Geo despertó más temprano que de costumbre ese día y ahora sus ojos estaban clavados en el cielo. Siempre era de los primeros en despertar, ya fuera en casa durante su rutina normal, o en una misión en otro planeta; así era él. Pero esa mañana en particular tenía muy buenos motivos para estar antes que nadie en pie. Dentro de unas pocas horas, la Dra. Delta y el resto de sus compatriotas arribarían por fin a Chizeta. Y junto con ellos, también lo haría Umi.
Investigar los torrentes ya era más que suficiente para asegurar que todos sus sentidos estuvieran alertas; la llegada de la joven terrícola y las circunstancias en las que se había unido al viaje, no hacían más que acrecentar su ansiedad. Eagle iba a deberle unos cuantos favores cuando todo terminara, eso era un hecho. Solo le hubiera gustado poder asegurarle un final feliz a su atolondrado amigo. Pero bueno, preocuparse no resolvía nada realmente y el conocía al comandante y la guerrera lo suficiente como para saber que pasara lo que pasara, ambos llegarían a estar bien. Solo necesitaban espacio y tiempo.
Con eso en mente, dejó de mirar por la ventana de su habitación y se dirigió a su reunión con el sultán. Mantener a su majestad al tanto de los pormenores de la investigación, así como de los planes del equipo de la doctora, era una parte integral de su misión. El intercambio de información con Gurú Clef tampoco era algo menor. Todos debían estar en la misma página.
Mientras caminaba por los pasillos del palacio, Geo no dejaba de asombrarse de la fortaleza de espíritu de los chizetanos. Siempre con una sonrisa en la cara lista para sus soberanos y los emisarios. Una sonrisa sincera. ¿De dónde sacaban tanta gentileza? No era que fueran unos ilusos y no se dieran cuenta de lo grave de su situación. El sub-comandante no estaba seguro de entenderlo o de ser capaz de darle un nombre, pero sí lo sentía. Haría lo que estuviera en sus manos para ayudar a que esa calidez nunca se perdiera.
-Hikaru -comenzó Fuu con voz preocupada -ven a sentarte, el té se enfría.
Su amiga miró una última vez por el balcón y se reunión con ella en la mesa. No sin soltar un suspiro. Fuu le alcanzó su taza y dedicó una mirada comprensiva y triste. -Estarán bien. Los dos lo estarán.
-Eso lo sé. Los dos son fuertes, pero… -se mordió los labios.
-¿Y ellos como pareja? -se aventuró la rubia, a lo que la pelirroja asintió -También a mí me gustaría saberlo.
-Estaban tan bien… ¿Cómo es que pasó esto? -dejó caer la cabeza entre sus manos -Justo cuando por fin me había acostumbrado a verlos juntos.
Fuu no pudo evitar sonreír ante eso -En serio fue una sorpresa para ti.
-¿Para ti no? -levantó la mirada interesada.
-Pues… -jugó con sus manos -No del todo… Admito que nunca lo hubiera imaginado al principio, pero… comenzaron a pasar tanto tiempo juntos por la convalecencia de Eagle… -Hikaru la escuchó atenta y en silencio -No partió con intenciones románticas, pero ambos comenzaron a ver un confidente en el otro y a sentir la necesidad de apoyarse… o al menos escuchar…
-¿La compañía silenciosa, pero siempre atenta del otro, a pesar de no entenderse completamente? -ambas se sonrieron, consientes de compartir algo que no podía comunicarse con palabras -Tan distintos y tan…
-Complementarios.
-Esa clase de química no pudo morir tan rápido -insistió la pelirroja y su amiga suspiró.
-No creo que haya muerto -admitió -pero ambos están heridos.
-¿Y cómo los ayudamos?
-No creo que haya algo que podamos hacer, por lo menos no directamente… Esto es algo que tienen que resolver ellos -volvió a suspirar -Decidan lo que decidan.
-Es cierto. No sería justo para ninguno de ellos imponerles una decisión… Aunque lo último que quiero es verlos separados. No habrán sido mi pareja obvia -incluso ella soltó risitas ante su propia inocencia -¡pero es tan evidente que se aman!
