Espero sea de su agrado, daré lo de siempre.

Se aceptan críticas constructivas, más no insultos.

Y por favor, sean creativos en los comentarios.

Aclaraciones:

Narración.

— Diálogo —

Pensamientos —

Advertencias:

OoC en los personajes.

OC's.

Situaciones sexuales implícitas-explícitas.

Lenguaje inapropiado o soez.

Género: Romance | Drama.

Clasificación: T | M.


Parte II

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‹‹ Hay que buscar la verdad y no la razón de las cosas. Y la verdad se busca con humildad. ››

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Miguel de Unamuno.

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Verdad.


Para Hinata, las horas se convirtieron en días, los días en semanas y las semanas en meses… Continuaba con los chequeos, y las terapias de recuperación de su pierna. El collarín cervical fue removido a las cuatro semanas, aunque sus costillas le daban problemas, cada movimiento parecía que se le desacomodaban y le generaban un considerable dolor que no podía aplacar. Solo con los medicamentos prescritos.

Iba todos los días al hospital a recibir la terapia, miraba para todos lados con la esperanza de encontrarse con aquel médico de cabellos dorados que la atendió en un principio. Sin embargo, desde el día de su alta, no lo veía con tanta frecuencia, de hecho, parecía que la evitaba a toda costa. Se sintió desilusionada.

A lo mejor tenía la mala costumbre de ilusionarse rápidamente, su ingenuidad no tenía límites y por lo visto, la hacía caer en anhelos profundos emitidos de su corazón. O si no, bastaba ver lo que había pasado con Sasuke y Sakura. Su sosería era inigualable…

Distraída y con su imposibilidad con las muletas, terminó chocando contra una pared blanda, lo suficientemente firme para saber que no era un colchón, pero no tan sólida como el concreto. Sin contar que emitía un calor corporal, más los brazos musculosos que la envolvieron gentilmente evitando su caída y posible fractura. Una nueva.

— ¿Estás bien?

Escuchó aquella voz masculina, con un tinte animado que ella reconoció de inmediato. Como movida por una fuerza voraz, levantó la cabeza para observar al apuesto rubio, Naruto le sonreía ligeramente con su característica alegría.

La Hyūga se sonrojó de inmediato, al verse atrapada entre sus brazos y su musculoso cuerpo. Sintió que el aire le faltó al advertir sus ojos azules, tan profundos como el mar y puros como el cielo en su inmensidad.

— S-Sí… — respondió, exaltada.

El nerviosismo le sobrevino de repente, al verse alcanzada por todo el esplendor del médico. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal, no solamente a ella, también a Naruto.

— Pe-Perdona, iba distraída. — se disculpó la chica.

El rubio le ayudó a enderezarse y alcanzar la muleta, para que pudiera apoyarse completamente. Hinata le agradeció con una sonrisa, el gesto amable del galeno.

— ¿Vas a tu terapia? — preguntó, casualmente.

La peli-azul asintió con las mejillas arreboladas. Sentía que de un momento a otro explotarían, si seguía ahí. Pero ni modo que se fuera huyendo, sobre todo tomando en cuenta que no podía correr en lo absoluto. Solo caería como costal de papas en el suelo, y de paso, haría el ridículo frente al hombre que le gustaba.

Un momento, ¿ése médico le gustaba?

— ¿Cómo vas los tratamientos, todo bien? — inquirió, interesado.

Tanto que a Hinata se le hizo extraño, o a lo mejor era una mala pasada de su consciencia, que solía como siempre jugar con su cordura y su lógica. Parpadeó un par de veces y enseguida lo enfocó.

— Ah, sí, sí, todo bien. — contestó, azorada, más de lo que debería sin saber porque lo hacía.

Naruto le sonrió, brillante, con los ojos fijos en ella.

— Me alegra saberlo, Hinata-san. — le llamó, afablemente, provocándole una serie de mariposas en el estómago.

