Bien, he aquí el capitulo 14. Después del 13 me inspiré y aproveché el entusiasmo XD. Espero que queden satisfechos con la interacción entre estos dos, si no, algo hice mal :S. El próximo no se para cuando esté, porque ya el lunes vuelvo a clases, pero no se preocupen, que no pienso tenerlos en espera mucho tiempo.

A todos gracias por leerme. Chao ;)


-Es una lastima que tengan que partir tan pronto. Apenas si estábamos conociéndonos, me hubiera gustado estar un poco más con ustedes –la ligera decepción reflejada en sus ojos era muestra de la verdad en las palabras de la heredera al trono de Chizeta.

-A nosotros también nos hubiera gustado quedarnos un poco más, querida –admitió la madre de Umi, conmovida por el cariño de la joven princesa –pero hay obligaciones que ya no podemos seguir postergando.

En el puerto espacial, ambas mujeres discutían lo corto de la estadía y acordaban maneras de permanecer en contacto por medio de Umi y posiblemente coordinar un reencuentro una vez los compromisos de ambas partes lo permitieran. Era el mediodía del cuarto y último día del matrimonio Ryuzaki en Autozam y al estar ellos a punto de abordar el transportador encargado de conducirlos a Cefiro, los sentimientos de separación y partida estaban a flor de piel.

-¿Papá, en serio no quieren que los acompañe hasta Cefiro? –Umi no se resignaba a separarse de ellos siendo que apenas si estaba empezando a compartir sus secretos con ellos.

-Hija, ya te expliqué que no es necesario. Además, aún tienes cosas que hacer aquí, ¿me equivoco? –sin pensarlo dos veces, hizo lo que siempre hacía cuando quería tranquilizarla: primero darle un golpecito cariñoso en la punta de la nariz, usando apenas la yema de los dedos. Una vez conseguida la sonrisa por parte de ella, simplemente apoyo su mano en su mejilla y ella a su vez, recargó esta en la palma de su padre –Estaremos bien. No olvides que Caldina viene con nosotros.

En efecto, la bailarina había terminado con sus funciones como emisaria de Ferio y acompañante de su princesa. Con Umi de regreso en el tecnológico Autozam, su presencia ya no era indispensable, por lo que decidió volver a Cefiro, donde su presencia podía ser útil al joven rey, Alcar y Varda en relación a los colonos Chizetanos. La partida de los padres de la muchacha ese día, sólo había puesto fecha a una determinación que ella había tomado el mismo día en que Umi había puesto sus pies en el planeta. Además, echaba de menos a Larfaga y Ascot.

De más está decir que Umi aprovechó la instancia para cargar a Caldina con regalos que debían ser repartidos entre sus amigos del mágico mundo y las otras dos guerreras. Incluso había dos paquetes destinados para los emisarios Chizetanos. Parecido ocurrió con el presidente y su hijo, quienes deseaban expresar su más sincera gratitud por todas las atenciones prestadas a este último. Como resultado, el transportador bien hubiera podido pasar por el dormitorio o la sala de estar de un jubiloso cumpleañero.

Geo y Zazu aún estaban terminando de acomodar todo en la nave y fuera de ella las despedidas continuaban. Silver Vision despedía calurosamente a los señores Ryuzaki, prometiéndoles que su hija estaría segura y nada le faltaría. Después de todo él también era padre y comprendía perfectamente las preocupaciones del matrimonio.

-Las tres Guerreras Mágicas han hecho mucho por nosotros y esta jovencita es alguien muy querida para mí. Vayan tranquilos, que volverá a ustedes en perfecto estado –aseguró posando paternalmente la imponente mano en el hombro de Umi. Si todo lo otro no había surtido efecto en sus padres, ese gesto sin duda lo había conseguido, pues iba acompañado de una mirada tan cálida que no cabía duda de su afecto ni de sus buenas intenciones.

Para ese entonces el sub-comandante y el mecánico emergían por las puertas de la nave, con todo ya listo en su interior. Tan pronto unos ojos ambarinos divisaron al más joven del dúo, una mano, replica casi exacta de la del mandatario, le indicó a éste que debía ir rápidamente al encuentro del dueño de esta. Geo no hizo ningún comentario de sorpresa ante lo ocurrido, nada más miró a esos dos. ¿En qué andarían? Los dos llevaban por lo menos tres días de estar muy misteriosos. Fuera lo que fuera, acaban de abandonar toda reserva al discutir su secreto en aquel lugar; sin duda se enteraría muy pronto de todo. Sabiendo eso, le pareció mejor ir donde el padre de su comandante y los viajeros para anunciarles que todo estaba ya listo para partir.

