Capítulo 2: Quiero Que Vayas Conmigo.
Al verla parada frente a él, lo hacía sentirse ansioso aun no podía creer que de nuevo la tuviera frente suyo, quería que no fuera un sueño, como los muchos que había tenido durante esos años, acorto la distancia, la tomo del cintura y la beso, de inmediato la chica rodeo con sus brazos el cuello de él.
Ella no podía creer lo que veía, en ocasiones le parecía escuchar que él la llamaba, volteaba y no era nadie, pero nunca se lo había imaginado tan real. ¿Acaso era un sueño? Si así era no quería despertar. Lo vio acercarse a ella, sintió que era tomada por la cintura y después el cálido tacto de unos labios sobre los suyos, no le importaba si su cordura ya había flaqueado después de todo ese tiempo, ella correspondería aquel beso y rodeo con sus brazos el cuello de él.
− Inuyasha.− dijo al separarse.
− Te extrañe mucho, Kagome.
− Yo también a ti.− contesto al borde del llanto, no era un sueño y mucho menos una ilusión.
El chico le sonrió de nuevo y la volvió a besar, sin duda ella había cambiado, cuando se fue apenas si tenía 15 años.
Desde que la conoció en la fiesta de retiro de su padre se enamoro de ella, las familias ya se conocían pero él nunca reparaba en las jovencitas, además esa chica no se comportaba como una, en alguna ocasión la había visto subida a los árboles o llena de lodo, sobra decir que le había confundido con un chico. Pero ese día en especial por alguna razón quedaron a solas, el destino los había juntado, apenas si tenían 12 y 15 años, pero para ellos fue amor a primera vista.
Poco después de conocerse se veían a escondidas, hasta que un día se armo de valor, fue a ver su padre a su despacho.
− Adelante, Inuyasha.− le llamo sorprendido.
− Vengo a pedirte algo.
− Habla.− de seguro quería dinero, pensaba.
− Quiero que Higurashi Kagome sea mi esposa.
El recién retirado comisionado de policía pensó que era una broma, su hijo jamás había tenido novia y de la nada llegaba para decirle aquello. Dejo los papeles que estaba revisando y lo observo. Estaba tenso, sudaba, le sostenía la mirada y estaba sonrojado.
− ¿Hablas enserio?− su hijo asintió.− Tú, quien jamás ha tenido novia alguna, a quien las chicas que te coquetean no les haces caso incluso desaires, ahora vienes y me dices que te quieres casar.
− Lo sé, pero hablo enserio.
− Inuyasha eres muy joven, eso que sientes es pasajero, jamás te has enamorado y ella tengo que admitir es bonita, pero piénsalo mejor.
− Se que soy joven y no me pienso casar con ella mañana, pasado, la próxima semana, el mes siguiente, quiero tener algo que ofrecerle.
− Entonces cuando eso sea, vienes y hablamos.
− ¡No! quiero hacerlo oficial, no quiero que alguien llegue antes, he visto como la ven, jóvenes de su edad, mayores y hombres adultos.
− Si es por celos menos aun te ayudo.
− Si siento celos, pero porque la amo. Desde que la conocí nos hemos visto, se que está mal, pero no puedo evitarlo, quiero pasar todo el tiempo posible con ella, cuando sonríe mi corazón se acelera, cuando llora por algo que dije o hice me siento como un bastardo, cuando la miro a los ojos me pierdo en ellos no sé ni lo que estaba haciendo, ella, ella... Ella es diferente por eso me gusta, ella quiere ser educadora, quiero que lo logre, aquí es mal visto que ella estudie, pero yo quiero lo mejor para ella, así como usted con mi madre.− termino de decir al recordar que su padre después de que se casaron y fueron a la ciudad, su madre entro a estudiar literatura.
Su padre lo miraba fijamente, estaba decidido a no irse hasta que aceptara o lo echara por la fuerza, pero lo volvería a intentar una y otra vez.
