-Padre, la perdí. Me comporté como un total…

-¿Imbécil? –así era en efecto tal como se sentía el comandante, pero de todas formas no pudo menos que sorprenderse al escucharlo de su padre -¿Un bruto salvaje que solo sabe negociar mediante la fuerza cuando le niegan lo que quiere? ¿Un arrogante que valora su opinión y voluntad muy por encima de los de la mujer que supuestamente ama? ¿Un tonto que al primer desacuerdo pierde el control y le recuerda a esa mujer insolente quién es el verdadero amo y señor de la relación? –le tendió un vaso de licor bastante fuerte al pronunciar la última pregunta.

-Linda descripción –contestó recibiendo la oferta para luego dejarse caer en uno de los sillones del dormitorio presidencial –Nada como un poco de apoyo paternal –soltó con un dejo de resentimiento.

-Esas palabras no se referían necesariamente a ti –contestó Silver al tiempo que se instalaba en el sillón de enfrente, también con licor en la mano –¿En verdad creíste ser el primer hombre, el primer militar caído en desgracia con su pareja por situaciones como esta? Lamento decirte que los varones Vision somos expertos en el arte de hacer enfurecer a nuestras mujeres.

-Agradable saber que simplemente estoy honrando el uniforme y una antigua tradición familiar –celebró sarcástico y con risa lastimera, luego le dio un sorbo a su trago y lo dejó en la mesa de centro entre ellos.

-Hijo… Todas las parejas tienen desacuerdos, eso es inevitable.

-Esto fue más que un simple desacuerdo… -dejó caer la cabeza entre sus manos –Es un desastre.

-Aún es temprano para decirlo –bebió un poco de su vaso.

-¿Tú crees? –puso sobre la mesa el colgante que le había sido devuelto y que no había soltado desde entonces –Creo que este mensaje es bastante claro.

-Ambos tienen carácter fuerte y las cosas se salieron de control. Dudo mucho que hubieran llegado hasta este punto si alguno de los dos hubiera tenido el tino de parar la discusión a tiempo para continuarla una vez que los ánimos estuvieran más calmados. Incluso si se hubieran separado estando enojados-

-Yo mismo eliminé esa posibilidad –interrumpió Eagle –Debí dejarla salir de la habitación cuando me dio la espalda… ¡Pero no! ¡Tenía que atajarla de esa forma y dármelas de amante desesperado tratando de ser el héroe que rescata a la damisela en peligro! –temblaba lleno de furia contra sí mismo.

-En tu defensa –volvió a ponerle la mano en el hombro –sí eres un amante desesperado –las miradas de ambos Vision estaban fijas la una en la otra –Nunca antes habías tenido una relación y es la primera vez que amas a una mujer de esta forma. El verdadero problema es… que Umi no tiene nada de damisela en peligro.

-Créeme, ese Dragón de Agua me lo dejó bastante claro –no pudo evitar reírse, si bien fue una risa ronca.

-¡Oh! ¿Y el título de Guerrera Mágica del Agua no? –una sonrisa mezcla de diversión e incredulidad se dibujó en los labios de Silver.

-Padre, tengo más que claro que fui un completo ingenuo –reconoció el normalmente calculador joven -pero… embajadora, guerrera, niña de otra dimensión… puedes darle el nombre que quieras, todos son ciertos; conozco sus capacidades, pero… -dio otro sorbo –cuando la veo, cuando pienso en ella, solo veo a una mujer; la mujer cuya sonrisa no me canso de ver y a la que quiero proteger cueste lo que cueste por el resto de mi vida –su risa apesadumbrada no se hizo esperar y se dejó caer sobre el respaldo del sillón –Creo que me las arreglé para demostrarle todo lo contrario, ¿no?

El presidente soltó un suspiro –Eagle –se levantó del sillón y comenzó a pasearse por su dormitorio, el vaso olvidado sobre la mesa –Lo que sientes es normal. Ninguna persona que ame a otra desea verla sufrir o en peligro. Pero tienes que entender cuanto antes la diferencia entre proteger a alguien y tratar de encadenarlo. Si no lo haces, tarde o temprano, tu deseo se volverá en contra tuya… -se detuvo y miró directamente a su hijo –y de la persona que amas.

Eagle se irguió y clavó sus ojos en Silver.

-¿Quieres demostrarle tu amor? –caminó hasta donde estaba sentado Eagle y se arrodilló frente a él –Confía en ella y en sus capacidades. Es la única forma.