Mientras se acercaba al grupo con paso resuelto, sus ojos no pudieron evitar el ir a fijarse en Tatra, quien en esos momentos reía alegremente junto a Caldina. Ni idea de lo que había provocado semejante reacción por parte de la princesa, sin duda alguno de los precisos y divertidos comentarios a los que ya tan acostumbrado lo tenía la bailarina, honestamente eso lo tenía sin cuidado, lo único que tenía su atención entonces era la brillante sonrisa que ella era capaz de esbozar, eso y lo ligera y plena que sonaba su risa. Dándose cuenta de la distracción de su mente, sacudió su cabeza no con demasiada fuerza, pero sí con la energía suficiente como para despejarse. Ahora, por pequeña que fuera, había una obligación que cumplir.

-Señor, todo está listo y dispuesto para el viaje –informó él con una espalda perfectamente erguida, talones juntos, el respectivo saludo militar y un semblante que evocaba respeto por donde se lo mirara.

-Perfecto. Gracias, Geo –respondió junto con una educada inclinación de cabeza para luego dirigir toda su atención hacia los viajeros –Llegó el momento –Silver extendió cordialmente su mano hacia el padre de Umi.

-En efecto, ya es tiempo –dijo mientras cerraba su mano en la del presidente.

El gesto se produjo otras dos veces y fue imitado otras tantas por el resto de los presentes, incluidos cierto joven rubio y su pequeño amigo. Brevemente, pero de todo corazón, el mandatario les deseó un buen viaje y prometió tanto a Caldina como a la pareja mantenerlos al tanto de la situación de las dos jóvenes. Los Ryuzaki recibirían esas noticias por medio Hikaru o Fuu, pero no les importaba, lo importante era que estarían al tanto de las actividades de su hija. Sólo tenían que ser pacientes.

-Eso ya no va a ser necesario –Eagle se había adelantado, quedando al lado de su padre y ahora enfrentando su interrogante mirada –Junto con Zazu hemos preparado algo que esperamos será del agrado de todos los Ryuzaki.

En pocos segundos el quinceañero estaba lado a lado con su superior y en sus manos exhibía un estuche de metal que recibió curiosas miradas. Sin hacerse de rogar en lo más mínimo, el muchacho levantó la tapa de la caja, revelando dos interesantes artefactos que fácilmente cabían en la palma de la mano.

-Transmisores –comenzó a explicar –especialmente diseñados para poder comunicarse de una dimensión a otra. Uno es para los señores y el otro para Umi.

-Muy bien pensado hijo mío. Muy bien pensado en verdad –celebró el presidente.

-No me des tanto crédito. Yo tuve la idea, pero fue Zazu el que la hizo posible.

-Tampoco es para tanto –aseguró él un tanto apenado –Lo único que hice fue modificar comunicadores de voz. Me hubiera gustado convertirlos en un dispositivo de comunicación audiovisual, pero eso requería más experimentación y estábamos cortos de tiempo.

-Con lo que has hecho es más que suficiente –fue la conmovida respuesta del señor Ryuzaki, quien tras dejar su transmisor en manos de su esposa, estrechó cariñosamente la mano del joven mecánico –De verdad gracias.

Luego de eso Zazu le tocó ser rodeado por dos estilizados brazos a la altura del cuello -¡Gracias! –Umi le dedicó su mejor sonrisa y lo besó en la mejilla –De verdad que eres un genio.

Era oficial, entre tanto halago, agradecimiento y muestra de cariño, la emoción había acabado por desbordar al joven y apenarlo a niveles nunca imaginados por él. Prueba de ello era su cada vez más y más roja cara. Aún así, y haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, consiguió explicarle al agradecido matrimonio el funcionamiento del aparato y los cuidados requeridos para su mantención. Llamó la atención de todos el que el quinceañero había creado un mecanismo por el cual los transmisores obtenían energía gracias al calor corporal del usuario. Sin duda era inteligente. El propio Geo expresó palabras de admiración ante su trabajo, las que no contenían ni una gota de ironía. Por una vez no lo apodaba pequeñín ni nada por el estilo.