Unas que creyó había dejado en el pasado, hace apenas unos cuantos meses junto con Sasuke Uchiha. Le observó, sus ojos perla se conectaron con los azules, mares profundos, relucientes y limpios. Se sintió perdida, ahogada por esos océanos en su mirada y una sensación reconfortante le recorrió el cuerpo.

Serenidad, nerviosismo, calidez… Muchas emociones con una sola mirada, tan capaz de aturdirla como de tranquilizarla. Unos minutos bastaron, para que sus mundos colapsaran, se fueran y pasaran al infinito. Para que no vieran ni sintieran nada más que la presencia del otro. Solamente eso.

— ¡Naruto!

El encanto se rompió por una voz femenina, una voz femenina que ella conocía muy bien. Y que deseó nunca más volver a escuchar. El rubio se dio la vuelta de inmediato, olvidando las sensaciones vividas que se provocaron mutuamente.

— Llevo buscándote más de quince minutos, la recepcionista me dijo que… — se cortó, en cuanto visualizó la figura de la Hyūga —. Hinata… — murmuró, con un tono de voz tan bajo que podía confundirse con el murmullo del viento. Pero en él, iba impreso temor y culpa, palideció al instante.

Se sintió mareada y se tambaleó.

— ¿Sakura-chan, estás bien? — preguntó Naruto, con un tono demasiado preocupado.

Algo que, desgraciadamente, le generó molestia a Hinata.

— Sí, yo… — se detuvo, llevó la mano derecha hacia su frente, el mareo no cedía. Y comenzaba a ponerse verde —… Solo…

— ¡Sakura-chan!

Finalmente todo se volvió negro, escuchó el grito de Naruto y la exclamación de Hinata, de ahí, todo fue paz.

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Sintió su cuerpo lánguido, sus párpados pesados. Respiraba aun, la impresión no la había matado, pero seguramente la culpa lo haría. Aunque eso no evitaría que abriera los ojos, para demostrar que seguía viva.

Pronto sus ojos jade vieron la luz cegadora, las blancas paredes en conjunción con la luz de la lamparilla, le alucinaron por completo. Parpadeó un par de veces su vista borrosa, poco a poco logró enfocar con más claridad.

— Qué bien que despiertas, Sakura-chan. — escuchó la voz de Naruto, que le pareció un zumbido al principio, pero después de aclaró.

Giró su rostro, para encontrarse con el sonriente y aliviado de su rubio amigo, que la miraba fijamente y no escondía su preocupación.

— ¿Qué me pasó? — interrogó, aturdida por el pasajero mareo que tuvo al levantarse, ignorando la protesta de su amigo médico de no hacerlo.

— Te desmayaste. — contestó él, la Haruno asintió comprendiendo.

Era normal en su estado, tener desvanecimientos frecuentes. Ya le había sucedido en el trabajo y la universidad, no era nada para sorprenderse.

— Temari te dijo que te mantuvieras lo más tranquila posible, nada de emociones fuertes, ¿por qué no haces caso aun en tu estado? — regañó, fraternalmente el rubio.

¿Estado, cuál estado?

Se preguntó Hinata, que estaba sentada en una de las sillas de la habitación en una esquina. Por alguna extraña razón, muy afianzada a su corazón y humanidad. Sintió un poco de intranquilidad, seguramente verla de nuevo después de lo que había pasado debió causarle alguna impresión, pero no tanta como para que se desmayara de esa forma.

Bien o mal, decidió acompañar al rubio que llevaba con apuro y aflicción a la Haruno. Lo que le provocó una especie de amargura en la boca del estómago, pues él lucía muy preocupado por ella. Además, notó la familiaridad con que se trataban y el cariño no estaba libre de sus palabras, de hecho, era algo bastante evidente que le dio un retorcijón en el estómago.

— Naruto, ya te dije que estoy embarazada no desahuciada. — articuló Sakura, con un mal tono de broma y una pequeña sonrisa que no le llegó a los ojos.

A Hinata la golpearon esas palabras, tanto que sintió que ella misma se desvanecería de la impresión. Cuando Sakura levantó el rostro, se encontró con la mirada perlada de la Hyūga. Su sonrisa se borró inmediatamente, la palidez volvió a su rostro y la culpa la ahogó.

