Lluvia de Perlas

Por

Corazón de Diamante

Temí que el constante y estrepitoso latido de mi corazón resonaran por cada recoveco de la habitación. Un reconfortante escalofrió recorrió mi cuerpo al sentir que la tersa palma de tu mano acariciaba mi frente. Experimentaba una gran ansiedad por abrir mis parpados y ver tu sublime rostro, pero mi sutil respiración me ayudo a fingir que aún estaba durmiendo. Te incorporaste y me cubriste con la sabana; que imagino se encontraba sobre el suelo.

Me pregunto, cómo es que llegamos a esta habitación... Acaso fue producto de la reconciliación tras nuestra pelea de esta tarde.

Recuerdo que avanzabas apresuradamente, trate de abrazarte para protegerte del frió y que camináramos juntos, pero tu reacción fue empujarme de forma violenta. Odie tu mirada, cómo era posible que a ese hijo de p... le hubieses estado sonriendo y a mi me miraras con repulsión. Me di cuenta que aquella estupidez sobre terminar era en serio y el culpable tenía que ser ese dichoso estudiante de medicina... me arrepentí de no haberlo matado: "¡Diamond, solo es un joven con el que tropecé y me estaba disculpando... estoy harta de tus celos!". Creí tu mentira y no hubo la necesidad de sacar la navaja –que le había robado al que decía llamarse mi padre, pero que desde el día en que nací me había tratado como a un bastardo–.

Sostuve fuertemente tu mano no te iba a permitir, que pisotearas mi amor por ti... te bese con el fervor de la primera vez... Afortunadamente todo ha vuelto a la normalidad, tu estas a mi lado...

–Él aún no despierta...

Centre mis sentidos en descifrar aquella palabras y un zumbido en el oído me aturdió... Horrorizado descubrí por el timbre de su voz, que aquella mujer era una impostora.

–Doctora Mizuno, un oficial de policía quiere hablar sobre la condición del paciente.

...podía saborear la sangre que emanaba de la herida que me había provocado la mordida de mí Serena. "Diamond te detesto y ojala nunca te hubiese ..." No deje que terminara la frase, y su voz dio paso a un lastimero grito. El caos que inundo a mi corazón, parecía sincronizarse con el de la realidad. Camine unos cuantos pasos y mi manos se aferraron al barandal del puente peatonal. Las luces de los automóviles me cegaron por un momento. El ocaso se acercaba con gran rapidez, la oscuridad del asfalto dificultaba ver como se cubría con su sangre; los gritos de los transeúntes y el sonido de los claxon aturdieron mis sentidos, entonces mi vista se agudizo y me maraville ante las hermosas perlas esparcidas, aquellas que ya nadie seria capaz de admirar en la sonrisa de Serena y me sentí inmensamente feliz ante tan bello espectáculo.

The End

11/I/2013