Y así, los tres viajeros subieron finalmente al transportador y emprendieron el viaje, ante la atenta mirada de todos. Una vez la nave desapareció de la vista de todos en el puerto, el grupo entero se dispuso a marcharse del lugar. Silver aún tenía asuntos de Estado que atender y por eso fue el primero en emprender la retirada, fielmente acompañado por su escolta habitual. En cuanto a los altos y jóvenes varones del grupo restante, tanto Eagle como Geo tenían que ir a sus cuarteles para recibir los archivos de los nuevos reclutas que estarían a su cargo por el año y organizar y despachar el papeleo correspondiente a su instalación y asignación. No era un trabajo difícil, pero si largo y meticuloso que exigía no descuidarse. En opinión de Geo era una actividad simplemente tediosa de la que más valía librarse cuanto antes; prefería ir a la guerra antes que vérselas todo el resto del día con la montaña de documentos que sabía los aguardaba. Eagle no era tan extremista al respecto, pero nada sacaba con negar que el trabajo de escritorio no era su actividad favorita. Los dos querían acabar aquella tarea lo más pronto posible.

-¿No deberían comer algo antes? –Tatra se preocupaba de que en su deseo por acabar rápido, terminaran descuidando su alimentación.

-No se preocupen por nosotros -empezó el sub-comandante -Conseguiremos algo en la base, ¿verdad, Eagle?

-Así es –confirmó él –La cafetería del lugar permanece abierta hasta tarde por el personal de mantenimiento y los guardias de la ronda nocturna.

-Por no mencionar a los pobrecitos oficiales a los que les toca enfrentarse a la burocracia –agregó el moreno con un tono de auto-compasión que los tuvo a todos al borde de la risa –En fin –suspiró –ya nos desquitaremos más tarde con un buen té y golosinas, y por supuesto una buena conversación –les guiñó el ojo –Vamonos comandante, no quiero estar hasta tarde revisando papeles –y sin más decir, se encaminó al deslizador que los llevaría a la base militar.

-Bien, ya lo oyeron. Nos veremos más tarde en la sala de costumbre. Entretenlas hasta entonces, Zazu.

-No te preocupes por eso, puedes confiar en mí –lo dijo confiado mientras levantaba su pulgar.

-¡Eagle! –se escuchó demandante desde el transporte.

-¡Ya voy, ya voy! Será mejor que me vaya antes de que me arranque la cabeza –se dirigió en su dirección con paso seguro -¿Dónde quedó el respeto a tu comandante, Geo? –fue lo último que le oyeron decir, porque tan pronto estuvo acomodado en el transportador, Geo lo hizo andar.

-También nosotros deberíamos comenzar a movernos –opinó Zazu -¿Dónde desean ir las señoritas?

-De momento a cualquier lugar donde podamos almorzar, ¿te parece Tatra? –consultó la peliazul.

-Por mí perfecto –respondió la princesa, a quien también comenzaba a visitar el hambre.

-En ese caso síganme. Conozco un lugar excelente.

Pasaron un rato muy agradable en compañía del joven mecánico, partiendo por el tan anhelado almuerzo. Ciertamente que el sitio donde las llevó a comer era excelente. Para empezar, tenían allí una gran variedad de platillos y menús que hacían la comida accesible para todos los bolsillos. Eso y la increíble vista hacia una cancha de patinaje en hielo, conformaban sin duda alguna el gran atractivo del restaurante.

El servicio fue bastante rápido y pronto se hallaron en la parte alta del recinto, compartiendo alegremente y disfrutando del paisaje que se extendía bajo ellos, a la vez que saboreaban gustosos la comida. Conversaron de muchísimas cosas, el primer tema siendo el lugar donde se encontraban. A ambas jóvenes les sorprendía que un lugar así no estuviera colapsado de clientes con lo bonito y eficiente que era. Zazu les explicó que eso se debía en gran medida a que el recinto hubía abierto sus puertas hacía poco más de medio año, por lo que todavía estaba dándose a conocer. Pero una cosa era cierta, clientes no le faltaban. Desde que el muchacho había descubierto el lugar meses atrás, se había encargado de hacerle mucha publicidad entre sus conocidos, lo que había derivado en una buena cantidad de militares como comensales frecuentes, razón por la cual siempre que lo veían, Zazu era muy bien recibido.

El resto de la conversación fluyó sin cuidado por distintas inquietudes y observaciones, pero siempre regresando al ingenio y dotada inteligencia del muchacho. La discusión teniendo que ver con el regalo que él y comandante le habían hecho a Umi y sus padres, con particular énfasis en la genialidad del joven. Este ya no se encontraba tan tímido como antes, pero aún así respondió restándole importancia al asunto y agradeciendo cuanto elogio le llegó por parte de sus acompañantes.

