-Eso, fue inesperado –sentenció Eagle.

-¿Qué? ¿El que la nueva princesa de Céfiro no pudiera esperar dos semanas más para decir hola? ¿O que Geo finalmente se declarara y besara a Tatra? –dijo su prometida con una risa algo nerviosa, pero ya más recuperada de toda la conmoción que el parto adelantado de Fuu había causado en el cumpleaños de la futura soberana y que la propia festejada había acabado asistiendo. Eso seguido de la tan esperada declaración y petición de mano. Geo podía ser cauteloso con su vida amorosa, pero una vez decidido no era alguien que fuera con regodeos. Ya ambos habían esperado demasiado.

Ahora que todo estaba bien y la nueva familia descansaba en una de las habitaciones del palacio, Umi había salido a uno de los numerosos balcones para tomar un poco de aire y el comandante estaba con ella. La rodeo por detrás de su espalda y aspiró profundo para llenar sus pulmones de su fragancia. Ella le contestó reclinándose en su pecho y llevando sus manos sobre las de él. Sintió el casi imperceptible gruñido de satisfacción que escapó de la garganta de su comandante y sonrió para luego cerrar los ojos.

-No creo que a Geo le haya molestado compartir a su futura esposa con la pequeña –no necesitaba verlo para saber que sonreía. Estaba muy feliz por el sub-comandante –Aunque sí hay que planear un poco mejor estas cosas –se acercó con delicadeza a su oído –No quiero compartir tu cumpleaños ni el de nuestros hijos con nadie –prácticamente lo había susurrado. Pudo oír una risita de respuesta.

-Aún quedan dos meses para comenzar nuestra vida de casados ¿y tú ya piensas en embarazarme?

-Bueno, tarde o temprano va a pasar, además –hizo su voz más profunda –sé que me va a encantar practicar.

-Eagle –lo reprendió empujándolo suavemente con el brazo, aunque sonriendo. Esos coqueteos mezclados con juegos eran bastante frecuentes cuando se quedaban solos -¿Es que los hombres no piensan en otra cosa? –dijo ladeando la cabeza para mirarlo a los ojos.

-¿Qué? –dijo con fingida inocencia –Será parte de mis deberes maritales y ya sabes que los militares somos fanáticos del deber –dijo con el tono más solemne que pudo –También pienso hacerlo agradable para ti –acto seguido comenzó a besarla en la base del cuello.

-No tienes remedio –dijo cerrando los ojos y llevando su mano hasta el pelo de él para acariciarlo. Por un rato no hizo ningún intento por romper el contacto, hasta que finalmente se giró y le llegó un claro gruñido de protesta al que no le hizo el menor caso. Solo miró directo a esos ojos ámbar que tanto la enloquecían y le sonrió picarescamente mientras pasaba sus brazos alrededor de su cuello y pegaba su cuerpo contra el suyo. Inmediatamente pudo sentir como su musculatura se tensaba un poco, cosa que solo acrecentó más su sonrisa. Ese hombre era suyo –Nunca has podido no jugar con fuego –su mirada era bastante intensa.

-Mira nada más quien lo dice –la voz casi no le había salido y a pesar de lo tonto que eso lo hizo sentir, no dejó de disfrutar la sensación que el calor y las curvas de ella le estaban provocando -¿Segura que tú y Hikaru no se equivocaron de elemento? –eso sí había sonado como él.

No pudo decir nada más porque ella le dio un rápido beso y aprovechó su distracción momentánea para robarle uno de sus guantes. Aún aturdido, le tocó ver como Umi tomó su mano desnuda y se dedicó a besar cada rincón donde habían estado las heridas de sus quemaduras. "¿Tan tonto eres que crees que algo como eso va a apartarme? Tus manos me encantan, ¿todavía no te enteras?". Por ella hubiera seguido un poco más, pero él atrapó su mentón con la mano que había quedado libre (hasta el último trató de no romper el contacto) y le alzó la cara para forzarla a mirarlo. Se topó con unos ojos azules que le devolvieron la mirada sin pestañar, casi insolentes, pero llenos de adoración por él. Ante eso regresó la mano enguantada a su cintura para acercarla aún más mientras le acariciaba el rostro con la que ella había tomado prisionera momentos antes.

