Disclaimer: Los personajes pertenecen a Dr Seuss.
Como prometí. Doble capítulo. Y éste es el final. Espero les guste.
Capítulo 5
Días habían pasado, sin que la familia Ler se fuera del valle. Greed-ler estaba cada día más irritable, ya que el tiempo se le iba de las manos, y Oncie parecía cada vez más decidido a hacerle caso a su familia. Cada que intentaban convencerlo de lo contrario, este apelaba por ellos o dejaba de escucharlos. Tendrían que tomar medidas extremas si seguía así.
-¿Cuántos días nos quedan?-preguntó el Lórax, sentado al lado del río, junto con Greed-ler.
-Uno.-dijo éste. Estaba completamente seguro. Recordaba lo que había hecho ese día, lo que todos habían hecho ese día. –Mañana es cuando todo comienza a irse abajo. A menos que los detengamos.
-¿Se te ocurre algo?-preguntó el anaranjado.
-Sí. Pero no es la mejor idea que haya tenido. Ni me agrada del todo. Pero sino podemos hacerle comprender a Oncie por las buenas… tendremos que hacer las cosas por las malas.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Tenemos que hacer que su familia se vaya de aquí, de una u otra manera. Pero Oncie siempre evita que se vayan, destruye nuestros planes. Mis planes. Cada día es más difícil de eludir.
-¿Cuál es esa idea que tienes?-preguntó el anaranjado, notando que el otro solo daba vueltas alrededor de aquél tema pero no decía nada.
-Tomar su lugar.
-o-o-
Oncie miraba los planos que había estado dibujando esos días. No, algo estaba mal. Borró una parte y se puso a dibujarla otra vez, pero diferente. Si iba a tener éxito con los thneeds, tenía que crear una fábrica para cumplir la demanda que había, y la que habría en el futuro. Pero no estaba seguro del todo de cómo diseñarla. Había partes que no sabía dónde ponerlas o terminarlas.
Suspiró, dejando de lado su lápiz. Miró por la ventana. Al día siguiente su familia comenzaría con la recolección de hojas de trúfula para la realización de los thneeds. Estaría cumpliendo la promesa que cada día tanto el Lórax como Greed-ler le recordaban. ¿Por qué tenían que ser tan insistentes con eso? La cumpliría, era obvio.
Su mirada se detuvo sobre la figura de Greed, que podía distinguir más allá, entre algunos árboles de trúfula. Estaba hablando con el Lórax. Eso no podía ser bueno. Últimamente parecía que solo vivían para conspirar en su contra o de su familia.
Se puso en pie, dispuesto a echar por tierra esos planes. Mejor pararlos en ese instante y no después.
Caminó entre los árboles, hasta llegar a la orilla del río donde estaban los otros dos.
-Mira quién vino a visitarnos.-dijo Greed, sonriéndole como normalmente hacía para deslumbrarlo. Oncie miró a otro lado.-Creí que estabas muy ocupado.
-Sí, bueno, lo estaba. –se sentó entre los dos.-¿De qué hablaban? Espero que nada para alejar a mi familia de aquí.
-No, qué va.-dice Greed, mirando el agua, con cierta tranquilidad. Una tranquilidad demasiado controlada para ser natural.
-Pero si hemos descubierto lo admirables que son.-dijo el Lórax, con cierta nota de sarcasmo en su voz que no pasó desapercibida por Oncie. Ya no pasaban por él ese tipo de cosas.
-Más vale que se olviden de cualquier plan que tengan. Son mi familia y se quedarán aquí. –los miró a los dos.
-Mientras tú lo desees, ¿no?-preguntó Greed.
-Claro que sí. –dijo el otro.-Ellos lo saben. Los necesito ahora conmigo para que me ayuden con los thneeds.
-¿Sabes que hay muchas otras formas? –se acostó sobre el pasto, colocando sus lentes sobre sus ojos para evitar que el sol le lastimara. –Podrías crear tu empresa, ponerla en un buen lugar, buscar nuevos mét…
-Eso no quita que los necesite conmigo.-dijo el otro, obstinado. El anaranjado se puso en pie, notando que estaba dentro de un campo de batalla. Mejor irse de allí antes de resultar herido o algo. Además, tenía que ir a vigilar a los intrusos.
