Disclaimer: El Lórax, Once-ler y todos sus personajes pertenecen a Dr. Seuss.
N/A: No pude resistirme, así que aquí les dejo el primer capítulo :) Espero les agrade. Gracias a quienes lo han leído y, si tienen sugerencias u opiniones, pueden dejar reviews o mensajes privados. :D
Capítulo 1
Otro día intentando vender su thneed, otro día de haber sido la burla de la ciudad y el entretenimiento de aquellos que gozaban lanzándole tomates al rostro, consiguiendo que su entusiasmo quedara embarrado en el suelo. Un día más que el éxito se alejaba de sus manos. ¿Cuándo podría conseguirlo? ¿Cuándo se darían cuenta de que su gran invento, el thneed, era algo que necesitaban? Vamos, era multiusos, suave y ¡se veía bien! ¿Por qué no podían simplemente darle una oportunidad como lo hacían con productos menos interesantes o útiles?
-Tal vez necesite un nuevo jinggle…-musitó, una vez que cerró la puerta de su hogar tras él.
-O quizás una mejor publicidad.-dijo una voz. Once-ler se quedó de piedra. Nadie más habitaba aquél bosque fuera de él, los animalitos y el Lórax, y ninguno de ellos podía abrir su puerta ni mucho menos hablar de aquella manera. Su vista viajó hasta detenerse en el comedor, donde una figura vestida de verde le daba la espalda.
-¿Qui…quién eres tú? ¿Qu…qué haces en mi casa?-inquirió, con cierta preocupación. ¿Qué tal si pensaba robarle? No es que tuviera mucho, pero nunca se sabe con esos ladrones. Tanteó hacia donde tenía su hacha, sorprendiéndose de no encontrarla allí. Aquella mañana la había dejado recargada en ese sitio. Quizás el ladrón la tenía y pensaba matarlo con ella para silenciarlo.
-Eso es algo…difícil de explicar.-aquél extraño se puso en pie y se dio la vuelta. Al lado de la silla donde hubo estado sentado se podía observar el hacha. Unos lentes oscuros evitaban que Once-ler pudiera apreciar los ojos de aquél hombre, y un sombrero de copa adornaba su cabeza, cubierta por cabello negro azabache, al igual que sus pantalones y relucientes zapatos. Aunque, a pesar de sus ropas finas, su porte no denotaba del todo la seguridad que parecía querer demostrar.
-Comienza a hacerlo antes de que grite. Y…y ¡hay animales salvajes afuera! –mintió Once-ler, en un intento por mantener su vida a salvo.
-Claro, "feroces" barbaloots, peces que cantan y pájaros que celebran el poner huevos.-rió un poco el desconocido.-Vaya que has conseguido asustarme. –lo dijo con sarcasmo. Incluso en una situación así, pudo notar la burla en la voz de aquél.
Once-ler lo miró con el ceño fruncido. Pero, ¿cómo es que sabía todo eso? Solo alguien que viviera en el bosque de Trúfulas podía saberlo. Lo observó con detenimiento. Fuera del traje estrafalario y, a la vista, carísimo y de calidad, tenía un rostro redondeado, que le recordaba al propio; algunas pecas salpicaban su nariz y mejillas y el cabello negro parecía tener el mismo corte que el suyo.
-¿Quién eres tú?-preguntó, obteniendo de nuevo la atención del otro, quien había borrado su expresión burlesca.
-Yo, mi querido Oncie, soy tú.-una sonrisa apareció en sus labios, mientras se deshacía de sus lentes oscuros.
Once-ler se dio cuenta muy tarde de que estaba cayendo hacia atrás. El piso debajo de él lo trajo a la realidad. ¿Que era él? ¿Cómo era eso posible? Era una broma, ¿cierto? Pero… se parecía a él, quitando las ojeras y la expresión maliciosa que adornaba el rostro del otro.
-No…-se puso en pie-Tú no puedes ser yo. Es una broma, ¿verdad?-preguntó-Sí, o un sueño extraño. No debo seguir comiendo tantos malvaviscos antes de dormir…-musitó para sí.
Greed-ler, quien había aparecido allí hacia ya unas dos horas gracias a la extraña magia del Lórax, le miró con atención. No le creía, en lo absoluto. ¿Cómo le hacía ver que era él pero del futuro? Fácil, utilizando información acerca de un pasado común. O le creería, o comenzaría a gritarle que era un acosador o algo por el estilo. Bueno, tenía que arriesgarse. El bosque de Trúfula estaba en juego.