-En serio no fue nada –al decirlo tenía una mano detrás de la cabeza –Al que tienes que agradecer realmente es a Eagle, él fue el de la idea.

-Sí, pero como él mismo dijo fuiste tú quien la hizo posible –le recordó la princesa –De verdad que tienes justificado el puesto de ingeniero en máquinas de su flota. ¡Eres toda una joven promesa! –aseguró entusiasta.

-¡Y una que trabaja rápido más encima! –enfatizó la peliazul –Todo listo y probado en menos de cuatro días. Espero que Eagle no te haya tenido trabajando bajo un látigo o algo peor –bromeó.

-¡Claro que no! –dijo al borde de la risa –Como ya te dije fue el quien me dio la idea e incluso desde antes que regresaras.

-¿Cómo es eso? –sin proponérselo, Zazu había despertado una enorme curiosidad en ella.

-Cuando te fuiste, él se quejó de poder contactar a Lantis, Guru Clef y el resto de la gente en Cefiro sin ningún problema si es que lo deseaba, pero no poder hacer nada con ustedes tres (refiriéndose a las guerreras), a no ser que fuera a través de terceros. Eso me tuvo pensando en cómo crear una señal que fuera capaz de atravesar la barrera dimensional y a la vez de transmitir algo más que estática. Para cuando llegaste yo ya había madurado la idea y hecho algunas pruebas, así que la petición nocturna de Eagle no me atrapó con las manos vacías.

-¿Te lo pidió esa misma noche?

-Sí. Como hubieras sido la única de las tres guerrera sin posibilidad de comunicación directa con tu gente, estaba preocupado de que la nostalgia te afectara cuando tus padres se marcharan y quería a toda costa que los transmisores estuvieran listos antes de que ellos se marcharan.

-¡Vaya! No imaginé que se fuera a preocupar tanto por eso.

"Por supuesto que le importas," pensó Tatra "No tienes ni idea de la influencia que ejerces sobre su estado de animo"

En tanto, dos jóvenes y altos oficiales, continuaban sentados frente a una disminuida, pero aún así considerable cantidad de documentos. Ya llevaban un tiempo considerable en dicha actividad.

-Nunca he entendido cual es la manía de hacer entrega de todo este papeleo al mediodía –refunfuñó Geo desde la carpeta en que tenía sumergida la vista –Sería mucho mejor si lo hicieran temprano en la mañana.

Como respuesta le llegó un desolado suspiro –Tampoco yo, pero no hay nada que hacerle –dijo dando vuelta la página del informe que tenía en las manos –Quejarnos no nos ayuda en nada. Concéntrate en tu trabajo, mira que ya nos queda menos.

-Sí, no conviene distraerse –Geo cerraba el historial luego de haberlo leído minuciosamente y pasaba a dejarlo en un archivero de color verde, que era el que Eagle había asignado para los soldados con esas características, el que cerró una vez se aseguró de que el orden alfabético se cumplía.

Eagle en tanto, veía las necesidades de cada una de las unidades bajo su mando y la disponibilidad de oficiales para capacitar a los novatos. Dependiendo de aquello y de los grupos que Geo estaba formado, los jóvenes recién graduados de la academia serían asignados a sus puestos de trabajo. Una vez tuvieran eso listo, lo que restaba era la parte fácil: llenar formularios de acuerdo a la información en las hojas de vida y su posterior despacho.

Su parte del trabajo ya estaba casi lista y su amigo avanzaba rápidamente con los historiales y los archivadores. De mantener ese paso, dentro de un máximo de tres o cuatro horas habrían acabado con su labor. Algo que sin duda sus cuellos agradecerían, y sus piernas. ¡Como detestaba permanecer quieto por tanto tiempo!

-Iré a buscar algo para comer –le anunció Geo, poniéndose de pie y terminando de archivar un expediente -¿Quieres algo?

Eagle lo miró risueño -Otra bebida enlatada, la de siempre –y con eso, el sub-comandante salió por la puerta y se dirigió a una máquina expendedora.