-Y por eso sé que harán lo mejor para ambos. Tú también lo sabes.
-Sí, lo sé. Solo no quiero verlos sufrir de más. A ninguno.
-Sí. Esto de ser amigas de los dos tampoco ayuda mucho, la verdad.
Ambas se miraron sabiendo que, aunque injusto, poder enojarse completamente con una de las partes las hubiera hecho sentir mucho mejor. Eliminada esa posibilidad, solo les quedaba esperar lo mejor y confiar… Por lo menos tenían el consuelo de saber que Umi pronto estaría en Autozam. Tal vez Tatra pudiera brindarle más consuelo que ellas, al menos por el momento.
Umi abrió los ojos para encontrarse en el centro de algún lugar indeterminado. Nuevamente el agua dominaba todo el paisaje. "Pero qué sorpresa", pensó con sarcasmo y combatiendo una carcajada. Ese sueño se había vuelto tan frecuente que ya no le sorprendía para nada; hasta cierto punto, casi se sentía en casa. Siempre en medio de un gran lago o mar, con el pelo completamente suelto, ondeando al viento junto con la falda del vestido blanco en el que siempre estaba enfundada. Siempre era lo mismo.
Aunque… Ahora que ponía un poco más de atención a su entorno, no era exactamente igual a las veces pasadas. La niebla seguía ahí, pero no era nada en comparación a la de antes. Haciendo memoria con cuidado, era casi como si un poco de ella se hubiera disuelto con can cada nuevo sueño. Recordaba que la primera vez a duras penas había logrado distinguir su propia mano al alargar el brazo. Ahora en cambio podía ver sin problemas a varios metros de distancia y sentía una agradable calidez que era completamente nueva.
No solo eso. Antes había estado completamente sola; de eso podía estar completamente segura. Ahora en cambio, una presencia muy real la acompañaba.
A lo lejos, donde la niebla se hacía más espesa, distinguió dos destellos y comenzó a avanzar hacia ellos. Era la primera vez en todas esas noches que se decidía a desplazarse hacia cualquier parte. Antes solo se había quedado inmóvil observando y esperando el despertar. Con todo, llegó a notar que estaba caminando descalza sobre el agua. No se sobresaltó ni sintió intrigada en lo más mínimo. Su único pensamiento era ir al encuentro del ser esperándola y a quien ya había reconocido.
Se detuvo apenas a unos pasos de la niebla y la vio apartarse para revelar a una figura enorme e imponente. Era un ser maravilloso cuya sola silueta hubiera sido capaz de amedrentar a cualquiera. Pero no a Umi. La joven Ryuzaki hubiera podido reconocer a ese ser donde quiera fuera. Muy lejos de sentirse amenazada por su presencia, se vio gratamente reconfortada por ella.
-Niña de otro mundo –su sola voz resultaba majestuosa. Y contradictoriamente acogedora.
-Hola, Selece –nada más pronunciar el nombre de su viejo guardián, una agradable sensación se apoderó de todo su cuerpo –Gracias por venir –y lo decía de corazón.
-Jamás te hubiera abandonado –y era cierto –Tu preocupación es enorme, mi niña, pero no más que tu propio poder -¿eran notas de orgullo eso que dejaba oír en el tono grave de su voz?
-Quisiera poder creerlo tanto como tú –la línea en sus labios difícilmente hubiera calificado como sonrisa.
-Lograste convocarme. En un sueño, Umi. ¿No es prueba suficiente para ti? –casi hubiera podido jurar que había percibido una sonrisa en el tono de su voz. ¿Los dragones sonreían?
-No siempre se puede, pero me he las he arreglado para estudiar con Gurú Clef cuanto he podido para entender y controlar mejor mis poderes -reconoció –Supongo que algo tengo que haber mejorado.
-Más que algo, pequeña, si ya eres capaz de entrar en este tipo de estado de meditación.
-¿De qué hablas? ¿No es un sueño acaso?
