Capítulo 3: Viejos Amigos.
Ninguno de los dos jóvenes sabía que pasaba por la mente del padre de ella, su semblante amigable cambio drásticamente a uno serio. Lo vieron levantarse para servirse un poco de vodka, se lo tomo de un trago y miro por la ventana. Inuyasha estaba por hablar de nuevo cuando, el incomodo silencio fue roto por la madre de Kagome y Souta que acaban de llegar de la calle.
− Ya llegaron, no se tardaron, bueno así estarán para la comida.− les dijo alegre.− ¿Pasa algo malo?− pregunto al ver la cara de seriedad de todos.
− Sonomi.− le llamo su esposo que de nuevo estaba sentado en su sillón.
− ¿Qué sucede?
− El joven aquí presente quiere casarse con nuestra hija.
− ¿En verdad?− exclamo feliz, pero su esposo seguía serio.
− Sé que estoy comenzando con mi carrera pero no quiero volver a separarme de ella.− comenzó a decir Inuyasha seguro de sí mismo, no se iría de esa casa hasta obtener la mano de ella.− En todo el tiempo que estuve allá me conseguí un trabajo a medio tiempo y ahorre para una casa, no es muy grande pero tiene lo necesario, no le hace falta nada, si gustan pueden ir a verla.− Kagome le miraba sorprendida, no sabía que Inuyasha ya tenía una casa para ellos.− Incluso una conocida la aceptará para que estudie educación infantil, a ella siempre le han gustado los niños y creo que es una buena oportunidad para...− y se cayó al ver que el padre de ella se lo pedía con la mano.
− ¿Sonomi, Souta qué dicen?
− ¿Podré quedarme con su recamará?− pregunto el adolecente al recordar que el cuarto de su hermana era ligeramente más grande y con baño propio.
Kagome de inmediato lo fulmino con la mirada y el capto, pero él solo quería ayudar, no lo había dicho de mala fe.
− ¡Dejen la recamará! al fin tendré un hermano, ella no es muy divertida.− Inuyasha procuro no reírse y Kagome se contuvo por ir a torturar a su hermano.
− Y yo podre darle de nuevo uso a toda la ropa de bebe que guardamos.− ante ese comentario ambos jóvenes se sonrojaron.
− Kagome ¿tu quieres por voluntad propia o porque te obliga a aceptar?
− ¡Papá!
¿Cómo se le había ocurrido eso a su padre?
− Lo siento tenía que preguntar.− se levanto de su asiento y se paro frente a Inuyasha.− Tenemos que hablar en privado.− el chico asintió y lo siguió hasta el jardín.− ¿Te la llevarás lejos de aquí?
− Estará en la ciudad conmigo.− eso era un sí, el viaje era de diez horas aproximadamente.
− ¿Te irás y regresarás o te la llevarás ahora que regreses?
− Cuando regrese, no sé en cuanto tiempo más podre volver a venir.
− Quiero que se casen antes de que te vayas. Todos los días ruego a Buda porque ella regrese a salvo de la casa hogar.− le expreso su miedo.
Estuvo a punto de negarse a que se casaran tan precipitadamente, esas cosas llevaban tiempo, pero temía por la vida de su hija, no quería separarse de su hija, de su pequeña Kagome pero si el casarse y comenzar su vida la ponía a salvo aceptaría.
− Eso planeo y ya se de las jóvenes desaparecidas. No se preocupe, cuidare de ella.
− En ese caso iré a ver a Mushin, para que prepare los papeles. Bienvenido a la familia muchacho.− le dio una palmada en la espalda y entro de nuevo a la casa.
...
Kagome e Inuyasha le habían ido a dar la buena noticia a la madre del chico, por supuesto que ella se emociono de inmediato y dijo que le tendría listo un vestido para ese día.
Ya había anochecido e Inuyasha iba a llevar a su ahora prometida a su casa, cuando al salir de la casa Taisho algunos policías los regresaron adentro.
− ¿Qué pasa?− le pregunto a un policía.
− Han desaparecido esta vez cinco mujeres, lo sentimos pero nadie sale de sus casas.− Inuyasha asintió y volvió adentro con Kagome.
− ¿Qué olvidaron?− pregunto la madre del chico, pero al ver la cara de preocupación de ambos espero a que le contestarán.
− Nada, ahora cinco chicas desaparecieron y nadie puede salir de sus casas.− fue Kagome quien respondió, pues Inuyasha se había acercado a ver por la ventana.
− Llamaré a tus padres para decirles.
− Muchas gracias.
− Seguirán desapareciendo si Naraku no llama a la ciudad, ¿acaso espera a que desaparezcan todas o el pueblo quede vacio?
− Deberías de tratar de persuadirlo.− sugirió su prometida.
− Trataré pero dudo que me escuche.− se sentía frustrado, aun era un oficial si tuviera un rango mayor ya hubiera ido a obligar a Naraku a buscarlas.
− La cena esta casi lista.− les informo Izayoi para tratar de alivianar un poco el ambiente.
− En seguida vamos... Inuyasha.− le llamó al chico.
− ¿Sabías que en ocasiones quería botar todo y regresar? Pero siempre llegaba una carta tuya y me hacia recapacitar.− Kagome no sabía a qué venía eso de pronto, pero si se calmaba le seguiría la plática.
− Por eso lo hacía.− paso sus manos por la espalda del chico para relajarlo.− Te conozco Inuyasha, se lo imprudente que puedes llegar a ser.− con una mano le tomo una mano y con otra le obligo a verle.− Mañana Sango y Miroku llegan de su viaje.