"Me pregunto que diría Tatra ahora de nuestros hábitos alimenticios," y dirigió la vista al basurero, donde ya habían arrojado numerosos envases de comida y bebida. Una mueca divertida apareció en sus labios. "Probablemente nos ganaríamos un sermón por llenar nuestros cuerpos de calorías innecesarias. ¡Pero ya que! Además, no es como si comiéramos chatarra todo el tiempo." Dicho sea de paso, fieles a su palabra, ellos efectivamente habían pasado por la cafetería del recinto, donde almorzaron algo ligero y apenas si charlaron para llegar pronto a la oficina del comandante. Pero lo que pareció una buena idea inicialmente, había probado tener sus contras. Luego de un rato, la sed llegó a sus gargantas y conforme fue avanzando el reloj, el efecto del alimento fue desapareciendo, algo cuyas consecuencias quedaban en evidencia nada más mirar la basura.

"Ellos en cambio… Seguramente Zazu las llevó a ese lugar al que tanta publicidad le ha hecho. ¡Qué envidia!" Claro que sentía envidia por los alimentos, por eso y por estar en una oficina cuando ellos estarían disfrutando de una vista simplemente maravillosa. Pero lo que más sentía, aunque por el momento no era completamente conciente de ello, era el que Zazu estuviera en compañía de Umi y él no. No tenía resentimientos hacia su joven amigo, pero a decir verdad, aún no se libraba de cierta decepción de la que había sido victima cuando su amiga había abrazado efusivamente y besado al muchacho luego del regalo. No es que hubiera estado esperado un agradecimiento ostentoso por parte de ella, pero tampoco le hubiera molestado recibir también un abrazo, muy por el contrario, lo hubiera hecho feliz.

Su estomago gruñó y él frunció el ceño. ¡Nada más a él se le ocurría estar pensando en comida cuando aún quedaban unas buenas horas antes de poder comer algo decente! Mejor se concentraba en los informes sobre el escritorio, que por lo que oía, Geo ya venía caminando de vuelta y a él menos que a nadie le hubiera gustado verlo soñando despierto en lugar de terminar con las carpetas. ¡Menos aún si la ensoñación tenía que ver con comida!

Y con la firme determinación de no levantarse de su silla hasta ver desparecida la torre de documentos, se sumergió en un nuevo informe y Geo, luego de alcanzarle su encargo y darle un buen mordisco a una galleta, se dedicó igualmente a lo suyo. Los ojos de ambos pasaban atentamente por cifras y palabras, atentos hasta del más pequeño detalle, discriminando y analizando todo aquello que era relevante. Con tanta dedicación, dos horas y veinticinco minutos más tarde, habían terminado con la revisión y distribución.

-Muy bien, Comandante Vision –dijo un satisfecho moreno una vez el trabajo pesado estuvo concluido –ahora, tenga por favor la amabilidad de llenar estos formularios y estampar su firma en ellos –le alcanzó un bolígrafo e Eagle procedió a completar la información con los datos que él mismo fue dictándole.

Hora y media más tarde, Zazu recibía en su comunicador una llamada de Geo, avisándole que por fin habían acabado.

-¿Dónde están? Nos morimos por reunirnos con ustedes y comer algo como la gente.

-¿Tú donde crees? En la cancha de patinaje.

-¿La grande que se ve desde el restaurante? –había algo de excitación en su voz.

-¿Dónde si no?

-¡Perfecto! Estaremos ahí en unos minutos –cortó la comunicación entusiasmado.

Eagle no tuvo tiempo ni para preguntar si el restaurante aquel era del que tanto había oído hablar por boca de Zazu, el propio Geo y algunos oficiales, porque tan pronto la comunicación finalizó, el sub-comandante lo asió por el brazo, obligándolo a emprender una furiosa carrera hasta el transportador. Aún para Eagle, capaz de correr a gran velocidad y reaccionar rápido, la energía del moreno era demasiado. Fue un milagro que arrastrado de esa forma no acabara tirado en alguno de los pasillos por los que pasaron o resbalando por las escaleras que daban la bienvenida a la base. Fuera como fuera, lo importante es que ya iban en camino.

Una vez allí, el primero en bajar (prácticamente precipitándose por la puerta) fue Geo. Eagle lo imitó escasos segundos después, apoyándose ligeramente en el marco de la puerta para ello. La conducción de su amigo no había sido imprudente, pero sí más veloz de lo acostumbrado, por no hablar de la forma tan poco delicada en la que había acabado ocupando su asiento. Definitivamente algo estaba en contra de que él disfrutara el estar sentado ese día.

Ya con ambos pies sobre la tierra, colocó las manos en la cintura y se estiró. Se sintió tan bien. Recuperado ya de la precipitación del viaje, se dedicó a seguir a Geo, cuya vista ya había dado con el trío para entonces. Un solo llamado de la voz del moreno, más su mano alzada en lo alto, fueron suficientes para captar la atención de sus amigos y que estos fueran al encuentro de los hambrientos jóvenes.

