Capítulo 6: Arresto, trato y victimas.

Se lo llevaron a la comisaría y lo metieron en un cuarto de interrogatorio, lo sentaron en una silla con una mesa en frente, todo estaba oscuro, solo una lámpara sobre su cabeza alumbraba el lugar donde estaba sentado.

-¿Reconoces esto?- Naraku puso sobre la mesa un pañuelo blanco con las unciales "H.S." bordadas en el.- Son tus iniciales Sabato, el cuerpo lo tenía.

-Cualquiera pudo bordarlo y esos pañuelos mi mujer los compra ya hechos, solo los borda, son fáciles de hacer y conseguir.- dijo restándole importaría.- Además, todos sabían del problema con mi hija, cualquiera pudo aprovechar la situación.

-¿Y esto?- dijo al ahora poner parte de una bala y un casquillo de plata sobre la mesa.- Es única.

¡Claro que era única! Formaba parte de un estuche de arma que le dieron cuando se retiro de la milicia, cada juego era personalizado.

-No es posible, lo tengo bajo llave.

-Le pediré a tu esposa que revise y si no está completo, porque imagino que jamás la has usado.- exacto debía estar el juego intacto, pensaba confiado Sabato.- Quedarás bajo arresto y llevado a la silla eléctrica.

Naraku salió de la sala y fue a casa de los Higurashi, al llegar le pidió a la señora Higurashi le mostrará aquel juego y le explico el motivo.

-Lo guarda bajo llave, acompáñenme.- abrió con manos temblorosas la caja fuerte donde estaba el arma, la culpa era de la angustia y nervios que sentía, pero se tranquilizo, su esposo no había matado a Muso.

-Ábrala.- ordeno Naraku al ella poner sobre la mesa la caja.- No está.- dijo al ver que hacía falta una bala.- Espero esté lista para quedar viuda.

En cuanto salió de la casa ella se desmayo en el suelo, Kagome y Souta le fueron a ayudar, todo debía ser un error, Kagome reviso de nuevo la caja pero no estaba una bala.

Cuando su madre recupero la conciencia, fueron para tratar de ver a Sabato, pero Naraku les dijo que a los condenados a muerte no podían tener visitar hasta una hora antes y que si querían verlo estuvieran a las diez de la mañana del día siguiente.

Nadie durmió esa noche, Izayoi y Sara nuevamente les acompañaron, no sabía qué hacer, Sabato era inocente ¿Pero cómo probarlo? El amanecer llegó y con ello se acercaba cada vez más la hora, dando las nueve fueron a la comisaría y tal como dijo Naraku a las diez los dejaron pasar, la madre de Kagome estuvo a punto de desmayarse de nuevo, después de eso nadie sabía que decir, un momento estaban todos conviviendo felizmente y al siguiente en una situación de muerte, pasados quince minutos les ordenaron salir y esperar afuera, si querían ver la ejecución podían hacerlo o esperar afuera hasta que pudieran recoger el cuerpo. Obviamente aceptaron la segunda opción.

Kagome se levanto y camino por el pasillo de la comisaría, no creía que algo así estuviera pasando, si Inuyasha y los otros estuvieran sabrían que hacer.

-¿Cómo estás?- le saludo una dama muy bien vestida.

-¿Cómo quiere que este? Mi padre está por morir.- contesto furiosa, esa mujer solo se había ido a burlar.

-No te enojes, vengo a ofrecerte un trato.

-No tengo nada que hablar usted señora Ichida.-trato de despacharla lo más gentilmente posible.

-Si te vienes hacer cargo del niño retiro la acusación.- ante eso Kagome abrió los ojos sorprendida.- Tu padre queda libre, pero trabajaras para mí por el resto de tu vida.

-Estoy casada.- le recordó y dijo por inercia.

-¿Dejaras morir a tu padre? A mí no me importa que el asesino de Muso este suelto, me hizo un favor, se deshizo de ese bastardo infiel. Te quedan pocos minutos.- añadió al ver que el reloj marcaba las once menos diez.

Sabato esperaba que dieran la orden para que activaran la palanca que lo mandaría al otro mundo, segundos faltaban para las once, cerró los ojos y trato de calmarse, había vivido una vida plena y feliz, cuando las campanas sonaron anunciando las once espero el choque, pero nada, abrió los ojos los oficiales le estaban quitando las correas. Naraku le ayudo a levantarse y lo saco, pensó que su yerno los había detenido, pero al salir solo vio a su esposa, hijo, a Izayoi, Sara, Kaede y Totosai.

-¿Kagome?- temía preguntar, la cara de todos era de preocupación y miedo.

-Ella se fue con Kikyou, quito los cargos a cambio de que Kagome se fuera a su castillo.

-¡Qué ella hizo que!- salió a toda prisa de la estación, prefería morir a ver a su hija en ese lugar.

