirse. Esa era una gran oportunidad de equilibrar las cosas.
Pasaron por varios lugares, desde bibliotecas, universidades, museos, salas de concierto (verdaderos estadios algunas) centros comerciales (lo que derivó en jóvenes varones cargando un sinnúmero de paquetes) y escuelas varias hasta laboratorios de mecánica, centros deportivos y de simulación virtual y el estadio de combate robótico perteneciente a la academia militar (el más grande y seguro de todo Autozam). Finalmente y como broche de oro, Eagle condujo a todos al área recreacional de la que tan bien había hablado a Umi y estando allí, ella pudo entender porque lo había hecho.
Hermoso. El sitio, además de ser una maravilla del diseño y planificación, era realmente hermoso. Sin importar hacia donde miraran los integrantes del grupo, sus ojos se toparían con un agradable y frondoso verdor. Todo allí se veía fresco y vivo, invitando a la paz y la sana diversión. Sumándolo al tamaño del lugar, los innumerables juegos infantiles y los locales de comida y curiosidades, estratégicamente ubicados para no romper la paz del ambiente, no era difícil entender el aprecio que los Autozamitas habían llegado a experimentar por él en tan poco tiempo.
-¿Qué les ha parecido todo hasta ahora? –preguntó Umi a sus padres.
-Maravilloso, sencillamente maravilloso –su madre tenía una enorme sonrisa esbozada en los labios y lucía francamente satisfecha con la experiencia.
-Has conseguido buenas amistades –quien hablaba ahora era el padre –No te culpo por haber estado desesperada por regresar. Estás en muy buenas manos.
Ella sonrió, feliz de verse comprendida y saber que ya no tendría que temer la desconfianza de sus padres. Claro que de la cúspide de la felicidad descendió rápidamente a la más profunda de las vergüenzas, gracias a la misma pareja. ¿Qué sus padres no podían ser un poco más discretos con sus demostraciones de afecto?
-¿Por qué a mí? –alzó sus ojos hacia lo alto -¡Justo ahora que todo estaba tan bien! –no bien dicho eso pudo oír una sutil y respetuosa risa masculina a su espalda. Sabiendo a quien encontraría, se volteó un tanto irritada y dijo -¿Te encanta verme sufrir, cierto?
-No –fue la sincera respuesta del comandante –Pero no puedo negar que en estos momentos me ofreces una visión muy divertida.
-Odioso –nuevamente oyó esa risa -¡Oy! –se quejó -¿Por qué tienen que ser así?
-Yo no les veo nada de malo. ¿Qué no todas las parejas se abrazan y sonríen?
-Sí pero a esos dos poco les falta para ponerse a… ¿bailar? –Eagle la vio abrir los ojos enormemente sólo para cubrirlos con sus manos y colocarse increíblemente pálida segundos después -¡Oh no, lo están haciendo!
-Umi no te pongas así –le rogó él estando ya a su lado –Ellos sólo están muy orgullosos de su amor y lo que están bailando no es precisamente exhibicionista –los defendió, fascinado con la felicidad que irradiaban.
-En realidad no sé por qué me sorprendo. ¡Siempre hacen lo mismo! Ya me había extrañado que se comportaran.
-Pero están felices, ¿no te alegra eso?
-Sí. Sí lo hace.
Sin previo aviso, cuando ya se había resignado a las demostraciones de sus padres y sus labios sostenían una tremenda lucha consigo mismos para no acabar en una sonrisa, sintió un contacto firme pero suave en su hombro izquierdo. Nada más ladear un poco la cabeza se dio cuenta de que era la mano de su amigo, el que se inclinó hasta quedar al alcance de su oído.
-Necesito hablar contigo.
Como única respuesta ella asintió y dirigió su vista al resto del grupo, al que encontró muy entretenido con las danzas típicas Chizetanas que tanto la bailarina como la princesa estaban interpretando. Tal era el espectáculo que incluso sus padres se habían detenido para observar la demostración.
-¿Por qué será que creo que planeaste todo esto? –acusó ella.
-No lo sé –dijo inocentemente –¿Tal vez porque me conoces muy bien? –ni siquiera se había inmutado al decir eso y ante semejante muestra de cinismo Umi tuvo que llevarse rápidamente una mano a la boca para suprimir una sonora carcajada.
Sin más preámbulos, Eagle comenzó a caminar y a ella no le quedó más remedio que seguirlo. La caminata era sin prisa y al observarlo lo descubrió con los ojos cerrados e inspirando profundamente. Se veía tan tranquilo y apacible, y hasta le pareció verlo todavía más alto de lo que realmente era.
-A alguien le hace falta otra ida a la playa –comentó con voz cantarina, como queriendo provocarlo, pero cuando él la miró, lo único que vio fue una expresión dulce.
-Cuidado mujer, podría acabar por cobrarte la invitación y si eso pasa no sabrás como deshacerte de mí.
-Mmm… ¿Y si te compro con dulces?
La carcajada por parte de él no se hizo esperar –Buen intento, muy buen intento. Pero ni siquiera por eso perdería la oportunidad de estar otra vez frente al mar.
Habían llegado frente a un árbol de imponentes proporciones y cuya sombra era igualmente significativa. Sin mediar palabra, ambos acordaron de vista el sentarse a sus pies. Desde allí la joven pudo ver a sus amigas, aún luciéndose con sus bailes y ganando cada vez más público.
-No estaría mal que esas dos abrieran un taller de danza –comentó apoyándose en el tronco –les iría más que bien.
Le extrañó no recibir respuesta por parte de su compañero y al dirigir la vista a su lado izquierdo para ver que le ocurría, lo encontró con la mirada fija en las ramas del gigantesco árbol. Una rama en particular, una que había sido quebrada más o menos por su mitad. Viéndola bien, parecía chamuscada en el sitio que ahora era su extremo…
-Eagle… -su voz era expectante -¿Este es el árbol que creo que es?
-Sí. Este es.
-¿Por qué me trajiste aquí?
-Ya lo sabes, para hablar –el ámbar de sus ojos en vez de estar clavado en las alturas, ahora parecía muy interesado en el pasto debajo de ambos –Sé que te tengo preocupada y te pido disculpas por eso –se llevó la mano derecha a la parte de atrás de su cabeza, donde comenzó a juguetear con su pelo, inseguro acerca de cómo continuar –He estado teniendo sueños…
-¿Qué clase de sueños?
-No precisamente del tipo agradable…