— Hinata… ¿Qué haces aquí? — la pregunta sonó descortés, para ellas, más no para Naruto, que no tenía idea de la tensión en el ambiente.

— Se quedará contigo mientras voy por Temari. — manifestó Naruto, retomando su camino hacia la puerta para apurar a su amiga obstetra —. Vuelvo enseguida.

Y se fue.

A lo mejor Naruto simplemente se hacía el desentendido y les daba privacidad…

Todo se tornó silencio, el ambiente tan tenso que podía cortarse con un cuchillo de ser posible. La Haruno desvió la mirada, avergonzada, triste y culpable. Nadie podía adivinar los días y las noches que llevaba en vela, culpándose a sí misma por su estupidez, por su credulidad.

Por su lado, Hinata seguía preguntándose qué hacía ahí, porqué fue cuando aquella mujer que creía su amiga la había traicionado. Y ahora se enteraba que esperaba un hijo, del que meses atrás, era su prometido. No sintió rabia, no como al principio, solo dolor y traición que le rayaban el corazón y la autoestima.

Y aun seguía preguntándose, ¿Por qué le habían hecho eso?

— ¿Por qué?

El cuestionamiento le salió sin querer, simplemente lo pensó y lo emitió, sin desearlo pero haciéndolo al mismo tiempo. Tan contradictorio, como las miles de razones que se formaban en su mente en ese momento. La peli-rosa se sobresaltó y la miró, no impresionada, simplemente avergonzada y triste.

— ¿Por qué me engañaron, qué les hice yo?

Interrogó nuevamente, ante el mutismo de la Haruno. Ésta emitió un suspiro y cerró los ojos, ¿cómo explicarle que ella también fue engañada para que Sasuke se viera librado de ese compromiso? ¿Cómo?

— Si te lo dijera… No me lo creerías. — respondió, en voz baja.

— Inténtalo. — exigió la Hyūga, no quería más negativas. Estaba cansada de ellas y merecía una explicación, una verdadera.

Sakura, se quedó callada un momento, cavilando sus palabras… Llegando a la conclusión, que entre más lo pensaba, más complicado se tornaba. Y no había palabras adecuadas para justificar un engaño, una mentira. Como tampoco para que ella creyera en su inocencia, o su estupidez.

— Tú no fuiste la única engañada. — dijo finalmente.

— ¿Disculpa?

— Recuerdas… ¿Por qué razón te comprometiste con Sasuke? — la peli-rosa se armó de valor y miró a la Hyūga, ésta la miraba sin comprende exactamente a lo que se refería pero asintió.

Su noviazgo y compromiso fue acordado desde la niñez, como solía suceder en las ramas antiguas de las familias japonesas, de donde ellos eran descendientes. Y en las familias de culturas y altos estratos, los matrimonios arreglados eran prácticamente una norma. La mayoría de las familias importantes, las conformaban matrimonios arreglados.

Sin embargo, en Hinata y Sasuke, nació una especie de afecto que se convirtió en un sentimiento más fuerte. Lo que conllevó a aceptar el acuerdo de compromiso matrimonial, así no se verían forzados a casarse con personas a las que no amaban. O por lo menos, eso fue lo que ella pensó hasta que pasó todo eso.

— Pues… — continuó Sakura —… Sasuke no estaba tan de acuerdo como tú creías.

— ¿A qué te refieres?

Para la Haruno no pasó desapercibido el tono de miedo y nerviosismo en su voz. No obstante, ya había decidido decir la verdad, ya había perdido su amistad, no le queda más perder.

