A todos los lectores, muchas gracias por la paciencia y seguir leyendo. En esta oportunidad decidí mostrar un poco más de Geo y Tatra, porque el pobrecito sub-comandante merece algo de respeto por obedecer y no haber matado a cierto rubio. Pero tranquilos, la pareja central siguen siendo Eagle y Umi. Espero que este capítulo sea de su agrado.
Si pueden dejar un comentario, mucho mejor ;)
-Senadora Kya y representantes de Autozam, bienvenidos sean todos a Céfiro –saludó Ferio tan pronto hubieron descendido de la nave –Espero hayan tenido un buen viaje y que la estancia sea de su grado –acto seguido saludó más personalmente a la senadora e hizo un gesto para que toda la comitiva entrara al salón de recepción.
-Vaya –susurró Caldina en el oído de su princesa –Fuu ha hecho un excelente trabajo domesticando a su alteza –pudo oír como una delicada risita escapaba de los labios de Tatra para ser reprimida casi inmediatamente. Ahora que Ferio había dado la bienvenida oficial y los viajeros entraban, era hora de ir también a saludar.
El salón de recepción se llenó de gestos de bienvenida y voces curiosas que deseaban saber de todo. Además de la esperada recepción de Cefiro, ahí también se encontraban las dos guerreras restantes y la comitiva representante de Chizeta. Pronto el panorama se tornó muy cálido y Ferio no tardó en ofrecer a los enviados de Silver todo cuanto había de comer y beber en la larga mesa de recepción. Después de todo el viaje desde Autozam no dejaba de ser agotador y deseaba dar a sus invitados un adelanto del banquete de bienvenida que los esperaba en la noche, antes de enviarlos a sus habitaciones para que descansaran.
-¡Hikaru! –un joven apenas un año mayor levantó la mano y comenzó a hacer señas para conseguir llamar su atención.
-¡Zazu! –la muchacha se apresuró sonriente a su encuentro -¡Vaya! Umi no mentía, estás mucho más alto.
-Tiene razón –continuó Fuu, que se había separado momentáneamente del rey para acompañar a su amiga –Si sigues así, muy pronto tendremos que mirar al techo para poder saludarte.
-¡Vamos, no es para tanto! –dijo llevándose la mano detrás de la cabeza, algo avergonzado, pero a la vez muy contento por el comentario –Todavía no supero a Umi.
-Sí, pero para mí eso ya es demasiado –bromeó Hikaru y ambos jóvenes rieron con ella.
Geo por su parte estaba a un par de metros de distancia y miraba con interés la situación. Ya luego habría tiempo de ponerse al corriente, pero como encargado de la seguridad de la senadora le correspondía estar junto a ella en esos momentos. La tía de Eagle no era la temible dama fría de la política que todo Autozam creía; por el contrario, era una mujer muy dulce, pero sumamente consciente de las responsabilidades de su rol y el protocolo. Ella misma lo instaría a que disfrutara del hermoso Céfiro tan pronto como terminaran con las ceremonias reglamentarias. El joven sub-comandante era un hombre como pocos en la milicia y si había alguien que merecía disfrutar de ese dulce aire puro y maravilloso cielo azul era él.
-Princesa Tatra, es un gusto volver a verla –saludó la mujer. No era mentira. Había sido solo una vez, pero después de todo lo hecho por su sobrino, le había tomado cariño a la joven.
-Lo mismo digo, Senadora Kya –como siempre se expresión era gentil y su voz dulce.
-Sub-Comandante Metro –Alcar le extendió la mano.
-Príncipe Alcar –Geo cerró su mano alrededor de la suya con un apretón amistoso –Un gusto poder verlo al fin en persona.
-Así es. Los monitores son útiles, pero hay cosas que son mejores en vivo y en directo –sonrió.
-Muy cierto.
A pesar de ser la primera vez que estaban en el mismo lugar, ambos hombres habían forjado un gran respeto el uno por el otro. Geo nunca dejaría de agradecer las atenciones médicas de Alcar hacia Eagle, además por Umi y Tatra sabía que su sangre azul no se le había subido a la cabeza y que era un joven centrado, estudioso y amante de su pueblo. Por su parte, Alcar admiraba el fuerte sentido de lealtad y deber del autozamita, así como sus formidables habilidades de guerrero. Además, aunque no dejaba de ser imponente, Tatra tenía razón, solo con ver sus ojos se podía ver lo considerado y gentil que era realmente. Llegar a conocerse mejor sería interesante para ambos.