-Yo confío en ella –enfrentó sus ojos ámbar con los plateados de Silver –pero esos torrentes… tengo tanto miedo…

-Y nunca dejarás de tenerlo –le informó –Es igual que el campo de batalla; el miedo nunca desaparece realmente y tú ya sabes cuáles son las dos opciones frente a eso: congelarse y sucumbir ante él…

-O pararte derecho y hacerle frente lo mejor posible –el presidente asintió.

-Cada vez que tu madre salía a recolectar muestras de toxicidad o recuperar artefactos de las ruinas de una las zonas de peligro… no hubo una sola vez que dejara de preocuparme por ella –sonrió nostálgico –pero Avis nunca hubiera sido feliz de no poder ser ella misma… No sacas nada con salvar el cuerpo si en el proceso matas el espíritu. Sé que no es fácil hacerse a un lado… pero a veces hay que hacerlo si queremos que nuestros seres queridos alcancen todo su esplendor, aunque no pares de temblar por dentro.

-Mamá sabía cómo poner tu alma en un hilo, ¿eh? –de pronto el comandante sentía un nuevo nivel de empatía y complicidad con el presidente.

-Así es; como nadie en Autozam –reconoció sin tapujos –Y tú, muchacho, tampoco haces mucho para facilitarme el trabajo –lo atrapó por el cuello y le revolvió el pelo como acostumbraba hacerlo cuando aún era un niño.

-¡Ey! –forcejeó para librarse y por primera vez en toda la conversación, una sonrisa sincera se dejó ver en sus labios.

-¿Y bien? ¿Ahora que harás? –lo miró serio, pero satisfecho del cambio que veía a través de sus ojos.

Eagle suspiró y dio un último sorbo a su trago –Contrario a todos mis impulsos, que ya me causaron bastantes problemas por hoy, voy a tomar algo de distancia.

-Significa que mañana no irás al puerto espacial para despedirla, ¿verdad?

-No. Aún no creo poder controlarme si vuelvo a verla tan pronto, aunque es lo único que quiero… -otro suspiro –Tampoco sé cuál será su reacción al verme y francamente, dudo mucho que quiera hacerlo –se pasó la mano por el pelo, llevándolo hacia atrás -¿Puedes hacerme un favor? De ninguna manera puedo dejarla irse sin esto –le alcanzó el regalo con el preciado grabado del águila y el dragón conectados -¿Podrías entregárselo junto con un mensaje?

-Cuenta con ello.


De alguna forma, Umi logró dormir esa noche, pero a duras penas consiguió descansar. La fuerte discusión y su desenlace le habían alterado los nervios enormemente, por no mencionar que su corazón estaba hecho un desastre. Su sueño fue todo menos tranquilo y el despertar no fue mucho mejor. Su cuerpo estaba en perfecto estado y condiciones más que óptimas para embarcarse a Chizeta, pero ella misma se sentía pesada y sin fuerzas. Nada más despertar, se sintió inquieta y acto seguido, por instinto, se llevó la mano al pecho… cosa que le hizo imposible no percatarse de la ausencia del colgante y revivir con un sobresalto todo el altercado. Su mano se aferró con fuerza a esa parte del pijama y unas lágrimas silenciosas comenzaron a resbalar por sus mejillas.

"Eagle…"

¿Cómo era posible que todo se hubiera salido tanto de control? ¿Cómo era posible que todo se hubiera venido abajo así como así por una conversación que había comenzado como cualquier otra? Ambos estaban igual de preocupados por Chizeta, ambos querían ayudar… pero sus enfoques sobre el cómo hacerlo habían sido completamente distintos: ella había estado demasiado ansiosa y querido partir de inmediato en ayuda de sus amigos, en tanto él había querido esperar a tener más información sobre los "torrentes" antes de correr el riesgo. "Si yo no hubiera sido tan intransigente…" Pero sus recuerdos del mal estado de Chizeta en su última visita, mezclados con la imagen de una Tatra en apariencia despreocupada, pero con un semblante cada vez más extenuado en cada una de sus comunicaciones con Céfiro, junto con el conocimiento de que el problema estaba en el agua… ¡le fue imposible mantener la calma! Y en su espiral de ansiedad y deseo por no ceder y mostrarse fuerte, había arrastrado a Eagle con ella. Ni siquiera había intentado sopesar los argumentos de él; se había empecinado de tal manera en su propia postura que lo había tachado de egoísta insensible y acabado provocando que Eagle perdiera totalmente la paciencia y ante ella quedara únicamente el Comandante Vision: aquel que la había horrorizado y humillado al acorralarla contra la pared y forzar su labios de esa forma. No pudo evitar llevarse la mano a sus labios, ni que las lágrimas brotaran con más intensidad. Lo amaba; no había dejado de hacerlo ni por un segundo, ni siquiera en mitad de su arranque de ira. Pero ahora, por mucho que había luchado en su contra, se agregaba un nuevo sentimiento: el miedo. Umi Ryuzaki había aprendido a temerle a Eagle Vision. Y por muy enamorada que estuviera, sentir miedo hacia la persona amada era algo que sencillamente nunca había estado, ni estaría en su idea de una relación. Ya no importaba; todo había acabado. Ella misma le había puesto fin. Su cuello desnudo era la mejor y más devastadora prueba de ello.

