Feliz 2009! Para partir bien este anyo (problemas con el teclado) y enmendarme por haberlos tenido tanto tiempo esperando aca les tengo mi ultimo. Espero que la espera haya valido la pena y que me hagan llegar sus reviews ;). Saludos a todos =D
Umi abrió los ojos para darse cuenta de que aún no amanecía en Cefiro. Ella y Tatra habían llegado durante la medianoche Cefiriana y habían sido calidamente recibidas. Si bien Ferio se encargó de despacharlas rápidamente a sus respectivas habitaciones para que descansaran después del largo y pesado viaje, eso no impidió que la princesa se pusiera al corriente sobre la situación de su gente en Cefiro y en su natal Chizeta por boca de su primo y de Varda, quienes le dieron un rápido resumen y le prometieron darle más detalles al día siguiente. Eso pareció dejar conforme tanto a la futura soberana como a la joven peliazul, quien mientras le informaba a Hikaru y a Fuu sobre la mejoría de Eagle, puso atención a todo lo dicho entre ellos mientras ambas eran escoltadas a sus dormitorios.
No podía estar segura del de su amiga Chizetana, pero el de ella al menos había sido un sueño tranquilo y reponedor. Pensó por un momento en volver a dormir un rato, pero luego de darse cuenta de que ya no tenía ni una pizca de sueño y que le sería imposible hacerlo, optó por levantarse y vestirse. Aún era temprano, pero si recordaba los hábitos de cierto alto hechicero, lo más seguro era que ya se encontrara en su despacho, ocupado entre antiguos pergaminos o simplemente disfrutando de un poco de tranquilidad y la compañía de un buen libro. Si lo que deseaba era tener una conversación seria con él, sin presiones ni interrupcciones, definitivamente ese era el momento. Umi lo quería y, como buena Ryuzaki, ella no era alguien que tomará la alternativa pasiva cuando sus intereses estaban en juego.
Se asomó a la ventana y respiró hondo a modo de darse valor. El fresco aire llenó sus pulmones y si no le infundió coraje, al menos si le dio tranquilidad. Luego de eso la cerró y mientras lo hacía, su vista fue a dar con cierto comunicador que logró arrancarle una pequeña sonrisa. Con la ventana ya cerrada, caminó hacia el tocador en el que había dejado el aparato y lo rozó con la punta de los dedos. Increíble que algo tan pequeño fuera capaz de un efecto tan reconfortante en ella. Casi podía sentir a cierto comandante infundiéndole ánimos. Más tarde hablaría con él. Independientemente del resultado no iba a dejarlo fuera de ese asunto, no cuando la había apoyado tanto.
Y fue con esos últimos pensamientos que salió de su habitación para encaminarse hacia donde estaba más que segura de que encontraría a Guru Clef. Y efectivamente ahí estaba, instalado en su escritorio detrás de una gruesa pila de manuscritos que fácilmente lo hubiera ocultado de no ser por la pluma que él estaba utilizando para escribir y que en esos momentos sobresalía por sobre la torre de documentos en un atareado baile.
-¿Tan temprano y ya en pie Umi? –le llegó su voz desde detrás de la muralla de antiguos textos.
-Sí, igual que tú según veo –respondió mientras se acercaba.
-La costumbre –terminaba en ese momento unas extrañas anotaciones al final de un pergamino particularmente delicado. Nada más verlo Umi calculó que debía tener no menos de unos dos mil años de antigüedad; a juzgar por su aspecto quebradizo y su color tan opaco –¿Problemas para dormir? –preguntó tras limpiar al pluma y dejarla junto al tintero –No lo creo, la energía que emites no presenta perturbaciones –giró su silla y ahora la miraba de frente.
-No, no es eso –comenzó a responder –Tal vez el cambio de horario de Autozam a acá… el caso es que no tengo sueño y no le vi el caso a seguir metida en la cama.
-Entiendo.
-¿Y qué era eso que estabas haciendo? Parecía que ese pergamino iba a desintegrarse en cualquier segundo.
-Es un antiguo manuscrito…
-De eso pude darme cuenta.