-Creo que soy una muy mala influencia para ti.

-Nefasta –le dijo con ternura mientras volvía a apoderarse de su cuello. No hubo necesidad de ninguna otra palabra para que Eagle se inclinara hacia ella.

Autozam: 6 años antes

No era excesivamente tarde. En realidad se habían retirado bastante temprano de la fiesta, pero incluso así, se toparon con las calles de Autozam prácticamente desiertas. No era raro. Para ahorrar en producción de energía, la calefacción de cada ciudad era reducida 30% durante la noche y aunque no se podría haber dicho que las calles era un tempano, la diferencia de temperatura estaba ahí. Como iban caminando y el uno junto al otro, al principio ninguno de los dos lo notó. Sin embargo, cuando ya iban un poco más allá de mitad de camino, Umi si percibió el cambio. Probablemente fuera por sus hombros descubiertos o el hecho de estar pasando por terreno abierto como el parque que tanto le gustaba a su comandante. Como fuera, un escalofrío bajo por su espalda. No dijo nada y se obligó a controlar su musculatura; su única preocupación era Eagle; ya luego se entibiaría en su habitación. A pesar de todo, no había terminado de dar el siguiente paso cuando sintió la capa que caía de uno de los hombros del joven cubriéndola también a ella.

-Te ves muy linda, pero esa ropa no es para caminar a esta hora. Discúlpame por no haberlo hecho antes. Soy un desconsiderado.

-Claro que no, tonto –lo miró con dulzura -Gracias –habían caminado del brazo todo el tiempo, pero por alguna razón ese simple gesto la hizo sentir todavía más cerca de él.

Ahí estaba otra vez esa sensación. En realidad no había dejado de sentirla desde su reencuentro y había ido aumentando lentamente desde su invitación. Al principio ni siquiera había atinado a responderle. La voz no le salía y su cerebro había demostrado ser bastante lento para procesar la información de que su descarado, pero adorable y además MUY atractivo comandante la quería como compañera en la celebración formal de su victoria. Nunca sabrían qué hubiera pasado de no ser porque él no movió un músculo hasta escuchar su respuesta. Jamás olvidaría primero su cara de alivio y luego su sonrisa cuando finalmente logró decirle que sí quería ir con él. Se había sentido tan tonta y tan feliz al mismo tiempo…

-¿Te puse muy nervioso?

-¿Disculpa?

-Cuando me invitaste y me quedé callada, ¿te puse muy nervioso? –lo miró estudiando cada detalle de su rostro –Te veías tan aliviado cuando dije que sí…

-Sí me asustaste un poco –reconoció. "Un poco… así le digo ahora a que la sangre se me congele en las venas" –Por Geo ya te quedó claro mi tendencia a huir de este tipo de eventos. Nunca antes había invitado a alguien como mi compañera y al ver que como te quedaste de piedra y que no decías nada…

-En serio lo siento… –comenzó a disculparse.

-… creí que sin querer había hecho algo para molestarte o que no sabías cómo decirme que no –vaya si lo había aterrado un posible rechazo -¿Tan raro fue que te invitara?

-No lo esperaba, eso es todo… No hiciste nada mal, solo… -ahora era él quien estudiaba atentamente su rostro y ponía atención a cada pausa y cambio en sus tonos de voz. Finalmente la vio soltar un suspiro de derrota –Disculpa, yo tampoco sé que pasó –dirigió la vista al suelo.

-Ey –él detuvo la caminata y con delicadeza la tomó por el mentón para alzarle el rostro. Se veía confundida y ligeramente avergonzada –No tienes que pedirme perdón por nada. Tienes razón, soy un bruto. Fui muy brusco para pedírtelo. En verdad no sé hacer estas cosas.

