Umi estaba recostada en su cama. Hacía poco que había dejado en la mesa de noche su nuevo dispositivo de lectura. Había tratado de distraerse sin resultado y ahora miraba el techo, pensativa. Las salidas con Eagle solían dejarla así últimamente. No era algo malo. La comunicación nunca había sido problema entre ellos y desde que estaban juntos, él se estaba abriendo cada vez más con ella, tanto en las cosas malas como en las buenas. Y eso le gustaba. Todavía recordaba al Eagle de antes de las sesiones con Tatra. Incluso antes de su crisis nerviosa, él tenía la mala costumbre de esconder lo que lo turbaba para no preocupar a los demás. En eso era tan parecido a Hikaru… Por suerte, tanto él como su amiga habían entendido que ese tipo de cosas solo preocupaba más a sus seres queridos. De algunas cosas todavía le costaba hablar, pero al menos ya no intentaba ocultar cuando algo ocurría. En el observatorio la había dejado ver cuánto ansiaba hacer otra vez visible el cielo de Autozam. Tal vez no fuera posible purificar la atmósfera en su totalidad, pero si la gente lograba observar aunque solo fuera una estrella sin necesidad de satélites y pantallas de por medio… Como nunca fue consciente de lo mucho que había dado por hecho de las maravillas de su propio mundo. La próxima vez que estuviera en la Tierra la sentiría muy distinta. Y la siguiente vez que lograra llevar a Eagle intentaría mostrarle el planeta y sus actividades en todo su esplendor. A él, Geo, Zazu, Silver… compartiría todo con ellos, después de todo ya eran parte de ella.

-Eagle… -en el observatorio, todo de él, su postura, su semblante y sus ojos habían mostrado tanta añoranza…

Comenzó a jugar con el colgante en su cuello, haciéndolo girar entre sus dedos o pasando su índice y el pulgar por sobre los grabados del águila y el dragón, especialmente el águila. El gesto en sí ya había hecho el regalo perfecto, pero darse cuenta del cuidado y delicadeza puestos en cada detalle lo convertían en algo maravilloso. Cualquiera que viera con atención a ambos animales podía sentirlos vivos. El dragón que debía representarla a ella le recordaba en cierta forma a Selece, pero Eagle solo lo había visto en su forma de mashin, nunca como bestia mítica, así que podía estar segura de que cada uno de sus atributos reflejaban la forma en que él la veía. Eso la hacía sentirse tan halagada. Era una bestia magnífica, imponente y fuerte, pero a la vez delicada y elegante. En cuanto al águila, definitivamente era él. Ahora, el comandante no era alguien adepto a la auto adulación, así que eso era sin duda el resultado de la amistad del artesano con los Vision. Las alas y las garras hablaban de velocidad y fuerza, mientras que la postura y los ojos lo hacían de decisión e inteligencia. Cada vez se sorprendía con más frecuencia acariciando la parte del ave o bien a la gema que conectaba a ambos animales. Como amaba a ese atolondrado adicto al azúcar.

El colgante pasó un buen rato de una mano a la otra mientras ella pensaba en el mar, el observatorio y finalmente en sus amados ojos ámbar, hasta que ella decidió levantarse para ir un rato al jardín. Caminó por el pasillo todavía jugando con el regalo cuando vio a un muy cansado comandante entrando con una taza de café a su habitación.

"¡Pero será posible!"

Avanzó con paso decidido hacia su nuevo destino y sin pensarlo dos veces dio unos suaves, pero resueltos golpes en la puerta. No tardó en abrirle un sorprendido y somnoliento Eagle que tuvo que hacerse rápidamente a un lado para que pasara una no muy contenta embajadora sin arrastrarlo a su paso.

-¿Y bien, Vision? –ella había caminado directo a su escritorio, donde estaban el café y la pantalla holográfica que él solía utilizar en su trabajo. Le daba la espalda y su vista estaba fija en ambos objetos.

-Trabajo –dijo caminando hacia ella y quedando justo detrás –Sé que no debería –la disculpa y culpabilidad eran perceptibles en su voz –pero no me lo puedo sacar de la cabeza.

-¿Tiene que ver con los experimentos autorizados por el General Wing? –todavía no lo miraba, pero el comandante no detectó hostilidad en su voz.