-… creado por el decimosexto pilar –mantuvo serio el semblante no sin gran esfuerzo –para ayudar a la hora de descifrar claves mágicas –eso, como el hechicero muy bien notó, captó la atención de Umi, quien se aproximó aún más al escritorio para observar más detenidamente el documento –Supongo que ya imaginas para que lo estoy usando.
-Para decodificar los escritos de Yasha –contestó sin quitar sus ojos del frágil papel.
-Ya escribí en él aquellos pasajes de su diario que no están en lenguaje común, y algunas de las predicciones que el príncipe Alcar y Varda consideraron relevantes. El pergamino analizará todos los patrones comunes y relaciones que encuentre. Confío en que eso nos ayude con las dificultades de Chizeta –la vio asentir –Y ahora… –volvió a hablar y se aseguró de que el tono de su voz llamara la atención de la joven –si bien es cierto que te preocupas mucho por los Chizetanos, estoy seguro de que ese no fue el motivo que te trajo hasta acá. ¿La falta de sueño no fue todo, verdad Umi?
Las miradas de los dos se encontraron y ella supo que no tenía ningún sentido seguir retrasando la confesión. Guru Clef sabía algo. Tal vez no tuviera idea de la naturaleza de lo que ocurría con ella, pero sí sabía que algo le ocurría y por su semblante, claramente podía adivinarse que él no la dejaría salir de allí hasta que se librara de lo que fuera que la estuviera oprimiendo por dentro. Casi como para confirmar aquello, el hechicero había hecho aparecer una silla detrás de ella para luego hacerle ademán de sentarse y proceder a hacerlo el mismo.
Ya sentada, Umi cerró los ojos y volvió a respirar hondo –A decir verdad, hace tiempo que quería hablar contigo, sólo que no he sabido como hacerlo –abrió los ojos tras decir eso -Como puedes ver, aún ahora no estoy segura de que diré ni si lo haré bien –agregó mientras jugueteaba con sus manos.
-Nada más di lo que sientas y las palabras fluirán solas. No es necesario que te preocupes tanto por dar un buen discurso –le aconsejó –Tomate tu tiempo; nadie interrumpirá –dijo tranquilizador.
Y mientras en Cefiro una conversación comenzaba con su propio ritmo y tomaba forma lentamente, en Autozam, Geo le entregaba a Eagle un grueso informe redactado por Zazu sobre el estado de los nuevos robots de entrenamiento.
-Sé que quieres retomar el total de tus funciones y normalizar el asunto del adiestramiento lo antes posible, ¡pero te estás excediendo! –Geo miró de forma critica los documentos que su amigo y superior había ya revisado y aquellos que tenía en frente –Ya mandaste hacer un chequeo a los sistemas de defensa de todas las unidades de combate, cargar el nuevo programa de entrenamiento a los simuladores y reajustar sus sensores de estrés. Eso por no mencionar que apenas ayer pasaste revista a todo el personal antiguo de la flota para luego mandarlos con los doctores, sicólogos y acondicionadores físicos de la base.
-A nadie le hace mal un poco de cuidado preventivo –respondió mientras terminaba de firmar los últimos papeles y dejarlos junto con el resto del papeleo –¿Y qué dijo el oculista? –lo miró interesado.
-Que mis ojos necesitaban un poco de lubricación extra, pero que fuera de eso mi vista está en perfectas condiciones –dijo con un dejo de orgullo, pero igualmente fastidiado.
-Eso es bueno –dijo risueño.
-¡Ya Eagle! –se exasperó -¿Se puede saber que te dio?
-Nada mi querido amigo; las cosas no podrían marchar mejor para mí, y precisamente por eso quiero que todo funcione perfectamente. Ya descuidé mucho mis obligaciones como comandante.
-¡Qué descuido ni qué nada! No habrás podido hacerte cargo de las unidades personalmente por causa de tu salud, pero aún así me dejaste instrucciones muy precisas sobre lo que debía hacerse durante tu ausencia y los oficiales que debían llevar a cabo tales tareas. ¿O vas a decirme que los informes semanales que me pediste mientras estabas en Cefiro los ordenaste por puro gusto?
