¡Hola! Bueno... aquí les traigo este Two-shot, lo tenía escrito hace tiempo y lo publiqué en otro foro que por desgracia está teniendo problemas en este momento y me decidí a probar suerte aquí y bueno... ustedes dirán que les parece. Es un Universo Alternativo, así que espero obtener buenas críticas. Se aceptan críticas constructivas más no insultos.

Ya sabe cualquier, duda, pregunta o comentario, den click al botón que se encuentra ubicado en la parte de abajo. Sin nada más que decir nos vemos hasta el próximo capítulo. Cuídense.

ALMAS GEMELAS.

Desengaño.

El día pasó de ser soleado a nublado en un instante y para su mala suerte ahora llovía pero… no le importaba ella continuaba corriendo como alma que llevaba el diablo, la tormenta se hacía más fuerte empapándola por completo. Más sin embargo ella no lo sentía, su vista fue nublada por las lágrimas que salían de sus ojos sin parar y corrían por su rostro confundiéndose con el agua que azotaba en su rostro, producto de las precipitaciones.

Y es que… ¿Cómo era posible?, no pero es que la tonta había sido ella… por creer en ellos, por pensar que en verdad la querían, por creerla su amiga… esa maldita pelirosa y él… ni siquiera se dio cuenta que el semáforo estaba en rojo, lo único que quería, era escapar de la realidad, el sonido del claxon la sacó completamente de todo y la hizo detenerse…

¡Grave error!

Sin dar tiempo a frenar el auto impactó contra ella que se quedó paralizada por la situación y la mandó a volar varios metros haciéndola rodar. Ella perdió el conocimiento al instante, el conductor se detuvo y bajó del auto corriendo hasta donde se encontraba la chica, su rostro se encontraba cubierto por su cabello negro azulado; no la tocó solo fue corriendo hasta su auto por su teléfono celular.

Una horda de personas se habían congregado y el tráfico se paralizó, el hombre que se encontraba en el auto, tomó su teléfono celular y marcó al 911.

911 ¿Cuál es su emergencia? – contestaron al otro lado de la línea.

− Un accidente automovilístico en la avenida Whitehall – exclamó el hombre con preocupación y colgando sin esperar contestación, sabía que llegarían de un momento a otro así que corrió para verificar el estado de la chica, se asustó de ver la mancha de sangre que sobresalía de su cabeza. Se preocupó y decidió acercarse para chequear los signos vitales, colocó dos dedos sobre un punto específico en su cuello, lo sintió… débil pero estaba ahí.

Esperaba que la ambulancia llegara pronto, no sabía como pero quizás alguien lo había escuchado allá arriba, porque en menos de cinco minutos la ambulancia se encontraba en el lugar, los paramédicos bajaron con una camilla y llegaron hasta donde la chica se encontraba. La revisaron y colocaron con cuidado en la camilla, tal parecía se encontraba muy mal…

El chico fue a su auto y siguió la ambulancia, sabía que era el culpable del estado de la chica no podía evadir la responsabilidad…

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En la ambulancia los paramédicos chequeaban los signos vitales de la chica, por fortuna el hospital estaba cerca y no tardarían más de quince minutos en llegar, uno de ellos se comunicó con la recepción pidiendo a un médico en especial. Al llegar unas enfermeras los esperaban, pero no se encontraba el médico que habían solicitado.

Sin perder más tiempo bajaron a la chica que llevaban en la camilla, cuando de repente un hombre llegó corriendo, su bata blanca ondeaba y sus ojos azules se encontraron con lo que buscaba.

- Dr. Uzumaki – exclamó uno de los paramédicos.

- Sasori, dime el estado de la paciente – ordenó con rapidez mientras ayudaba a llevarla a urgencias.

- Presión 90/60, fractura craneal y parece que un par de costillas rotas – respondió de manera apresurada el pelirrojo, recibió un asentimiento del médico.

- Hay que estabilizar la presión, para luego hacer una intervención – dijo él, para llevar a la peli azul a la sala de Urgencias.

Casi a media noche, después de que el médico lograra estabilizar la presión de la chica, hizo una serie de exámenes además de una pequeña intervención quirúrgica por la herida de su cabeza. Además de la fractura craneal, tenía una pierna fracturada y cuatro costillas rotas.

Eran casi las dos de la mañana cuando él salió a dar el diagnóstico a la familia de la chica, le sorprendió ver a tantas personas ahí esperando noticias. Suspiró y caminó hasta donde ellos se encontraban.