-No los necesitas. No tanto como ellos te harán creer que te necesitan.-dijo Greed.
-Ellos me quieren.-siguió diciendo con terquedad.
-Ellos quieren el dinero que tendrás. –dijo Greed.
-No son así.-se puso en pie, con una molestia que jamás había sentido, antes de irse de allí.
-o-o-
El día había empezado con normalidad. Todo se veía bien, el cielo estaba despejado, el aire era fresco y cada animal hacía lo que usualmente hacía. El Lórax estaba con algunos barbaloots, esperando el momento.
Greed-ler estaba al lado del río, mirando su reflejo. No llevaba su saco, su corbata, sus guantes, su sombrero…ni siquiera sus lentes. Solo iba con la camisa, el pantalón y los zapatos que usualmente usaba. Para lo que tenía planeado, necesitaría ser rápido. Y cualquiera de sus prendas usuales no eran más que un estorbo para lo que iba a hacer. Vio cómo del otro lado, a lo lejos, ya habían iniciado la recolección. Tenía que darse prisa.
Oncie estaba en la casa, mirando los planos. Ya casi estaban listos, podía sentirlo. Solo tenía que corregir un poco uno de ellos y quedaría terminado.
Tocaron a la puerta, sacándolo de su ensimismamiento. Quizás era el Lórax o los barbaloots que querían comer algo. Fue a abrir, pero cuando lo hizo, sintió que algo cayó sobre él, tirándolo al suelo. No tuvo tiempo de preguntar ni nada, cuando ya lo estaban amordazando.
-Lo siento, chico.-dijo el Lórax frente a él.-Pero no podemos permitir que hagas lo que pronto ibas a hacer.-le dijo.
Intentó hablar, preguntar qué se suponía que iba a hacer, pero lo arrastraban ahora hacia su armario. Eso era imposible, impensable. Los barbaloots lo habían amarrado e inmovilizado. Y ni siquiera le decían el por qué.
-Ya está listo.-escuchó decir al Lórax, antes de que Greed se acercara al armario y lo mirara.
-Lo siento, Oncie. Será solo por un momento.-se acercó un poco más a él.-No nos dejaste otra elección. Y sé que te molestarás aún más, pero es mejor que eso suceda a que destruyas todo. –se alejó y cerraron la puerta. Escuchó cómo se alejaban de allí, a excepción del algunos barbaloots que tapaban la entrada de la luz por debajo de la puerta.
Se recostó sobre un costado del estrecho armario. ¿Por qué hacían eso? ¿A qué se referían con eso de que no podían permitirle destruir todo? ¿Destruir qué?
-o-o-
Greed se miró al espejo. Fuera de las ojeras que parecía que jamás lo abandonarían, se veía idéntico a Oncie. Se había puesto su ropa, lo cual le hacía ahora más extraño verse al espejo como solía ser antes. Suspiró, sentándose al lado de la ventana como la vez anterior. Sabía que en unos segundos, su madre aparecería por esa ventana.
Y así sucedió.
-Oncie, cariño.-la escuchó. Compuso una sonrisa un tanto ingenua, como las que daba antes, y la miró.-Tenemos unos problemas con la recolección.
Miró por la ventana. Obviamente los tenían. Los recolectores no eran más que unos idiotas, ¿cómo no iba a haberlo?
-Quizás podríamos… talarlos.-propuso ella.
-Oh, no, no lo haremos, madre.-dijo él, con toda la cordialidad que le era posible.
-Pero, Oncie… piensa en tu mamá.-siguió ella. Allí estaba, el chantaje, el punto decisivo.
- Y eso hago, madre.-la encaró.-Me he dado cuenta que la recolección no es ni será efectiva. Pero no tiene nada que ver con el método, sino con quienes lo llevan a cabo. –ella frunció el ceño. No le agradaba nada ese tono, obviamente.-No, no bajaré mi tono. Si no te gusta trabajar para mí de esta forma, será mejor que se vayan. No son útiles para lo que tengo planeado.
