IX
Persecución en la niebla
No importaba en qué lugar de Whitechapel estuvieras, la sensación de estar en un pocilga era la misma en todas partes. Hermione y Luna peinaron toda la zona usando encantamientos desilusionadores, pero no había rastros de violencia en ninguna de las casas. De hecho, tuvieron que pasar dos horas para que algo ocurriera.
Un grito velado se escuchó desde una de las casas. Hermione, quien estaba en plena alerta, corrió hacia el inmueble, tratando de no ocasionar mucho ruido. Lo último que deseaba era ahuyentar al Destripador en pleno acto homicida.
—Con cuidado —murmuró Hermione, discurriendo por el corredor que llevaba al dormitorio de puntillas. Luna hacía lo mismo.
La puerta estaba entreabierta.
Hermione suprimió un grito. Había un sujeto con capucha inclinando sobre una mujer que obviamente estaba muerta. Pero la mayor sorpresa fue cuando vio que blandía una varita, la cual usaba para hacer los cortes y extraer los órganos. Luna apenas podía concebir semejante horror y Hermione miraba atentamente, buscando el momento preciso para salir al ataque.
Varios segundos después, Hermione, Luna y Jack el Destripador estaban enfrascados en un duelo sin cuartel. La casa quedó completamente en ruinas, pero el combate seguía su curso.
La refriega continuó en la calle. La capucha de Jack había caído pero el rostro del hombre todavía no podía verse gracias a las sombras propias de la madrugada. Y los maleficios seguían volando, mientras que la gente comenzaba a salir de sus casas a causa de los ruidos.
—¡Nunca creí que un asesino en serie fuese tan buen duelista! —gritó Hermione, tratando de romper la defensa de su contrincante.
—¡Usualmente lo son! —vociferó Luna, defendiéndose de encantamientos que, gracias al ED y la experiencia, ya no eran nuevos para ella—. ¡Algo deben saber, sobre todo cuando no quieren ser capturados por los Aurores!
—¡Pues realmente necesitamos a Ginny aquí! —exclamó Hermione, gruñendo—. ¡Este tipo nos está dando muchos problemas!
Pero Jack aprovechó la distracción de sus contrincantes para arrojarles un maleficio explosivo y escapar. Hermione y Luna maldijeron y salieron en pos del asesino.
Pronto, parecía que todo Whitechapel se había despertado. Jack seguía corriendo, evitando mostrar más magia. Hermione y Luna no se quedaban atrás, tampoco la policía, la cual se había unido a la persecución brevemente después de la explosión. El tipo parecía no cansarse nunca.
—¡Va hacia el campo! —chilló Hermione—. ¡Mantengámonos cerca! ¡Esa niebla no nos hará las cosas fáciles!
Un par de minutos más tarde, el asesino se internó en un campo sembrado con trigo. Aquello era problemático, porque las espigas eran casi tan altas como una persona y era fácil perder de vista a un fugitivo, sobre todo con aquella molesta niebla. Al final, Hermione se dejó guiar solamente por sus oídos.
El trigal quedó atrás, y no había más que campos sin plantar. Hermione y Luna encendieron la punta de sus varitas y siguieron el sonido de los pasos del homicida. Ya iban quince minutos de persecución, y tal parecía que jamás iba a terminar, cuando Hermione casi colisionó con la figura que había estado siguiendo.
Jack se había detenido. Y Luna se dio cuenta por qué.
Había una silueta delante de él. Sostenía una varita.
—¡Ponga sus manos detrás de la cabeza! ¡Ahora!
Hermione reconoció la voz. Era Ginny.
El hombre hizo lo que se le había ordenado. Ginny no se confió y siguió apuntando al asesino.
—¡Alto! —gritó una voz que denotaba falta de aliento—. ¡Quédense donde están!
Hermione reconoció esa voz también. Era el inspector Frederick Abberline.
—¡Desista, inspector! —vociferó Ginny con una autoridad que había ganado como representante de la ley mágica—. ¡La situación está controlada!
—¡No permitiré que civiles entorpezcan mi investigación! —gritó Abberline con una voz grave y oficial—. ¡Quiero que todos dejen sus armas en el suelo y pongan las manos en sus cabezas! ¡Ahora!
La niebla se estaba disipando y la luz de la luna reveló lo absurda que era la situación. Ginny frente al asesino, Hermione y Luna detrás de él y el inspector Abberline junto con una tropa de policías detrás de ellas. Sin embargo, lo más extraño de todo era que, detrás de Ginny, el aire se comportaba raro, como si vibrara a causa de una fuente invisible de calor.
El asesino todavía tenía sus manos detrás de la cabeza, calculando, afanándose en hallar una salida, algún punto débil que pudiera aprovechar. Ginny, sin embargo, tenía ambos ojos en él, pese a que tenía a la policía presionándola. Hermione y Luna estaban a punto de ceder ante Abberline, justo cuando Ginny les hizo una seña con su mano libre. Abberline se dio cuenta de ello, sólo que demasiado tarde.
De las varitas de Hermione y Luna salió un humo tan espeso que los policías no podían ver absolutamente nada. Al mismo tiempo, Ginny aturdió a Jack el Destripador con patética facilidad e instó a Hermione y Luna a que se acercaran a ella.
—¡Vamos! ¡No tenemos mucho tiempo! —apremió Ginny.
—¿Y qué pasó con Lizzie? —inquirió Luna mientras ayudaba a cargar con el peso muerto del Destripador.
—Le cedí la casa a ella antes de averiguar el lugar exacto de la anomalía. Es una gran muchacha.
—¿Y cómo supiste que Jack iba a estar aquí?
—Cuando hayamos vuelto, les cuento la historia, ¿les parece?
Hermione y Luna accedieron.
—Más te vale.
Y las tres, cargando con el asesino, se dirigieron hacia la anomalía. Segundos más tarde, ninguno de los cuatro pertenecía ya al Londres victoriano.