-Bienvenido, Geo –ahora era el cail quien estrechaba su mano.
-Lantis –dijo un complacido militar –Siempre es gusto venir aquí, aunque para eso tengan que pasar años –bromeó.
Así las conversaciones y saludos fueron rotando. Muy pronto el sub-comandante se encontró cara a cara con alguien a quien había extrañado desde hacía más de un año.
-Princesa Tatra –le dedicó su inclinación más respetuosa.
-Sub-Comandante Geo –le contestó con una delicada reverencia que él no se había esperado –Ahora, ¿quieres dejarte de formalidades y llamarme simplemente Tatra? –lo miró directo a los ojos.
-El protocolo es el protocolo, alteza –le guiño el ojo –Tú más que nadie debería saberlo.
-Sí, pero ya acabaste de saludar y hasta la senadora está comiendo –dirigió la mirada hacia la mesa justo cuando Gurú Clef le recomendaba varios platillos –Creo que ya puedes saltártelo –le dio una de sus dulces sonrisas.
-Eché de menos eso –confesó y ante la cara de sorpresa de ella, no tardó en cambiar hábilmente de tema –Y bien, ¿tu gente ya está más acostumbrada a Céfiro? –se acercó a la mesa e inspeccionó con curiosidad su fruta.
-Cada vez más –reconoció –Todos son muy amables y es agradable interactuar con gente de otra cultura. Aunque extrañan las noches más cálidas. Creo que yo también… –le alcanzó un tipo de pera que ella sabía era bastante jugosa y dulce –Aunque no voy a negar que este planeta es hermoso –cerró los ojos y disfrutó de la brisa que se colaba desde la entrada al salón.
-Pero no por eso dejas de extrañar el tuyo –y dio un buen mordisco a su pera después de eso.
-No –admitió con voz más apagada.
-Mmm –con todo y preocupación por ella, los ojos de Geo se iluminaron de felicidad –Tatra, esto… ¡es delicioso! –la miró extasiado.
-Con tu amor por los dulces imaginé que te gustaría –sonrió complacida ante su reacción.
-¡Gustarme! ¿Dónde están los árboles? –comenzó a estudiar lo que lograba ver de los jardines -¡Tengo que llevarme uno completo!
La princesa estaba cada vez más divertida –¿No sería mejor que te llevaras las semillas?
-Mi estómago no tiene tanta paciencia, princesa –una vez más usaba su título, pero sin nada de ceremonias y a modo de apodo, como había hecho en Autozam. A Tatra eso le encantaba.
Alcar miraba las interacciones entre ambos bastante satisfecho. Hacía mucho que no veía a su prima tan ligera de espíritu. Sabía que ese joven oficial le agradaría. Varda también observaba atento a ambos jóvenes, aunque con ojos mucho más experimentados que los del príncipe y sonriendo cálidamente para sus adentros. Por la forma en que se comportaban le recordaban mucho al Sultán Marcus y a la Reina Rayla en los comienzos de su romance, cuando el entonces príncipe no sabía qué hacer para que ella dejara a un lado la etiqueta y lo tratara como a un hombre común y corriente. Tatra tenía un poco de eso, pero era Geo el que sutilmente hacía todos los esfuerzos por hacerla sentir cómoda en su presencia y robarle sonrisas. Sabía que la atención de una joven desinteresada que no se intimidara al estar junto a él debía ser algo capaz de llegarle hasta el fondo al joven militar. Y ya antes de su conversación le había dirigido miradas furtivas a la heredera al trono. Tal vez no llegara a pasar de una atracción fugaz, pero si su instinto era correcto, y generalmente lo era, el venerable miembro del consejo chizetano estaba observando al futuro Príncipe Consorte de Chizeta. Sonrió, esta vez también hacia el exterior. Sin saberlo su princesa estaba haciendo una muy valiosa adquisición para la familia real.
-¿Ves? Te dije que estarían bien –fue lo primero que escapó de labios de Eagle una vez terminadas la comunicaciones con Céfiro, mientras su índice golpeaba suavemente la nariz de Umi.
