Capítulo 5: Inicio de la investigación.
Inuyasha le pidió a su madre y a Kagome que los dejaran solo, las dos mujeres se fueron, ambas presentían que aquel joven no había venido por la boda y menos con buenas noticias.
− Me caso pasado, antes no voy a ningún lado.− sentencio el chico.
− ¿Reconoces esto?− le mostro una libreta de cuero negro un tanto maltratada, al verla asintió, era la librera que Myoga llevaba a sus casos más importantes.− Él desapareció, todos lo buscan, en cuanto me entere regrese a la ciudad, pase a la casa y me encontré con su libreta, estaba cerca de dar con el culpable, pero no pone nombres, sabes que siempre escribía en código. Tenemos que encontrarlo, se lo debemos.
− Veré si puedo adelantar mi boda.
Su compañero tenía razón le debían eso y más a Myoga, no quisiera tener que hacer eso pero estaba seguro que todos comprenderían.
− ¿Por qué es tan importante casarte? Vi que es bonita pero...
− Cosas raras pasan en este pueblo últimamente y...
− ¿Es por las chicas desaparecidas?− Inuyasha asintió− Eh escuchado rumores ¿te casas para que ella no corra ningún riesgo?
− Sí y no, también me caso porque la amo.− su compañero asintió, esa debía ser la chica por la cual durante esos años sufría de amor y nombraba en sueños "Kagome".
− Sesshoumaru vendrá, ya hable con él.− le informo y espero su reacción, sabía bien que su relación no era, buena.
− Tú le mandaste el telegrama.− afirmo al comprender todo.
− Sí, debía hablar con él, quiera o no, Myoga también fue su maestro.
Inuyasha fue con su compañero a ver a Mushin, le explicaron las cosas y el hombre se comprometió a tener los papeles listos para la mañana siguiente. Al regresar le tuvieron que contar todo a toda la familia y ellos entendieron, Miroku se ofreció a acompañarles, la ayuda de un médico tal vez les haría falta, después aquello a pesar de que todos están de acuerdo con la partida tan pronta el ambiente se había puesto muy denso.
Tal y como lo prometió, Mushin llegó temprano con los papeles, se limitaron a firmar y todo fue muy rápido en menos de cinco minutos Inuyasha y Kagome eran ante las leyes oficialmente marido y mujer.
− Siento aguadar la fiesta pero tenemos que irnos, el tren parte en 20 minutos.− les informo Lang.
− Claro, ¿cuídense mucho si?− le dijo Izayoi a sus hijos.
− Regresa pronto.− le pido Kagome a su ahora esposo.
− Es lo que quiero, en cuanto regresé recuérdame que te debo la noche de bodas.− ambos se sonrieron y se besaron.
− Te amo.
− Yo también te amo.
...
Los cuatro viajaban en el tren hacia el primer pueblo que Myoga visito. Sesshoumaru leía una y otra vez los apuntes de aquella libreta, Inuyasha miraba mapas para encontrar el camino más corto a los pueblos y planeando rutas.
− Así que Lang, dime...− comenzó a decir Miroku para hacerle platica al joven de tez morena, ya se comenzaba a aburrir.
− Lang es mi apellido, mi nombre es Kouga, llámame por mi nombre.
− Kouga, dime de donde se conocen.
− Desde el primer día en la academia, fuimos compañeros de cuarto y somos aprendices de Myoga.
− ¿Alguna idea de lo que está pasando?
− Tal vez se las estén llevando para traficar con ellas.
− ¿Por dónde se empieza? Disculpa pero esto no es mi área.
− Debemos iniciar por el primer pueblo, seguir los mismo pasos, estar en el mismo camino que él siguió, así podremos comprender sus notas con mayor claridad.− explico Kouga.
− Tenemos que bajar en el siguiente pueblo para tomar otro tren, esa ruta es más corta que si seguimos como teníamos planeado.− les informo Inuyasha.
Al cabo de ocho horas llegaron a un pequeño pueblo entre las montañas, donde su principal actividad era la producción de miel. Cuando preguntaron por el inspector Takeda los lugareños los llevaron con el regente del pueblo.
− Sí, esa persona estuvo aquí.
− De qué hablaron exactamente.− pregunto Sesshoumaru.
− Nos pregunto las características de las muchachas, cómo eran los que vinieron por ellas y qué les ofrecían exactamente.
− Por favor díganoslo de nuevo.− pidió Kouga.
El administrador se froto la sien, le costaba hablar de aquello, se sirvió una copa de whisky y comenzó su relato.
− Todas ellas tienen entre 12 y 20 años, solteras y sin compromiso, algunas morenas otras rubias, quieren vinieron eran mujeres de entre 40 y 60 años, tenían pinta de servir para alguien pudiente, les prometieron hogar y trabajo digno, le servirían a una mujer viuda quien solo quería compañía en sus últimos años. A las familias de las que aceptaron les dieron 50 monedas de oro.
− ¿Cuantas se fueron?
− Ocho, ya va para seis meses y no se sabe nada de ellas.− dijo consternado.
Partieron esa misma noche en el tren de media noche, el siguiente pueblo quedaba a cuatro horas. Tres semanas ya habían pasado y en cada lugar era la misma historia, por lo menos ya habían puesto en orden cronológico los pueblos, de acuerdo con los relatos el primer pueblo de donde se llevaron a las muchachas fue hace nueve meses y era el cuarto. Y según sus cuentas eran 76 las muchachas desaparecidas y hasta ahora lo único que tenían en común eran la edad, su estado civil y su nivel de vida.