Tatra, inmediatamente notando el cansancio de ambos y presintiendo que aunque alimentados no debían estarlo del todo bien (algo en la forma que Geo veía a los niños comer dulces), sugirió que fueran al restaurante para comer y conversar. Por una vez en el día, al comandante no le desagrado la idea de sentarse. Difícilmente podía oponerse con esa vista y la perspectiva de una buena comida en vez de un escritorio repleto de carpetas, archivadores y formularios.

Pastel, café, té, bizcochos, sándwiches, platillos típicos, postres y ensaladas varias… ¡Eso era el paraíso! Con razón el lugar era tan popular. Con tan buen menú y la agradable compañía de sus tres amigos, los dos oficiales no tardaron en sentirse repuestos y con energía suficiente como para disfrutar de la actividad en hielo que se les ofrecía. Y así, tras dar una generosa propina y llenar de agradecimientos al personal del establecimiento, se retiraron para patinar.

En menos de un dos por tres, todos se encontraban con los patines puestos y en el hielo. Todos menos Tatra. Según ella le bastaba con observar sentada desde la orilla. Los demás no estaban muy conformes con esa decisión, pero no podían hacer nada para obligarla, así que la dejaron hacer como quería. Sin embargo, luego de quince minutos en la cancha y de ver que ella los observaba resignada, Geo se cansó de la situación y se decidió a hacerla cambiar de opinión.

-Geo, ya te expliqué que estoy bien –intentó explicarle ella.

-¡Vamos, princesa! No intentes hacerme creer que quedarte fuera de la diversión está bien para ti. Llevo más de diez minutos observándote y tu cara no refleja felicidad precisamente. ¿Por qué no te nos unes?

-Estoy mejor acá, créeme –sabiendo que sus palabras eran ciertas, evitó mirarlo al decir eso.

Geo suspiró. Por lo visto no le sería fácil convencerla, pero así y todo no pensaba darse por vencido tan fácilmente –Bueno, entonces no te importará que me quede acá contigo –y ante la sorprendida mirada de ella, se sentó a su lado.

-¡No es necesario, en serio! –él nada más la observó con una mueca divertida amenazando con aparecer en sus labios.

-No, pero a mí me gusta aquí –aseguró para posteriormente ponerse serio -¿O es qué mi presencia y la del resto te molesta? ¿Por eso prefieres estar sola?

-No, no. Claro que no –negó ella –Es sólo que el hielo no es mi elemento –confesó.

-No me digas que te da miedo –se interesó. En vista de que ella no parecía no ir a responderle pronto, Geo prosiguió –Tatra, te vi realizar piruetas asombrosas y escalar un árbol enorme el día que rescataste a esa niña. Después de todo eso, no tienes nada que temerle a una pista congelada.

-Me permito recordarte que Chizeta no es exactamente lo que podrías llamar un mundo invernal.

El sonrió comprensivo –Aún así ese no es motivo para que te quedes sola en la orilla –se levantó y extendió su mano para ella –Vamos inténtalo. Si alguien tan alto como yo es capaz de mantener el equilibrio en una superficie resbalosa, cualquiera puede hacerlo.

Tanta fue la insistencia y seguridad en sus palabras, que Tatra acabó por aceptar y tomar su mano. Tampoco hubiera tenido el corazón para dejarlo con ella extendida mientras ella permanecía indiferente, no con esa cara de niño bueno y la genuina preocupación por ella reflejada en su mirada. Así que ahí estaba, en la cancha con patines de hielo, sin tener muy claro que hacer con sus piernas y brazos para no acabar en el suelo. Por suerte, el moreno estuvo a su lado todo el tiempo, listo para sostenerla en caso de una caída.

-¿Ves? No es tan difícil.

Ella sólo rió -Dime eso cuando sea capaz de dar más de cuatro pasos sin tambalearme -y tuvo que sostenerse de su brazo para no perder el equilibrio -A Tata le encantaría ver esto. Seguro me veo ridícula.

-Vamos, no estás tan mal -intentó motivarla mientras la sujetaba de los hombros y ella lo usaba de apoyo para volver a erguirse.

-Dijiste "tan".

-Vaya si eres terca -se admiró -Vamos, alteza, es tu primera vez. ¿No esperarás ser una experta de un segundo a otro? Date tiempo -Tatra sólo le sonrió.