Eagle rió ante ese comentario y tras levantarse le dio una palmada en el hombro, aún con la sonrisa en sus labios –Sé que crees que esto es demasiado, pero nada más me estoy poniendo al día. Todos tus informes permanecen grabados en mi memoria; sin ellos no habría podido mantener el orden ni mandar realizar todo lo que se ha hecho en este poco tiempo.
-Muy poco a mi parecer –siguió porfiando el alto sub-comandante.
-Geo, Geo, Geo… Me parece amigo mío que el que necesita relajarse eres tú –dijo de modo serio y critico –Me viste tan mal antes del coma y tan delicado luego de él, que junto con las responsabilidades que te hice asumir también te entregué una buena cuota de preocupación y carga emocional –lo miró conmovido -Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que me viste ejerciendo mi mando de forma activa que parece que ya olvidaste que esto es normal.
-Sé que lo es, pero apenas te recuperaste.
-Eso no es tan así y lo sabes –volvió darle una palmada en el hombro –Ya deja de preocuparte hombre. No se te olvide que Tatra me autorizó a retomar mi rutina habitual, ¿o vas a decirme que desconfías de su diagnostico?
-¡Por su puesto que no! –se apresuró en responder –De sobra está decir que tengo plena confianza en su habilidad y conocimiento medico.
-¿Entonces? Ya basta de querer debilitarme, Geo. La salud de tu comandante ya regresó y no pienso insultarla dándomelas de flojo –le dijo en tono confidente para pasar a ocupar nuevamente su asiento frente al escritorio -Y si te deja más tranquilo saberlo, su alteza no llegó y me dejó sin tratamiento –le guiñó el ojo ante su mirada ligeramente confundida -¿Podrías servirme un poco de agua caliente en mi tazón, por favor? –le dijo apuntando al mueble donde, desde el día de la asignación, habían almacenadas algunas galletas y distintos tipos de bebidas energéticas, y sobre el cual un calentador de agua.
-¿Agua caliente? –preguntó extrañado.
-Si eres tan amable.
Geo hizo lo que se le había pedido, aún intrigado por la petición del joven rubio. No era normal que el comandante bebiera líquidos calientes sino hasta después de haber finalizado con sus labores del día, lo que generalmente bordeaba las seis de la tarde y que estaba a considerables horas de distancia si se tomaba en cuenta que apenas si iban a almorzar. Su curiosidad aumentó cuando al llevarle lo que había pedido, vio a Eagle extrayendo una pequeña caja de madera finamente tallada de unos de los cajones del escritorio.
-¿Y eso? –preguntó dejando el tazón en la parte central de la superficie del escritorio, ahora libre de papeles.
-Indicaciones de Tatra –contestó abriendo la caja y sacando de ella un puñado de lo que parecían hojas de té para dejarlas caer sobre el agua –Debo tomar esto todos los días antes del almuerzo. Según dijo es para ayudarme a retomar mi ritmo normal sin sobresaltos. Me dio suficiente para dos semanas.
-Ya veo –contestó mucho más conforme.
Cuando el líquido pasó de los labios de su amigo al interior de la boca de este, Geo casi se ahoga de risa contenida al verlo fruncir de forma muy pronunciada tanto los labios como el ceño luego de bebérselo de un único y rápido sorbo. Al verlo carraspear una vez sus facciones volvieron a la normalidad sub-comandante le preguntó suprimiendo todo lo que pudo la diversión en su voz -¿Caliente? –después de todo existía la posibilidad de que el agua caliente lo hubiera lastimado.
-Ojala –respondió con una voz nada parecida a la suya y por culpa de la cual el moreno se vio forzado a llevarse ambas manos a las bocas para reprimir la risa –Ya veo que estás entretenido –dijo con voz ya un poco más firme.
-Un poco –reconoció con una mueca en los labios -¿Si sabe tan mal porque no le pusiste azúcar o algo para mejorar el sabor?
Ahora el divertido era Eagle –Ahora vas a saber porque. Acércame el azucarero.
Geo, diligente como siempre, obedeció a su superior sin cuestionar. Nada más el azucarero estuvo un poco cerca de un puñado de hierva que Eagle sustrajo del recipiente, la cajita comenzó a brillar de forma tenue pero extrañamente amenazadora y una voz bastante conocida por ambos varones se escuchó.