— Sasuke, tiene una habilidad para conocer las debilidades de las personas y manipularlas. — dijo —. La mía era… Mi amor y, admiración por él. Por eso, se le hizo fácil manipularme y convencerme de que tú y él habían decidido deshacer el compromiso… — confesó, para sorpresa de Hinata —… El día que tú nos viste, yo había bebido más de la cuenta y me dejé manejar por sus palabras… Y… Pasó lo que viste…

La última nota en su voz decayó, Sakura rehuyó a la mirada de Hinata. No podía mirarla de frente, el estar ahí le suponía un gran trabajo para su propia persona, su cordura pendía de una delgada línea que había estado a punto de cruzar hacía unas semanas. Cuando se enteró del accidente de la Hyūga, de la gravedad de sus lesiones y del saber que eso era sola y enteramente su culpa.

De no haberse enterado de su embarazo y Naruto, seguramente la habría cruzado.

— ¿Quieres decir qué, Sasuke nunca sintió nada por mí? — la peli-rosa negó con la cabeza.

— Ni por ti, ni por nadie. — manifestó, con una triste sonrisa, con la mirada perdida en algún punto en el suelo.

Para Hinata, eso, era como un golpe adicional a su ya maltrecha autoestima. Se esperaba cualquier cosa menos eso. Sin embargo, a pesar de todo, y en esa situación, podía comprender la situación de Sakura. Ésta conocía mucho mejor a su ex prometido, fueron amigos y compañeros desde la infancia. Convivieron mucho más, debía admitir, que en más de una ocasión sintió celos por la compenetración que tenían ambos. Porque podían comprenderse y entenderse con pocas palabras, con una sola mirada y sabían lo que significaba. Ella no llegó a tanto con él.

No obstante, aun, a pesar de todo eso, parecía que Sasuke se aprovechó de Sakura de la misma manera que lo hizo con ella. Por una sola razón. Libertad.

— ¿E-Es suyo…? — preguntó, pasado un rato el silencio.

Aun sentía una especie de temor al cuestionarlo, pero necesitaba saberlo. Para odiar u olvidarlo de una vez por todas.

Sakura se dignó a mirarla, y esbozando una sonrisa atribulada contestó.

— Sí. — sintió su corazón oprimirse, cerró los ojos y se tragó las lágrimas que amenazaban por salir —. Pero él no quiere saber nada de mí.

Esa confesión le hizo abrir los ojos de golpe y mirarla, su iris jade oscilaba y brillaba por la excreción, mientras sonreía irónica.

— Se casará con Karin, la prima menor de Naruto. — informó —. Como ves, tú no fuiste la única que perdió, Hinata. Aunque a mí no me queda nadie. — musitó, débil y con voz ahogada.

Con lástima, la Hyūga miró a la que en algún momento consideró una de sus mejores amigas, una hermana de espíritu y sentimiento. Pero que ahora, no sabía cómo considerar. Sentía tristeza y pena, porque al final, ninguna ganó. Ambas perdieron. Una más que otra. Porque por lo menos a ella le quedaban sus amigos, a Sakura, no le quedaba nadie.

— Lamento mucho lo que te causé, Hinata, lo siento mucho, en serio. — le dijo, con voz ahogada en llanto, o intentando ahogarlo.

La peli-azul despertó al sentirla caminar hacia la puerta, dispuesta a abandonar la habitación. No sin antes detenerse a su lado, y mirarla con una sonrisa.

— Recupérate pronto. Y… — pausó unos segundos —… Cuida muy bien de Naruto. Adiós, Hinata.

La Haruno salió de ahí sin darle oportunidad alguna de responderle, simplemente se fue, dejándole un hueco en el pecho que le provocó un nudo en la garganta. Lo que terminó, haciéndole llorar.

Ninguna ganó, pero Sakura perdió más de las dos…

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Un mes más y los tratamientos terminaron. Un mes en el que veía mucho más seguido al médico rubio. Un mes en el que supo por Ino que Sakura se había ido del país, aun en contra de las recomendaciones de Temari, la que casualmente era novia de Shikamaru, y por la cual se enteraron que el estado de la peli-rosa era delicado. Sin embargo, se fue así, sin importar nada. Según Ino, la Haruno dijo que no había nada por lo cual quedarse ahí.