-Sí, sí. Ya sé que el Comandante Vision siempre tiene la razón -espetó la joven con los brazos cruzados y ambos ojos firmemente cerrados.
-Y no lo olvides, Ryuzaki –le soltó solemne.
-¡Eagle!
En eso escucharon la risa profunda y sin reservas del mandatario de Autozam. Los tres se habían reunido en su oficina para recibir el comunicado de llegada por parte de su cuñada y Geo. Su hijo le había asegurado una y otra vez a su expectante novia terrícola que el grupo tenía que estar bien sí o sí, recibiendo ya las atenciones de Ferio y el resto. Umi lo sabía también, pero nada le quitaba las ganas de oírlo de boca del sub-comandante para sentirse más tranquila. Era un viaje largo y el clima político de Autozam muy errático en torno a la Senadora Kya. No en vano Silver la había enviado a Céfiro con una gruesa escolta militar encabezada por Geo. Verlos a ambos sanos y salvos en la pantalla la había tranquilizado enormemente; a todos en realidad.
Ver la "discusión" de la joven pareja era algo que llenaba al presidente de alegría y jovialidad, como había delatado su risa. ¡Habían sido mucho más rápidos de lo esperado! Pero él no lo hubiera deseado ni un segundo más tarde. Umi lo quería, de eso no cabía duda. La única diferencia entre el antes y el después de su reencuentro era que la muchacha por fin era consciente de la profundidad de su cariño. Silver difícilmente podría olvidar la forma en que ambos habían entrado a su oficina la tarde siguiente del baile. Eagle había caminado directo a su escritorio, erguido a más no poder de orgullo y con paso triunfante, llevando a Umi de la mano. Ella por su parte había sonreído nerviosa, pero sin despegar los ojos de su hijo. Cuando se detuvieron frente al escritorio, todavía de la mano, para él había sido evidente lo que había pasado, pero aun así podía leer en sus caras el deseo de contarlo. Eagle no encontró mejor forma de hacerlo que abrazar a Umi por la espalda, a lo que ella respondió descansando ambos brazos sobre los de él.
-¿Y? ¿Qué opinas?
Luego todo había sido sonrisas y abrazos de felicitación para ambos. Y ahora volvían a darle unas enormes ganas de asir a los dos por los brazos y estrecharlos con fuerza, pero sabía cuándo contenerse y no avergonzar de más a su hijo y futura nuera. Umi se había dedicado buena parte del día a hacerle compañía y a ayudarle en todo lo posible. Además había realizado preguntas bastante interesantes sobre la historia y sistema político de Autozam, las que había respondido más que dispuesto. En cuanto a Eagle, era impresionante lo metódico y responsable que era con sus obligaciones, especialmente con lo enfermo que había estado. Silver podía alegrarse de que su deseo por estar con ella el mayor tiempo posible lo hubiera obligado a bajar el ritmo y darse tiempo para sí mismo. Normalmente ya hubieran estado en algún lugar con áreas verdes o patinando en hielo, como sabía que les encantaba, pero como ambos habían querido noticias frescas de boca de los viajeros, habían esperado pacientes en su oficina. Ya habían permanecido demasiado tiempo junto a él, controlando el impulso de terminar en los brazos del otro y quedar sin respiración a punta de besos. Era tiempo de prescindir de su compañía, así que los despidió a ambos y vio a un impaciente Eagle tomar a Umi de brazo y dirigirla rápidamente a la puerta.
-Eagle, ¿qué modales son esos? –ella trataba de ser severa, pero en el fondo le gustaban esos conductas de niño inquieto que revelaban la verdadera personalidad debajo de la máscara del militar –Nos vemos, Silver –en ese momento lo único visible de la joven era una estela de pelo azul cruzado por la puerta.
-Cuídense –fue lo que alcanzaron a oír en el pasillo.
-Es el colmo –le insistió, aunque no había dejado de caminar detrás de él al mismo paso –Por lo menos pudiste esperarte a que terminara de hablar.
-No –fue la decidida respuesta del comandante – Además, sé que me entiende y perdonará –volteó un segundo para darle su clásica sonrisa de niño bueno.
-Qué hijo más considerado eres, Vision –se burló levantando una ceja.