La escena había sido observada con secreto interés por parte de Eagle. El comandante tenía una sonrisa en los labios. Ahí definitivamente había grandes posibilidades para el surgimiento de algo. Todavía sonriendo y con el fine de darles un poco más de "espacio", comenzó a deslizarse, adentrándose cada vez más en la pista. A decir verdad, le gustaba el movimiento, la libertad que le daba, la sensación que provocaba el sentir su corazón latiendo e impulsando la sangre a través de todo su cuerpo. ¿Cómo no disfrutarlo?

Es cierto que no había viento al interior de las ciudades de Autozam, pero aún así había aire y a la velocidad que iba Eagle su pelo se movía como si hubiera estado siendo agitado por el viento. Así lo vio Umi, ágil, lleno de vida y derrochando energía hasta por la mirada. Era realmente algo digno de verse. Y por un rato se quedó viéndolo, completamente ignorante de cualquier cosa que no fuera él.

-¡Umi! –la espabiló Zazu, quien rápidamente pasó por su lado -¿Qué pasó? Creí que ibas a enseñarme lo buena patinadora que eres –no había autentica burla en sus palabras, pero si algo de provocación para ver que es lo que hacía.

-¡Y eso es exactamente lo haré, Zazu! –y salió disparada para alcanzarlo.

Con esa carrera que rápidamente se tornó en juego y risas, fue el turno del comandante para ver en acción las habilidades y la gracia de la joven guerrera. Lo hizo fascinado, casi sin poder creer la facilidad de movimientos que poseía. Ella tenía tal desplante y elegancia que por momentos casi olvidó encontrarse en presencia de una experta de la espada. Se veía tan segura de si misma y a la vez tan frágil. El efecto de su pelo bailando en el aire no hacía más que acentuar su figura. Simplemente quedó hipnotizado.

Para cuando se dio cuenta, sus piernas ya habían comenzado a impulsarlo hacía ellos y lejos de sobresaltarse por eso, lo que hizo fue imprimir fuerza a sus movimientos. Pasó por entre ellos como una ráfaga veloz y aunque sonreía, algo en sus ojos hablaba de un silencioso desafió que no pasó para nada desapercibido por los otros dos. En cuestión de segundos, los tres competían entre ellos en términos de velocidad y destreza, ante las miradas curiosas y admiradas de las personas con las que compartían la enorme cancha. Dicha situación hubiera podido prolongarse indefinidamente de no ser porque eventualmente el niño prodigio, cansado, renunció al juego.

-¿Qué pasa Zazu? –preguntó Umi mirándolo entre divertida y preocupada tan pronto como él se detuvo abruptamente.

-Así es –continuó Eagle deteniéndose al lado de la joven –creí que estabas lleno de energía.

-Lo estaba –remarcó –pero contra ustedes dos no tiene caso. Tienen las piernas demasiado largas como para que yo pueda darles alcance –tras decir eso se apoyó en sus piernas, intentando recobrar el aliento –Será mejor que vaya donde Geo y Tatra, al menos con ellos no me queman las piernas.

Lo vieron alejarse a paso moderado, pero seguro y con rumbo fijo. El comandante oyó como una débil risita brotaba de los labios de su amiga y sus propios labios se curvaron de manera casi imperceptible.

-Espero que cierto sub-comandante lo reciba con buena cara.

-¿Por qué lo dices? –inquirió ella -¿Por aquella admiración de la que me hablaste?

-Eso y que él se veía muy insistente con la idea de no dejarla sola y enseñarle a patinar.

-Tal vez, pero no crees que estás exagerando. Lo hace por amabilidad y un genuino interés por ella, eso es todo.

-¿Y cómo exactamente crees que parten las relaciones? –preguntó levantando la ceja.

-Buen punto –reconoció ella –Pero aún así no creo que tenga por que tratar mal a Zazu.

-Espero que tengas razón. Encontrar personal con las habilidades de Zazu no es exactamente fácil –bromeó.

-¡Eres el colmo! –se rió ella.

-Ya sabes que llevo al comandante muy dentro de mí –le guiñó el ojo -¿Seguimos patinando?

-Está bien, ¿pero podemos tomarnos las cosas con más calma? –pidió.

-¿También te cansaste?

-No, pero si no paramos un rato los dos lo estaremos. Además quiero disfrutar de la vista un rato –con tanta competencia apenas si habían prestado atención a su alrededor.

-Muy bien –concedió él.

