Normalmente, el viaje a Autozam siempre la dejaba exhausta, tanto así que le bastaba apoyar la cabeza sobre la almohada para no saber nada de nada hasta el otro día. Sin embargo, esa noche Umi descubrió que de nada le valía intentarlo. Ya había cambiado de posición varias veces, hasta el punto de incluso enredarse en las sabanas y tener que forcejear para liberar las piernas, pero simplemente no había caso. Su cuerpo le pedía a gritos un descanso, pero su mente tenía a otros planes. No dejaba de pensar en la final del torneo y en Eagle. Había estado esplendido. Varias veces había contenido el aliento durante el combate, todo de sin razón por supuesto, de sobra sabía que no había razón para preocuparse. El comandante estaba en perfecta salud, su habilidad era innegable y su determinación seguía tan fuerte como durante la Batalla por el Pilar. Y así y todo se había preocupado.

Umi sonrió al tiempo que emitía un suspiro. Aquello simplemente no tenía sentido y tampoco valía la pena intentar comprenderlo. Decidió salir de la cama antes de dejarla en un estado aún más lamentable del actual y dirigirse a la cocina para tomar algo que la ayudara a relajarse. Sacó una bata del closet y se admiró de lo cálida que era para ser tan delgada. Los autozamitas realmente sabían sacarle partido a su materia prima. La textura también resultaba increíblemente agradable al tacto y el diseño tan simple y delicado sencillamente le encantaba. ¡Qué buen detalle y gusto el del Presidente Vision! La bata y todo su nuevo guardarropa autozamita.

-¿Tan inadecuado es mi vestuario que fue necesario un closet lleno de ropa? –le había preguntado alarmada al presidente.

-Claro que no, pequeña –se había reído –Pero ya que vas a pasar aquí tus vacaciones de… ¿verano, verdad? –el concepto de estaciones aún se le escapaba –Bien, creí que te gustaría la oportunidad de usar algo más local. Además, eso nos ayudaría un poco con la sorpresa –y le había guiñado el ojo.

Era cierto. Ambos habían planeado que Eagle no supiera nada de su visita hasta poco antes del combate. Ni siquiera Geo o Zazu lo habían sabido. Umi difícilmente olvidaría la cara de los tres cuando la vieron aparecer detrás de la escolta del presidente luego de que éste le deseara buena suerte a su hijo. ¡Ni parecían militares acostumbrados a los sobresaltos! Geo y Zazu prácticamente se habían abalanzado a darle la bienvenida y a hacerle un sinfín de preguntas, ante lo que ella solo pudo reír y prometerles que les contaría todo luego del combate. En cuanto a Eagle, se había quedado de una pieza, sin atinar a hacer ningún movimiento, con el semblante serio, pero sus ojos ámbar muy abiertos. ¿De verdad era ella? ¿Cuándo?

-¿No vas a saludarme, comandante? –lo espabiló ella.

Cerró los ojos con una discreta sonrisa en los labios y comenzó a caminar hacia ella –Bienvenida –se detuvo justo en frente con los ojos ya abiertos –Estás llena de sorpresas, ¿lo sabías? –le dijo llevándose las manos a la cintura.

-Prometí verte, ¿no? –le devolvió la mirada sin ningún parpadeo y se llevó las manos a la cintura –Espero ver un buen espectáculo.

-Dalo por hecho.

Mientras caminaba recordando por el pasillo, pudo percibir como una sensación cálida y muy agradable la invadía desde el pecho y se extendía por el resto de su cuerpo. "Qué extraño… pero me gusta". De la nada su mente le traía recuerdo tras recuerdo de las diferentes sonrisas y miradas del joven comandante. "Eagle es atractivo. MUY atractivo, pero creo nunca antes me había fijado tanto en sus ojos". Con los ojos cerrados se llevó la mano al pecho. "Me gustan. En verdad me gustan. Mucho". Para cuando volvió a fijar la vista en el camino ya estaba frente a la cocina. "¡Hasta que por fin aprendí a llegar!"

Abrió la puerta y lo primero que vio fue una figura alta y rubia asaltando la despensa como si no hubiera un mañana.

-Creí que ya habías comido hasta reventar en tu habitación.

Ni que decir que a Eagle poco le faltó para darse un buen cabezazo con la repisa justo arriba de la que era víctima de su saqueo. Cuando se dio la vuelta, Umi tuvo que llevarse ambas manos a la boca para reprimir la sonora carcajada que quería escapar al ver como un trozo de pastel sobresalía de sus labios y el borde de éstos estaba completamente bañado en crema. Al final no logró suprimir la risa, pero al menos consiguió que sonara normal, y eso a costa de sujetarse con fuerza el estómago.