-Eagle Vision –se oyó firme la voz de cierta princesa –Me parece haberte dicho que no podías mezclar esto con nada o perdía su efecto. Amargo pero efectivo, ahora, has el favor de soltar eso y beberlo como corresponde –y de la reprimenda pasó con una facilidad impresionante a una voz sumamente dulce y juguetona –¡Qué disfrutes tu almuerzo!
Las carcajadas de Geo no se hicieron esperar. El propio Eagle soltó un espiración divertida de los labios que instantes antes reflejaban asco. Con la risa aún el aire, Geo regresó tanto el tazón como el azucarero al lugar que les correspondía y volvió alegre junto a su amigo –Pensó en todo, ¿verdad?
-¿Tú crees? -su ceja estaba en lo alto y tenía una fingida expresión de sarcasmo. Y con eso ambos estallaron en sonoras risotadas –Ay… será mejor que vayamos a la cafetería. Ya oíste, tengo que disfrutar mi almuerzo –y comenzó a enfilarse hacía la puerta de su oficina.
-Cómo no, comandante –y le abrió la puerta.
Ya en la cafetería, Eagle fue testigo de cómo Geo se servía una abundante cantidad de carne más algo muy similar a arvejas, sólo que de un color violáceo, para luego pedirle a uno de los cocineros que lo bañara con una salsa verde que el sabía era la favorita de su subordinado. El por su parte optó por una tortilla de verduras con albóndigas y algo muy similar a rebanadas de jamón, aunque un poco más gelatinosas. Y en lo referente al postre, ambos se decidieron por el mousse de chocolate.
Dieron las gracias a los cocineros que sonrieron satisfechos y fueron con sus bandejas a ocupar su mesa habitual. Ya sentados Geo vio su comida con satisfacción y una cara que le recordó al comandante la de un pequeño contemplando un juguete maravilloso.
-Por ti ojala siempre fuera final de mes, ¿verdad mi querido Geo? –dijo mientras lo veía dar la primera probada a su comida.
-¿Y tú no? –dijo cuando ya había tragado y después de asentirle como respuesta –Mira, la comida militar es saludable, pero viene racionada y las ensaladas, la sopa, la avena proteínica y el guiso de algas de nuestros cocineros son buenos, pero comerlos todos los días… No puedes negar que tú también disfrutas de los especiales de fin de mes.
-Nop –reconoció –A mí también me viene bien un cambio, aunque sea mensual –y tras decirlo comenzó a comer él mismo.
El comedor era en esos instantes el alegre panal tan clásico de los fines de mes militares. Las voces, cuando era posible aislar una sola voz de entre el permanente zumbido de sonidos graves y agudos, se sentían conformes y animadas. Como bien había dicho Geo, ninguno de ellos podía quejarse ni de la habilidad ni disposición de sus cocineros, que se las arreglaban para proveerlos con alternativa que ofrecía todos los nutrientes necesarios para la ardua actividad militar (aún no en guerra) y era además rica en sabor. Bajo otras condiciones tal vez no hubiera sido tan difícil conjugar ambas propiedades, pero con la estricta (y por lo demás comprensible) política del alto mando referente a las comidas, todo debía de estar racionado y ser más bien austero en consideración al frágil estado de la naturaleza Autozamita y la constante lucha de la industria alimenticia, por lo que haber logrado eso era una verdadera proeza gastronómica.
De ahí que esa fecha fuera tan esperada y recibida con buenos ojos por todo el personal de la milicia y los propios cocineros, que se notaba se regocijaban en poder ofrecer un menú diferente y variado, aunque fuera una vez al mes. Y por lo que se veía en el semblante de Geo, el efecto "premio al esfuerzo" había sido más que alcanzado. El propio Eagle exhibía una expresión de contento en el rostro, que acentuaba sus rasgos ya por demás agradables. Y sí bien Zazu no estaba con ellos (según la costumbre del personal mecánico), les constaba que él también debía de estar disfrutando de los platillos ofrecidos ese día, sólo que en alguno de los talleres de la base. Mitad revisando códigos o apernado tuercas, mitad dando una buena probada a su alimento, él no quedaría exento de ese simple, pero motivador placer.