-No pudimos detenerla, cuando nos dijo ya había hecho el trato.- le dijo su esposa.

-Debemos ir por Inuyasha.- dijo al borde del llanto.

-No sabemos donde estén ahora exactamente, solo nos queda rogar a Buda por que este bien.

En todo el trayecto al castillo Ishida ninguna de las dos mujeres dijo algo, al llegar los sirvientes les fueron abriendo las puertas, Kikyou la condujo por escalera tras escalera, puerta tras puerta, el lugar era enorme, más de lo que se imagino. Caminaron por un largo pasillo que estaba totalmente oscuro, la única luz era la de las lámparas que sostenían las mucamas, Kikyou saco de su escote una llave y abría la única puerta del corredor.

Al entrar a la habitación, esta era tan grande como una casa de un piso, las cortinas estaban cerradas y lámparas de aceite alumbraban el lugar.

-Niño, te presento a tu nueva niñera.- dijo Kikyou al entrar, la forma en que lo dijo enfado a Kagome, en su tono de voz no mostraba ternura alguna, sino indiferencia y rencor.

De entre las sombras un niño de cinco a seis años se asomo.

-Hola.- le saludo Kagome.

-Vivirás en la habitación con el niño, hay otra continua para ti.- le señalo otra puerta que había en el lugar, al principio pensó que era un closet.- No te separaras de él, desde ahora vestirás esto.- una mucama dejo un vestido negro sobre una silla.- Más tarde vendrán por lo que traes puesto. Todo lo necesario esta aquí, una cocina, baño, lavabo, no hay necesidad de salir a otro lugar. La comida se te subirá por este elevador, los desperdicios los hechas aquí.- decía mientras señalaba las pequeñas puertas en la pared.- ¿Alguna duda?- Kagome negó.- Bien, espero te acostumbres pronto.- Kikyou salió del cuarto seguida por las mucamas y cerró la puerta.

-Hola, soy Kagome.- decía mientras se acercaba al pequeño.- ¿Tienes hambre?

-No eres como las otras.

-¿Las otras?

-Ellas se corrían a encerrar a su cuarto cuando ella se iba. Cuando venían por sus ropas y ellas estaban encerradas, se las llevaban, jamás las volví a ver.

-Yo no te dejaré.- se hincó para quedar a su altura y lo vio mejor, el pequeño tenía el cabello negro y los ojos verdes.

-Lo prometes.- se le acercó y ella le acaricio la cara.

-Te voy a cuidar desde ahora, es una promesa.- y efectivamente eso haría, ese niño no merecía estar encerrado en un lugar así, el tenía que tener el amor de una madre.- ¿Cómo te llamas?

-Shippou.

...

Los muchachos al llegar a la mina no vieron nada extraño, tal vez no había nada y solo perdieron el tiempo.

-Aquí no hay nada y la mina está cerrada, la madera es vieja no hay signos de que fuera cambiada reciente.- le dijo Kouga después de examinar la entrada.

-Tampoco se ve algún pueblo.- comento Miroku al bajar de un árbol.

-Acampemos aquí, regresamos por la mañana.- les informo Sesshoumaru.

-¿Qué es lo que sigue?- pregunto Miroku.

-Ir a donde se dieron cuenta de su desaparición.- contestó Kouga.

-El pueblo queda a una semana.- les dijo Inuyasha después de calcular los tiempos.

-¿Cómo es que desde este punto llegó a ese lugar en cuatro días?- se cuestiono Miroku.

-Aquí jamás menciona el pueblo en donde desapareció.- dijo Sesshoumaru al ojear de nuevo la pequeña libreta.

-¿Entonces? Algo raro está pasando, hay algo más en este caso.- comento Inuyasha.

-Si hay un pueblo.

-¿Cómo dices Miroku?- pregunto Inuyasha.

-Hasta que llega la noche se ve.- dijo Kouga al ver humo y luces, propias de un poblado.

-"Oculto de los ojos diurnos"- citó Miroku.

-Al amanecer iremos, apréndete bien la ubicación hermanito.

Antes del atardecer del siguiente día estaban entrando al pueblo, todos los miraban con miedo y desconfianza. No los culpaban, un pueblo apartado en la mitad de quien sabe dónde, no debía tener muchos visitantes.

-Buenas tardes, disculpe pero buscamos a alguien.- le pregunto Kouga a un hombre.

-No venimos con malas intenciones.- aclaró Miroku.

-Es por el inspector ¿verdad?- les pregunto un hombre alto y robusto.

-Así es señor.

-Soy el alcalde Nobunaga, síganme.- comenzó a caminar rápidamente y los llevo a una humilde casa.- Tomen asiento.- les ofreció al llegar.

-¿Sabe donde esta?- pregunto Inuyasha refiriéndose a Myoga.

