Esta historia participa en el I Fest del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Promt #17: En el que Merlín y Morgana compiten por ser los mejores.
Espero que al/la autor/a del promt le guste este primer capítulo de cuatro.
Una vacante imprevista
Capítulo I
La luz del sol estaba a punto de despedirse. Estaba a pocos kilómetros de Hogwarts, pero sentía la necesidad de hacer un pequeño descanso en Hogsmeade. Había estado viajando desde Camelot durante casi tres días y le vino bien la pequeña parada.
El mal tiempo no le acompañó en su camino, por lo que tuvo varios contratiempos hasta llegar hasta allí. En cuanto llenó un poco el estómago con algo de comida recién hecha, continuó su viaje. Tan solo quedaba el tramo final y eso la animaba bastante.
Mientras se encaminaba a la entrada al castillo, rememoraba una y otra vez la carta que la profesora Ravenclaw le mandó con urgencia. No especificaba de qué se podía tratar, pero imaginó que tenía que ser algo realmente importante para tener que acudir a ella, la gran Morgana Pendragon. Sabía que podía contar con ella, fuera lo que fuese que necesitara su maestra; por algo era su mejor discípula en todos los años que la fundadora de aquel colegio había tenido. Se le hinchaba el pecho de orgullo solo de pensar en todo aquello.
Comenzó a caminar por el recibidor y apenas alcanzó a ver algunos alumnos, que cuchicheaban entre ellos al pasar por su lado. Buscó con la mirada la presencia de alguno de sus profesores, pero no hubo demasiado éxito. Caminó un poco más, hasta llegar al Gran Comedor. No había más que otros pocos alumnos, terminando de desayunar, se dijo. Pero no había ni rastro de ningún adulto.
«Lo más seguro es que esté en su despacho», pensó para sus adentros. Lo más sensato era ir hacia allá, mas no sabía si le resultaría fácil entrar en él o tendría que esperar a que apareciera. Por suerte para la joven Morgana, no tuvo que esperar mucho, puesto que se la profesora Ravenclaw se hallaba en la entrada cuando ella llegó.
—Profesora —dijo, carraspeando levemente para llamar su atención.
—Morgana —contestó la aludida, sorprendida, al parecer, por su temprana presencia—. No os esperaba tan pronto, querida. —Se acercó a ella y le sonrió amablemente; Morgana se quedó pensativa, puesto que ese no era un gesto que normalmente tuviera su mentora.
—Hubiese arribado más temprano de no ser por el mal tiempo de estos días atrás.
—No os preocupéis, mi adorada Morgana —la interrumpió su profesora, mientras miraba de reojo alrededor de la joven—. ¿Y vuestro equipaje?
—Lo dejé en la entrada y…
—Haré que uno de los elfos lo suba a vuestros aposentos. Os acompañaré hasta allí.
Se dio media vuelta, se recogió los bajos de su vestido y comenzó a subir los peldaños que llevaban a la Torre de Astronomía. Una vez en la puerta, una esfinge de piedra se giró hacia ellas.
—¿Contraseña? —les preguntó.
—Águila azul —respondió la profesora.
Morgana se quedó mirándola, sorprendida; no podía creer que fuese tan sencillo entrar allí.
—¿No se formulan preguntas complejas, como antaño?
—Os confundís, querida —dijo mientras la invitaba a entrar al dormitorio. Era mucho más grande de lo que ella esperaba, o puede que simplemente, se debiera a que ahora no había tres camas más ocupando casi todo el espacio. A los pies de la enorme cama con dosel se hallaba ya el baúl con sus pertenencias; parecía ser que los elfos eran mucho más eficaces de lo que pensaba—. Cuando se trata de habitaciones vacías, no acostumbramos a molestarnos en pensar en poner contraseñas rebuscadas —Rowena resopló, encogiéndose de hombros—. Lo único aquí que hay de valor es el catre y es casi imposible que alguno de nuestros alumnos se lo lleve sin pasar desapercibido.
Morgana asintió, encogiéndose de hombros.
—A propósito, milady, no quiero parecer impertinente, mas me gustaría conocer las causas por las que solicitasteis mi presencia con tanta urgencia.
—Cierto —murmuró Rowena, cerrando la puerta para tener un poco más de intimidad—. Veréis, Morgana, no quería comentarlo mediante la carta que os mandé porque queremos evitarnos las habladurías dentro del mundo mágico. Soy consciente de vuestra lealtad hacia este colegio y hacia cada miembro del castillo, mas lo hice solo por seguridad.
»Si os he hecho venir —continuó después de hacer una breve pausa— es porque uno de nosotros ha marchado y no sabemos si regresará.