-Sí.

-Entonces no es algo de lo que puedas hablar mucho.

-No –le dijo con voz suave y tomándola en sus brazos, haciéndola mirarlo -¿Enojada?

-No –había descasado la cabeza en el pecho de él – pero si preocupada. ¿Cuánto llevas…?

-Solo esta noche –le respondió mientras acariciaba su pelo -¿Recuerdas el observatorio y las estrellas?

-No he podido pensar en otra cosa –confesó.

-Lo mismo me pasa a mí –sus labios se habían curvado ligeramente hacia arriba –He querido un cielo como el de Céfiro o la Tierra desde hace tanto… Y este proyecto, es riesgoso, pero podría funcionar.

-Recuperarías tus estrellas –aspiró hondo la fragancia creada de la combinación de su colonia con su esencia natural.

-Recuperaríamos más que eso si funciona.

-¿Pero?

-No es tan simple. Hay varias cosas que pueden salir mal, demasiados riesgos… -la estrechó aún más –La verdad es que puede ser un verdadero desastre, sobretodo en términos de recursos –sonaba tan apesadumbrado –Originalmente no iba a trabajar hasta tarde –dijo un poco más alegre –Entre el observatorio y la cena mi mente se despejó por completo y todo lo que quería hacer era dormirme pronto para desayunar contigo en el jardín –acarició suavemente su mejilla y ella le pasó los brazos por la cintura –pero tuve problemas para quedarme dormido y traté de relajarme pensando en esa vez en la casa de playa de tus padres. Muy pocas veces me he sentido tan en paz, pero…

-Solo pudiste pensar el mar, los atardeceres, el cielo… y acabaste con la mente de vuelta en el trabajo –terminó ella por él.

-Creo que me estoy juntando demasiado contigo –bromeó -¿Y tú? ¿Otra vez insomnio?

-Leí un poco antes de acostarme. No tenía mucho sueño.

-¿Ni aún después de toda una tarde con mi padre? –la levantó por el mentón y la observó con una expresión divertida y una ceja arqueada.

-No seas así –le dio un pequeño empujón en el pecho –Me gusta ayudarlo. Además, lo mínimo que puedo hacer es aprender sobre Autozam si voy a ser nuera de su presidente.

-¿O sea que mi relación contigo depende de tu conocimiento? –parpadeó –Muy bien, señorita, dile adiós a los paseos. Desde mañana voy a ser tu profesor particular, ¿está claro? –decretó en tono autoritario y mirándola con semblante severo.

-Como usted diga, profesor –con los ojos cerrados y su voz suave era la viva imagen de la completa sumisión.

Pocos segundos después, ambos reían en los brazos del otro, la frente de Eagle apoyada sobre la de Umi y sus narices prácticamente tocándose. Cuando los parpados de la peliazul se abrieron nuevamente, lo primero que vio fueron los brillantes ojos ámbar de Eagle. Estaban fijos en ella. Con un poco más de tres semanas de relación, esa vista ya debería haberle resultado familiar y perdido parte de su efecto, pero no. Nunca dejarían de maravillarla ni generarle unos agradables escalofríos.

-¿Todavía quieres seguir en eso?

-Depende de qué propongas en su lugar.

Lentamente, comenzó a cerrar la distancia entre sus labios, pero todo lo que recibió como respuesta fue un gentil, pero decidido empujón por parte de ella. Un sonido de protesta no tardó en escapar de sus labios ante la interrupción del momento y ver como ella se liberaba de sus brazos. Ya iba a quejarse verbalmente cuando la vio introducirse como si nada en su cama. La siguiente vez que lo vio, su mano derecha estaba levantada con el índice en alto, la única señal de lo que había querido hacer. Tenía los ojos bien abiertos y su labios separado en una expresión de incredulidad.

-No te emociones tanto, Vision –divertida, lo estudio de pies a cabeza –Tienes suerte, pero no tanta –"No todavía" –Ven a dormir. Hay espacio para uno más.

-¿Solo dormir? –logró articular al fin -¿Sabes lo aliviado y a la vez estafado que me siento? –se había acercado a la cama y ahora estaba sentado en la orilla opuesta, inclinado hacia ella. Su respiración no era agitada, pero difícilmente era la normal de siempre.