− ¿Estás seguro de todo lo que me dices?− jamás había escuchado a su hijo hablar así.
− Muy seguro.
− No hagas que me arrepienta Inuyasha.
− ¿Cómo?− no entendía que le quería decir.
− Mañana vamos, ahora no porque tengo cuentas que hacer.− le dijo al fin, conocía bien a su hijo como para saber que lo que el sentía era amor de verdad.
− ¿En verdad? ¿No me engañas?
− No te engaño.
Al día siguiente fueron a ver a la familia de ella, ellos no querían aceptar, decían que su hija era muy joven y que era amor pasajero, tras horas de larga chala al final aceptaron, pero primero él debía graduarse de la escuela y después de eso Inuyasha debía pedirlo de nuevo, con riego a que no aceptarán la boda, pero ahora tenía en consentimiento para que fueran novios.
El día que se marcho fue muy duro para los dos, ambos tenían miedo de que el otro conociera a alguien más, por eso se escribían cartas y a pesar de que en la ciudad no le faltaban "admiradoras" las rechazaba a todas, dejando a sus compañeros sorprendidos, pero él ya tenía a una prometida y no la engañaría por nada del mundo. Quisiera que todavía estuviera su padre para que el viera que su amor no había pasajero, pero algo le decía que ya lo sabía, por eso había aceptado abogar por él.
− ¿Cuándo llegaste?− pregunto mientras se aferraba al pecho del chico.
− Hoy por la mañana.− contesto al acariciarle la cabeza.
− ¿Te volverás a ir?
− En un mes.− de inmediato ella se puso triste, después de años de no verse, se tenían que separar otra vez.− No pongas esa cara, yo quiero que vengas conmigo.
− ¡Qué!
¿Había escuchado bien?
− Sí, yo quiero que nos...
− Ya despertaste y veo que ya se vieron.− dijo feliz su madre al verlos abrazados y tan juntos.
− No me había dicho nada de ella y cuando trataba de preguntar...
− No te decía lo que querías saber, lo sé, quería preocuparte un poco. Vamos a tomar un poco de té.− Izayoi comenzó a caminar a la sala y ellos le siguieron.
− Tadaima Kagome.− ambos jóvenes se miraron a los ojos felices.
− Okairi Inuyasha.
...
A media noche el galopar de caballos despertó a Inuyasha, miro por la ventana y vio a jinetes de negro ocupar la calle, para desaparecer con la neblina. Todo aquello pareció haber sido un sueño, pero no lo fue, su madre le dijo que ahora habían sido dos niñas de 11 y 12 años las desaparecidas, cada vez que los jinetes aparecían traían desgracias.
− Si han desaparecido ¿por qué no piden ayuda a la ciudad?
− El teniente de policía Naraku no confía en ellos, sin mencionar el hecho que se sentiría desplazado en su terreno.
− ¡Es tonto, seguirán desapareciendo más chicas!− grito furioso, tendría que ir a verlo para tratar de persuadirlo y si no lo hacía, en cuanto llegará a la ciudad les diría a sus superiores.
− ¿Saldrás hoy con Kagome?
− Termino de desayunar y voy por ella.
− Procura llevártela, aquí no es seguro para jovencitas de su edad y solteras.
− Es lo que quiero, regresarme con ella, por eso también regrese.− su madre sonrió al saber el significado de esas palabras.
Inuyasha y Kagome iban tomados de la mano, caminaban por un largo puente de madera que atravesaba el rio, Inuyasha iba a llevarla a comer a la cafetería de Jinenji, él y su madre preparaban los mejores postres de la región.
− ¿Qué has aprendido?
− A saber cómo funciona la mente de los criminales, a obtener pruebas donde otros no las ven, utilizar gran variedad de armas y muchos tipos de pelea.
− ¿Has tenido que pelear con alguien?− pregunto con miedo.
