VII
El misterio de Trevor Burrows
Charles Warren (2) había pasado un año y medio investigando el accidente en aquel laboratorio que mató a uno de los científicos encargados de la investigación sobre taquiones. Tenía su despacho colmado de papeles, reportes y documentos varios. No tenía muy claro por qué estaba investigando un accidente muggle, pero sí sabía que si los muggles dominaban los campos temporales, podría haber un riesgo inesperado para la comunidad mágica.
Testigos oculares habían reportado ver unas casas aparecer en medio de la nada tras el paso del campo de taquiones, para luego desaparecer del mismo modo. Charles había corroborado el hallazgo metiéndose por medio de magia en los satélites que orbitaban el planeta y obteniendo imágenes del suceso, para después borrarlas de las bases de datos de las estaciones de recepción. Luego, consultó un mapa, comparó las coordenadas del lugar con las de las imágenes y tragó saliva.
Había un pueblo mágico cerca del laboratorio. Y el campo inestable de taquiones había, de algún modo, anulado las protecciones necesarias para que los muggles no pudieran encontrar la villa.
Sin embargo, aquel no era el único dilema sin resolver del accidente.
Por extraño que sonase, el científico muerto era el misterio más intrigante. Ningún cuerpo se había encontrado en las cercanías, pero la tarjeta de acceso había quedado intacta tras el desastre. Así se pudo identificar a la víctima, pero saber el nombre de aquel desdichado hombre trajo más preguntas que respuestas.
Para empezar, el número de identificación de Trevor Burrows no seguía los estrictos patrones de numeración de personal en el laboratorio. La contraseña era correcta, pero no el ID. Charles razonó que aquella tarjeta pudo haber sido falsificada para que luciera como una llave válida. Incluso la fotografía tenía signos de haber sido adulterada. Pero ningún medio muggle podía lograr semejante calidad en la falsificación. Por ende, tuvo que ser un mago quien clonó la tarjeta y le dio un nuevo ID.
Pero un mago no se tomaría la molestia de falsificar una tarjeta de acceso para un muggle. Así, Trevor Burrows sólo podía ser un mago encubierto en la investigación de taquiones.
Y la pregunta que Charles Warren todavía no podía responder era por qué, por qué un mago se infiltraría en un laboratorio muggle, sólo para terminar muerto en un accidente. Tal vez sabía los riesgos para el mundo mágico y quiso sabotear los experimentos él mismo, causando el desastre. Pero todas aquellas eran conjeturas y, tal vez, jamás supiera la verdad.
Tomó un diario para distraerse, un diario muggle. Le gustaba hojear páginas sin fotografías animadas y le divertía la prensa muggle. Sin embargo, frunció el ceño. La primera plana hablaba sobre el desastre que estaba investigando.
Sólo que ahora aparecía un chisme de poca monta sobre la separación de un integrante de las Brujas de Macbeth.
Se cercioró que las fechas y el número de edición fuesen los mismos. Cuando lo hizo, no tenía más que preguntas aflorando en su cabeza como una peste particularmente violenta.
¿Qué mierda estaba pasando?