-Supongo que ya se te quitó lo amargo de la boca –bromeó Geo.
-Gracioso… -mitad refunfuñó, mitad sonrió su amigo.
-Mejor prueba el postre –le recomendó sinceramente –Créeme que si esto no te endulza, nada lo hará.
-Te creo. Si alguien sabe de dulces ese eres tú –pronunció a modo de broma y halago.
-¡Quién habla, Vision! –se mofó el moreno.
-Aún no llego a tu nivel –cerró lo ojos y se llevó una cucharada de mousse a la boca, el cual se dio el tiempo de degustar. "Delicioso, aunque no como el de Umi"
-¿Y bien? –quiso saber el moreno.
Eagle se limpió con su servilleta para pasar a decir –Claramente sabes de lo que hablas – a lo que Geo sólo fue capaz de reír.
-Te lo dije. Por cierto –dijo tras disfrutar de la última cucharada de su postre -¿ya has tenido noticias de nuestras queridas diplomáticas?
-Sólo que llegaron bien durante la noche, fuera de eso nada –contestó aparentemente sereno –Pero no es raro; en Cefiro todavía es de mañana, tal vez aún estén durmiendo.
-Sí, el viaje debió cansarlas –comentó mirando sin mucho interés su plato ya vacío –Tatra se dedicará a ver como están los refugiados de su planeta y a sus deberes como embajadora… dudo que tenga mucho tiempo libre –lo último había sido dicho más para sí mismo que para su amigo.
-Y conociendo a Umi, se pondrá inmediatamente a ayudar con eso y entre Hikaru y Fuu tendrán que rogarle que se relaje, eso si es que Paris y Gurú Clef no toman cartas en el asunto antes –sonrió al recordar el incidente de la última vez.
Ambos sabían que las dos jóvenes tendrían mucho por hacer en Cefiro y no les hubiera extrañado que un comunicado oficial por parte de Paris consistiera en su única forma de saber que ambas habían arribado con bien. Aún así, los dos oficiales guardaban la secreta esperanza de ser contactados personalmente por ellas. Eagle no se había despegado de su comunicador desde el día en que Zazu le hiciera entrega de él y ahora lo tenía bien asegurado en el bolsillo de su pantalón. La llamada tardaría, pero él sabía que llegaría.
-Pero estarán bien –aseguró –Sé que lo estarán. Aunque si te deja más tranquilo, cuando el trabajo termine puedes acompañarme a ver a mi padre. Si alguien debe estar al tanto de ellas, ese es él.
-Sí, creo que te acompañaré –y agregó con humor –Creo que tu padre me agradecerá hacer que cenes junto a él.
-Oye, no soy tan mal hijo –se defendió.
-No, nada más un adicto al trabajo.
Y así siguieron mientras iban a guardar las bandejas para luego regresar a sus obligaciones. El trabajo de oficina había concluido momentáneamente y ahora era el turno de su revisión a las divisiones de tecnología e investigación. Sus científicos habían estado trabajando muy duro en algo que de dar frutos beneficiaría enormemente la calidad de vida de los Autozamitas y ahora era momento de presentarlo ante todos los comandantes. De la demostración dependía que el proyecto llegara con buenas o malas recomendaciones hasta el general Wing, mano derecha del presidente Vision en lo que se refería al ejército. Fuera cual fuera el resultado, sin duda alguna sería… interesaste.
Con todos lo comandantes y sub-comandantes reunidos en la sala de pruebas, los científicos se encontraron listos para dar inicio a la prueba. Y mientras la pantalla que mostraría su desarrollo se encendía y las puertas de la sala se cerraban para que no hubiera interrupciones, en Cefiro, Alcar y Varda se encontraban junto a Tatra en las habitaciones que el rey había dispuesto para que discutieran los asuntos relacionados con su gente. Allí, le daban cuenta exacta a su princesa del como los Chizetanos se ajustaban en su nuevo hogar. El sol ya había entregado sus primeros rayos y lentamente comenzaba a brillar con fuerza en el firmamento. Tatra llevaba en pie mucho más que eso, ansiosa por aprovechar cada segundo de su estadía en servir a su pueblo. Su despertar había sido casi al mismo tiempo que el de Umi y por lo que su primo y el venerable consejero podían observar, su animo y energía no se habían visto afectados en lo más mínimo por el viaje.
