¡Muchas gracias por las reviews! Me pone muy contenta que se hayan enganchado con la historia, de verdad…sus críticas positivas me llenan de energía para continuar…quiero escribir varias historias más. Milo provoca mis más locas fantasías, como van a comprobar próximamente…¡jaja! . Éste capítulo se viene más "interesante" ;)…ésta va a ser una historia bien explícita, por eso la califiqué como MATURE…así que si a alguien le afecta, están advertidos…saludos a todos y que la disfruten…

La marca del escorpión

Capítulo 2

¿En qué me había metido? Ninguna de mis más locas fantasías se parecía remotamente a ésta situación que estaba viviendo…¿quién era realmente éste hombre Milo?...¿ésta ciudad era un anexo a las ruinas? ¿qué significaba esa extraña entrada que me llevó a éste sitio?...solo me quedaba rogar que Milo estuviera más razonable para oír y creer mi verdadera historia.

Luego de un rato, apareció Milo solo vistiendo sus calzas y las botas largas que eran parte de su armadura…se me secó la boca. Su torso podría rivalizar con las estatuas griegas de mármol que tanto admiraba…músculos bien definidos, invitaban a recorrerlo de mil formas posibles, su vientre estaba bien dividido en seis perfectos rectángulos…no había dudas, era un cuerpo trabajado y diseñado para aniquilar a cualquier enemigo o para someter en la cama con la fuerza de su sensualidad. Pero más allá de la apariencia física, había un aura de fuerza y poder que te doblegaba con su mera presencia.

Sus ojos arrogantes y algo burlones me volvieron a la realidad. ¿Qué te pasa? – me reproché- ¡es tu captor! ¡tu secuestrador! ¡podría hacerte cualquier cosa ¡ sin contar que no volverías jamás a tu casa…¡no es momento para que te agarre el síndrome de Estocolmo!...

-¿Te gusta lo que ves, Eileen?-me preguntó con una sonrisa taimada.

-¿Cuándo vas a soltarme?- le pregunté airada-¡no tienes ningún derecho a mantenerme en contra de mi voluntad! ¡esto es secuestro!

Sus ojos perdieron todo rastro de humor al contestarme.

-¡Tú entraste al Santuario Sagrado de la diosa Atena sin autorización! Agradece que haya sido yo quien te encontrara, otros guardianes ya te hubiesen matado a golpes…

-¡Ya te he dicho que entré a éste lugar por error!-repliqué desesperada- Ni siquiera sabía la existencia de éste Santuario…¡tienes que creerme!

En ese momento noté que mi mochila que contenía mi cámara de fotos y demás pertenencias; incluído mi identificación, estaban cerca de una pared y se me ocurrió una idea:

-Mira Milo –le dije en un tono tranquilo_ allí está mi mochila con mis pertenencias…¿por qué no la abres y te fijas entre mis cosas, encontrarás una tarjeta que te dirá quien soy.

Así lo hizo y al mirar mi documento dijo:

-Está bien, Eileen Slattery de Argentina, cuéntame bien como fue que llegaste al Santuario- dijo mientras acercaba otra silla y se sentaba frente a mí.

Y así, procedí a contarle todo: mi visita a Grecia, las ruinas de la Acrópolis, lo que me sucedió al entrar a esa pequeña y oscura edificación hasta despertar en las calles del Santuario.

-De modo que hay un portal abierto entre el mundo de los humanos y el Santuario de Atena –observó-esto es preocupante porque así como te has metido tú, se puede meter cualquiera…

-Supongo que ahora que sabes que no he venido a hacer daño alguno me podrás soltar para que vuelva a mi hogar ¿no? –le pregunté esperanzada.

-El hecho que sepa tu nombre y de dónde vienes no significa que seas inofensiva –me contestó de forma condescendiente- hay algo que me ocultas…

-¡Por Dios! – le repliqué- ¿qué podría yo hacerte? ¡cómo verás soy una mujer normal!