- Los familiares de Hinata Hyuga – habló en voz alta, captando la atención de todos.

- Somos nosotros – manifestó un hombre de aproximadamente unos 45 años, con unos singulares ojos color perla, aunque si tenía más no los aparentaba en absoluto por su cuerpo atlético y rostro serio, tal vez lo delataban algunas canas que se encontraban esparcidas en su cabellera castaña – Hiashi Hyuga ¿Cómo está mi hija Dr.? – inquirió preocupado.

- Naruto Uzumaki – se presentó con cortesía – Logramos estabilizar su presión, sufrió una fractura craneal – explicó alarmando a todos en la sala – Fue una fractura simple sin causar mayor daño, tiene una fractura en la pierna, cuatros costillas rotas y una distensión en el cuello – finalizó el médico.

- Pero… ¿estará bien? – preguntó una joven rubia de ojos azules que se encontraba al lado de un hombre de cabellera castaña con el mismo color de ojos que Hiashi, la joven lucía muy preocupada por su amiga.

- Lo estará – contestó con una sonrisa tranquilizadora el hombre de ojos azules – Esta noche se quedará en observación y mañana será trasladada a una habitación – señaló él – Ahora con su permiso me retiro – finalizó despidiéndose.

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El día siguiente Naruto llegó tan fresco como siempre, a pesar de que solo había dormido un par de horas se veía como si hubiese descansado toda la noche, saludó a cuanto paciente o enfermera se le cruzara por el camino siempre con esa sonrisa animada, la enfermeras se sonrojaban y no era para menos. El hombre parecía un modelo sacado de una revista de Playboy, llegó a su consultorio dejó su chaqueta color gris oscuro en el perchero y tomó su bata blanca, se la colocó para después salir rumbo a la sala de observación.

Entró a la habitación tomó la ficha donde se encontraba el historial de la paciente, chequeo sus signos vitales y fue entonces que la observó de forma detallada. Apreció lo hermosa que era esa mujer, su cabello negro azulado caía en cascada por la almohada y su piel blanca parecía suave y tersa, sus labios se encontraban resecos y un poco agrietados, pero a él simplemente le parecieron apetecibles. Apartó unos cuantos mechones que caían por su rostro, sacudió su cabeza ¿pero en que estaba pensando? Es su paciente, continuó chequeando la ficha.

No se percató de que la chica comenzaba a mover sus párpados hasta finalmente abrir los ojos, maravillándose con lo que vio… ¿acaso había muerto y estaba en el cielo? Porque para ella lo que miraba, era lo más parecido a un ángel. Un hombre alto y fornido se encontraba parado frente a ella, cabellera rubia bastante desordenada, piel bronceada, vestía de manera bastante formal. Unos pantalones de vestir color negro y una camisa también de vestir blanca con una corbata en seda negra, portaba una bata de médico, todo le tallaba tan bien que dejaría sin palabras a cualquiera, pero más que eso fue su rostro el que la cautivó, parecía tallado por algún artesano y esos ojos… esos magníficos ojos azules de la misma tonalidad del cielo en un día soleado de verano…

Quiso moverse pero un dolor agudo la atacó, el pequeño movimiento atrajo la atención del rubio, sus ojos azules se encontraron con otro para en color perla, que a él, le parecieron dos lunas hermosas que no quería dejar de admirar pero… otro movimiento lo hizo salir de sus pensamientos.

- No te muevas – pidió acercándose a ella, que solo se dedicaba a observarlo su voz ronca y aterciopelada de alguna extraña manera le brindaba paz – Tienes cuatro costillas rotas y una pierna fracturada, además de una venda en la cabeza y un collarín cervical – aclaró él, fue entonces que todo vino a su mente, la traición… su mejor amiga y su prometido, se vio a ella misma corriendo bajo la lluvia, luego las luces y después ya no sintió nada, todo pasó delante de sus ojos como una ráfaga y sus ojos se llenaron de lágrimas, el rubio notó eso y se alarmó - ¿Sientes dolor? – indagó preocupado demasiado para su gusto.

- N… no – contestó con voz entrecortada la peli azul.

- ¿Entonces porque las lágrimas? – inquirió él con voz dulce, sonrojando levemente a la chica.

- Por… nada – tartamudeó nuevamente, Naruto solo sonrió.