-Lo es. Y al mismo tiempo es mucho más que eso –comenzó a explicar su guardián –La mayoría de los seres humanos son incapaces de cualquier control sobre sus sueños. Puede que en casos extraordinarios logren ejecutar una acción de forma deliberada e incluso forzar el despertar, pero eso es todo. Por lo general ni siquiera son conscientes de estar soñando hasta regresar al estado de vigilia. Y tan pronto como eso ocurre, comienzan a olvidar... –inclinó su formidable cuello hacia ella e intensificó su mirada –No es tu caso, ¿verdad, Umi?
–No, no lo es. Siempre soy consciente de estar soñando, desde el principio del sueño. Y siempre los recuerdo. Todos. Hasta el mínimo detalle –no parpadeó ni quitó la vista de él.
–Mucho más que eso, Umi. No solo eres consciente de la naturaleza de lo que te rodea y la recuerdas perfectamente al despertar. Sin darte cuenta, ya has comenzado a tomar el control de la experiencia.
-Selece… -titubeó –sé que este no es un sueño normal. Estás aquí después de todo; te siento… Sé que no eres una proyección de mi mente… Pero también sé que no tengo el menor control… Yo no "pedí" venir acá, por así decirlo.
-Ningún ser humano lo hace, mi niña, o no sería un sueño.
-¿Pero entonces-?
-Jamás podrás controlar el dónde ni el cuándo aparecerás. Eso siempre lo decidirá el mundo onírico. Pero sí tienes el control del cómo vivir la experiencia y ahora que por fin ha despertado en ti, ese control será cada vez mayor. ¿No notas acaso que ya prácticamente no hay niebla?
-¿Quieres decir que soy yo quien la está haciendo desaparecer? –abrió considerablemente los ojos ante eso.
Selece asintió –El mundo onírico está reaccionando a tus pensamientos y emociones. Estos sueños son un espejo, mi niña.
-¿Significa que podré ver y hacer lo que desee mientras esté aquí?
-No del todo. Como ya te expliqué, estos sueños son un estado de meditación, pero siguen siendo sueños. Verás aquello que necesites ver y que por alguna razón la vigilia no te esté permitiendo observar con claridad. Aunque la respuesta ya esté clara dentro de ti.
-¿Siempre te veré?
-Solo si me convocas.
-Pero… -una vez más dudó –por favor no te ofendas… yo no te he llamado… ¡Me alegro de que estés aquí! Pensé que ya no lo haría más; no después de la abolición del sistema del pilar… Pero… no he dicho tu nombre, al menos no hasta que me hablaste.
-Fue tu ser más profundo el que me hizo venir, Umi. Pilar o no pilar, estoy unido a ti, joven protectora de Céfiro y siempre lo estaré. ¿Me aceptas como tu guía? –nuevamente le pareció "oír" una sonrisa en su voz, una de profunda comprensión.
-Por supuesto que sí, Selece. Siempre lo he hecho. No tienes idea de lo feliz que me hace tenerte aquí –y fácilmente se hubiese colgado a su cuello de no ser por su imponente tamaño –Me he sentido tan desorientada últimamente…
-Es natural. Has descubierto que una fuerza oscura se atrevió a contaminar nuestro elemento para usarlo contra gente inocente y a la que consideras amiga –comenzó –No has dejado de preguntarte cómo es que no lo sentiste cuando estuviste ahí y te culpas por eso.
-Estuve ahí con ellos. Comí, respiré… bebí lo mismo que ellos… Debí saberlo entonces. ¡Es agua! ¿No forma parte de mí acaso?
-Pequeña, no hay forma de que hubieras podido saber –algo en la voz de Selece le recordó a su padre –Fue un acto de maldad muy bien planeado por uno de los más grandes estrategas políticos y hechiceros de Chizeta. Pudo haber sido un sabio tan grande… -se lamentó –Usó hasta su última gota de poder para ocultarlo.
-Aun así debí estar más atenta… "Torrentes de la desolación"… ¡Torrentes! La referencia es tan clara…
-Es clara ahora porque la estás viendo en retrospectiva –le hizo notar –Los principales sabios y príncipes de Chizeta no pudieron verlo a pesar de todo su tiempo conviviendo con los "torrentes". ¿Los culpas también a ellos, Umi? ¿Los crees responsables del padecimiento de su planeta?
