Disclaimer: Los personajes pertenecen a Dr Seuss. Ninguno me pertenece, excepto la historia.

Antes que nada, siento muchísimo el haber tardado tanto en actualizar. Al final les explicaré un poco más. Ah! Y son dos capítulos. Decidí escribir hasta terminarlo.


Capítulo 4

La mañana era tranquila, los barbaloots descansaban debajo de los árboles de trúfula, disfrutando del clima fresco que se les presentaba. Los peces cantaban en el río, con sus melodiosas voces, llevando a Greed-ler a un sueño tan pacífico que le hizo olvidar su preocupación. Suspiró un poco, antes de reacomodarse y continuar con una respiración tranquila. No había pesadillas ni preocupaciones en su mente, como era ya usual, por lo que no había podido evitar dejarse llevar por la agradable sensación.

Sin embargo, a pesar de que todos en el bosque de trúfulas daban por hecho que aquél era el día perfecto, no lo sería por más tiempo.

Un ruido seco se escuchó a lo largo del bosque, poniendo en alerta a todos. Los barbaloots subieron a los árboles para observar, mientras que otros se quedaban abajo por si era necesario correr. Los peces callaron abruptamente, el Lórax, quien había estado con Oncie, dejó de prestarle atención para mirar hacia la zona de la que el ruido provenía, y se hacía más fuerte.

Greed-ler se puso en pie con tal rapidez que se mareó un poco, pero eso no importaba dado que sabía lo que pasaría a continuación, y debía evitarlo a como diera lugar. Corrió por el bosque hasta casi llegar al claro donde la casa de Oncie se encontraba, donde una especie de casa rodante se estacionó sin cuidado alguno, llevándose algunos animalitos y árboles en el proceso.

La puerta fue abierta, ante el asombro del Lórax y la espera del ingenuo Once-ler. Una figura enorme bajó de allí, mostrando un traje morado y un rostro feroz y no muy femenino.

-Esto es horrible-fue lo primero que dijo ella, con una mueca que en lugar de ayudarle a sus rasgos, los empeoraba, sin mencionar aquella voz gangosa que Greed-ler detestaba.

-¡Hey, Tía Griselda!-dijo Oncie algo feliz, mientras que Greed-ler mascullaba el nombre desde su escondite tras unos arbustos, al lado de algunos barbaloots sensatos que habían evitado reunirse alrededor del vehículo, como muchos lo habían hecho.

Unas risas tontas llegaron a sus oídos. No, ellos no. Suspiró, mientras masajeaba sus sienes. Sus dos dolores de cabeza, pues solo eran eso para él. Brett y Chett. Vio, una vez más, cómo bajaban, ignorando a Oncie, y tomaban a un pequeño barbaloot para lanzárselo como balón de futbol americano. ¿Qué se creían esos ignorantes haciendo esas estupideces? ¿Qué no veían que podían lastimarlo? Pero, una vez más, les quedó claro, tanto a él como a Oncie, que ese par de gemelos no eran más que idiotas irracionales.

-No, eh, Brett, eso no es un…-Oncie comenzó, en un vano intento de hacerle comprender a su hermano, quien ya lanzaba al barbaloot hacia lo lejos.-Ya qué….-suspiró.

Todos los presentes siguieron la trayectoria del inocente animal, quien tuvo la fortuna de detenerse sobre un árbol de trúfula y caer encima de un inconsciente Chett.

-¡Jajajaja, se estrelló con el tronco!-celebró Brett, antes de correr hacia donde su hermano gemelo se encontraba.

-¡Oncie, eres tú!-dijo una voz que al mencionado le iluminó el rostro, al contrario que a su doppelganger, quien solo cerró sus puños con fuerza. Esa falsa mujer. Oncie no dudaría en creerle todo, inclusive ese supuesto amor de madre que había surgido en ella casi de la nada. Todas las veces que lo había ignorado o subestimado parecían desaparecer de la memoria del inocente Once-ler. No podía ser que tan pronto ya estuviera confiando en ella.-¡Ah, aquí está!-fue acercándose aquella mujer hacia su hijo.-¡Es mi bello y ahora exitoso hijo!-le tomó ambas mejillas en un saludo "cariñoso". Greed-ler bufó, mientras que el Lórax se concentraba en el zorro que colgaba de los hombros de la madre de los doppelgangers.

Sería muy difícil para Greed-ler convencer a Oncie de no hacerle caso a las ideas que su madre le diera, pero tenía que hacerlo, a como diera lugar. Todos en aquél bosque dependían de ello.

-o-o-o-

-¿Por qué no quieres hablar con ella? Estoy seguro que le gustará verte.-insistió Oncie aquella noche, mientras cenaban en compañía del Lórax y algunos barbaloots.

