El Lórax y todos sus personajes pertenecen a Dr. Seuss

N/A: Agradezco mucho a quienes se toman la molestia de leer el fanfic, a los que lo agregan a favoritos o story alert y, sobre todo a 3liaNav y winxzafir por haber dejado reviews.

Capítulo dos

Aquella noche, Oncie se preparó para dormir, como de costumbre. Hacía horas que no veía a su doppelganger, lo que le hacía sospechar que por fin se había ido o que había sufrido una fuerte alucinación. Terminaba de lavar sus dientes, cuando el sonido de la puerta principal le hizo parar. Alguien entraba, con pasos no tan ligeros. Se asomó para ver de quién se trataba, aunque ya sabía quién era. El otro Once-ler. Frunció el ceño. ¿No pensaba irse?

-¿Qué hajej aqji?-inquirió, con pasta dental en su boca. Greed-ler alzó una ceja, mientras se quitaba sus zapatos y el sombrero, dejándolos en una silla. Oncie terminó con su labor para enfrentarse mejor al otro.-¿Qué haces aquí?-repitió, viendo cómo el otro se despojaba de su corbata y su saco.

-¿Tú qué crees?

-¿No deberías ir de regreso a tu época o algo?-cuestionó.

-No funciona así, Oncie.-le pellizcó la mejilla.-Me quedaré para ayudarte. –sonrió de lado, antes de dejarse caer en la cama y acobijarse.

-¿Qué? ¿Quedarte? Espera… ¡esa es mi cama!-exclamó, notando cómo Greed-ler acomodaba bien una almohada.

-Por lo tanto, también es mía. Y puedo dormir en ella.

-No, no puedes. Si vas a quedarte, construye una casa o…duerme afuera.-señaló al frío exterior.

-¿Es en serio? ¿Serías capaz de enviar a alguien que viene en tu ayuda al frío de la noche?-su voz sonaba ofendida, lo cual consiguió ablandar a Oncie. Perfecto, se estaba creyendo ese numerito barato que del Lórax había aprendido alguna vez.

-N…no, no creo…-musitó el menor.-Bueno, pero duerme en el suelo.

-Pero es frío e incómodo…-se rehusó Greed-ler. Podía ser que intentara redimirse, pero dormir en el piso no entraba en sus planes.

-Te daré mantas.

-Me niego.-se tapó todo y esperó a que Oncie se diera por vencido. No tardó en escuchar una exclamación de molestia antes de notar cómo la luz era apagada.

El cuerpo de Oncie se metió entre las sábanas, topándose pronto con el de Greed-ler, quien le miraba desde su pequeño refugio. Tras darse algunos golpes en un intento de acomodarse bien, ambos terminaron por recostarse de lado, con sus miradas dentro de la del otro. Para el mayor, sería una experiencia interesante. Para el menor, un martirio.

El sol estaba en lo alto del bosque de Trúfulas cuando Greed-ler salió de la casa. Luego de haber molestado esa mañana a Oncie, había conseguido que le diera de su desayuno. Aunque no fuera de esa época, sentía sus mismas necesidades de siempre. Recordó lo que aquella mañana había sucedido, mientras caminaba parsimoniosamente hacia el tronco talado.

Un gritillo de molestia o sorpresa le había despertado. Al abrir sus ojos se encontró con los de Oncie, que le miraban recriminándole. Más obvio no podía ser. Se había dado cuenta. Durante la noche, Greed-ler no pudo evitar entrelazar sus brazos alrededor del cuerpo de Oncie, en una especie de abrazo para mantener el calor y para sentir la compañía que tanto necesitaba. Era reconfortante tener a alguien así, tan cerca y tan cálido a su lado. Nunca había tenido a nadie de esa manera. Pero, aún cuando él lo encontraba un gesto inocente, parecía ser que Oncie no, pues intentaba salir de aquél abrazo. Greed-ler solo sonrió, mas no le soltó.

-¿Qué sucede, Oncie?-inquirió, levantando una ceja para provocarlo.