-No deberías hablarme de esa manera. Soy tu madre. Y tengo ese derecho a estar aquí cuanto yo quiera.-dijo ella, levantando la barbilla para darse más poder.
-Y no dejarás de ser mi madre.-se acercó más a la ventana a mirarla. –Sé que solo has venido porque sabes que tendré éxito. ¿Y qué mejor que hacer creer a tu hijo exitoso que lo adoras? Te daría absolutamente todo de ser así, ¿no?-la miró. Su rostro había enrojecido, sabiéndose descubierta, obviamente. –Eres mi madre, sí. Y solo por eso no cortaré ningún vínculo contigo.-dijo, con cierta dificultad. Eso lo hacía más por Oncie que por él. –Te ayudaré un poco monetariamente, claro. Pero debes alejarte del negocio. Ya sabes, negocios y familia, no deben ir juntos. Así que te sugiero que regresen a la casa. Si alguna vez quieres verme, solo llama y veremos eso. Pero no interfieras.-concluyó.-¿Entendido?
-¿Me ayudarás monetariamente?-inquirió ella, un poco más tranquila de lo que habría estado de no haber escuchado esas palabras.
-Claro. Eres mi madre después de todo. Pero dije "ayudar". Jamás dije que me haría cargo completamente de ti. Mucho menos de ellos.-señaló con la cabeza a los otros. –No te faltará nada, pero ya sabes mi condición.
-…Bien, Oncie.-dijo ella, dándose la vuelta. Con un gesto, hizo que los demás dejaran lo que hacían y la siguieran.-Vendré a despedirme más tarde, hijo.-le dijo.
-Eso espero…-murmuró para sí, antes de cerrar la cortina. Ahora tenía que enfrentarse a Oncie.
-¿Qué has hecho?-preguntó éste cuando Greed aún no se daba la vuelta.
-Lo que debí haber hecho cuando esto sucedió.-dijo, mirándolo.-¿Cómo saliste del armario?
-Barbaloots.-musitó, como si fuera obvio. Era fácil comprarlos.
-Ya veo.-se acercó, pero el menor se alejó más.-Sé que estás molesto y probablemente me odias ya.-lo mira.-Pero no podía permitirme fallar dos veces. Ni permitir que te hicieran sufrir como lo hicieron conmigo.
-¿Hacerte sufrir? ¿Fallar? ¿De qué hablas? Desde que llegaste me has ocultado mucho, ¿no?
-Sí, pero era preferible que no lo supieras.-lo mira.-No querrías saberlo.
-No me interesa saberlo.-lo mira, dolido.-Hiciste que me metieran a un armario, tomaste mi lugar y corriste a mi madre.
-Le di una opción.-mira a Oncie, frunciendo el ceño.-Puedes verla, y ella puede visitarte si quieres. Solo debe alejarse del negocio.
-La corriste de aquí. La alejaste.
-No, no, no. Le di la posibilidad de que te siga viendo. Pero eso ya recaerá en ella. Si no toma esa oportunidad, sabrás que tenía razón al respecto. Si te llama solamente porque necesita dinero o ayuda, sabrás que siempre tuve razón. Esto es por tu bien, Oncie.
-No, es por el tuyo, ¿verdad? No entiendo por qué haces todo esto si te fue tan bien con todo lo que hiciste.-le reprochó.-Ahora es mi oportunidad de hacerlo y tu vienes y la tomas de mis manos.-salió de la casa, molesto, al tiempo de ver cómo el RV volvía a su estado original. Se acercó un poco, pero se pusieron en marcha tan solo sacando una mano como despedida.
Suspiró, antes de ir a la orilla del rio. No quería volver a la casa. No quería ver a Greed-ler.
-o-o-
-Hiciste bien.-dijo el Lórax, al lado del otro, quien volvía a ponerse el traje y los guantes.
-Se molestó.-hizo una mueca.-Pero es lo mejor. Prometí venir y arreglar las cosas…-mira al anaranjado. –Aunque me costara lo que me costara.-el otro solo frunció levemente el ceño no tan seguro de a qué se refería Greed-ler.
-¿Qué pasará ahora?-lo miró.-Cambiaste drásticamente el futuro, ¿no?