- Una mujer hermosa no debe llorar si no es de felicidad – manifestó limpiando con sus pulgares las lágrimas que derramó y sorprendiéndose de lo sedoso de su piel al contacto con sus manos, se alejó y luego habló – Necesito hacerte unas preguntas – la peli azul solo atinó a dar un asentimiento, ese contacto hizo que miles de mariposas revolotearan en su estómago - ¿Cómo te llamas?

- Hinata Hyuga.

- ¿Cuántos años tienes?

- 23

- ¿Cómo se llama tu padre?

- Hiashi Hyuga

- ¿Zona de residencia?

- Notting Hill.

- Bien tal parece que no ha habido mayor lesión – musitó el rubio con una sonrisa que a tonto un poco a la de ojos perla – Serás trasladada a una habitación, luego iré a chequear tu estado – finalizó para después salir de la habitación.

En verdad eso había sido extraño, cuando tocó su rostro sintió una descarga eléctrica atravesar su cuerpo y… mejor no pensar en lo que deseó en ese momento porque no era muy bueno, suspiro profundamente y caminó por el pasillo para hacer su ronda, además debía solicitar el traslado de habitación.

Hinata por su parte también se encontraba aturdida, movió levemente su cabeza y volvió a la realidad, era triste para ella recordar el motivo por el que ahora se encontraba prácticamente inmovilizada en una cama de hospital. Quiso llorar de nuevo pero antes de que sus ojos se llenaran de lágrimas nuevamente volvió a dormirse, por fortuna Naruto le había administrado otra dosis de sedantes y ahora estaban haciendo efecto.

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A media tarde Hinata fue trasladada a una habitación privada, hasta entonces todos familiares y amigos pudieron verla, les contó lo que había sucedido ahora sabían porque razón su "prometido" y supuesta "amiga", no se dignaron a llegar al hospital. Decir que Hiashi y Neji se encontraban furiosos era muy poco, deseaban no encontrarse a ese tonto que había herido a su niñita porque correría sangre y mucho menos a esa estúpida pelirosa.

Por fortuna Hinata logró calmar a su padre e Ino a Neji, le había costado casi toda la tarde pero lo consiguió, no sin que antes él obtuviera algo a cambio, pero… valía la pena si eso evitaba una tragedia. Por desgracia una de las enfermeras les pidió que se retiraran, Hinata debía descansar; aceptaron a regañadientes más sin embargo prometieron hacerse presentes el siguiente día temprano en la mañana.

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Una semana había pasado, los primeros días el médico de cabellera dorada como lo había nombrado Hinata (pues no sabía su nombre), pasaba a chequearla todas las mañanas, bueno… eso fue durante los primeros tres días, después se entero por su amiga, casi "cuñada" que el nombre del médico era Naruto Uzumaki, según supo uno de los mejores médicos de Londres y el más cotizado en el hospital por sus habilidades, también le dijo que ya no había podido atenderla por diversas razones.

Así que le dejó su caso a otro médico que al igual que él, era muy bueno en su especialidad, Suigetsu, un hombre muy gracioso con una extraña cabellera color celeste y ojos violáceos, muy simpático. Aunque eso no quitaba que no extrañara ver esa sonrisa amable y tierna que Naruto le brindaba cada mañana. Suspiró, a finales de esa semana le daban de alta, le habían retirado el collarín y la venda de su cabeza, tenía muchas molestias por sus costillas pero los anestésicos lo hacían más soportables.

Claro que Suigetsu le había advertido que además de molesto sería doloroso, le dio unas cuantas indicaciones para que su recuperación fuera un poco más rápida, esperaba seguirlas al pie de la letra, no quería volver ahí. Demasiado pronto para desearlo… tenía que volver para chequearse, tanto por el golpe de su cabeza como por su pierna además de que tendría terapias después de que quitaran el yeso de su pierna.

El chico que la atropelló, se presentó en el lugar y aunque en un inicio su padre y su primo quisieron asesinarlo, ella como siempre de intermediaría solicitó que lo dejaran hablar. El chico dio gracias al cielo por eso, explicó sus razones y la condiciones en que sucedieron las cosas, era lógico que no pudiera frenar con el clima que acontecía ese día, afortunadamente entendieron, pidió disculpas a la familia y por supuesto a la afectada además de que pagó todos lo gastos del hospital.

Como se arrepentía haber sido impulsiva por primera vez en su vida, lo único que esperaba era no encontrarse con ese par de nuevo porque no lo soportaría…

Continuara…