Al llegar al noveno pueblo el alcalde los recibió y los llevo al ayuntamiento. Al entrar despacho a los que estaban en el lugar y lo mando cerrar.
− Es mejor estar solos, lo que les diré es muy delicado.
− Hable.− ordeno Sesshoumaru.
− Ya sabrán qué tipo de muchachas son y con qué engaños se las llevaron, así que les diré que una de nuestras jovencitas regreso. Cuando se dieron cuenta que no era virgen la mandaron de regreso y ahora está reguardada en este lugar que también es mi casa.
− ¿Podemos hablar con ella?− pidió Kouga
− Claro.
Los llevo a una recamara en la planta alta, el alcalde toco varías veces lo que supuso era una clave, se escucharon abrir varios cerrojos, al entrar las ventanas del cuarto estaban aseguradas con maderas y por dentro ella tenía muchos seguros en la puerta.
− Estos jóvenes te vienen hacer unas preguntas.
− ¿Las mismas que él inspector de la otra vez?− pregunto la mujer que se escondía en la penumbra.
− Queremos que nos digas exactamente que le dijiste.− pidió Inuyasha.
− ¿Por qué?− les pregunto con desconfianza.
− Él desapareció.− dio a conocer Inuyasha.
La joven prendió una linterna de aceite y se sentó en la cama del lugar, la apreciaron mejor, una joven de 18 años ojos azules y cabellera rubia.
− Nos dijeron que la señora a quien serviríamos las quería vírgenes para que no la dejaran, nos revisaron a una por una, cuando vieron que ya no lo era me miraron con asco y miedo, murmuraban algo sobre si me llevaban estarían en problemas, les dije que perdí a mi hijo y necesitaba el empleo, que ya no tenía porque volver al pueblo, estaba sola. Me dieron cinco monedas de oro para que me regresara. Durante todo el trayecto teníamos los ojos cubiertos.
− No querían que se aprendieran el camino.− especulo Kouga.
− El señor que vino antes me pidió que recordará si escuche agua como un río o cascada, pero nada de eso logré oír.
− Quería tratar de ubicar el lugar, al sur hay una cascada y al oeste un rio.− les dijo Inuyasha, quien sostenía unos mapas de la zona.
− Pero si sentí vías y olor a pólvora.
− A 30 kilómetros sobre la montaña hay una mina de carbón.− señalo en el mapa el menor Taisho.
− Usan pólvora para abrir paso.− les dijo Miroku.
− Otra cosa, ¿hace cuanto fue eso?− pregunto Sesshoumaru.
− Poco más de un año.− contesto el alcalde.
− ¿Por qué fecha exactamente?
− Septiembre, mediados de septiembre del año pasado.
− Muchas gracias.
Salieron del lugar y se fueron a una taberna, tenían que ver hacia donde se dirigirían ahora y a recapitular sobre el avance que tenían.
− El primer pueblo al que vinieron fue a este.− señalo Kouga.
− Myoga marca una montaña y TNT.− indico Sesshoumaru.− ¿El pueblo más cercano desde la mina a cuanto queda?
− A tres días, es la Ciudad y otro poblado al suroeste.
− Aquí dice "Siguiendo el instinto fui al pequeño poblado oculto de los ojos diurnos... El atardecer llego y con el mi llegada a aquel pacifico pueblo" No pueden ser tres días.
− Vamos a la mina y averigüémoslo.− sugirió Miroku.
...
− Kagome, hija.− la mujer se acerco a la chica, llevaba días mirando por la ventana.
− Llevan un mes fuera.
− Volverán.− dijo Izayoi, quien había ido ese día de visita junto con Sara.− Están muy bien entrenados y son cuatro.
− Tengo un mal presentimiento.
− La primera vez que Sesshoumaru tuvo que salir a una investigación estaba igual que tu, pero te aseguro que es pasajero.− dijo Sara.
− Ve a dormir un rato, cuando este la cena te llamaremos.− ella asintió y se dirigió a su cuarto.
Por la noche estaban cenando cuando llamaron a la puerta, la cabeza de la familia fue a atender y al abrir vio Naraku escoltado por otros policías.
− Higurashi Sabato, queda arrestado por el homicidio de Ishida Muso.− dijo con aire superior.
− ¿Qué broma es esta Naraku?
− Teniente Kagewaki.− le corrigió.− Y no es ninguna broma. Se encontraron pruebas y motivos que te señalan como culpable.
Los policías lo sujetaron y esposaron, él no se resistió no había hecho tal cosa. Para ese momento todos los presentes en la casa ya habían ido a ver qué pasaba.
− ¡Sabato!− gritó su esposa y fue esta él.
− ¡Papá!− gritaron ambos hijos.
− Tranquilos no eh hecho nada malo y mucho menos eh matado a alguien.
Continuara...
Como lo prometí, saludos... espero sus opiniones :D
31/05/2013.
Capítulo 6: Arresto, trato y victimas.
− ¿Cómo quiere que este? Mi padre está por morir.− contesto con furiosa, esa mujer solo se había ido a burlar.
− ¿Dejaras morir a tu padre? A mí no me importa que el asesino de Muso este suelto, me hizo un favor, se deshizo de ese bastardo infiel.
− Hola, soy Kagome.− decía mientras se acercaba al pequeño.− ¿Tienes hambre?
− Es por el inspector ¿verdad?− les pregunto un hombre alto y robusto.
− ¿Aun tienen el cuerpo?− quiso saber Miroku.
− ¿Qué mente enferma haría algo así?− se pregunto en voz alta Kouga.
