-Entonces… ¿es el agua? –Umi parpadeó, todavía sorprendida ante la noticia. Entonces su sueño… Gurú Clef ya le había advertido, a ella y a las otras dos guerreras, que sus poderes irían en aumento. Ya lo había notado durante el año anterior; sus poderes en la Tierra no eran ni la mitad de fuertes que en Céfiro, pero aun así era evidente que iban en aumento. Ahora había veces en las que incluso podía oír sus palabras tan claras como si salieran de los labios de una persona. Pero jamás esperó que el elemento tratara de comunicarse con ella en sueños; mucho menos atacarla. Pero bueno, por lo que acababa de escucharle al gurú, el agua de Chizeta hace mucho que había dejado de ser solo eso.

-No lo entiendo, ¿cómo es que nadie se enfermó? –Eagle estaba de pie junto a Umi, mirando fijamente a la imagen del gurú –Eso ha estado en el agua del planeta y matando lentamente su suelo por generaciones, pero los chizetanos la han bebido por el mismo tiempo y no podrían ser más fuertes –el muchacho risueño había desaparecido de su semblante y sus ojos ámbar eran los del militar.

-Todavía hay que hacer más estudios –intercedió Alcar, que nada más enterarse de la noticia había contactado inmediatamente a su tío –pero por lo que sabemos hasta ahora, solo deteriora combinaciones minerales muy específicas y de forma muy lenta. Ignora completamente todo lo que sea orgánico.

-Y aunque no –continuó Tatra –nuestros doctores se encargaron hace mucho tiempo de fortalecer a nuestra gente; nuestro sistema inmune es fuerte.

-Eso tiene mucho sentido –el que hablaba ahora era Silver –Si la población hubiera enfermado de manera masiva una de las primeras cosas a analizar hubiera sido el agua y eso hubiera sido el fin de su plan.

-Siguen siendo demasiados problemas para una venganza –Ferio movía la cabeza consciente de la situación, pero aún con problemas para digerir la locura detrás de ella –No es que hubiera preferido a alguien envenenado –se apresuró a aclarar.

-Él quería una venganza definitiva –sentenció el príncipe –algo que no fuera obvio a la vista y ni fuera simplemente cosa de doctores o hechiceros. Sin ofender –agregó mirando a Gurú Clef.

-No hay cuidado –lo tranquilizó –En verdad fue muy astuto. Nos tomó más de un año arrancar el secreto de sus manuscritos y no sabemos cuánto nos lleve entender lo que liberó en el agua subterránea de su planeta, pero al menos ya sabemos que está ahí.

-No es lo único –interrumpió el comandante –Puede que no afecte la salud de quienes beben el agua, pero definitivamente es hostil –dirigió una mirada de reojo a Umi –Un ataque es un ataque, aunque sea a través de un sueño –su mano estaba firme alrededor de la su pareja.

-No creo que hubiera podido lastimarla –dijo Gurú Clef –pero tienes razón en lo del ataque. Claramente intentó intimidarla.

-¿Pero por qué a Umi y no a un miembro de la familia real? –quiso saber la princesa -¿Por qué no a ti que invertiste tanto tiempo descifrando sus manuscritos?

-Eso no lo sé –reconoció –Puede que sea porque fue ella la que trajo los documentos desde Chizeta, o tal vez porque el agua es su elemento y eso la convierte en un riesgo.

-Pero ya ha pasado más de un año –ahora la confundida era Fuu –Estoy feliz que esté bien, ¿pero porque no la atacó de inmediato?

-¿Será porque ahora mi unidad con el agua es mucho más fuerte que antes? –se aventuró la joven –Ahora es casi como si fuera una extensión de mí –comenzó a explicar –Somos entes distintos, eso siempre será así, pero… he visto como a veces mis estados de ánimo influyen en su comportamiento.

-Es una gran posibilidad –confirmó Gurú Clef –Pero tranquila, el hechizo de protección ya fue neutralizado, así que no podrá volver a hacerte nada.

