Disclaimer: Los personajes de El Lórax le pertenecen a Dr. Seuss.

N/A: Muchas gracias a todos aquellos que agregaron a favoritos y story alert este fic. Y sobre todo a Goticoradex por haber dejado un review tan maravilloso (de verdad me alegaste el día). Espero que siga siendo de su agrado. :)

ADVERTENCIA: ESTE CAPITULO CONTIENE MATERIAL RATING "M". Y es muy fluffy, así que, menores de edad o personas que no quieran leer cosas algo impropias, les recomiendo leer solo las tres primeras partes :)

Aún no estoy muy segura de cómo quedó éste capítulo. Tiene más pinta de relleno que otra cosa, pero juro que no lo es. Es para explicar un poco más la relación entre ellos antes de que el "infierno se desate", por así decirlo. :)

Capítulo 3

Un sonrojo apareció en sus mejillas, mientras su boca se abría para reclamar, pero en lugar de lograr su cometido, terminaba siendo apresada por unos labios ya conocidos, al igual que su cintura por aquellas manos que cada vez que lo tocaban producían descargas eléctricas a su paso. ¿Por qué sentía que sus piernas se derretían y que el calor aumentaba?

Greed-ler lo soltó antes de sonreír con suficiencia.

-¿Entonces sí habrá pancakes?-inquirió, consiguiendo que asintiera como respuesta, a pesar que aquella mañana pensaba cocinar algo diferente. –Me da gusto.-abrió la puerta para salir un poco-Por cierto, has mejorado.-le guiñó el ojo y salió, dejándolo completamente avergonzado por su reacción.

-o-o-o

Tras haber caminado durante un rato, al fin lo encontró, sentado a la orilla del río, como le había escrito en la nota. ¿Por qué lo citaba allí si sabía que debía ir a vender su thneed? Se sentó a su lado, sin conseguir espantarlo, como esperaba.

-Creí que no vendrías.-dijo Greed-ler, con un dejo de burla. No era cierto. Sabía que iría, aún cuando debería estar vendiendo su thneed a como diera lugar.

-Mientes.-apuntó, logrando que el otro solo sonriera de satisfacción. -¿Por qué me citaste aquí? Tengo que ir a vender thn…-pero calló en el acto al sentir unos labios ajenos sobre los suyos, aunque por un breve momento. ¿Por qué había sido tan corto esta vez? ¿Y por qué le había importado más la duración que el hecho de que se hubiera aprovechado de nuevo de él?

-Hoy no es el día, Oncie.-le dijo, mientras se quitaba su sombrero y sus zapatos.-¿Por qué no lo tomas libre? ¿O prefieres pasarlo con tomate en la cara?-arqueó una ceja, recibiendo un gesto negativo por toda respuesta.

-¿Y qué planeas que haga entonces?

-Piensa en lo que de verdad quieres, o simplemente descansa un poco.-le animó, antes de recostarse en el pasto, con sus lentes oscuros puestos.

-¿Qué es lo que…de verdad quiero?-tragó saliva, mientras le miraba quitarse la corbata y desabrochar su saco. Desde el beso en la tina veía a Greed-ler con algo parecido al deseo. Sentía ansiedad de tenerlo cerca, de que sus labios volvieran a tocarse una y otra vez.

-Sí, piénsalo bien. –musitó, quedándose dormido, con una mano sobre el pecho y la otra en el pasto, cerca de Oncie.

Durante un rato, no hizo nada. Solo se escuchaban los peces, cantando y chapoteando en la cercanía, los pájaros que volaban sobre sus cabezas y la respiración tranquila de Greed-ler. Aunque probablemente también los latidos agitados de su propio corazón se pudieran escuchar. En un momento de decisión, colocó su mano sobre la del mayor, sintiendo la calidez a través de los guantes verdes que su futuro "yo" no se quitaba a menudo. Su ritmo cardiaco regresó a la normalidad tras unos momentos así. Mientras Greed-ler no se enterara, estaba a salvo, ¿no? A salvo de tener que admitir que, fuera de molestarle, le agradaba en demasía su compañía.

