Un suspiro complacido escapó de los labios de Umi. Se dio la vuelta y abrazó la almohada. Esa sí que había sido una buena noche de sueño. La cama era tan cómoda y el aroma a colonia masculina que impregnaba las sabanas tan embriagante y deliciosamente relajante… ¡Epa! ¿Colonia masculina? ¡Qué diablos! De un golpe estaba sentada con sus ojos azules abiertos de par en par y la almohada había salido volando por los aires. "¿Pero dónde…?" Esa claramente no era su habitación y sin embrago… algo tenía que le resultaba bastante familiar. Cómo no, si ahí había celebrado la victoria del comandante y pasado buena parte de la noche junto a él, viendo proyecciones del torneo, conversando, riendo... ¿Y luego? ¿Qué había pasado luego? ¿Y dónde estaba el susodicho a todo esto?

Luego de un rápido vistazo al resto de la habitación, se dio cuenta de que Eagle dormía profundamente sobre una pila de cojines junto a la cama, cubierto por una manta. "Así que me quedé dormida y él me cedió la cama". Se tendió sobre el borde para mirarlo mejor y sonrió entre divertida y enternecida. La manta lo tapaba hasta un poco más arriba del borde de su nariz, pero por lo que podía distinguir de la mitad superior de su cara y el ritmo calmado de su respiración, no había pasado mala noche. O por lo menos no tan mala. "Eso espero". Estiró la mano para retirar un mechón de pelo de la mitad de su frente y mirarlo un poco mejor. "Nadie creería lo letal que puede ser si lo viera ahora. Yo misma no lo creo". Y jugó delicadamente con el mechón. "Tan considerado y gentil" ¿Solo eso? Una vocecita en lo profundo de su mente le decía que había mucho más que eso. "Claro qué sí. Inteligente, calculador, determinado, imponente… simpático, caballero, carismático, alto, atlético… ¡y endemoniadamente atractivo!"

Ahí estaba otra vez esa sensación tan nueva y agradable, capaz de recorrerla de pies a cabeza en un segundo. "¿Debo entender que tú eres la fuente de todo?" Umi seguía disfrutando de verlo tan sereno en su sueño. No pudo evitar darle una sonrisa muy distinta a las anteriores mientras su índice pasaba con cuidado por su pelo, la frente, sus pómulos y finalmente la línea de su mandíbula. Ahí se detuvo para tocarlo con el resto de sus dedos. "En verdad eres hermoso". Lo acarició suavemente, apenas tocándolo con la yema de los dedos. Suspiró.

-¿Umi…? –la voz de Eagle aún sobaba adormilada.

-Buenos días, comandante –al oírla abrió los ojos sin ningún sobresalto. Ella ya había retirado la mano y ahora tenía ambas debajo del mentón -¿Cómo dormiste?

-Bien –dijo sentándose y estirando los brazos para desperezarse.

-¿No hubiera sido mejor despertarme y enviarme a mi habitación? –le dijo en tono de burla.

-¿Para qué? Te quedaste profundamente dormida y además ya estabas sobre la cama –la miró de frente -¿Cómo está tu cuello?

-Excelente. Tu cama es bastante cómoda –le confesó.

-¿Ah sí? ¿Quieres que te ponga más cómoda?– le dijo mirándola seductoramente y con la voz más sensual que fue capaz de adoptar.

-¡Eagle Vision! –de repente estaba más roja que un tomate y era incapaz de mirarlo a la cara. Él solo se rio a todo pulmón -¡Eres… incorregible! –intentó sonar indignada, pero no pudo evitar sonreírle a pesar de la vergüenza anterior -¿Cómo se te ocurre?

-¿Qué? –dijo inocentemente –No todos los días tengo a una bella embajadora en mi cama. Valía la pena intentarlo –y puso una de sus clásicas sonrisas de niño bueno. La única respuesta que recibió fue una almohada estampada en toda su cara.

Varios almohadazos y disculpas más tarde, ambos se encontraban hablando sin prisas en el jardín presidencial. La conversación partió en torno al torneo y a lo emocionante que había sido todo.

-No pudo ser para tanto, o alguien no se hubiera quedado dormida en mi hombro –la torturó.

-¡Eagle, ya! Sabes que fue culpa del cansancio del viaje. ¿Cuántas veces más me harás disculparme?

-¿Mmm? ¿Cuántas veces me golpeaste con mi propia almohada?

No valía la pena seguir con eso. Así que mejor cambiaron el tema al resto de sus amigos en Céfiro y Chizeta. En el año transcurrido desde la última vez que se habían visto, su contacto había sido constante, a pesar de su nula oportunidad de estar en el mismo planeta al mismo tiempo. Eagle había tenido mucho trabajo a su cargo con el adiestramiento de soldados y los avances científicos que se estaban dando en Autozam. El comandante no había podido darle detalles debido al estricto silencio militar que rondaba al respecto y ella lo había respetado. Así y todo, sabía de cada una de sus aprensiones y esperanzas al respecto. También de sus buenos momentos con Geo y Zazu y sus roces con otros militares debido a sus carreras o a las políticas de su padre. Umi sabía todo. Eagle también. Sabía que ella era la nueva capitana del equipo de esgrima y no podría haberla felicitado con más orgullo en su voz. Sabía de su frustración con la cantidad de trabajo le había caído ese último año de secundaria y su preocupación ante los exámenes de admisión a la preparatoria. Por ella también era consciente de las visitas cada vez más frecuentes de Lantis a casa de Hikaru, el estado de los colonos chizetanos en Céfiro, la más que atareada agenda de la familia real de Chizeta (transmitida con lujo de detalles a cierto sub-comandante en relación a la mayor de las princesas) y las amenazas de Gurú Clef de congelarla en un tempano de hielo si no se calmaba un poco en su deseo de ayudar y se daba un día o dos para respirar (algo que Eagle había apoyado). Prácticamente no había habido un día en el que no hubieran hablado por el comunicador al menos un par de minutos. Solo oír la voz del otro podía tranquilizarlos.