-¡No! –respondió cual trueno –Son gente humilde y buena. De haberlo sabido y podido frenar, hace mucho que lo hubieran hecho.
-¿Y por qué es diferente contigo?
-¡Es agua! –prácticamente chilló. Con Selece podía mostrarse totalmente humana sin miedo a ser criticada. Ya luego se disculparía –Debí ser capaz de escucharla. ¡Debe estar gritando! –cerró los puños indignada –Y yo… ignoré esas suplicas por completo… ¡Traicioné a mi elemento!
-Umi, debes entender algo –comenzó Selece –Un agua mancillada de esa manera, constantemente y durante tanto tiempo, inevitablemente pierde su capacidad para comunicarse y la consciencia de sí misma. El agua de Chizeta hace mucho que ha estado en un sueño profundo; era imposible que te sintiera o que tú la oyeras –se oía triste –No tiene nada que ver con tu nivel de poder en ese momento ni con tu lealtad a nuestro elemento.
Umi cerró sus ojos, sopesando las palabras del guardián dentro de su corazón. No había traicionado al agua, ni el agua la había traicionado a ella. En serio deseaba creerlo. Sabía bien que no haría ninguna diferencia real en el estado actual de Chizeta, pero quería creerlo. No. Necesitaba creerlo.
-Qué patética… -susurro.
Selece no respondió. Era obvio que, aunque el conocimiento ya había sido captado por su mente, su corazón aún se revelaba ante él. Guardó silencio. Sabía que también allí acabaría siendo aceptada la verdad. La niebla en torno a ellos era cada vez menor. Muy pronto su protegida estaría en condiciones de afrontar sin confusiones lo que le aguardaba en el planeta amigo. Y así, podrían concentrarse en el verdadero problema…
Sus latidos eran calmos y Umi pudo sentir un leve calor tocando su piel. El paisaje en el que se encontraban se estaba llenando de luz.
-Estoy por despertar –dijo al tiempo que abría con calma los ojos para posarlos justo sobre los de su guardián.
-Es como debe ser –fue la simple respuesta.
-Te veré en el próximo –no era pregunta.
-Lo sé –Umi, le sonrió. Qué tranquilidad podía infundir su voz de trueno –Aún hay cosas por observar juntos –le pareció que él se apartaba. Fue cuando vio que estaba a una distancia relativamente corta de la orilla de una playa. Una bastante familiar… -A su tiempo.
Abrió los ojos en el mundo real y parpadeó un poco. El camarote estaba completamente a oscuras. Nuevamente había despertado más temprano que la mayoría, aunque esta vez su cuerpo había sido un poco más razonable al seleccionar la hora para devolverla a la vigilia. Aren todavía dormía en la cama contigua, pero eso cambiaría como mucho dentro de una media hora. Sonrió al verla tan tranquila. En apenas unos cuantos días le había quedado claro que la doctora era asidua al trabajo duro: siempre de las primeras en llegar al laboratorio a analizar los datos que enviaba Geo y siempre la última en salir de él. No le extrañaba que Silver la hubiera como jefa del equipo de investigación.
"Y con todo eso, todavía se da el tiempo de ser mi niñera."
Sin pensarlo dos veces, se levantó y en un dos por tres estuvo vestida y en dirección al comedor. Gracias a la conversación con Selece se sentía con la cabeza despejada y más que lista para comenzar el día. La noche anterior (si se podía llamar así en el espacio) la doctora se había retirado a dormir completamente agotada. Hoy era su turno de encargarse del desayuno de ambas.
Cuando Aren Delta abrió los ojos se encontró en un camarote moderadamente iluminado y a su compañera comiendo sentada en la cama. Su parte del desayuno aún estaba cubierta en el velador, pero emitía un olor más que agradable. Sin pensarlo mucho, se sentó en la cama y luego de saludarla se unió a Umi. Debían alimentarse bien y con calma. Tres horas eran todo lo que las separaba de Chizeta.