-Por favor dime que no pasas revista en ese estado –logró articular finalmente y llevó el índice derecho hasta sus pestañas para quitarse las lágrimas.

-Claro que no –se levantó y limpió rápidamente la cara con una servilleta -¿Todo bien? ¿Creí que estarías muerta después del viaje?

-Lo estoy –y comenzó a masajear su cuello -¡Pero no hay caso! Simplemente no puedo dormir –suspiró resignada -¿Qué hay de ti? ¿No estás cansado después del torneo?

-Con lo que me tiré en la cama mientras estaban celebrando conmigo fue suficiente –se explicó mientras sacaba dos tazas de uno de los estantes en la pared –Casi nunca logró dormir después una final por la adrenalina. ¿Té? ¿O prefieres algo más?

-Té está bien –y se sentó a la mesa donde él había dejado las tazas.

-Sin azúcar, ¿verdad? –Umi asintió mientras él servía el líquido caliente –No entiendo como haces postres tan buenos si odias los dulces.

-No los odio. Simplemente no son mis favoritos –y restándole toda importancia se llevó la taza a los labios para disfrutar del té –Mmm… Delicioso. Muchas gracias, Eagle.

-Gracias a ti por venir a verme y apoyarme –le sonrió.

-¿Vas a seguir? Ya te dije que no me lo hubiera perdido por nada –ahora la que sonreía era ella –Realmente diste una muy buena pelea, aunque no esperaba menos de ti. Lo único que lamento es haberme perdido el resto –se notaba decepcionada –Perdona que solo llegara a la final.

-¿Pero qué estás diciendo, mujer? Me diste la mejor sorpresa posible –con su mano derecha tocó los dedos de la joven. Quería hacer mucho más que eso, pero se contuvo. "Calma, Eagle. Despacio. Ella no es simplemente una cosa que puedas llegar y reclamar" –Realmente me dio energía saber que estabas observando en el palco.

-No exageres. Aún sin mí ahí, dudo mucho que hubieras perdido. Eres impresionante, ¿lo sabías? –los dedos de ambos se entrelazaban cada vez más -No me gustaría tener que enfrentarme a ti en batalla. ¡Y mira que sé de lo que habló!

-¿Tienes que seguir recordando eso? –se quejó.

-Perdona, no te quise poner incómodo –lo miró con dulzura –Pero… es imposible olvidar a un oponente como tú –suspiró –En serio me hubiera gustado verte en el resto del torneo. ¡Tontos exámenes finales!

Eagle sonreía cada vez más dulcemente y si Umi no hubiera estado tan ofuscada, probablemente se hubiera dado cuenta de que le había dirigido una mirada más que delatora de sus nuevos sentimientos por ella. Pero claro, como buen militar se había encargado de ocultarla prácticamente enseguida y ahora tomaba un sorbo de su té con los ojos cerrados.

-Eso puede arreglarse.

-¿Eh? –lo miró confundida.

-Ven conmigo –se levantó y le tendió la mano –Trae tu taza.

Sin entender muy bien, hizo lo que él le había pedido y juntos caminaron fuera de la cocina y por el pasillo. Continuaron así en silencio, hasta llegar frente a la habitación del comandante. Él apoyó su mano sobre la puerta para accionarla y se hizo a un lado para permitirle la entrada a Umi. Como todas las habitaciones autozamitas, la luz se encendió tan pronto ingresó en ella.

-Tengo una duda, ¿cómo le hacen los padres para ver a sus hijos cuando duermen sin despertarlos? Debe ser muy incómodo que se encienda la luz de repente si te estás quedando dormido.

-Hay un sensor de sueño –le explicó mientras le indicaba que se sentara en la cama y sacaba un dispositivo plano del cajón de su velador –Si hay alguien dormido en la habitación y otra persona entra, la luz se enciende solo en un 15 por ciento. Suficiente para no accidentarse al entrar, pero no tanto como para despertar a alguien –ya estaba sentado junto a ella al terminar la frase.

-Ya veo.

-Y ahora…-le sonrió enigmático y poco después el dispositivo comenzó a proyectar primero luz y después imágenes del estadio –me parece que querías ver esto.

-Gracias, Eagle –le dijo con el rostro más dulce y brillante que él le hubiese visto hasta ese entoces.

-Gracias a ti.