-¿Y? ¿Cuánto más para que todo Céfiro clame: ¡Salve, oh, Reina Fuu!?

-Por Ferio, ya lo estarían haciendo –se rio Umi –Incluso nos preguntó a Hikaru y a mí sobre nuestros ritos matrimoniales y poco le faltó para convencerme de que lo llevara a ver anillos de compromiso –aún ahora la quinceañera no se lo creía.

-Ya veo –Eagle estaba divertido -¿Y Fuu? ¿Cómo se toma la velocidad del rey?

-Lo adora, pero no tiene idea de lo mucho que él se muere por llevarlo al siguiente nivel –suspiró –Normalmente es muy perceptiva en… bueno… ¡todo, prácticamente! Pero cuando se trata de su vida amorosa… creo que la pobre necesita un aumento en sus lentes.

Ambos se rieron –Entonces, ¿no habrá matrimonio por ahora?

-Nos costó, pero finalmente logramos que entendiera lo importante que son los estudios para Fuu. ¡No es que le importen más que él! –se apresuró a defender a su amiga –Pero… son una parte importante de que quien es. Sacrificar eso por el matrimonio…

-Sería como sacrificarse ella misma –terminó él.

-¡Exacto! Además, el matrimonio no es cualquier paso; estamos demasiado jóvenes. ¡Ni siquiera nos hemos graduado de secundaria!

-Es decir que el pobre Ferio hubiera recibido un rotundo NO –dijo con un semblante más bien sombrío. "Pobre alteza".

-No he dicho eso –sentenció ella y él se volteó sorprendido –Si tengo que ser sincera, la respuesta más probable hubiera sido un sí –ahora sí el comandante no entendía nada –Lo ama, Eagle, eso es un hecho; un sentimiento tan fuerte no cambia de la noche a la mañana. ¡A menos que sea para aumentar! –"A quien se lo dices" –Fuu le daría el sí hoy, mañana, en un mes, un año, o cuando sea que a Ferio se le ocurra preguntar, aún si no está lista. Solo porque no lo haya dicho en voz alta, no quiere decir que no sueñe con convertirse en su esposa. Fuu… tiene la frase reina de Céfiro escrita por toda la cara y Ferio no tiene ojos más que para ella… Acabarán como marido y mujer sí o sí, pero cuando ocurra, sé que mi amiga querrá hacerlo en su mayor estado de madurez posible, sin arrepentimientos ni puertas sin abrir en el camino. Será una gran reina, Eagle…

-Lo sé. Ella ya lo ayuda en sus decisiones. Se complementan muy bien, a pesar de la diferencia de personalidades.

-¿Entiendes? No tiene sentido apresurar lo que de todas formas va a pasar. Además… ah… ¿cuál es la edad normal para una novia en Autozam?

-¿Aquí? Rara vez antes de los 20, menos antes de los 18 y legal a los 16, pero con cientos de padres dispuestos a castrar al novio antes de que ponga un solo dedo sobre sus hijas –se rieron juntos –Así es difícil que una colegiala llegue al altar.

-En la Tierra es parecido; al menos en nuestro país de origen. Ya tenemos 15, ¿tan difícil es resistir tres años más?

-¿Mmm? ¿Hablamos del matrimonio propiamente tal… o de todos los placeres de pareja?

-¡Eres imposible! –y lanzó un certero manotazo que le hubiera dado a cualquiera menos a él. No. Eagle la había atajado por la muñeca y ahora tenía atrapada su mano.

-¡Vaya atrevimiento, embajadora Ryuzaki! –se fingió ofendido -¿Se puede saber que tienes en contra de los besos y abrazos? ¿O es que estabas pensando en algo un poco más íntimo? –levantó la ceja y se inclinó acusadoramente hacia ella.

Umi casi se atraganta y él terminó sin respiración de tanto reír –Eagle Vision… eres… -La voz no le salía y aunque lo hubiera hecho, ¿qué podía decirle que funcionara? Nada realmente. Ahí estaba, riendo delante de ella, sin ninguna culpa o el más mínimo intento por disimularlo y para colmo… ¡se veía más atractivo que nunca!–Eres… -se rindió y decidió disfrutar del contacto suave, pero firme de su mano. "Eres el descarado más encantador que conozco".

-Perdón –le dijo finalmente luego de un buen rato –No quiero ponerte incómoda.

-Mentiroso, hipócrita.

-Muchas gracias –le hizo una leve reverencia ante su incrédula mirada –Es un don que me gusta cultivar –Umi simplemente había girado la cara y fingía no oír nada de nada –pero no tanto como para enfurecer a mi pareja de baile.

-¿Eh? ¿Perdón? –ahora lo oía y miraba muy atentamente.

-La celebración de ayer fue para disfrutar y compartir el triunfo con la gente de Autozam –comenzó el joven –Pero el baile que el ejército ofrece en honor a los participantes es esta noche –de la nada se había puesto todo solemne y por el brillo en sus ojos y la tensión en su mandíbula, Umi se dio cuenta de que no estaba bromeando –Umi, ya estás dentro de los invitados pero… ¿quieres ir conmigo como mi pareja?