-¿P…por qué me abrazas?-Greed-ler lo miró. ¿Era un sonrojo lo que había en las mejillas del menor? Sin mencionar ese nerviosismo en la voz.

-Porque eres lindo y no quería que te fueras de mí.-le guiñó un ojo, incrementando el sonrojo del otro antes de soltar una risa que denotaba que era broma.-Tenía frío.-deshizo el abrazo. No era del todo cierto, pero no podía comenzar a hacer cosas tan extrañas y no ganarse así la confianza de Oncie.

Suspiró, antes de dejarse caer al lado del tronco cortado. Estaba allí por su misión, no podía comenzar a complicar más las cosas.

-Hey, muchacho, ¿no tienes mal…vaviscos?-dijo una voz ronca frente a él. Lo miró a través de sus gafas, a pesar de que no era necesario, pues conocía al dueño de aquella molesta voz.-Tú no eres el muchacho.

-¿Ah, no?-se quitó los lentes oscuros y el sombrero-¿Qué dices ahora, Lórax?-le sonrió.

-No puedes serlo…-los ojos del ser se habían abierto en sorpresa.-Pero…¿cómo?-lo tocó con su mano peluda.

-Soy real, Lórax. Lo soy.-en un impulso, abrazó al pequeño, dejándole aún más extrañado.-Lo siento. De verdad. –había querido decirle eso al de su época, pero la vergüenza y el miedo de enfrentar de cerca aquellos ojos decepcionados se lo habían impedido.

El anaranjado lo miró con extrañeza. ¿Por qué lo sentía?

-¿Quién eres?-inquirió, antes de ser soltado por aquél joven…no, hombre, de esbelta figura y traje verde.

-Soy Once-ler. Pero vengo del futuro. –y así fue como decidió contarle la historia. Quizás el Lórax actual le pudiera ayudar.

-o-o-o-

Habían pasado más días de humillación para Oncie, durante los cuales regresaba a casa para encontrar a su futuro "yo", Greed-ler, junto al Lórax u otro animalillo, charlando como si fueran amigos o discutiendo sobre algo que no conseguía escuchar; o simplemente deambulando por el bosque de trúfulas hasta que lo veía llegar.

No podía negar que su compañía le resultaba grata, y entretenida cuando lo veía discutir con el Lórax, pero a veces solo era un fastidio cínico y engreído.

-¿Vendiste el thneed?-escuchó a sus espaldas. Las voces del Lórax y de Greed-ler juntos parecían burlarse de la obvia respuesta que su silencio les daba. ¿Cómo es que siquiera esos dos habían comenzado a llevarse? Recordaba haber visto a Greed-ler y al Lórax toparse un día y tener una acalorada discusión sobre lo que sucedía allí, pero para ese momento ya se hablaban como conocidos. Parecía que se habían aliado para fastidiarlo juntos en lugar de ayudarlo.

Entró a la casa, suspirando al cerrar la puerta. Sentía que tenía tomate en el cabello y un cansancio emocional del que no podía recuperarse con un día libre solamente. Se dirigió al cuarto de baño y llenó la tina de agua. Al menos podía intentar lavarse y relajarse a la vez.

-No se pudo de nuevo, ¿eh?-peguntó la voz de Greed-ler desde la entrada de la habitación que ahora debían compartir.

-No.-murmuró, un tanto afligido. Estaba cansado de ser humillado. Pero cada día se daba esperanzas al recordar lo que Greed-ler dijo sobre vender muchos thneeds. Solo que no podía esperar a que al fin empezara esa etapa.

Se deshizo de su ropa y se metió en la tina, cerrando los ojos.

La puerta se abrió y, antes de que pudiera decir algo, Greed-ler se arrodilló a su lado y comenzó a lavarle el cabello.

-¿Por qué lo haces?-inquirió Oncie. Hasta ese momento, Greed-ler no había mostrado más preocupación o amabilidad hacia él fuera de todo aquello que tuviera que ver con el thneed y su fabricación. O cuando estaba despierto, pues seguía despertando dentro del abrazo del otro.