− Quien diría que ese mujeriego se casaría.− sonrío al recordar que en su adolescencia su amigo cortejaba a toda chica que se le acercaba, hasta que una lo rechazo de inmediato.
− Sango supo controlarlo.
− Fue la única que lo rechazo.− jamás olvidaría su cara cuando ella le dijo que no interesaban chicos como él, hasta ese entonces ninguna le había mando a volar.
− ¿Sabías que tuvieron gemelas?
− ¿Fueron gemelas?− pregunto sorprendido, lo último que supo era que se habían casado y estaban esperando a su primogénito.
− Así es.
− El karma, cuando crezcan y las pretendan lo sacarán de quicio.− pobre de él, ahora lo viviría en carne propia, quería verlo tratando de alejar a todo muchacho como él.
− Sango piensa igual.
Cenaron y luego se fueron a dormir, Kagome durmió en la habitación con Izayoi, ambas sabían que Inuyasha no intentaría nada extraño si se quedaba ella en la habitación de huéspedes, pero Izayoi le prometió a los padres de la chica que no la dejaría dormir sola.
A la mañana siguiente Inuyasha se levanto por el olor a comida, tomo un baño rápido y se alisto para bajar a desayunar. Al entrar al comedor vio a su prometida, a su mejor amigo cargando a dos niñas de dos años aproximadamente y a Sango parada junto a Miroku.
− Pero que sorpresa, tu no pierdes el tiempo ¿verdad?
− ¡Inuyasha!− exclamo la pareja al verlo.
− ¿Cómo va todo?− Miroku dejo a las niñas en el suelo y fue a saludar a su amigo.
− Muy bien.
− ¿Por qué no avisaste que regresabas? abríamos venido antes.− le reprendió Sango.
− Fue de improvisto y no es por mucho tiempo.− les explico.
− ¿Te irás pronto?− pregunto su amigo.
− Sí, pero esta vez no me regreso solo.− camino hasta Kagome y la tomo de la mano.− Nos vamos a casar.
− ¡Felicidades amiga!− Sango se colgó del cuello de su amiga para abrazarla.
− Tendrás que esforzarte más, dos niñas y otro en camino, no me pasarás.− bromeó Miroku.
− ¿Tendrán otro?− preguntaron sorprendidos Inuyasha y Kagome.
− Sí.− contesto Sango mientras se tomaba el vientre.
− Niñas.− le llamo Miroku a su hijas, que estaban escondidas bajo la mesa.− Este es el tío Inuyasha.− lo presento al Inuyasha hincarse para quedar a la altura de la niñas.
Ambas niñas se miraron por un segundo y después lo abrazaron.
− ¡Perrito!− gritaron las dos sorprendiendo a todos
− ¿Qué? No, es Inuyasha.− le corrigió su padre.
− ¡Perrito!
− Es Inuyasha.− les dijo ahora el aludido.
− ¡Perrito, perrito!
− Olvídenlo.− dijo resignado Inuyasha.
Después del desayuno Miroku se acerco a Inuyasha, que miraba a las amigas jugar con las niñas.
− Inuyasha, las chicas tendrán mucho de qué hablar, vamos por unos tragos.
− Sabes que yo...
− Tenemos mucho de qué hablar, vamos, hace mucho que no nos vemos.
Inuyasha termino aceptando, Miroku lo llevo a una taberna, él pidió sake e Inuyasha una soda. Miroku le contaba que había aprendido mucho al lado de Suikotsu, pero en ocasiones debía hacerla de forense, cosa que no le agradaba tanto, pero alguien debía hacerlo.
Miroku se había quedado en el pueblo a estudiar medicina, su maestro era Suikotsu un veterano de guerra y otro compañero InuNo. Inuyasha por otro lado si se había tenido que ir, el único lugar donde podía a llegar a ser un buen inspector como su padre, era en la Ciudad, tal pareciera que era algo que lo traían en la sangre los Taisho, ya que su medio hermano era uno de los jefes más importantes en las fuerzas.
Estaban hablando amenamente de lo que ambos habían hecho en esos cinco años cuando la voz de una mujer los interrumpió.
− Estuve esperándote.
− Nunca dije que iría, dije que trataría, además no dejaron salir de las casas.
− Hoy te invito a cenar.− ofreció al pedir un whisky.
− Lo siento pero no podré.
− Mañana.− sugirió la mujer, no se daría por vencida.
− Kikyou, tienes que saber que yo...
− Regresas y vaya sorpresa muchacho, te nos casas.− les interrumpió un hombre regordete, que se notaba que ya tenía una copas de más, pero lo identifico de inmediato, era Mushin.− Brindemos por tu próxima boda.− alzo su tarro de cerveza y luego se desplomo en la barra.
− ¿Boda?− no podía ser cierto lo que acaba de escuchar.
− Me caso con Kagome.− le dijo al fin.
− Espero sea una buena decisión y no te arrepientas.− con esas palabras salió de la taberna.
− Pobre chica, nunca te ha olvidado.− comento Miroku.
− Nunca me gusto y se caso con Musso, tiene un hijo que no acepta y no lo quiere ¿Crees que así la querría como madre de mis hijos?
− Musso la quería dejar, se obsesiono con otra chica, tiempo después el apareció muerto en los campos de trigo.
− ¿Por quién?− ¿dejarla por alguien más? Si Musso se había casado con ella por ser la más bonita, tenía que admitir que era bonita, pero él prefería a Kagome.
− ¿Seguro no quieres una copa?
− No bebo.− le recordó por millonésima vez en la tarde.
Continuara...
Muchas gracias por los comentarios. Espero nos estemos leyendo pronto.
Saludos.
25/05/2013