-¿Y ahora qué hacemos? –Umi no había soltado la mano de Eagle en ningún momento y él la acariciaba suavemente con su pulgar.

-Por lo pronto Gurú Clef y Tatra partirán a Chizeta cuanto antes para evaluar mejor el problema y ver si pueden descubrir qué tipo de cosa es la se ha estado propagando por tanto tiempo en el agua –comunicó Ferio en su calidad de rey –Mientras, Alcar y Varda se quedarán aquí para atender sus responsabilidades como emisarios y revisar los documentos que Gurú Clef logró hacer legibles para ver si encuentran una pista que ayude a parar esto.

-Presidente Vision, –Tatra se adelantó de forma de quedar al centro de la imagen –con el mayor de los respetos, solicito su ayuda frente a esta situación. De ser posible me gustaría contar con un grupo de sus científicos para realizar los estudios más completos posibles a nuestra agua.

-Los tendrán –aseguró el mandatario –Hoy mismo informaré la situación y seleccionaré al equipo de investigación para que parta a Chizeta mañana mismo. Además, si la Senadora Kya está de acuerdo –dirigió la vista a su cuñada –me parece prudente enviar con ustedes al Sub-Comandante Metro para que comience a recolectar datos para el equipo lo antes posible.

-Me parece correcto –dijo la senadora –Céfiro es un planeta seguro y nuestra agenda nos tendrá aquí al menos por un mes. El Sub-Comandante Metro ya estará de regreso cuando sea hora de escoltarme a Autozam y sé que sabrá ser un aporte para Chizeta y nuestros investigadores –no podría haber dirigido una mirada más aprobatoria al militar.

-Solo nos falta conocer la respuesta del aludido –observó el presidente -¿Está dispuesto a aceptar esta misión, sub-comandante?

-Con su permiso –dirigió una rápida mirada a todos los presentes –comenzaré con mis preparativos de inmediato –dio su mejor saludo militar a Silver, realizó una respetuosa reverencia de despedida al resto y abandonó la sala del trono.

De toda la Unidad de Investigación Científica del Ejército de Autozam, el General Wing fue el más interesado en los recientes eventos relacionados con los Torrentes de Desolación de Chizeta. ¿Un organismo capaz de degradar minerales de las distintas capaz de suelo, pero benigno con el metabolismo humano? Eso no era algo fácil de ignorar. Incluso… tal vez… No. Era demasiado precipitado siquiera pensarlo. Su propia serie de experimentos había llevado meses de preparación en términos de equipo, entrenamiento y protocolos de emergencia. Solo evaluar los riesgos y pronosticar los diferentes escenarios posibles había sido motivos de acaloradas discusiones y dolores de cabeza. ¡Ni que hablar de la etapa de los permisos oficiales! Era de esperarse; realmente ninguno de ellos, ni científicos, ni altos militares, ni el presidente querían llevar a cabo la operación, solo había una razón para continuar con ella: Autozam agonizaba. Veinte años más. Solo veinte años. Eso era todo el tiempo de vida sustentable que le quedaba al planeta. Pronto ya no tendrían como generar energía y con eso tanto los sistemas de purificación, como las cúpulas de protección serían inservibles. La ayuda a Chizeta sería enviada como muestra de buena voluntad y con la esperanza de aprender, pero aun así la operación seguiría su curso. Pensar más allá de eso hubiera sido una total irresponsabilidad.

Silver en persona participó en la selección del personal para la misión de investigación. Después de todo, no cualquiera podía ser enviado a la corte de Marcus y menos para un asunto de tal importancia. Entre tanto, la nave destinada a transportarlos era equipada con lo máximo en tecnología análisis y protección bioquímica.

Fue un largo día para todos. El presidente ni siquiera había tenido tiempo de cenar con su hijo y futura nuera, como ya era costumbre. En verdad, apenas si había probado bocado durante todo el día. Agotado por la ola de responsabilidades y obligaciones de ese día, pensó en retirarse directamente a su habitación para recuperar fuerzas, pero al pasar por la puerta del dormitorio de su hijo, su caminata se vio interrumpida y sus sentidos alertados por las voces que le llegaron desde el interior. No podía distinguir bien las palabras, pero sí su tono cada vez duro. Eso a todas luces era una discusión y una fea.