El anaranjado miró a Greed-ler, al igual que Oncie. Tras unos momentos de silencio, por fin contestó.

-No iré a verla. No quiero verla.-enfatizó, intentando mantenerse impasible, pues ella denotaba sentimientos dolorosos y autodestructivos en él.

-Pero es mamá, Greed-ler. ¿No la extrañas?-le sonrió un poco, pensando que con aquello ganaría aquella discusión.

-No, no la extraño.-respondió con sequedad, ganándose una mirada incrédula del otro.-Es verdad, Oncie. Y lo mejor sería que tampoco tú la necesitaras así. –sus ojos se volvieron algo fríos.

-¿Por qué? Es mi madre, la quiero y… ella me quiere.-se le iluminó el rostro a pesar de haber levantado la voz con irritación.

-Oh, claro que te quiere. Ahora que ve el éxito que tienes y tendrás. Pero ¿crees que eso va a durar? –se puso en pie.-Si quieres seguir con ella, hazlo. –se rindió, molesto.-Pero recuerda la promesa que nos hiciste. No pongas en riesgo el bosque para conseguir su amor.-salió de la casa, dando un portazo.

Oncie se quedó quieto, observando la puerta con gran sorpresa. ¿Qué había sido todo eso? ¿Por qué Greed-ler estaba tan molesto con su madre? Ella no había hecho nada malo…¿o sí?

-Creo que deberías hacerle caso.-dijo el Lórax, mientras saltaba de la silla hacia el suelo tras haber terminado de cenar.-Si tienes que sacrificar tantas cosas para que tu madre te ame, no vale la pena entonces.-lo miró. Había prometido no decir nada sobre el futuro que les depararía si Oncie decidía irse por el camino que su familia le ayudaría a trazar, así que lo único que podía hacer era intentar hacerlo entrar en razón antes de que aquello ocurriera.-No es amor de verdad…-comenzó a decir, mientras unos barbaloots abrían la puerta.-…si tienes que ser exitoso para conseguirlo. Eso es interés, del malo.-terminó de decir, antes de salir de allí, dejando solo al joven empresario.

-o-o-

Greed-ler caminó por el bosque, buscando despejarse un poco. Se había molestado mucho, sí, pues el simple recuerdo de lo que aquella mujer había hecho, de cómo le había manipulado al inicio para incumplir su promesa, regalándole el afecto que jamás había destinado a él, y cruelmente alejándose de su lado cuando las cosas se habían puesto mal. No era una madre, y no lo había sido durante la mayor parte de su vida. Oncie tenía que darse cuenta de eso, antes de salir lastimado, como él. Antes de que todos salieran lastimados como consecuencia de la avaricia y del falso amor que tanto había luchado por obtener por parte de su familia.

Tenía que evitar a toda costa que volviera a suceder eso. Aún si Oncie se interponía.

Levantó el rostro, notando que había llegado a la casa rodante donde habitaba el resto de la familia Ler. Quizás si los asustaba un poco…

Sonrió para sí, tomando unas cuantas ramas que había allí cerca.

-¿Qué planeas hacer con eso?-preguntó la voz del Lórax detrás de él, con curiosidad y un poco de diversión. Probablemente tenía una idea de qué haría.

-Un pequeño susto no les vendría mal, ¿no crees?-se volteó para mirarlo.-Recuerdo perfectamente que alguien me asustó utilizando esto.-le tendió una de las ramas.-¿Me ayudarías a hacerlo?

-Nada mejor que asustar humanos.-rio el otro.

-o-o-

Oncie estaba acostado en su cama, mirando hacia el techo con inquietud. No paraba de darle vueltas a lo que el Lórax y Greed-ler habían dicho al terminar la cena. Era cierto que su madre, repentinamente, se había mostrado afectuosa con él, algo que hacía años que no sucedía. Pero era su madre. Era lógico, ¿no? Lo amaba, ¿verdad? Es decir, era hijo suyo, como Brett y Chett. Y aunque ellos eran unos idiotas de verdad, no cabía duda que su madre los quería. ¿Por qué no habría de quererlo a él también? Simplemente ahora le prestaba más atención, eso era todo.

¿Verdad?

Suspiró, girándose en la cama. No tenía idea de qué pensar. Por un lado, su madre y su familia le mostraban el cariño que siempre había buscado. Por otro, Greed y el Lórax parecían tener puntos muy válidos. Además, Greed venía del futuro. Ya había pasado por algo así, seguramente. Entonces, ese rencor que tanto guardaba por su madre, tenía que ser por algo que ella había hecho o no. Quizás él no fuera del todo honesto, y lo sabía. Pero al menos los sentimientos no era algo en lo que mintiera con facilidad. Y mucho menos a él, pues eran iguales después de todo.