-No, les diré lo que paso antes, durante y después de su llegada. Él dijo que si dos jóvenes de ojos miel y uno de ojos celestes venían.- miró a los Taisho y luego a Kouga.- Era que algo malo le había pasado y que les ayudáramos, pero jamás mención a un cuarto.- agregó al ver a Miroku.

-Es amigo nuestro, nos está ayudando.- aclaro Inuyasha.

-Le escuchamos.- le alentó a iniciar con su relato Kouga.

-Este pueblo siempre ha sido un lugar tranquilo, vivimos sin molestar a otros, un día unas mujeres vinieron y le ofrecieron a nuestras jovencitas trabajo, trabajarían para una mujer viuda, nadie acepto, tal vez no vivamos de la mejor manera pero no nos falta comida, vivienda y vestido. Siguieron insistiendo por casi cuatro días, se iban y regresaban al atardecer, pero especialmente le insistían a una joven de 21 años, tez clara, mirada café y cabellera negra.- ante aquellas palabras por la mente de Inuyasha paso la imagen de su esposa y sintió un frío recorrer todo su cuerpo.- Una noche antes de la llegada del inspector, jinetes de negro invadieron el pueblo.- de nuevo ese mal presentimiento invadió a Inuyasha.- Quemaron casas y los establos, después de la confusión nos dimos cuenta de los muertos, hubo seis muertes y la muchacha ya no estaba, la buscamos por todos lados, pero nada. A la llegada del inspector él nos ayudo, logramos encontrar sus zapatos al medio día de su llegada fuimos rio arriba y la encontramos.- la voz se le corto, cosa que no paso desapercibida por presentes.

-¿Qué paso?- cuestiono Inuyasha, que a esas alturas era el más afectado.

-La desangraron.

-¿Cómo dice?- pregunto incrédulo Miroku.

-No tenía sangre, la desangraron como a un animal, mismo método.

-¿Aun tienen el cuerpo?- quiso saber Miroku.

-No, fue incinerado. Pero ayer, ayer encontramos otro.

-¿Podemos verlo? Soy médico.

-Los llevo a nuestra morgue.- le levanto y los guío a fuera de su casa, atravesaron el pueblo y llegaron a una construcción cerca del cementerio. El médico del lugar los guío hasta donde el cadáver, Miroku entro con su colega a la sala y los demás se quedaron haciendo preguntas al alcalde.

-¿Qué hizo el inspector con el cuerpo anterior?- pregunto Miroku, para darse una idea de lo que debía buscar.

-Él solo reviso el cuerpo, yo no pude hacerlo, conocía a la chica y a esta no la conozco, no es del pueblo, pero no me atrevo, me recuerda a la anterior.

-No se preocupe, yo me encargo.

-Al terminar nos pregunto si alguien odiaba a la chica, porque presentaba heridas hechas con odio y que no había sido un simple homicidio.

-Gracias.- el otro médico salió y Miroku se quedo solo, a los pocos minutos los otros entraron.

-¿Todo bien?- le pregunto Inuyasha al ver que se había quedado sin hacer nada por un rato.

-Tampoco tiene sangre, las heridas que tiene indican que se desangro lentamente, pero...

-¿Pero qué?- pregunto su amigo desesperado.

-No era la primera vez que le sacaban sangre, esta fue la última mas no la primera.

-¿Qué mente enferma haría algo así?- se pregunto en voz alta Kouga.

-Hay otra cosa, su cabello no era de ese color, se lo tiñeron de negro.

-¿De qué color son los ojos?- pregunto al borde los nervios Inuyasha, otra chica que podía coincidir con la descripción de su esposa.

-Verdes.- eso tranquilizo solo un poco a Inuyasha.- Ella fue violada poco antes de morir y...

-¿Qué más Miroku? Dilo todo.- le animo Kouga.

-Es tan asqueroso.

-¡Miroku!- le gritó Sesshoumaru.

-Aun muerta abusaron de ella.

Todos quedaron en shock, no estaban delante de una serie de desapariciones y asesinatos comunes, estos eran muy bien planeados, implicaban tortura, sadismo y necrofilia. Además debía implicar a alguien importante como para haberse atrevido a secuestrar a Myoga.

Continuara...

Aquí el fin de otro capítulo ¿qué les pareció? Gracias por los mensajes, followers y favoritos.

06/06/2013


07 Preguntas

-Los caballos.- las palabras del pequeño la sacaron de sus pensamientos.- Hay que apagar todo.

-¿Qué es eso?- pregunto señalando un collar que traía y había salido de su vestido.

-Jamás había venido alguien casada.

-¿Si tuvieras oportunidad me dejarías?- Kagome abrazó más al pequeño.

-No buscó algo en sus cosas.- dijo al llegar al piso de arriba.

-Buscaba algo en tus cosas.- abrió la habitación de Inuyasha y estaba todo desordenado.