De un golpe se levantó de la cama. De nada le valdría permanecer en ella pensando en lo que habían hecho o dejado de hacer. Ningún "y si hubiéramos" repararía su relación y acabaría por volverse loca si continuaba pensando en ellos. Además, el viaje a Chizeta seguía en pie en su agenda y debía ser rápida si quería estar lista para partir junto con el equipo de investigación. "Domínate, Umi. Este no es tiempo de llanto."

En tanto, Eagle ya se encontraba en su puesto de trabajo revisando todo lo concerniente a los ya próximos experimentos que bien podían ser la esperanza de Autozam… o acelerar su ruina total. La conversación con su padre y el alcohol habían hecho su trabajo y a diferencia de Umi, su sueño si le había permitido recuperarse en parte de la discusión. El resto de la tensión sobreviviente al despertar, había sido apaleada mediante su rigurosa rutina de ejercicios militares matutinos, que no dejaba espacio para nada que no fuera concentración máxima en cada movimiento. Posteriormente a ducharse, se había dirigido inmediatamente a los cuarteles, donde había comido un generoso desayuno con la intención de evitarle un encuentro desagradable a la embajadora y distanciar su mente lo más posible de ella. "Umi va a embarcar, Vision; nada evitará eso. Ni ella ni tú necesitan escenas; ya fue bastante con las de anoche." Su cerebro se encontraba completamente enfocado en sus tareas de comandante y en satisfacer las expectativas del General Wing.


-Buenos días, Umi –la recibió en la cocina un amistoso Presidente Vision.

-Buenos días, Silver –contestó cordial, aunque sorprendida de encontrarlo ahí, ya que normalmente para esa hora se encontraba terminando de desayunar en el comedor o incluso ya en su oficina.

-Hoy será un día largo –le dijo detectando su sorpresa –Solo tengo dos puntos a los que dedicarme en mi agenda, pero van a necesitar de toda mi energía y preferí dormir un poco más –no era mentira, aunque también era cierto que en algo había influido el beber con su hijo después de su agotador día anterior.

-Entiendo –Umi sabía perfectamente cuáles eran esos dos puntos: Chizeta y los experimentos del General Wing. Inevitablemente, su rostro se ensombreció, ya que ambos la llevaban a pensar en Eagle. Fue apenas un segundo, hábilmente enmascarado gracias a su educación y deseos de no importunar a Silver, a quien respetaba tanto. No sirvió de nada. El apellido Vision no era en vano y además, él ya estaba más que enterado del estado de su relación.

-¿Desayunamos juntos? – ofreció y la joven no pudo evitar notar que él ya tenía preparada una bandeja para dos personas, algo que en su estado la conmovió profundamente.

-Gracias –"Ya sabe y aún así…" Sus ojos comenzaron a humedecerse.

-Nada de lágrimas, pequeña –se le acercó y sostuvo su rostro paternalmente –Nadie aquí te odia y necesitas alimentarte bien y reponer tus fuerzas antes de embarcar –le sonrió y ella le devolvió el gesto, aunque con los ojos todavía húmedos –Además, a este viejo le vendrá bien un poco de compañía femenina para comenzar bien su día –le giñó el ojo.

-Será un placer desayunar con usted, señor –le dijo sinceramente y lo siguió hasta el comedor con el espíritu un poco más ligero mientras él llevaba la bandeja.

Lejos de ser incómodo, fue un desayuno de lo más ameno en el que Silver aprovechó de levantarle la moral, al tiempo que hábilmente sondeó su estado de ánimo en relación a su hijo, aunque sin hacer la menor mención al joven. Nada más verla entrar en la cocina, le había quedado claro que había pasado una pésima noche y que la había soportado sin nadie a su lado para desahogarse ni consolarla. De haber sido su hija, ya hubiera tomado cartas al respecto, pero como progenitor de quien la había puesto en ese estado, sabía que ese no era su lugar y que sin desearlo podía causarle más daño que bien. Respetó su privacidad e intención de partir con el grupo de investigación lo más digna posible y con la mente despejada.