-Oncie, Oncie, Oncie…-musitó, llamando de nuevo la atención de su antiguo yo, a la vez que tomaba asiento en una silla.-No soy un sueño….-le lanzó algunos malvaviscos a la cabeza, consiguiendo molestarlo un poco y, de paso, comprobando que aquello era la realidad. –Soy Once-Ler, el inventor del Thneed-señaló el producto que el menor llevaba colgado al cuello.-El chico de campo que se convirtió en un gran y muy rico empresario.
-No, eso no puede ser. –refutó Oncie.- Además, a nadie parece interesarle el Thneed. ¿Cómo podrías convertirte en algo así si nadie quiere comprarte el producto?
-Porque, como es obvio, lo hice. No solo uno…Miles. ¡Millones!-sus brazos se alzaron al aire dando a entender la cantidad. Su rostro se iluminó como hacía tiempo no lo hacía. ¿Acaso la avaricia volvía a su ser? No, no podía dejarla regresar. Bajó sus manos y carraspeó, recordándose a lo que iba y lo que pasaría si no lo conseguía. –Bueno, eso sucedió. –su expresión volvió a ser la de hacía un rato. –Algo que aún no te pasa a ti.-hizo énfasis al señalarlo. -¿Comprendes?
Once-ler entrecerró los ojos. Entonces…¿su "yo" del futuro había conseguido vender no solo un thneed, sino millones de ellos? Eso sonaba sorprendente, fascinante, pero, ¿qué hacía allí si les iba tan bien?
-Supongamos que te creo….-musitó Oncie.-¿Qué haces aquí si nos fue tan bien?
El rostro de Greed-ler se ensombreció al recordar el valle destruido y contaminado. ¿Tendría el valor de decirle en lo que se convertiría? ¿De decirle el mal que causaría? ¿De contarle cómo su avaricia lo había hecho destruir aquél hermoso lugar donde vivía a costa de tener más productos y, por lo tanto, más dinero? No, no podía. No podía decirle la clase de monstruo en la que se convertiría. Aunque mentirse a sí mismo era casi igual de terrible.
-Evitando que vendas el thneed.-señaló la rosada prenda que Oncie no tardó en aferrar contra sí como si la vida se le fuera en ello.
-¿Por qué? –inquirió, un tanto afectado y extrañado. ¿Por qué quería evitar lo que había de su vida algo tan fascinante?
-Porque eso te llevará a tomar la peor decisión. –dijo, de manera cortante. –Oncie, no vendas el thneed.
-No. ¡Es mí invento! ¡Mí creación!-exclamó.-He soñado con esto, no puedes arrebatarme un futuro que tú ya tuviste. –lo señaló de manera acusatoria, como si el mayor intentara quedarse aquél brillante y prometedor futuro para él mismo, algo que, debía admitir, sonaba por demás estúpido, pues eran el mismo.
-Estoy intentando evitar que cometas el peor error de tu vida. Créeme, sino me haces caso ahora, lo lamentarás…no, lo lamentaremos.-se corrigió Greed-ler.- De verdad.
-¿Qué es exactamente lo que lamentaremos?-cuestionó. ¿Por qué aquél insistía tanto con eso? ¿Qué no el futuro había sido muy bueno? ¿Por qué hablaba de errores y lamentos? ¿Cuál era su verdadero futuro?
Greed-ler suspiró. No pensaba decírselo. ¿Para qué hacerle ver al ser corrupto en que se había convertido y las consecuencias de sus acciones tan atroces? No. Más valía que utilizara una táctica diferente. Asustar, no. A menos que fuera su último recurso.
-¿Recuerdas la promesa que le hicimos al Lórax?-inquirió, mirando por una ventana. Oncie asintió.-Bueno, sigue recordándola cada vez que pienses fabricar un thneed. –se acercó a él y le revolvió un poco los cabellos, antes de salir de allí. Ya se encargaría de recordarle aquél pacto una y otra vez. Pero, de momento, sabía que Oncie no haría nada que pudiera dañar el plan, el futuro o el ambiente. Salió de la casa, sin encontrarse con alguno de sus viejos amigos, y se dirigió al lugar donde yacía el primer tronco, único vestigio, además del thneed, del árbol de Trúfula que hubo cortado tiempo atrás.