Suspiró. No podía simplemente decirle eso. Aunque fuera algo que quisiera.

Dio un sobresalto al sentir cómo los dedos de Greed-ler se entrelazaban con los suyos. Con miedo, se atrevió a voltearse un poco hacia él. Debajo de aquellos lentes podía sentir la mirada penetrante del otro. Un sudor frío comenzó a recorrer su espalda. ¿Le habría molestado? Pero la leve sonrisa que apareció en el rostro del mayor le confirmó todo lo contrario.

-¿A qué le temes, Oncie?-murmuró.

No le respondió. De algún modo, sabía que no necesitaba hacerlo. Greed-ler conocía la respuesta tanto como él. Después de todo, era él.

-o-o-

-¿Quién quiere una novena ronda?-inquirió Oncie, con su delantal rosado y una sartén donde terminaba de cocinar el último pancake. Al voltear, observó cómo los barbaloots ya no podían más, a excepción del más grande y rechoncho. El Lórax pidió un poco más, pero Greed-ler decidió no ir por ello. No pudo evitar mirarlo con detenimiento. Estaba junto a una ventana, viendo por ella como si esperara que algo sucediera.

De repente, sintieron como si el piso se moviera. ¿Un terremoto?

-¿Qué es eso?-inquirió Oncie, asustado y sin soltar la torre de pancakes, al instante que los barbaloots y demás animales se paraban de un salto, con temor.

-No es algo malo… aún…-informó Greed-ler, mientras los animales se dirigían a la puerta para salir de allí. Una vez afuera, observaron cómo una multitud de personas se acercaban a ellos, cantando aquél jinggle que Oncie había compuesto.

-¿Quieren…thneeds?-preguntó Oncie. Su futuro ser lo miró de reojo. Se le notaba la emoción en aquella sonrisa de oreja a oreja. No podía reprenderlo por ello, pues, después de todo, conocía aquella sensación. Pero quería hablar con él antes de que lo hiciera. Antes de que la llamara.

-Oncie…-se acercó tan rápido como pudo, pero la multitud ya se había interpuesto entre ambos, ofreciéndole dinero al otro. No podía dejarlo. No debía permitir que comenzara con la cadena de errores por la que ya había pasado. -¡Oncie!-observó con algo de terror cómo tomaba un teléfono y marcaba a su madre. Era ahora o nunca. Se abrió paso entre la multitud para coger el artefacto y alejarlo de Oncie, pero cuando estaba a punto de tocarlo, un hombre lo empujó y cayó al suelo. Tuvo que apresurarse para salir de allí y no terminar aplastado, pero eso solamente le impidió realizar su labor. Con horror vio cómo Oncie colgaba el teléfono con una sonrisa en el rostro. Miró al Lórax. No podía defraudarlo. Haría lo que fuera por impedir que Oncie terminara como él, un monstruo lleno de avaricia que destruyó todo lo que había a su paso.

-o-o-o-

Abrió sus ojos azules. Aquél día era mucho más prometedor que el anterior, pues tenía la certeza de que su thneed sería un éxito, a pesar de que Greed-ler se lo hubiera asegurado mil veces ya. Llevó una mano a sus ojos para poder enfocar mejor, y la alejó de nuevo al conseguir su cometido. Unos ojos azules, un tanto más oscuros que los propios, estaban clavados en los suyos.

Un sonrojo involuntario acudió a sus mejillas al notar que los brazos de Greed-ler estaban alrededor de su cuerpo como cada mañana. Por ello se sentía tan cómodo. Recibió un beso en la nariz. Últimamente, tras el beso en la tina, Greed-ler se comportaba de esa forma. Le daba besos o abrazos sin razón y, aunque protestó al principio, debía admitir que le gustaba eso. Le sonrió, aunque no recibió el mismo gesto como respuesta.

-¿Pa…pasa algo, Greed-ler?-inquirió con miedo. No podía evitarlo.