-No vas a ir, ¡y punto! –como nunca, el comandante estaba erguido en toda su estatura, su rostro tenso y su mirada normalmente dulce ahora endurecida.

-¡No es tu decisión! –le recordó una joven igualmente erguida y lanzándole llamas azules por sus ojos -¡No pertenezco al ejército de Autozam! ¡No eres mi superior! –prácticamente le rugió y lo vio tensarse de pies a cabeza –No tienes ninguna autoridad sobre mí –y luego de fulminarlo con la mirada giró sobre sus talones para dirigirse decidida a la puerta.

-¡Umi, no! –la atajó por el brazo con mucha más fuerza de la que normalmente hubiera empleado con ella y en un abrir y cerrar de ojos la tuvo acorralada contra la pared. Unos impactados ojos azules, se toparon unos ámbar totalmente enloquecidos.

-¡Eagle! –se quejó; la presión que sus manos estaban ejerciendo sobre su muñecas empezaba a lastimarla. Además no le gustaba nada verse sometida de esa forma -¿Qué crees que -? –sus protestas se vieron ahogadas por un beso desesperado por parte de él. En cierta forma podría haberse interpretado como un ataque debido a lo agresivo que había resultado. En verdad la mente del comandante se había nublado completamente ante la impotencia y terror de verla dirigirse a situación que todas luces la pondría en peligro. Si un sueño había terminado ataque por culpa de un pergamino a estrellas de distancia en Céfiro, ¿qué podía ocurrirle si ponía un pie en Chizeta ahora que esos torrentes la habían detectado? Ese beso había sido la respuesta instintiva de un animal que se veía arrancado del lado de su pareja y estaba dispuesto a todo por protegerla. ¡Tenía pánico! Eagle Vision era presa de un miedo como nunca antes había sentido.

Desafortunadamente, Umi, que se había vuelto tan buena a la hora de leer su mente, no pudo detectar nada de eso. Los ánimos entre ambos ya estaban bastante encendidos sin que él se dejara manejar por sus impulsos y si bajo otras circunstancias un beso suyo hubiera sido bien recibido e incluso logrado calmarla, en ese momento lo único que hizo fue hacerla pasar de la indignación a la ira. Lo único que fue capaz de percibir en ese estado fue a un militar bruto y arrogante, incapaz de soportar el no poder imponer su voluntad. Y como tal lo trató. De un momento a otro Eagle se encontró arrojado en el suelo, empapado de pies a cabeza, víctima de un Dragón de Agua.

La Umi que vio ante sus ojos no tenía nada que ver con la de las últimas semanas. No había ni una pizca de cariño hacia él en sus ojos, pero sí una tormenta en pleno estallido. Estaba temblando de pies a cabeza, pero no por miedo o debilidad, sino porque estaba hecha una furia. Se había llevado la mano a donde solo momentos antes él había forzado sus labios y fue claro para el comandante que su osadía había cruzado toda línea.

-Umi… -la voz le temblaba –Yo… lo lamento… no quise-

-¿No quisiste? –susurró cerrando los ojos y comenzó a reírse de una forma que no era la de ella -¡No quisiste! –lo gritó al tiempo que abrió los ojos de golpe y para Eagle fue imposible ignorar las lágrimas de rabia que a duras penas no resbalaban de sus mejillas.

Se incorporó, queriendo acercase a ella y reparar el daño, su expresión cada vez más adolorida y culpable –Umi, por favor… -se quedó a prudente distancia, pero extendió el brazo hacia ella.

-¡No te atrevas a tocarme! –el dolor de Eagle fue visible en su rostro; fue como si lo hubieran atravesado de golpe con una espada –No vuelvas a acercarte a mí –logró articular de forma clara y fría, a pesar de sentir como su voz quería abandonarla –No te atrevas –volvió a tocarse los labios -¿Cómo pudiste-?