-Gracias, Ryuzaki –su sonrisa seguía en la cara –Y ahora… -abrió sus ojos ámbar y adoptando una expresión un poco más seria y enigmática estrechó su mano un poco más firmemente –hay un lugar al que hace tiempo quiero llevarte.
Eso le ganó varias preguntas, en el pasillo, por las escaleras y ahora en el transportador, pero él solo se quedó en silencio y le dio una que otra sonrisa, disfrutando como la curiosidad la ponía cada vez más "irritable" y riendo en silencio con cada comentario sobre "hijos desnaturalizados", "comandantes irresponsables" y "novios desconsiderados" que llegaba a sus oídos. Quince minutos después se encontraron a los pies de lo que parecía una torre de vigilancia.
-¿Dónde estamos?
-Pronto lo sabrás –ya se había bajado y le tendía la mano para ayudarla a hacer lo mismo –¿Así que desconsiderado? –tan pronto se terminó de erguir frente a él, Umi se topó una vez más con su cara de niño inocente.
-Lo mantengo –contestó con gesto solemne y apenas viéndolo por debajo de sus párpados. Evitar que sus labios se curvaran hacia arriba hubiera sido muy difícil de haber visto su cara.
-Ven –volvió a tomarla de la mano y la condujo hasta los ascensores del edificio.
-¿Falta mucho? –dijo ya subiendo y con fingido fastidio.
-¿Y ahora quién es la niña de cinco años? –sonrió y la beso en la frente.
-Estás muy misterioso –le dijo con la ceja levantada, pero una sonrisa en los labios.
-Valdrá la pena, lo prometo –el ascensor se detuvo y él volvió a entrelazar los dedos de su mano con los suyos. Un contacto suave, pero firme –Sígueme.
-¿Tengo opción? –preguntó divertida, caminando a su lado -¿Sabes que empiezo realmente a sentirme como una niña de cinco años?
-Las niñas de cinco años no se ven tan bien en vestido –le giñó el ojo.
Pronto llegaron al centro de la habitación y Umi se percató por primera vez de la forma circular del piso en el que estaban. Vio un sillón y frente a él lo que parecían los controles de una especie de consola. Eagle la soltó para acercarse al aparto y comenzar a manipularlo.
-Vision, Eagle –luego de decir eso en lo que parecía un pequeño micrófono, la pantalla se encendió y un teclado holográfico apareció. Lo vio hacer un par de movimientos con los dedos y pronto hubo un segundo sillón frente a la consola –Embajadora Ryuzaki –le hizo ademán de que se sentara.
-Gracias –tomó asiento al mismo tiempo que él y lo observó presionar algunos comandos.
A continuación, gran parte de la pared frontal, que ahora veía era en realidad una pantalla, se encendió y las luces del lugar comenzaron a bajar hasta que solo fueron visibles el teclado holográfico y sus caras producto del brillo que emanaba. Umi vio aparecer distintas estrellas en la pantalla, todas hermosas, pero completamente desconocidas para ellas.
-Es el cielo de Autozam –le aclaró Eagle –O lo sería si pudiéramos verlo – bromeó con amargura.
-Es precioso –Umi apoyó la cabeza sobre su hombro y lo miró con ternura.
-Sí verdad –le dio otro beso en la frente y luego se apoyó él la cabeza de ella.
-¿Conoces todas las estrellas de este sistema?
-No todas –reconoció –Las indispensables para orientarte allá afuera. Aunque, honestamente –sonrió y llevó una mano por detrás de su espalda hasta el hombro de ella, arrancándole una pequeña sonrisa de los labios –lo que menos me interesa es su nombre científico.
Geo no podía dormir. Si la comida de la recepción de Ferio había sido magnífica, la del banquete no podía calificarse como menos que el paraíso. ¡Por el FTO y el GTO juntos! ¡Qué forma de comer! No pudo menos que golpear su estómago con satisfacción al recordarlo. Después de eso, entre la charla animada y el tener que vigilar que a Zazu no se le fuera la mano con las copas, de verdad había creído que caería rendido nada más meterse a la cama. Nada de eso. Estaba satisfecho, cómodo, pero no tenía ni pizca de sueño. Por lo visto su cuerpo no se había enterado del viaje de tres días. Era eso o lo había olvidado por completo al bajar de la nave.