-Efectivamente. –miró al peludo.-Puedo sentirlo.-le dice, con una ligera sonrisa.-Dejé planos e instrucciones para la empresa. Y de algunos métodos de recolección que no afectarán los árboles de trúfula, el valle ni nada.-señaló el escritorio de Oncie, que estaba ahora lleno de algunas cosas. –Encárgate de que haga las cosas como se las puse allí. Si lo hace, podrá vender su thneed, podrá constuir Thneedville incluso…-sus ojos brillaron un tanto.-Y, hazle leer esto.-le dio una nota.-Allí explico por qué hicimos lo que hicimos.
-¿A dónde irás?-lo miró el Lórax, extrañado de que le dejara instrucciones.
-Como dijiste, cambié drásticamente el futuro. No sé qué vaya a ser de Oncie ahora. De su futuro, quiero decir.
-Estarás allí, ¿no? Eres su futuro.
-No. –lo mira, al tiempo que se abre la puerta.-Era su futuro. Al cambiarlo…
-…¿Desaparecerás?-pregunta Oncie, en la puerta, observándolos.
-Sí. –lo miró Greed-ler.
-…No. No desaparezcas.-dijo el otro, acercándose un poco.
-Es muy tarde, Oncie. –miró a sus pies. O donde debían estar.-El proceso ya comenzó.-le dijo, con una amarga sonrisa. –Sabía que, si tenía éxito, esto sucedería.
-¿Por qué? Viajaste al pasado, puedes quedarte aquí.-lo tomó de la mano, pero apenas la sentía sólida.
-Viajé al pasado, desde mi futuro. Un futuro que ya no existe, así que no puedo existir ya. –intentó explicarse.- Quiero que hagas algo, por ti, por todos.-colocó una de sus manos en la mejilla del menor, pero no percibió nada, no sentía nada, pues esta estaba desapareciendo.-No rompas tu promesa.-sonrió de lado.-Oh, e intenta vestirte bien. –le guiñó el ojo, mientras desaparecía.
-Hiciste bien, Once-ler. Hiciste bien.-dijo el Lórax a la nada.
Permanecieron en silencio un rato, hasta que los sollozos de Oncie se hicieron presentes.
-Él sabía que esto pasaría, Oncie.-le dijo el Lórax, dándole palmadas en la espalda, pues el otro estaba agachado en el suelo.-Me dijo que te diera esto. –le entregó la nota, antes de salir de allí.
-o-o-
Oncie estaba en su cama, mirando hacia el lado donde Greed solía dormir. Se arrepentía de haberse molestado tanto con él. De no haberse despedido de él.
En su mano tenía la nota que le había dejado. Ahora entendía por qué había ido. Por qué había hecho lo que había hecho. Por qué no le había querido decir nada.
Había destruido los árboles de trúfula, el valle… todo.
No podía creer que hubiera sucedido, pero había pasado. Al menos a Greed.
Sollozó un poco más. A pesar de lo que el otro había hecho en aquél futuro que ya no existía, había intentado redimirse. No, lo había conseguido. Porque cumpliría su promesa. Los planos e instrucciones que le había dejado… lo llevaría a la práctica. Todo eso. No permitiría que todo el sacrificio fuera en vano. Aún si deseaba dejar todo eso por una oportunidad más de tenerlo a su lado.
Sabía que si lo hacía, no estaría nada contento. Se pondría furioso.
Rio un poco en la oscuridad de su habitación. Quizás, después de todo, si estaba loco. Loco por haber sentido lo que sentía con Greed. Mejor dicho, con él mismo. Pero ¿qué importaba eso? No se arrepentía. Y, quizás, si tenía suerte, podría verlo de nuevo.
Cerró los ojos, pensando en esa posibilidad. Quizás, en otra vida, en otro mundo, en otro tiempo. Quizás.
Nota de la autora:
Lo sé, me odian. He de decir que el final, después de todo, no es muy diferente a como lo había planeado antes. Lo sé, me odian más ahora que lo saben.
Lo siento. No todo lo que hago son finales felices. Aunque no diría que este no sea "algo" feliz.
Ya ustedes juzgarán :)