-Porque no puedo dejarte pasar por esto solo, como yo lo hice.-musitó.- Duele ser humillado, ¿cierto?

-Sí.-afirmó. Se sentía terrible.-¿Cuánto más pasará hasta que la venda?-inquirió, esperando que fuera una fecha cercana, o no podría soportarlo más y se daría por vencido.

-Ya falta poco…-contestó el otro, antes de echar agua sobre su cabeza para enjuagar su cabello. –Pero tienes que ver qué harás cuando ese momento llegue. –le recordó, como cada día desde su aparición.

-Si de verdad mucha gente lo comprará, no podré solo, ¿o sí?-preguntó.

-No…pero piensa bien sobre eso, Oncie. No puedes pedirle ayuda a cualquiera, ¿entendido? Podrían darte un consejo equivocado.

-Lo sé, lo sé. ¿Acaso me crees idiota como para no saber distinguir uno bueno de uno malo?-le preguntó con cierta irritación por ser tratado como un niño pequeño por su futuro "yo".

Greed-ler alzó una ceja. Si algo le había dejado en claro a Oncie era que él había sido tan idiota como para no darse cuenta de que estaba yendo por el camino equivocado hasta que hubo llegado a sus últimas y terribles consecuencias.

-Lo siento…-murmuró Oncie, callando al darse cuenta de lo que había implicado, con las mejillas sonrojadas de la pena. Y ahora que pensaba en pena…-Un minuto…¿qué haces en mi baño?-lo miró con alarma, mientras intentaba que las burbujas cubrieran por completo su cuerpo desnudo. Greed-ler emitió una risa. No es como si no supiera lo que había allí abajo exactamente.

-No vine a propasarme contigo si eso es lo que crees. Aunque…-una sonrisa maliciosa surgió en su rostro, haciendo a Oncie sonrojar aún más.-…si eso es una invitación, podría considerarla.-le guiñó un ojo. El menor simplemente se quedó en silencio, sin recordar cómo se hablaba o cómo debería actuar ante semejante situación. Su futuro "yo" estaba… ¿insinuándosele?

-Ahm, yo…no sé si… eh…-las palabras simplemente no llegaban ni a su mente y mucho menos a su boca.

-Oh, ya veo. Aún no has besado a nadie, ¿verdad?-vio cómo los ojos de Oncie rehuían a los suyos.-Bueno, eso es fácil de arreglar.-lo tomó del mentón. El menor intentó decir algo para detenerlo, pero parecía que su cerebro había salido de vacaciones y lo había dejado simplemente farfullando cosas ininteligibles.-Vamos, ¿qué mejor que experimentarlo con uno mismo?

Los labios de Greed-ler rozaron los de Oncie unos momentos antes de por fin unir sus bocas. Las manos del que aún seguía con ropas fueron hacia la nuca y la cintura del que estaba en la bañera, sin saber qué hacer con aquella sensación, tan nueva para él. Cerró los ojos, dejándose llevar por aquellos impulsos eléctricos que recorrían su cuerpo, conforme la lengua de Greed-ler recorría sus labios entreabiertos. No supo cuándo su cavidad bucal fue profanada por aquella lengua tan conocida y a la vez tan extraña, pero no importó mucho cuando se encontró con la propia, que tímidamente comenzó a moverse.

Greed-ler retiró sus labios, mas no soltó a Oncie, quien intentaba regular su respiración entre jadeos. Su rostro pecoso se encontraba cubierto de una capa rosada que denotaba tanto la excitación del momento como la vergüenza del acto.

-Y dime, ¿te gustó?-el de verde volvió a guiñarle el ojo, con aquella sonrisa de suficiencia al comprobar que el otro chico no podía ni articular palabra aún.-Tomaré eso como un sí.-le dio un beso corto antes de soltarlo y levantarse para irse.-Disfruta tu baño.

N/A: Espero no defraudar a nadie y que cualquier comentario que tengan me lo hagan saber. :)