-No eres… bueno… un poco a veces –se rieron y reanudaron la caminata –Me puse nerviosa. Nunca había sido pareja de nadie en un baile de gala. Tampoco me habían hecho una invitación el mismo día del evento…

-Quise hacerlo cuando veíamos juntos el torneo, pero…

-Me quedé dormida –le dio una sonrisa de disculpa –Mi culpa por no avisar que venía y hacerlo tan encima.

-Me sorprende que mi padre te haya ayudado.

-Yo iba a decirte, toda la sorpresa fue idea suya –el desconcierto se dibujó en todo su rostro –También toda mi ropa nueva, cosa que agradezco, porque de verdad no habría sabido qué hacer sin nada que ponerme para esto –lucía genuinamente mortificada –No habría sabido que escoger y muy seguramente te hubiera dejado en vergüenza.

Apenas había terminado esa oración cuando Eagle estalló en sonoras carcajadas y soltó momentáneamente su brazo para sujetarse el estómago con todas sus fuerzas. Ella se detuvo en seco para ver como él hacía serios esfuerzos para recobrar la compostura sin lograrlo muy bien. Al paso que iba era un milagro que todavía respirara. Y probablemente fue la necesidad de aire en sus pulmones la que lo ayudó a parar. Aun así, una que otra risilla rebelde intentó escapar y para cuando logró calmarse y volver a erguirse, tuvo que secar unas cuantas lágrimas de sus ojos. Umi lo miraba como si se hubiera vuelto loco.

-¿Vergüenza? ¿Tú a mí? –no podía estar más divertido mientras la contemplaba al decirlo –Por si no lo notaste, señorita, hiciste girar variar cabezas esta noche en ese baile.

-Bueno, es natural. Si entras a un salón de baile del brazo de un engalanado comandante…

-No me estaban mirando a mí –la interrumpió.

-Tu… tu padre… él tiene muy buen gusto en vestuario…

-Con todo respeto –volvió a interrumpir –dudo que haya habido un solo hombre soltero y heterosexual que le haya puesto real atención a tu vestido. Estaban mucho más interesados en la joven adentro de él –de eso podía dar fe, él mismo se había quedado sin palabras al verla. El vestido era lindo, pero la que lo hacía lucir radiante era ella –No creo que haya otra mujer capaz de sacarle el mismo partido que tú –había intentado decírselo toda la noche, pero en cada oportunidad ella lo había atajado con una broma al respecto, a pesar de agradecer luego los cumplidos.

-Eagle… -¿era idea suya o estaba haciendo un poco de calor?

-No creo que te dieras cuenta, pero tuve que lanzar unas cuantas miradas asesinas a ojos indiscretos que no paraban que querer recorrerte de pies a cabeza… -¿cómo habían osado mirarla como a un pedazo de carne? ¡Y en su presencia!

-Bueno… -soltó una risilla nerviosa y comenzó a juguetear con uno de sus mechones de pelo –No fue el único tipo de mirada que recibí… La verdad, me gané varias miradas de odio. Eres bastante cotizado, ¿sabías?

-Ah, ¿ellas? –su voz no podía ser más indiferente –Sabes que no me interesa ninguna. Honestamente ni siquiera las miré.

-No me extraña que me vieran con ganas de apuñalarme por la espalda –de no haberse sentido tan segura junto a él, lo más probable es que su instinto de supervivencia la hubiera hecho dar media vuelta y marcharse.

-¿A una enviada diplomática? Ni siquiera ellas son tan tontas. Menos en un baile lleno de gente y con la mitad de ella adorándote.

-Te adoraban a ti. A su campeón –había orgullo en su voz –Eso y a que no te escaparas como siempre –se rio.

-Admito que pudo tener algo que ver –llevó su mano libre a la que ella descansaba en su brazo –Gracias por hacer esto agradable.

Tal vez había sido la falta de costumbre a caminar con un vestido elegante o la capa de Eagle rodeándola, o más probablemente el agradable aroma y calor que emanaban de su cuerpo, pero fuera por los motivos que fueran, Umi hizo un muy mal movimiento en su siguiente paso y hubiera ido directo al suelo de no ser porque en un abrir y cerrar de ojos las manos de él estaban firmes en su cintura.

-¿Estás bien?