Luego de un buen rato mirando el techo con sus manos atrás de la cabeza, optó por levantarse. Fuera lo que fuera que se le hubiera metido a su cuerpo, claramente no iba a desaparecer así como así y si esas teníamos, prefería recorrer el palacio a quedarse con la mirada perdida en el vacío. Se cambió el pantalón de pijama por el de su uniforme militar, se calzó los zapatos y se puso una polera blanca sin mangas. No hacía nada frío, pero algo le decía que el torso desnudo de un sub-comandante no era un espectáculo para hacer ostentación en una visita diplomática, por mucho que la parte más importante de su misión ya estuviera cumplida. Por muy cómodo que se sintiera con su cuerpo, Geo no era un exhibicionista y haría lo posible por evitar situaciones embarazosas.
Detuvo su paseo nocturno al llegar a uno de los jardines con vista al cielo. Estrellas. Era hermoso. Eagle realmente había sido un suertudo al pasar gran parte de su convalecencia en ese mundo. Dio una inhalación profunda, procurando llenar sus pulmones al máximo y la exhalación fue lenta. Geo repitió la acción un par de veces más y en cada oportunidad concentró toda su atención en la sensación de cada una de sus células al hacerlo. Era fantástico y… demasiado. Se sentía tan bien que no sabía si reír o llorar.
-¿Geo? –la dulce voz de una princesa lo devolvió a la realidad y sacó del predicamento.
-Tatra –dejo de mirar hacia el cielo para fijar su vista en ella. No se arrepintió.
-¿Está bien? –se veía ligeramente preocupada.
-Sí –le sonrió –Solo… disfrutaba la vista.
-Entiendo –comprensiva le devolvió la sonrisa y se acercó más a él –Me sorprende encontrarte despierto. Yo ya hubiera muerto después de ese viaje – se rio.
-Normalmente yo también, pero no sé porque hoy no –se cruzó de brazos y la miró fijo, aunque con expresión amistosa -¿Tu excusa, princesa?
-Insomnio –no tenía sentido mentirle y de todas formas no le hubiera creído de hacerlo –Ya van algunas noches.
-Eso lo explica –de la nada su semblante se había puesto serio.
-¿Eh? –de pronto se había perdido en la conversación.
-Te veías, te ves cansada –le dijo sin rodeos –Además… estás más delgada –le informó.
-¿Estaba gorda en Autozam? –se interesó.
-¡No! –la negativa había sido inmediata y ahora estaba rígido –¡Estabas perfecta en Autozam! Di-Digo… -el pobre no sabía dónde meter la cabeza de vergüenza –¡Te veías bien y sana! ¿De acuerdo? –casi lo gritó.
-Entonces me veo mal ahora –contratacó la heredera al trono de Chizeta. Había arqueado una de sus cejas y se acercaba peligrosamente al alto militar.
-¡No! No he dicho eso –podía sentir como la sangre se agolpaba en su cara –Estás linda, ¿de acuerdo? ¡Antes y después! ¡Eres linda! –había roto el contacto visual, es más, tenía los ojos firmemente cerrados –Ahora por favor… ¡dime que hay una salida honorable de esta conversación y no vayas a salirme con que soy un mirón!
Ante eso la risa de Tatra no se hizo esperar. Ya la había visto reír antes, pero eso había sido una verdadera explosión. Música. Su risa era como música. Y su cara… ¡Maldición! Debería haber estado indignado con ella, pero no podía. No con ella… Muy a su pesar le sonrió derrotado, todavía sintiendo el calor en sus orejas y mejillas.
-Perdona, Geo… por favor perdona… -logró soltar entre risas –No quise… -y ante los brazos cruzados y la ceja cada vez más en lo alto de él, tuvo que sofocar una carcajada –Está bien, sí quise –reconoció al fin.
-¿En serio? –no podría haber sonado más sarcástico –Lo juró, a veces eres peor que Eagle –se llevó la mano a la frente.
-Tienes que admitir que me lo dejaste en bandeja.
-Princesa… -su tono era amenazante y a cualquier otro le habría mandado una ola de escalofríos, pero no a Tatra, ella solamente sonreía.
-Pero… me da gusto saber que te importo –había retirado la mano que tenía que él se había llevado a su frente y ahora la sostenía en las suyas –Te prometo no preocuparte demasiado.
-Por lo menos eres menos terca y más honesta que él –le sonrió y ella le devolvió el gesto.