Él mismo la escoltó hasta el puerto espacial, aprovechando que debía pasar revista a todo el personal y equipo de investigación. Con el poco tiempo habido para planear todo, la agitación y el cansancio era visible en los investigadores y el trabajo de verificar que cada uno de los preparativos se hubiera llevado a cabo según los máximos estándares de calidad no era menos agotador. Ante eso, y ya con un mayor conocimiento de la organización y protocolos militares de Autozam, Umi se dedicó a asistir al presidente en sus tareas de la forma más eficiente que pudo. Mientras Silver se ocupaba de todo lo relacionado con las piezas de equipo más avanzadas y delicadas, ella tomó las riendas de verificar que todos los tripulantes se encontraran presentes y correctamente distribuidos según las capacidades de alojamiento de la nave y sexo de los integrantes de la misión: el ejército autozamita era particularmente estricto en ese punto. Fue cuando notó que el presidente ya la tenía considerada en la lista y le había asignado el mismo camarote que a la novia del Comandante Airdom. No pudo evitar sonreír y dirigir una mirada de reojo hacia su espalda. "Tan paternal y previsor como siempre." Lo siguiente fue el inventario de las provisiones y la revisión de su estado y seguridad en la bodega.

Para el final de la revista, toda la tripulación estaba favorablemente impresionada con la embajadora de Céfiro y más que dispuestos a tenerla a bordo de la nave; conscientes de que la joven sería todo menos un estorbo. En cuanto a Silver, no hubiera podido estar más agradecido de su ayuda, ni orgulloso del excelente trabajo que había realizado como su mano derecha. Umi simplemente se mostraba satisfecha de haber podido aligerar un poco su carga del día y retribuirle aunque fuera un poco sus atenciones y cariño incondicional hacia ella.

Al momento de embarcar, el presidente despidió cordialmente a todos y les encomendó, no solo el éxito de la misión, sino también el mayor de los cuidados durante el viaje y su estadía en Chizeta. La seguridad de todos y cada uno de los tripulantes era la máxima preocupación de Silver.

Umi fue la última de quien se despidió y durante el abrazo, se las arregló para traspasarle un paquete que ella en ningún momento había visto antes.

-De parte de él y mía –le anunció, consciente de su conformidad, pero al mismo tiempo decepción, al ver que el comandante no se había presentado –Ninguno de los dos ha renunciado todavía a ganarte para nuestra familia –le sonrió –Ábrelo luego de que te hayas instalado y cuando te sientas cómoda –ella le devolvió una leve sonrisa y tras una delicada y respetuosa inclinación, abordó junto al resto.

Lo que siguió del día se le fue al presidente en interminables recorridos e inspecciones a todo lo que ocurría en las dependencias del área de investigación asignadas al General Wing. Así, entre conferencias, análisis y demostraciones, la partida de Umi ya había quedado un par de horas atrás. Para la hora del almuerzo, se hizo acompañar de su viejo amigo el general. O mejor dicho, lo arrastró, dada la devoción excesiva del viejo militar hacia su trabajo.

-Andando Wing –le dijo con voz que no admitía lugar a replicas –Te vienes ahora mismo al comedor presidencial. Lo último que necesito es que la cabeza de esta operación se desmaye por inanición en medio de los laboratorios.

Lo siguiente fue pasar al puesto de trabajo de Eagle e instarle a hacer lo mismo. Obediente, se levantó de su escritorio y se encaminó junto con los otros dos hombres. Nada más que una vez en el Palacio Presidencial, se excusó con ambos para hacer una leve escala y aprovechar de dejar algo en su dormitorio. Silver no puso ningún reparó y se encaminó con el general hacia el comedor, ambos más que dispuestos a dar rienda suelta a su apetito tras la mañana que habían tenido y la tarde que aún les esperaba. Pero el padre de Eagle no era tonto, sabía perfectamente que el verdadero deseo de su hijo era contactar a Geo para ponerlo al tanto de su situación. Solo esperaba que el leal sub-comandante supiera una vez más hacer gala de su infinita paciencia con el atolondrado de su hijo.