-Eso está por verse –exclamó, apartando la silla de golpe- las apariencias engañan, bien podrías ser un demonio o un espectro femenino…me encantará comprobarlo, eres una mujer deseable, será más que divertido despojarte de tu máscara- y una sombra de sadismo oscureció sus ojos.

Presa del terror, mis ojos se llenaron de lágrimas…¿acaso era mi fin? ¡iba a ser una de las tantas mujeres víctimas de hombres psicópatas, que sufren muertes horribles para no aparecer nunca más?. Seguía sin poder moverme, debido a esa restricción que él me había aplicado seguramente…con el intenso calor que hacía en Grecia, yo me había vestido con unos shorts y una camiseta sin mangas y con un escote redondo que dejaba ver el nacimiento y la hendidura de mis senos. Además, Milo me había hecho sentar con las piernas abiertas…nunca en mi vida me sentí tan expuesta y vulnerable…

Cuando él se puso en cuclillas ante mí y se empezó a acercar, una mezcla de temor y de excitación me dominó…sus ojos me encarcelaban, me nublaban el entendimiento y mi sexo se empezó a humedecer. Repentinamente sentí sus manos grandes y fuertes recorriendo mis muslos mientras se iba inclinando lentamente hasta que su boca estuvo a escasos centímetros de mi cuello. Lo sentí oliéndome y de repente, una caricia húmeda al costado de mi cuello se acercó a la parte baja de mi maxilar…se me escapó un suspiro, el corazón me empezó a atronar…pero él no había terminado su ataque…bajo la cabeza y hundió su lengua en el valle de mis senos, sorprendiéndome con un mordisco en uno de ellos. Una de sus manos corrió la camiseta hasta dejar el pezón al descubierto. Al verlo, Milo primero lo chupó fuerte, luego lo sopló y por último lo mordió…ahogué un grito de placer…éste hombre me robaba toda capacidad de raciocinio. Yo era una mujer joven, que había tenido sus experiencias sexuales y sus relaciones con hombres, algunas más satisfactorias que otras. Pero siempre me quedaba con la sensación de que había algo más que lo que yo experimentaba con esos hombres que compartieron mi lecho, sentía que ninguno se entregaba por completo; en principio porque ninguno parecía animarse a entregarse a sus deseos sin ningún tapujo…y ahora éste hombre que jugaba conmigo, que me provocaba, que me hacía su prisionera me desataba un fuego incontrolable…

Milo, totalmente ajeno a mi debate interno; continuó sus atenciones:

-¿Sigues teniendo miedo, Eileen? –me preguntó burlón, mientras me masajeaba los senos suave pero firmemente- ¿quieres que me detenga?

-¡ERES DESPRECIABLE! –le espeté molesta y avergonzada por haber sucumbido a sus manipulaciones- ¡te aprovechas de que estoy inmovilizada y sin poder defenderme! ¡así cualquiera logra imponerse ante una mujer!

Una descarga eléctrica me recorrió el cuerpo y recuperé la sensibilidad de mis miembros. Moví despacio mis manos, brazos y piernas y antes de que pueda formular un pensamiento coherente, Milo exclamó:

-Ya estás liberada de mi restricción, pero no creas que podrás escapar.

Acto seguido me jaló por las piernas hasta el borde de la silla y me despojó de mis shorts y de mi ropa interior. Colocó mis piernas sobre sus hombros, las sostuvo firmemente y me empezó a mordisquear y a lamer la cara interna de los muslos. No pude contener mis gemidos, ya no me importaba nada que podría pensar éste hombre de mí…era suya y él lo sabía. Cuando su boca se estrelló contra mi clítoris y empezó a lamerlo y a juguetear con él, el pecho se me endureció dolorosamente del placer que sentí, creí que me moría…

Cuando finalmente me penetró con su lengua,el orgasmo que me sobrecogió fue tal que sentí como una luz blanca que pasaba por debajo de mis párpados cerrados…temblé, me sacudí, mi cuerpo era una fuerza ajena a mi control…él seguía lamiendo mis jugos…y cuando me vió satisfecha y desfallecida, sonrió entre mis piernas y dijo:

-¡Has visto que no necesito la restricción para dominarte y vencerte, mujer?