Hizo otra pausa y dio un pequeño suspiro.
—¿Uno de vosotros ha marchado? —preguntó Morgana, sin entender—. ¿A qué os referís?
Rowena se quedó callada. El mero hecho de tener que dar tantas explicaciones le dolía tanto como la ausencia de uno de sus mejores amigos de forma tan repentina.
—Veréis, Morgana, el profesor Salazar Slytherin nos dejó hace unas semanas y no hay demasiadas esperanzas de que cambie de opinión, por lo que esa es la razón de que vos estéis aquí. Godric, Helga y yo nos hemos estado haciendo cargo de sus clases, mas no damos abastos con todo.
—Comprendo —asintió con la cabeza, elevándola y sonriendo con orgullo ante lo que su mentora le estaba contando; se sentía honrada de haber sido la elegida para tal puesto—. No os fallaré, os lo prometo, milady.
—Sin embargo —prosiguió Rowena, sin dejar terminar de hablar a su antigua alumna—, no solo os he llamado para este asunto. Esto es un asunto un tanto más personal, mas espero que no os sea un inconveniente en vuestra labor como profesora en este colegio. Se trata de Helena, mi hija.
—¿Le ha ocurrido algo a Helena? —preguntó, sobresaltada, Morgana.
—No, en absoluto. Mas no está pasando por un buen momento en estos momentos, tras la marcha de Salazar. Ella estaba muy unida a él, le quería como a un padre, y ahora que ninguno de los dos están en su vida, está… —No encontraba las palabras adecuadas—, podríamos decir que no está siendo la misma Helena que todos conocemos.
—¿Queréis que hable con ella?
—Desearía algo más que eso: que estéis pendiente todo lo posible de ella. Conmigo no quiere hablar, con Helga apenas lo hace y con Godric mejor ni mencionarlo, ya que fue él el detonante de la marcha de Slytherin.
—Haré cuanto esté en mi mano, profesora. Siempre tuve buena relación con ella. ¿Queréis que os informe de todo lo que me cuente?
—No —respondió rotundamente—. No deseo que seáis mi espía, tan solo que cuidéis de ella.
—Como gustéis. Así lo haré.
Tras aquella pequeña charla, Rowena se despidió de Morgana, dejándola en su dormitorio. Cuando cerró la puerta, Morgana comenzó a dar saltos de alegría, como cuando era pequeña y su madre le dejaba jugar con los elfos domésticos hasta la hora de cenar.
Se fue a dormir temprano aquella noche; tres días sin apenas descansar era demasiado agotador. Ni siquiera bajó al Gran Comedor para cenar. Se recostó en la cama y cayó fundida en los brazos de Morfeo.
Dormir a la intemperie era algo que Morgana detestaba con todas sus ganas, por lo que volver a descansar en una cama en condiciones —y más como aquella— era como estar en el séptimo cielo. A la mañana siguiente, amaneció con una enorme sonrisa en el rostro. Estaba de tan buen humor, que nada ni nadie podría quitarle la felicidad ni aunque se iniciara una batalla en esos precisos instantes. Y no era para menos. La mismísima Rowena Ravenclaw, la gran Rowena, la había escogido personalmente para trabajar junto a ella. Era el sueño que más de un brujo desearía hacer realidad, poder ser parte del Colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts. Seguramente sería la envidia de más de un compañero que tuvo en sus años como alumna. Sobre todo de ese petulante amigo de su hermano mayor.
No le extrañaba que fuera ella la elegida para el puesto. Siempre fue la favorita de los profesores —o casi, pero Morgana era demasiado orgullosa como para reconocer que siempre tuvo un fiel competidor durante los siete años que permaneció en el colegio— y ahora podría demostrar que realmente era la mejor.
Lo que Morgana no se esperaba era que su felicidad duraría poco más que unos minutos. Justo al entrar al Gran Comedor, vio a lo lejos a la última persona que se esperaba encontrar allí. No, no podía ser. Hacía años que no le veía, casi desde que terminó sus estudios en Hogwarts, y deseaba que hubieran sido muchos más años los que pasaran antes de volverse a ver las caras. Ahí estaba, con su cínica sonrisa puesta en los labios, acercándose a ella con una ligera reverencia.
Ante ella tenía a su mayor enemigo: Merlín.
NDA: No me odiéis por el título del fic, es que no encontraba uno mejor que ese. xD
¿Qué tal el primer capítulo? ¿Bien, mal? ¿Mejor dedicarme a otra cosa? Bueno, ya me diréis.
Nos vemos en el siguiente.
Miss Lefroy