Eso le hizo sentirse mal, ella no era la única sufriendo, ambas fueron utilizadas por el Uchiha. El cual ahora, se encontraba casado con Karin Uzumaki. Por algunas pláticas que tuvo con Naruto, supo que su prima menor era huérfana desde los 8 años, y que sus padres la acogieron y adiestraron en el arte empresarial, para hacerse cargo más tarde de su legado. Era hija única y por lo tanto, heredera universal de todos los bienes que sus padres poseyeron en vida.

Una millonaria, soltera, con quien no tuviera que compartir nada. Ni el estilo al que estaba acostumbrado, y que la chica no le negaría. Ya que estaba perdidamente enamorada de Sasuke.

Comprendió todo en cuanto Naruto se lo comentó, entonces supo que Sakura no le mentía, pero ya de nada valía. La Haruno ya se había ido del país…

Suspiró, la vida era complicada. Los amores una desgracia. Van y vienen como las nubes que tanto amaba ver Shikamaru.

Continuó su camino, era su último día de terapia, se sentía feliz de ya no tener que ir a hospital, aunque no tanto como para no darse cuenta de que ya no vería al atractivo médico de cabellos dorados como el sol. El ángel que le iluminaba las mañanas con su sonrisa y su mirada azul soñadora.

Se despidió de las enfermeras con una sonrisa y salió del hospital para dirigirse hacia el estacionamiento, donde seguramente su chofer la estaría esperando. Al llegar, grande fue su sorpresa al encontrarse a Naruto recostado sobre un auto, un Mercedes naranja.

Vestía casual y una sonrisa adornaba su rostro, una que la enrojeció de pies a cabeza.

— Na-Naruto-kun, ¿qué haces aquí? — indagó, con duda y nerviosismo.

A pesar de la confianza que habían entablado con el pasar de los días, la plática y la esporádica convivencia.

— Hoy es tu último día de rehabilitación, ¿cierto? — ella asintió —. Bien, pues te invitaré a salir.

Emitió, con una gran y sexy sonrisa que la dejó sin aliento. Aunque la confesión, le hizo abrir los ojos grandemente de la sorpresa.

— ¿Disculpa?

— Sí. Espera, creo que no hice bien la pregunta, ¿te gustaría salir a almorzar conmigo? — preguntó de nuevo.

La Hyūga se quedó sin palabras, con el rostro enrojecido y con la amenaza de sufrir combustión espontánea. Ya fuese por el exceso de calor o el nerviosismo.

— Yo… Yo…

La voz la traicionó, y su mente estaba hecha una melcocha. ¿En verdad él estaba pidiéndole una cita?

— Quise invitarte a salir, desde que te conocí… Pero por el protocolo médico-paciente no podía hacerlo. — explicó, al ver el desconcierto de la chica.

— Pero me transferiste con Suigetsu. — él afirmó con un movimiento de cabeza.

— Sí, pero técnicamente, continuabas siendo mi paciente, continuaba dándote seguimiento. Así que no podía, invitarte a una cita.

— ¿Una cita? — preguntó asombrada, él afirmó nuevamente.

— Sí. — le sonrió —. Entonces, ¿qué dices, quieres salir conmigo? — pidió de nuevo.

Con esos ojos fijos en ella, y aquella sonrisa provocándole mariposas en el estómago generándole nerviosismo inusitado. Él esperaba por una respuesta, y Hinata estaba dispuesta a dársela. Aunque no se esperaba esa invitación, debía aceptar que la deseó desde que lo conoció. A lo mejor, aun más de lo que ella misma creyó.

Entonces la Hyūga le sonrió, mirando la mano que le brindaba y luego su rostro, sus ojos, sus labios…

— Claro, me encantaría.

Finalmente tomó la mano que le ofrecía, un latigazo de excitación les recorrió a ambos ante el contacto de su piel. Eso era un buen comienzo, porque Hinata estaba segura de ahora en adelante, que él sería su mejor comienzo.

Entonces se dio cuenta, que para todos habían segundas oportunidades. Y estaba segura, de que encontró a su alma gemela.