Aqui dejo el segundo!

Rosa

Estaba nervioso, impaciente por llegar al castillo donde le esperaba su única y verdadera amiga. Hacía tiempo ni se le habría ocurrido salir de su hogar, pero una extraña fuerza le impulsaba a hacerlo y no podia negarse, aunque el resultado de sus salidas siempre fuera algún aldeano muerto y él no quisiera herir a nadie. Le entristecía severamente ese hecho, sin embargo, en el exterior, descubría nuevas y maravillosas cosas que jamás imaginó ver.

Entre ellas, las flores.

Solo conocía aquellas que su abuelo plantaba, y en verdad las apreciaba, pero no se igualaban a la belleza de los girasoles, las amapolas, las violetas...

Pero su favorita, era sin duda la rosa.

Había estado estudiando los tipos de flores que se encontraba, llevando muestras cuando podía o viendo las imagenes en los libros. Pero cuando se topo con esa rosa de color carmín, perfecta y hermosa, no pudo evitar recordar a su querida Eliade.

Y por eso, porque era lo único que se igualaba a la belleza de su amada, se la llevaría para regalarsela. Porque ella era el centro de su mundo, y tan solo quería hacerla feliz.

Desde que llegó a su vida, no había hecho más que sacarle de la triste soledad en la que se había sumido. Le había otorgado una nueva visión para vivir e inevitablemente se había acabado enamorando de ella. Porque además de ser dulce, era hermosa.

Hermosa como una rosa.

Y si era así, ¿qué podría hacer él, un vampiro incontrolado, para conquistar a aquella bella mujer? ¿le estaría dando alguna señal quedándose a su lado?

Eliade podría haberse ido en cuanto quisiera, y por ello antes dudaba en dejarla sola. Sin embargo, cuando volvía a casa luego de sus extraños viajes, ella siempre estaba ahí con una sonrisa. Leal, sin miedo, sin escapar de él.

Krory le correspondía conteniendo sus ganas de morderla y beber su sangre. Quizá era más intenso porque la amaba y ansiaba tenerla de una manera u otra. Pero por el momento, lograba controlarse y con eso le valía.

Porque ahora tenía que empezar por conquistar su corazón, y el primer paso sería esa rosa que poseía tanta belleza...

Aunque nunca superaría a la de Eliade.