Así que volvieron a patinar, pero con más calma, uno al lado del otro, sus manos casi tocándose producto de la cercanía. Cualquier observador externo los hubiera confundido con una pareja, algo que como Eagle notó, no hubiera sido nada extraño, después de todo el lugar estaba lleno de ellas. Creencia que sólo aumentaría una vez ella tomara delicadamente su mano.

Ese contacto lo tomó completamente por sorpresa, casi al punto de soltar una exclamación. Su piel era suave y producto del ejercicio emanaba un agradable calor. Más temprano que tarde, se encontró disfrutando del gesto. Aún así la pregunta "¿por qué?" estaba escrita por toda su cara.

-No tuve oportunidad de agradecerte antes –le explicó.

-¿Agradecerme?

-El regalo a mis padres y a mí.

-Ah, eso –llevó la mano que tenía libre a la parte de atrás de su cabeza –No fue nada, en serio.

-¡Oh, sí que fue algo! –porfió –Te lo agradezco –replicó suavemente con su rostro lleno de una gran calidez.

-De nada –cerró su mano alrededor de la de ella casi con la misma delicadeza del primer contacto.

Tres semanas siguieron más o menos bajo esa agradable atmósfera, al cabo de las cuales el comandante estaba completamente recuperado, para el gusto de todos. Nada más había un inconveniente con esa buena noticia y era que tanto Umi como Tatra partirían con destino a Cefiro. Como extrañaría las salidas a patinar con ellas, las que luego de esa tarde se habían convertido en uno de sus máximos deleites.

Ahora era tiempo de volver a la realidad y retomar de manera plena las actividades que su cargo demandaba y que se habían visto afectadas por su salud. Claro está que eso no le impediría disfrutar de la compañía de ambas jovenes en su última noche en el planeta. A modo de despedida, las habían invitado a cierto restaurante que se había convertido en su favorito.

Ya con el estomago lleno y el espíritu en alto, decidieron retirarse para patinar juntos por última vez. Los paso de Tatra aún eran vacilantes en el hielo, razón por la cual tanto Zazu como Geo permanecieron muy cerca de ella en caso de un eventual accidente. Bajo esas condiciones la pista quedaba prácticamente libre para Umi e Eagle, quienes no desaprovecharon la oportunidad para una última carrera y una relajada conversación mientras patinaban lentamente de regreso.

-La próxima vez que venga espero verte en condiciones de participar en un combate.

-Te invitaré a la próxima competición que tenga, pero a cambio quiero ver tu torneo de esgrima.

-Hecho.

Compartieron unos breves instantes de agradable silencio hasta que Umi se animó a hacer una pregunta que la había tenido inquieta por varios días.

-Eagle… ¿crees que debería decirle una vez en Cefiro?

No tuvo necesidad de preguntar qué ni a quién. Lo sabía perfectamente.

-Eso depende –aunque no lo dijo, estaba ligeramente contrariado por la aparición de Guru Clef en su última conversación a solas -¿quieres decírselo?

-Me quitaría un enorme peso de encima.

-¿No importa que su reacción no sea la que tú esperas? –preguntó preocupado de que saliera lastimada.

-Eso no puede darse, simplemente porque no tengo ninguna expectativa al respecto –le confesó –No espero nada y de hacerlo créeme que no se trata de una ardiente reciprocidad de sentimientos. ¿Cómo puedo hacerlo si ni siquiera estoy segura de los míos?

Se quedó mirándola y pesando sus palabras. Ella estaba casi segura de que debía estar sintiendo lastima por ella, cosa que no le agradaba nada. Pero nada estaba más lejos de la verdad.

-Estarás bien si lo haces. Eres mucho más madura y fuerte de lo que piensas –sonrió gentil –Y en caso de que las cosas vayan mal, sabes que puedes contar conmigo –le guiñó el ojo.

Sí, lo sabía. Sabía que él siempre estaría ahí si lo necesitaba. Era demasiado leal a sus amigos y ellos dos ya lo eran. "Con razón la invasión a Cefiro lo hizo sufrir tanto". Lo que claramente ignoraba era el nivel de cariño que había despertado en él. Eagle sentía un inmenso deseo por protegerla dentro de él. Aún si ella no necesitaba su protección él quería estar allí para ella. Lentamente los sentimientos de amistad estaba dando paso a otros muy dentro de él y esta vez, Eagle estaba muy consciente de ello. En ese momento no le interesaban ni el rango de Guru Clef, ni cuán buena persona fuera, ni siguiera que tanto le agradara; lo único importante era Umi.

"Más vale que no la haga sufrir más de lo necesario", pensó mientras volvían a patinar lado a lado.