Bieeen, aqui está el tercero de esta serie, aunque el cuaro se me va a complicar algo pero bueno XD

Emoción: Miedo

Respiraba entrecortadamente, cansado, pero aun de pie. No se rendiría, no podía hacerlo, todo dependía de él y lo sabía bien. Sus compañeros de misión se habían quedado rezagados atrás, luchando contra los akuma que les habían salido al paso y Krory había avanzado para recuperar la inocencia junto con Miranda. Ya la tenían al alcance de la mano, casi pudo dar la misión por completada...

Hasta que apareció ese akuma de un nivel que no sabía, pero debía ser alto pues hablaba hasta con sarcasmos y tenía forma casi humana. En esas instancias, no debería poder ni levantarse del suelo, pero la inocencia de Lotto le apoyaba para mantenerse sano, a pesar de que no ayudaba al cansancio.

Sin embargo, no era por él por quien se preocupaba, sino por la mujer. Usar ese aparato para retroceder el tiempo le costaba demasiada energía y no tardaría en desmayarse. Entonces no tendría manera de protegerla y el akuma ganaría la batalla...

No, no era momento de pensar en eso.

Esquivó un nuevo ataque con cierta dificultad, y deseó tener la inocencia en un martillo como Lavi o la agilidad de Lenalee. Vio como el akuma se reía y, después de un rato se cansaba del juego. Pensó que le iba a dar el remate, y esperó que hiciera algo...

Y se dio cuenta, quizá algo tarde, que no estaba mirándole ni pensaba atacarle por el momento por una sencilla razón.

Quería eliminar primero a Miranda, quien no tenía ya fuerzas para nada.

Y por primera vez en mucho tiempo, sintió miedo. Miedo de que, a pesar de los esfuerzos que había hecho por protegerla y vencer al akuma, pese a que Lotto había dado su mayor esfuerzo por apoyarle, todo acabara mal.

Miedo de perder a una compañera y amiga por su debilidad.

—¡No! —exclamó, aterrorizado, y acudió a ella para evitar el daño. Llegó a tiempo de interponerse, sin embargo, recibió el impacto.

Fue curado por la inocencia, y vio con alivio como los demás exorcistas acudían a su ayuda. Pero ya estaba muerto, y lo sabía, pues Miranda no podía estar curándole siempre.

Y por eso, ante el llanto de la exorcista, se dejó caer, cansado por la batalla, y le pidió que dejara de usar su poder.

—¿Por qué? —sollozó, negándose a dejarle morir.

—Porque ya estoy muerto —sonrió compasivo— y por primera vez, no me da miedo la muerte.