"Eagle, Eagle, Eagle… Te dejo solo unos cuantos días y mira nada más que desastre haces de tu vida amorosa." Geo se paseaba inquieto por su habitación en el Bravada; era todo lo que podía hacer estando ya en camino a Chizeta. En realidad no. Podría haber gritado. ¡Sí! ¡Eso era exactamente lo que había querido hacer! De hecho, todavía tenía atravesado en la garganta el sermón que casi le había rugido al comandante al enterarse del estado de las cosas con Umi. Pero no pudo. Por muy merecidas que tuviera todas las duras, y por lo demás, bastante insultantes palabras que se atropellaron una tras otra en su cerebro para cuando concluyó el relato, no fue capaz; no viéndolo destruido como estaba. Se limitó a mirarlo con semblante serio e inexpresivo, mientras apretaba los puños con tanta fuerza que sus nudillos se habían puesto más blancos que el papel y las marcas de sus uñas quedaban firmemente grabadas en sus palmas. Tampoco fue capaz de ofrecerle palabras de consuelo. ¿Qué podía decirle que lograra reconfortarlo? ¿Acaso había alguna palabra lo suficientemente fuerte como para actuar de conjuro y devolverle a la mujer que ya no quería saber nada de él? No. Y de haber existido ninguno de ellos era mago. Ambos eran militares y sabían que ciertas cosas no eran tan simples. Por ahora solo podía ofrecerle un oído en el cual desahogarse, ayudarlo a pensar con calma y prometerle que haría todo lo posible por cuidar de Umi en Chizeta. Eso era todo. ¡Y, maldición, no bastaba para nada! ¡Qué impotencia!

-¿Geo? –la voz de Tatra entrando en su habitación lo sobresaltó.

-¡Princesa! ¿Qué-?

-Perdón por entrar así, pero llevo un buen rato tocando y al no responder comencé a preocuparme. ¿Está todo bien?

-Soy yo quien debe disculparse –dijo ya frente a ella –Estaba tan metido en mis pensamientos que no te oí llamar. Lo siento.

-Todavía no respondes mi pregunta –le informó fijando sus ojos en los suyos -¿Estás bien?

-No se te escapa nada, ¿verdad? –tenía una media sonrisa en los labios.

-Lo mismo podría decirse de ti –ladeó su cabeza mientras ofrecía su clásica sonrisa -¿Y? ¿Ya recuperé mi peso correcto?

-Tatra… no empieces…

-Tranquilo, me comportaré – y volvió a erguirse para mirarlo fijamente –siempre que me digas que sucede. No me gusta nada la angustia que veo en tus ojos.

Un resignado suspiro escapó de los labios de Geo –Claramente fuiste criada para gobernar –con un cortés ademán le indicó la pila de mullidos cojines junto a la mesa del té y comenzó a guiarla hasta allí –Será mejor que te sientes y pongas cómoda. No creo que esto te guste, alteza.


En tanto, hacía rato que la joven embajadora se había instalado y entablado una amistosa conversación con su compañera de camarote; eso hasta que sus labores de investigadora la reclamaron. Ahora estaba entregada a la tarea de recorrer la nave para familiarizarse con ella. Detuvo su paseo en una cubierta destinada únicamente a la observación de las estrellas por parte del personal y se dedicó a disfrutar de la vista, al tiempo que recordaba una actividad similar en compañía de cierto autozamita y le daba vueltas una y otra vez a la carta que había leído tan pronto como se había quedado sola en su camarote.

Umi:

Lo siento. Perdí el control y no tienes idea de cuánto lamento lo que hice. Te respeto mucho; jamás me he sentido tu dueño, pero está claro que te hice sentir todo lo contrario y no estoy seguro de merecer tu perdón. Tienes todo el derecho de romper esto y quererme lejos de ti; no volveré a acercarme si en verdad eso es lo que quieres. Pero es importante que sepas que, si existe la más pequeña posibilidad de que quieras volver a inténtalo, estaré dispuesto a todo para estar a la altura y ser digno de ti. Claro, eso siempre y cuando me aceptes de vuelta.

Independientemente de lo que decidas, el colgante es tuyo. Fue hecho especialmente para ti y nadie más puede ser su dueña. Por favor, perdona mi cobardía y que no te lo entregue personalmente, pero luego de lo que pasó tengo miedo de volver a hacer una estupidez al verte abordar la nave. Solo por eso tomo distancia; por eso y nada más.

Te deseo un buen viaje, mi querida embajadora. Por favor cuídate.

Eagle.

Inconscientemente comenzó a juguetear con el colgante que una vez más estaba firme en su cuello.


Muchas gracias a todos los que todavía siguen esta historia y mil perdones por la demora de la actualización, pero este capítulo en particular costó. Mi castigo por el final angustiante del último :P

Gracias especiales a Akira Nishikawa y mimeli por sus comentarios; espero que con esto me perdonen el susto que les di. Hasta el próximo capítulo.