-Sí, tranquilo –ya estaba derecha y a pesar de sí mismo el comandante había retirado ambas manos. A Umi le sorprendió la ligera sensación de frío que la alcanzó al romperse el contacto –Pisé mal es todo.

-Un poco más de cuidado, ¿quieres? Recuerda que eres tú la que me está escoltando. Serías una pésima guardaespaldas –se burló.

-Qué bueno que ese no sea mi trabajo –le contestó indignada –o no podría hacer esto –se apoderó de la oreja de él y le dio un fuerte tirón.

Los quejidos de él no se hicieron esperar. Había resistido todo el viaje de invasión a Céfiro sin dar muestras de su enfermedad, Geo prácticamente había tenido que confinarlo a su camarote para que se recuperara luego de vomitar tanta sangre poco antes de intentar tomar el castillo y así, en ese estado lamentable, se había atrevido a intentar reclamar la corona del pilar, todo sin una sola queja. Y ahora, una chiquilla de quince años lo tenía completamente a su merced –Umi, ya suelta.

Ella lo hizo y observó divertida como él se llevaba la mano a la oreja para masajearla –Pudiste arrancarla, ¿sabes?

Y sin ninguna ceremonia, la guerrera del agua comenzó a reírse de él y abandonó el resguardo debajo de su capa para dirigirse a la banca más cercana. Todo ante la mirada atónita de Eagle. Ya sentada, se llevó una mano a la boca para cubrirla, aunque él sabía perfectamente que eso tenía más que ver con sus costumbres de hija de buena familia que con consideración a su persona. Casi para confirmarlo, le estaba dirigiendo una mirada bastante burlona.

-¿Ya terminó de llorar, Comandante Vision?

Reprimió una risa y cerrando los ojos comenzó a caminar hacia ella –Está usted muy insolente, embajadora Ryuzaki –ya estaba junto a la banca y se quitó la capa para cubrirla antes de sentarse.

-Bueno –llevó la mano hasta la frente él para retirar un mechón rebelde que había caído cuando él la abrigaba –tengo a una excelente mala influencia frente a mí –sus ojos azules lo encaraban sin ninguna pizca de respeto.

-Gracias por el cumplido –y después hizo algo que ella nunca vio venir: recostarse y apoyar la cabeza sobre sus piernas –Da gusto saber que puedo serte útil –poco después cerró los ojos y se dio cuenta de que le encantaba estar así. Había esperado sobresaltarla. Nada. No importaba. La alternativa era mucho mejor y más cuando la sintió pasar los dedos por entre su pelo y acariciarle suavemente la frente.

-¿Cómo te sientes? –su voz era dulce.

-Mejor –y aprovechó una de las caricias para capturar su mano y llevarla hasta sus labios –Mucho mejor. ¿Estás más tranquila?

-Ahora sí –había vuelto a acariciarlo –Pero por favor, ya deja de asustarme así, ¿quieres?

-Pero el resultado es tan agradable…

-¡Eagle! –las caricias pararon de golpe y al abrir los ojos pudo ver que ella le dirigía una mirada bastante severa –Eres… -se calló y cerró los ojos. Todo su cuerpo estaba tenso.

-Ey –se había sentado y ahora intentaba hacer que lo mirara, sin muchos resultados.

-Eres…

-Un idiota –terminó y por fin consiguió que ella le dirigiera la mirada –Lo siento –ahora era él quien, casi con miedo, acariciaba su rostro –Fue una pésima broma.

-De muy mal gusto –hundió la frente en su hombro y no tardó en sentir como él la rodeaba con sus brazos.

-Lo lamento –por toda respuesta ella pasó sus brazos por debajo de los de él y aferró sus manos a su espalda. Él solo la estrechó más, teniendo el cuidado de no aplastarla.

No hubo más palabras después de eso, no había necesidad. Todo lo que querían decirse lo estaba comunicando ese abrazo. Lo sabían. Los dos lo sabían. Y sabían que era correspondido. Eran conscientes de que ya no había vuelta atrás, pero ahora… lo único que deseaban era seguir así y disfrutarlo el mayor tiempo posible.