-Creo que tengo una idea, comandante –tomó la mano con la que él había retirado el pelo que había caído descuidadamente sobre su hombro –Ahora ven –y comenzó a atraerlo todavía más hacia ella.

A un chasquido de los dedos de Eagle, el dormitorio quedó completamente a oscuras. El mecanismo de ahorro de energía de su pantalla holográfica se había activado hace mucho y en un par de minutos se apagaría. El café quedó totalmente olvidado en el escritorio.

-Tu padre va a matarme.

-Lo dudo –se acomodó en la curvatura de su cuello e inhalo su aroma –Le encantas como yerno –descasó una de sus manos sobre su pecho –Ahora me doy cuenta de que él siempre supo. En la Tierra no paraba de elogiar tus buenas cualidades. Hubieras escuchado la satisfacción en la voz de ambos cuando les dije.

-Créeme que la reacción será muy distinta si se enteran de esto –había jugado con el pelo de ella todo el tiempo.

-Uno, no lo harán. Dos, no estamos haciendo nada malo.

-Eso es discutible –la sostuvo un poco más firme por la espalda y acercó su labios hasta su oído –Solo porque no esté haciendo nada, no significa que no tenga deseos de hacerlo…

-Lo sé –y casi en un murmullo agregó –No eres el único.

-Umi… -su voz era más de súplica que de protesta.

-Tranquilo, me comportaré –volvió a inhalar su aroma profundamente.

-Eso espero –volvió a sostener su mentón para mirarla fijamente a los ojos –Los caballeros tenemos límites. No soy un juguete, Umi . Y tú tampoco –la besó en la frente.

-Eso lo sé. Nunca se me ocurrirá empezar algo que no tengo intenciones de terminar –por toda respuesta, Eagle la abrazó de forma que su cabeza quedó apoyada sobre su pecho. Sentir la respiración de ella en el cuello hubiera sido demasiado tentador.

-Buenas noches, Eagle.

-Que duermas bien, Umi.


Agua y oscuridad por todas partes. No podía ver, pero sabía que era agua. Flotaba, pero la sensación de algo pesado que tiraba de ella desde el fondo era intensa. Su cuerpo se sentía pesado y a su pecho le era cada vez más difícil expandirse. Algo le apretaba la garganta. ¿Qué era eso? ¿Por qué el agua no obedecía? Porque eso era agua, no le cabía la menor duda. Quería moverse, aunque fuera solo un poco, pero no podía; el líquido no la dejaba. Y de pronto… ¿una corriente? Sí, eso debía ser, ¿o no? Fuera lo que fuera era intensa y comenzaba a arrastrarla en todas direcciones. ¿Qué era eso? Era como si una mano gigante de agua se hubiera cerrado alrededor suyo con la clara intención de aplastarla. Era demasiado sofocante, ya casi no podía respirar y sentía el corazón a punto de estallar. El aire… el aire… Ya no pudo más…

Eagle despertó de un fuerte codazo en el estómago y con los gritos de Umi resonándole en los oídos. La joven seguía profundamente dormida y por la forma en qué sus brazos de agitaban y su cuerpo se retorcía, era evidente que estaba en medio de una espantosa pesadilla.

-¡Umi! –en un segundo la luz se había encendido, la había atajado por los hombros y ahora intentaba calmarla desesperadamente –Umi, por favor escúchame, lo que sea, no es real. ¿Me oyes, Umi? Nada es real –la tenía firmemente abrazada a pesar de que su cuerpo no había dejado de luchar para liberarse de lo que fuera que pasara en su mente –Umi, soy yo, Eagle. Estoy aquí. ¡Yo soy real! ¡Umi! –continuaba forcejeando con él, pero cada vez menos –Recuerda, estás aquí en Autozam, conmigo –ya no lo empujaba ni golpeaba, pero su respiración seguía igual de agitada. Eagle sostuvo su cabeza con cuidado y pasó los dedos de la otra por entre su pelo y la dejo descansar sobre su espalda. Con cuidado, comenzó a realizar pequeños movimientos circulares y a hablar en su oído –Umi… Estás conmigo y no pienso irme a ningún lado.