-Oncie, recuerdas la promesa que le hiciste al Lórax, ¿verdad?-el menor lo miró, frunciendo el ceño. Claro que lo hacía. ¿Cómo podía olvidarla si, además, ambos se la recordaban día a día? Asintió, desechando cualquier idea de reclamar. ¿Por qué se molestaba cada vez que le recordaban eso?

-Quiero que la tengas muy presente una vez que venga tu madre.-le aclaró.

-¿Por qué insisten tanto con eso?-terminó por decir Oncie.-No la romperé. Confíen un poco en mí.

-Oncie, no es que no confíe en ti. Pero sé lo que puede suceder si no te mantienes firme con esa decisión. No puedes flaquear ni un poco. –le tomó la mejilla, mientras intentaba que comprendiera.

-Y no lo haré. –respondió, con firmeza. Lo miró a los ojos en silencio. Podía ver el dolor en los ojos del mayor. Siempre estaba allí esa sombra, evitando que fuera totalmente feliz por un instante. ¿Qué le deparaba el futuro sino seguía su consejo? ¿Por qué le ayudaba si ya había vivido las consecuencias? ¿Qué más le daba si pasaba por lo mismo?-Greed-ler, ¿por qué me ayudas tan desesperadamente?

Tras una pausa un tanto larga que solo consiguió impacientar al menor, Greed-ler contestó.

-Porque quiero evitar que sufras.-su respuesta era sincera, pero Oncie sabía que no estaba completa. –Te protegeré del futuro que nos tocó vivir, Oncie. Ésta vez será uno más brillante.-le sonrió un poco, sin burla o satisfacción. Era una sonrisa de ánimo, una que pactaba una promesa.

-¿Por qué hablas de los beneficios que tendré y no de los tuyos, Greed-ler? También será algo bueno para ti.

-Lo sé…pero…-calló por un momento, sin saber si continuar o no. –Me importas más, Oncie.

El corazón del menor se agitó en regocijo. Sus mejillas, de por sí ya sonrosadas, despedían un brillo rojizo, mientras que sus labios buscaron instintivamente aquellos por los que llevaba tiempo suplicando en silencio.

Los brazos de Greed-ler volvieron a cernirse alrededor de la cintura de Oncie, con fuerza. No esperaba esa reacción ante lo que acababa de revelarle, pero no podía quejarse. ¿De verdad el menor le estaba correspondiendo a esos sentimientos que había intentado reprimir? Aquél beso tan profundo e íntimo respondía por sí solo. Sus lenguas se encontraban entrelazadas en una danza, mientras que el mayor se colocó sobre Oncie, quien ahora tenía sus brazos alrededor de su cuello.

La excitación involuntaria que aquél beso espontáneo, real, lleno de candor en un principio, seguido por la pasión que guardaban en su interior, quizás desde siempre, fue lo que les impulsó a continuar, sin detenerse a pensar en lo que hacían, en cómo lo hacían ni en el por qué. Sólo existía el presente. No había dos Once-ler, sino Oncie y Greed-ler, tan diferentes como podían ser, pero compartiendo un mismo sentimiento, un momento tan íntimo que no podía ser malgastado con nadie más.

Siguió besándole, mientras sus manos se concentraban en retirar el pijama de conejos que su antiguo ser tenía puesto. Acarició con la palma desnuda de su mano el pecho suave que tenía debajo de sí. Dejó libres los labios del menor para continuar saboreando su cuello, mientras intentaba despojarle del pantalón. Con cierto nerviosismo y vergüenza, Oncie se los quitó, ayudándole un poco, mientras dejaba escapar algunos gemidos provocados por la boca de Greed-ler succionando su piel. Una mano traviesa acarició su abdomen antes de llegar a sus partes nobles.

-Gre…greed-ler…-musitó, antes de morderse el labio. Sentía como aquella parte cobraba vida. De repente sentía mucho calor, en especial en aquella zona, donde algo comenzaba a palpitar ante el tacto del mayor.