La sala del trono también se encontraba sumergida en la actividad. La noche anterior, Ferio ya había enviado tanto a Autozam como a Chizeta un breve mensaje anunciando la llegada con bien de la princesa Tatra y Umi Ryuzaki al planeta. Con Chizeta compartiendo el horario de Cefiro y Autozam a unas cuantas horas adelante en el reloj, un comunicado más largo a esas horas hubiera resultado poco apropiado. Ahora de día y con horarios convenientes para los tres planetas, las cosas cambiaban. Silver fue el primero en ser personalmente contactado y por el rey y se sintió satisfecho en oír por su propia boca que tanto la princesa coma la guerrera del agua se encontraban bien.
-Me alegra oír que no se vieron afectadas por el cambio de horario –su tono era sincero –No me sorprende de dos jóvenes tan activas como ellas.
El resto de la conversación entre ellos giró en torno al próximo encuentro entre el mandatario y el soberano. Aún había detalles que afinar al respecto y sin duda la charla se hubiera prolongado mucho más de no haber sido por la apretada agenda del presidente Vision y que Ferio todavía debía contactar a Marcus.
El sultán Chizetano y su esposa recibieron con gran agrado la comunicación con el rey de Cefiro. A ninguno de los dos pareció sorprenderles el que Tatra no se encontrara en la sala del trono durante la comunicación.
-Vuestra hija se encuentra en perfectas condiciones y muy bien atendida –le confirmó Ferio –En estos momentos se encuentra en compañía de los otros enviados Chizetanos.
-Típico de mi hija –se vio sonreír al soberano –Espero que Alcar y Varda sean capaz de seguirle el paso. Ya me comunicaré con ellos más tarde.
Justo después de ser pronunciadas esas palabras, las grandes puertas plateadas se abrieron de par en par y se vio aparecer a Gurú Clef y detrás de él venía una alta joven de pelo azul. Los dos se inclinaron respetuosamente hacia los sultanes, quienes sonrieron de forma agradable y a su vez hicieron un pequeño ademán a modo de respeto con la cabeza. La conversación no tardó mucho en reanudarse luego de eso. Como de costumbre, Umi prestó atención a todo lo dicho en relación al pueblo de Chizeta. Sabía que Tatra sería contactada más tarde por sus propios padres, pero de todos modos quería ir adelantándole algo ella. Las cosas no habían mejorado, pero al menos eran estables y supuso que a su amiga se alegraría al saber que los temblores habían cesado y que las zonas de riesgo habían sido evacuadas en forma eficaz.
La interacción se desarrolló normalmente y nadie pareció darse cuenta de que un gran cambio había sido operado en la muchacha. Seguía igual de enérgica, inquisitiva y de buenas vibras que siempre, en resumen, igual que siempre, pero aún así algo había cambiado. Algo que con el tiempo la llevaría a cambios todavía mayores y que Gurú Clef sabía contribuirían en gran medida a su crecimiento personal. Claro está que él no permitió que eso fuera visible en su cara.
Tres horas más tarde y mientras Tatra recorría casi todo Cefiro en compañía de Alcar, Varda, Caldina y las tres guerreras, el presidente Visino recibía a su hijo a Geo en su oficina. En vista de que la demostración había sido larga y exhaustiva y que dentro de tres días habría que presentar un detallado informe de ella al general, todos los presentes habían sido autorizados para retirarse antes del cuartel.
Fueron bien recibidos y entre bromas respecto a Eagle y agradecimientos a Geo por lograr que el "muchacho" viera a su "pobre y anciano padre", Silver se las arregló para darles a entender que sus amigas estaban bien y procedió a invitarles un buen té. Para el mayor de los Vision eso era un más que merecido descanso luego del día tan atareado que había tenido desde las cinco de la mañana. Aún faltaban unos papeles por revisar, pero como eran lo último de la agenda y los encuentros con su hijo eran ya cada vez más escasos, decidió que podían esperar un poco.