− Yo no le llamaría pelea, terminan antes de comenzar, siempre gano.− volteo a ver a su novia y lo miraba con miedo.− No te preocupes domino más estilos que cualquiera, soy muy bueno en ello.
− ¡Eso no quita el hecho que te puedan lastimar! ¿Qué voy si algo malo te pasa? ¡Tonto!− se zafo del agarre del chico y camino más de prisa.
− Por eso siempre procuro evitar las peleas, no creas que nunca pensé en ti, no había día en el que no quisiera tomar un maldito tren y venir hasta acá.− ella se detuvo y él le dio alcance.− No quiero tener que separarme de nuevo de ti.
− Inuyasha.
− Te amo Kagome, quisiera que...
El sonido del corneta de un carruaje les interrumpió, el vidrio de la parte trasera bajo dejando ver a una joven de piel como la porcelana y cabello negro como el ébano.
− ¡Inuyasha!
− Señora Ishida.
− Kikyou.− le corrigió de la mala gana.− Me entere que habías regresado y eh bajado a ver si te encontraba.− ella vivía en la última casa de la colina, aun que aquella construcción más bien calificaría como una mansión o mejor, un castillo. Por ello, era "El castillo Ishida"− Por la tarde daré una fiesta, deseo que te presentes.
− No aseguro nada.− claro que no iría pero esa era la mejor manera de rechazar aquella invitación.
− Higurashi ¿aun sigues en el orfanato?− se dirigió a la joven ignorando el comentario del chico.− Tengo el puesto de institutriz libre, es para el niño que vive conmigo.
− Ella pronto partirá conmigo a la ciudad.− contesto el chico por ella.
− Ya veo, le has conseguido empleo allá. Pero ¿Por qué tan pronto te marchas?
− El deber me llama.
− Me retiro, tengo que alistar una fiesta, te veo en la noche.− le hizo una seña a su chofer y de inmediato arranco.
− Debería dedicarse a cuidar de su hijo y no organizar fiestas sin razón.
− No te pongas celosa.− él le miro divertido, eran pocas las veces que la podía ver celosa.
− Siempre anduvo tras de ti y ¿Qué es eso de que iré contigo?
− Que cuando regrese tu lo harás conmigo.
− ¿Estás loco? ¿Te imaginas lo que dirá la gente o peor aún mis padres?
− Que debes estar donde tu esposo.
− ¿Cómo dices?
¿Qué le acababa de decir?
− Quiero que nos casemos antes de que me vaya.
− Inuyasha.− no podía creer lo que le estaba pidiendo.
− Iré hablar con tus padres, solo si tu aceptas.
− ¡Claro!− se lazo a sus brazos y lo beso.
− Vamos de inmediato.− la tomo de la mano y regresaron al pueblo.
Llegaron a una casa de piedra caliza, algunas enredaderas estaban en las paredes, carecía de patio y estaba a la orilla de la calle, subieron al pórtico, Inuyasha tocó la puerta y esperaron a que les abrieran, el padre de la chica fue quien les abrió.
− ¿Tan pronto regresaron? Pensé que tardarían más, pasen.
− Si bueno yo...
− Cuéntame cómo te trata la ciudad, me imagino que ya te adaptaste a ella.
− Algo así.
− Me entere que Myoga es tu maestro.
− Así es.
− Y dime...
− Vengo a pedir la mano de su hija.− le interrumpió, si lo dejaba seguir jamás lograría pedírselo.− Por eso regresamos antes.− eran consientes que aunque estuvieran comprometidos aun el padre de ella podía cambiar de opinión.
Ambos jóvenes miraron al padre de familia, tomo asiento y se quedo pensativo, un silencio muy incomodo se formo.
Continuara...
¿Y bien? ¿Qué tal voy?
Gracias por los comentarios, confió en actualizar pronto, siempre y cuando sea de agrado para el público.
20/05/2013