-Maldita sea, Umi… -quién que estaba luchando con su voz ahora era él –Soy un idiota, eso ya lo sé… ¡Pero por qué no quieres entender que te amo y solo quiero protegerte!

-¿Y acorralarme y forzarme de esa manera es protegerme? –se mofó –Interesante forma de mostrar tu afecto, Vision.

-No voy a intentar justificarme. No puedo –no podía sentirse más avergonzado –Pero ir a Chizeta después de ese sueño… -las manos le temblaron y su espalda se puso como piedra –Umi… eres mi novia, ¿cómo esperas que no me preocupe?

-¿Entonces es eso? –tenía cerrados los ojos -¿Estar en una relación te da poder sobre mí?

-¿Qué? –sus ojos se abrieron de par en par –Umi, eso no es lo que-

-Curioso, no me había dado cuenta de que tenía dueño –lo miró con una profunda desilusión y tristeza.

-¡Dueño! Umi, yo jamás-

-Muy tarde Eagle, ya lo hiciste –bajó la vista al suelo y la vio respirar profundo y con dificultada, mientras se sostenía las manos nerviosa. Caminó, todavía goteando agua, hasta quedar frente a ella, con el único deseo que abrazarla para reconfortarla y volver a sentirla cerca, pero sin atreverse a ello. Cuando Umi volvió a alzar la vista, aún había rabia en su mirada, pero era mucho más intenso en dolor reflejado en ella; tanto que Eagle sintió como si lo desgarraran por dentro –Pero… es algo que por suerte tiene solución… -una sonrisa tembló en sus labios al tiempo que una lágrima resbaló por su mejilla –aunque no puedo decir que me agrade –las lágrimas siguieron bajando, hasta que el comandante no pudo más y alargó la mano para limpiar sus párpados, pero ella lo detuvo -No.

Sin más tardanza, llevó sus manos temblorosas hasta la parte de atrás de su cuello y deshizo el broche de la fina cadena que lo adornaba. Para cuando se dio cuenta, Eagle sostenía en la mano el colgante que le había regalado. Se quedó mirándolo fijamente varios segundos, incapaz de soltar palabra o de procesar lo que ocurría; mejor dicho, incapaz de querer aceptarlo.

-¿Qué-? –la voz le tembló y no solo eso; el imponente comandante tenía problemas para mantenerse de pie -¿Por qué me das esto, Umi? –sus ojos ámbar habían comenzado a nublarse.

-Ya lo sabes –su voz apenas si había sido un hilo.

-No. Esto no…

-Ya no estás obligado a protegerme… Te libero… -y sin decir más, salió rápidamente de la habitación y corrió, llorando, lo más velozmente que pudo a la suya, antes de que pudiera detenerla o decirle cualquier cosa.

-¡Umi! –tan impactado había quedado, que para cuando logró darle alcance la puerta de Umi se cerró de golpe en su cara -¡Umi! ¡Umi, ábreme! –comenzó a golpear la puerta con fuerza y la vista cada vez más borrosa –Por favor… -dejó de golpear y dejó caer su frente sobre la puerta –Por favor… te lo suplico… no hagas esto… por favor no –se dejó caer de rodillas, totalmente derrotado, con una mano apoyada sobre la puerta y la otra sosteniendo el colgante con cada vez más firmeza.

Quién sabe cuánto más hubiera permanecido así, de no ser por la mano que se posó en su hombro. Nada más levantar la vista, se encontró frente a frente con el presidente.

-Padre –su voz era un poco más firme, pero sus ojos no podrían haber estado más enrojecidos.

-Ven, Eagle –le tendió la mano para ayudarlo a levantarse –Es hora de que tú y to hablemos.

En tanto, al otro lado de puerta, Umi era un desastre tembloroso que, sentada en su cama, era incapaz de contener los sollozos.


Bien, hora de otro capítulo. Me tomó un poco más de lo esperado por temas de trabajo, pero finalmente lo terminé. En la próxima entrega espero poder darles algo un poco más largo que leer. Como siempre, todos sus comentarios son más que bienvenidos. Saludos.