Continuó así y poco a poco ella comenzó a calmarse y a sentirlo: a él, no al sueño. Supo que la tenía de vuelta cuando la sintió colocar los brazos en su espalda. Un sollozo contenido llegó a su oído y pudo sentirla temblar.

-Está bien, déjalo salir. Todo está bien –los movimientos circulares continuaban lentamente y ahora habían pasado a incluir también su brazo.

-N-no po-día res-pi-rar… -logró articular entre sollozos.

-Ya pasó, amor, ya pasó. Ahora respira. Respira conmigo –los sollozos se fueron debilitando poco a poco y pudo sincronizar su respiración con la de él –Eso es.

-Eagle… Gracias… -lo estrechó con fuerza como temiendo no volver a hacerlo.

-¿Para qué somos los novios? –eso le ganó una pequeña risa. Fue apenas una exhalación, pero fue sincera y el comandante sintió su corazón aligerarse –Me encanta sostenerte –confesó –Aún antes de darme cuenta de cuánto me gustabas.

-¿Ah, sí? –su voz ya sonaba más tranquila y se enderezó para mirarlo.

-Sí –la rodeó por la cintura –Pero me gusta mucho más cuando sonríes –y eso fue exactamente lo que consiguió –Así está mucho mejor.

-¿Así que amor? –ladeó un poco la cabeza.

-¿Eh? –parpadeó.

-Hace un rato… me llamaste amor –se sonrojó un poco –Sé que parece tonto con casi cuatro semanas, pero es la primera vez que lo dices. Las otras veces solo me dijiste Umi.

-Porque es tu nombre y me gusta cómo suena. Y lo de amor… -se turbó un poco –no es que no lo sintiera antes. Pero tienes razón, es la primera vez que te llamo así… y me gusta.

-A mí también –le pasó los brazos por el cuello –Te amo.

-Yo también te amo –lentamente, se tumbó sobre la cama y abrazados como estaban, ella junto con él, quedando sobre su pecho y mirándolo directo a los ojos -¿Sabes? Podría acostumbrarme a esto –le dedicó su sonrisa más brillante y volvió a chasquear sus dedos para extinguir la luz.

No volvieron a cambiar de posición y Umi no tardó en quedarse dormida escuchando los latidos de Eagle y sintiendo el leve sube y baja de su respiración. Él se quedó un rato despierto, vigilándola en su sueño, pero finalmente el sueño también lo venció y para cuando llegó la mañana, ella seguía apoyada en su pecho y ambos estaban atrapados en el abrazo del otro. Umi fue la primera en despertar, pero no hizo ningún intento por sacarlo de su sueño o soltarse. Por el contrario, se quedó en silencio, muy despierta, pero observándolo y sintiéndolo, disfrutando de él cada segundo del momento. Ni siquiera se sobresaltó al sentir los dedos de él entrelazándose en el pelo de la base de su nuca, solo sonrió y respiro hondo.

-¿Cuánto llevas despierta? –su voz no sonaba para nada adormilada.

-No lo sé –una sonrisa se dibujó en los labios de él -¿Interesa? –casi había sonado juguetón.

-No –continuó pasando los dedos por entre su pelo y ella se acomodó en su cuello –La verdad, no pienso moverme de aquí hasta que sea absolutamente necesario.


En Céfiro, faltaban unas cuantas horas para el amanecer, pero Gurú Clef llevaba un buen rato despierto en su estudio. El hechicero era asiduo a dar provecho a la mayor cantidad de momentos posibles, incluso antes de comprometer su ayuda a los representantes de Autozam y Chizeta, pero ese comportamiento era inusitado hasta para él. Algo muy distinto al insomnio lo había despertado y levantado para llevarlo derechito a los documentos que Umi había ya hace tiempo traído de la biblioteca real de Chizeta. Al llegar, varios de esos escritos se encontraban brillando sobre su escritorio, a tal punto que era imposible distinguir las palabras en ellos y sus propios bordes eran casi imperceptibles; signo evidente de que la clave encerrada en su interior estaba a punto de ser arrancada por la fuerza. Pero no tan fácil. Había pasado más de un año desde que esos documentos estaban en su poder y siglos desde que protegían los secretos de su señor; era evidente que no pensaban revelarlos sin pelear. Y como máximo hechicero de Céfiro, Gurú Clef estaba más que dispuestos a darles una más que respetable batalla.