Para cuando Eagle llegó a su habitación lo hizo satisfecho, pero cansado. Amaba su trabajo, pero eso no evitó que se preguntara seriamente si su entrada al ejercito hubiera continuado intacta de haber sabido antes lo de las horas de oficina, todo al tiempo de dejarse caer de espalda sobre su cama. Probablemente no. Además, cuando había ingresado, ni el mismo sospechó ascender tan rápido en su carrera. Sí, igual que Zazu había sido un muchacho con cualidades excepcionales que al año de academia, y de forma extraordinaria, lo habían hecho graduarse con honores, pero ni eso lo había preparado para llegar a la comandancia en menos de tres años. El comandante más joven y sin embargo uno de los más prestigiosos… ¡Ni en sueños lo había visto venir!
Cerró los ojos con una sonrisa juguetona en los labios, pensando en eso. Ya pensaba seriamente en ponerse a dormir cuando una pequeña vibración le llegó desde el pantalón. Inmediatamente abrió los ojos de par en par y tras sentarse a lo indio, sacó el comunicador para contestarlo.
-¿Umi?
-Eh… ¿conoces a alguien más que tenga uno de estos? –no la veía, pero por al algún motivo se la imaginó con la ceja levantada.
-Nop –y se rió.
-Perdona por no llamar antes, pero he estado ocupada y no sabía si ya habías salido de la oficina. ¿Ya saliste, verdad? –la pregunta tenía un ligero tono de preocupación y casi había sonado a cuchicheo.
Pensó en decirle "En realidad estaba durmiendo tranquilamente, claro, eso hasta que me despertaste", pero luego recordó que no podía ver su cara y que así no era divertido –Sí, ya estoy fuera –le contestó –Y déjame decirte que todo mi cuerpo lo agradece.
-Después de todo el día en una base militar, eso no me extraña –respondió ella con una risita entre dientes.
-¿Te estás burlando de mí?
-Noooooooooooooooooooooooo. ¿Cómo crees? Jamás te haría eso, señor "no resisto estar sentado".
-Umi… -la amenazó, aunque ella sabía que tenía que estar aguantando la risa.
-¿Qué? ¿Eres el único que puede hacer bromas?
-¡SI! –respondió tajante, a lo que siguieron sendas carcajadas por ambos lados.
-Eagle –había ansiedad bien disimulada en su voz, pero eso no evitó que él la distinguiera.
-¿Sí? –preguntó queriendo saber que le ocurría.
-Ya… se lo dije…
El se quedó callado. Esperaba que lo hiciera. Sabía que lo haría, sólo que no había esperado que lo hiciera al segundo día de estancia en Cefiro. De pronto se dio cuenta de que había pasado más tiempo del recomendado en silencio y que ella seguía esperando una respuesta.
-Ya veo… ¿Y el resultado fue…?
-El que ambos esperábamos –respondió como si nada.
-Ah… ¿Estás…?
-Tranquilo, estoy bien –lo tranquilizó.
-¿Segura? –insistió.
-Muy segura. No me había sentido tan libre en mucho, mucho tiempo… –era sincera.
-Me alegra escucharlo –dijo con voz suave y ya tranquilo.
-Por cierto –dijo después de unos segundos –Se nos hizo tarde para el almuerzo por acompañar a Tatra en su recorrido por el castillo y las aldeas donde su gente está, así que ahora nos instalamos a comer debajo de los árboles.
-Suena perfecto. "¡Qué envidia!"
-Yo ahora estoy en un río cercano, sacando un poco de agua. ¿Quieres hablar con Hikaru o alguien cuando llegue allá?
-¡Me encantaría!
Y tras haber conversado y reído de lo lindo con todos y contarle a Tatra que Geo ya se había burlado de él por su medicamento y que le mandaba saludos (había que ayudar un poco a esa naciente relación a distancia), el comandante se despidió satisfecho de haber hablado con Umi. Y sin más ni más, se acomodó en su cama y en un dos por tres estaba profundamente dormido.