Suspiró otra vez, alejando el tema de su mente por un instante. Miró en medio de la oscuridad de la casa. No había mucho ruido. Mejor dicho, no escuchaba aquellos pasos. ¿Dónde se habría metido Greed-ler? Hacía largo rato que había salido molesto de la casa y no había regresado. Creyó al principio que solo iría a dar un paseo para despejarse o algo así, como solía hacer, pero ya era muy tarde para que siguiera afuera.

Se incorporó en la cama, lo mejor era ir a buscarlo. Probablemente se quedó dormido afuera. Le había pasado ya en algunas ocasiones, claro que todas ellas eran durante el día, pero no tenía por qué ser muy diferente esta vez.

Se acababa de calzar las pantuflas cuando escuchó unos gritos. Sonaban a su madre y…su tía probablemente, pues eran algo graves aquellos. Se puso en pie con rapidez y salió de la casa en pijama.

Corrió hacia donde el RV de su familia estaba estacionado. Podía ver que habían encendido todas las luces que había podido y corrían de un lado a otro allí dentro. ¿Qué había pasado?

Fue cuando vio algunos barbaloots correr desde detrás de la casa rodante hacia los árboles de trúfula, riéndose, aparentemente. Frunció el ceño. Solo había alguien que podría estar haciendo eso.

Con paso decidido, caminó hacia el otro lado del RV, encontrando cerca al Lórax, desternillándose de risa detrás de unos arbustos y sin soltar unas ramas… junto con Greed-ler.

-¿Qué creen que hacen? –les preguntó, acercándose, mientras el ruido dentro de la casa proseguía.

-Les damos la bienvenida al valle, chico.-dijo el Lórax, limpiándose una lágrima que amenazaba con caer. Tanta gracia les había dado.

-Una de tus "bienvenidas", ¿eh?-se cruzó de brazos-¿Y tú lo ayudas?-miró a Greed-ler, quien sonrió más.

-Más bien fue lo contrario.-dijo el anaranjado, causando mucha sorpresa a Oncie.

-¿Tú ideaste esto?-miró a su doppelganger que solo asintió, sin mostrar una pizca de arrepentimiento. -¿Asustar a tu propia familia? ¿Para qué? ¿Te hace gracia que…?

-¿Para qué? ¿No es obvio?-su sonrisa seguía en su rostro.-Quería asustarlos para que se fueran de aquí.-se encogió de hombros, mirando ahora hacia una de las ventanas.-Lo cual parece que sucederá pronto.

-Oh, no. Eso no va a pasar. No sé por qué los odias tanto, pero ellos son mi familia. Y no permitiré que se vayan por culpa de ustedes. –se dio la vuelta.-Creí que eran mejores que esto.-dijo, antes de ir hacia la casa rodante a poner algo de orden.

-Oh, Oncie, si supieras…-murmuró Greed-ler, suspirando con molestia. Tanto esfuerzo para asustarlos propiamente y el otro iba a arruinarlo.

-Todavía tenemos tiempo, ¿no?-preguntó el Lórax, mirando al que tenía a su lado.

-No mucho. Unos días si no mal recuerdo. Pero si no conseguimos que Oncie cambie su opinión sobre ellos ahora… tendremos que usar medidas más extremas…


Nota de la autora:

Ahora sí.

Siento muchísimo la tardanza. En primer lugar, éste fanfic se me perdí hace más de un año. Cambié de computadora y metí documentos y todo en todo lo que pude para pasarlos a ésta. Pude haber escrito a partir del capítulo anterior, sin necesidad del documento original, pero ya tenía al menos medio capítulo escrito, y con lo mal que conservo las ideas...

En segundo lugar, tras la pérdida del documento, también se fue la inspiración (la cual me dejó en muchos sentidos y no había vuelto). Y, por último... la vida universitaria (sobre todo si ya estás próxima a graduarte), es una mierda. Siento esa expresión, pero lo es. Al menos lo es si llevas años sin dormir debidamente, durmiendo a horas extrañas, poco rato y llevando una vida con estrés constante y poco tiempo libre. También es muy buena, pero no daré detalles.

Así que, lo siento. Y, como encontré el documento anoche, decidí darle término, cosa inusual en mí. Obviamente, sería mucho más largo y mejor si sí lo hubiera seguido escribiendo cuando debía, pero como le perdí el hilo a la historia y las ideas que tenía, creo que lo más conveniente era terminarlo lo mejor que podía y no alargarme con cosas que no sabría cómo terminar.

Una vez más, perdón.