-Relájate, Oncie…-le susurró al oído, provocando que un impulso eléctrico recorriera la espina dorsal del menor. –Vas a disfrutarlo de verdad.-le prometió, antes de besar su nariz. Tenía experiencia en general, pero aquello que hacía con Oncie era algo nuevo para él.

La mano que permanecía sobre el miembro de Oncie lo tomó por completo, con suavidad. El calor aumentó en el cuerpo del menor, mientras que la mano en su erección comenzaba a moverse de arriba abajo. Los gemidos salieron de la boca del de pijama de conejos, quien no había experimentando algo así hasta aquél momento. Se sentía muy bien y mejoraba conforme Greed-ler aumentaba el ritmo de sus movimientos, hasta que llegó el clímax y expulsó todo aquél líquido sobre el mayor y él mismo. Debía ser un desastre allí abajo, pero de momento estaba concentrado en las sensaciones y en respirar de nuevo sin agitarse tanto.

Con los ojos entrecerrados vio a Greed-ler deshacerse de sus pantalones manchados y bajarse su ropa interior, mostrando un miembro ya erecto y con algo de líquido en la punta de éste. No pudo evitar abrir los ojos en sorpresa. Si bien no había estado preparado para lo primero, mucho menos para lo que seguía.

-Intentaré que no duela.-le dijo, mientras regresaba a la cama y acercaba la punta de su miembro a la entrada de Oncie.-Si te duele, me dices.-lo miró. El menor pasó saliva y asintió, nervioso. Dolor. No quería eso, pero no podía evitar sentirse un poco intrigado y excitado por lo que vendría. Vio a Greed-ler llenar generosamente dos dedos con el semen que tenía esparcido sobre el abdomen, antes de que desaparecieran por unos instantes.

Sintió cómo tocaba su entrada con uno de ellos y, con lentitud, lo adentraba en ella. Dolía, y mucho. Aferró sus manos en la cabecera de la cama, mientras se mordía el labio con fuerza, reprimiendo un gemido de dolor. Aquél dedo dio algunas vueltas mientras el dolor cedía un poco. Pero había visto dos dedos, por lo que no pudo evitar preocuparse por el siguiente.

-Oncie, relájate un poco.-dijo Greed-ler en su oído.-No dolerá tanto.-le dio un beso profundo, provocando que se relajara un poco y bajara la guardia, justo a tiempo para ingresar el siguiente dedo en aquella cavidad que se encontraba tan caliente y estrecha. Oncie mordió el labio del mayor esta vez.

Tras unos momentos así, el menor empezó a relajarse, comenzando a sentir algunas oleadas de placer. Greed-ler retiró sus dedos y, sin perder tiempo, fue metiendo su miembro con cuidado en la entrada de Oncie. Volvía a doler, pero era menor esta vez. Una vez que se hubo acostumbrado, Greed-ler comenzó a moverse. Adelante, atrás. Afuera, adentro. Más rápido. Los gemidos de ambos inundaban la habitación, mientras el calor y la fricción aumentaban. El ritmo iba en ascenso, al igual que le volumen de aquellos gemidos de placer, pues el dolor se había desvanecido. Pronto llegarían al clímax, de eso estaban seguros.

Sus nombres salieron de sus labios, antes de que se besaran fugazmente. El semen de Greed-ler terminó dentro de Oncie, mientras que el del menor volvió a esparcirse entre ambos. No tenían idea que tanta excitación había reanimado aquél órgano.

Entre jadeos y un sudor pegajoso, Greed-ler se retiró de la entrada de Oncie y se recostó a su lado, cubriéndolos a ambos con una manta. Más tarde se encargarían del desastre causado.

-Te quiero, Oncie…-murmuró, mientras se quedaba dormido, con sus brazos estrechando el cuerpo del otro. El menor lo sabía, pero escucharlo le hizo feliz.

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N/A: Se aceptan quejas y sugerencias, y cada review tanto con duda o felicitación es gratamente contestado. ¡Hasta la siguiente semana! Alguien tiene que ponerse a escribir urgentemente el siguiente capítulo nwn'