Capítulo 8: Atando Cabos.

− ¡Pero qué demonios!− todo estaba fuera de lugar.

− Revisa algo que te falte y que él tuviera conocimiento de que lo tienes.− mando Sesshoumaru.

− ¿Qué voy a tener que le sirva?− su hermano lo amenazo con la mirada.− Bien, bien, ya busco.− se dirigía a su armario, si ordenaba todo sabría que faltaba.− Solo perdemos el tiem...

− ¿Qué pasa?− indago su hermano al ver que se calló.

− No están las cartas de Kikyou.

− ¿Por qué guardabas cartas de ella? Espera, ¿Por qué recibías sus cartas?− cuestiono Miroku.

− ¡No lo sé! Jamás las leí, las tenía por si algún día me entraba la gana de leerlas.

− ¿Qué más falta?− le interrumpió Sesshoumaru, lo importante era saber todo lo que faltaba y no el porqué aquella mujer le escriba a Inuyasha.

− Tomo un mapa del pueblo.− era un rollo grande fácil de ver y no lo encontraba.

− ¿Creen que las desapariciones estén ligadas?− todos voltearon a ver a Kouga que estaba acostado en la cama.− Las desapariciones que se dieron en su pueblo con las de los otros.− se explicó mejor.

− Todo indica que sí.− contesto Sesshoumaru.

− ¿Ahora qué te pasa?− pregunto Kouga al Inuyasha pasar casi sobre él.

Todos lo vieron ir a su mesa de noche que estaba ahora sin cajón, para después revolver todo lo del piso, como buscando algo, revolvía y buscaba por todo el desastre, debía ser algo importante por su clara desesperación.

− No está ¡Maldita sea no está!− comenzó a exclamar furioso.

− ¿Qué no está?− pregunto Miroku.

− La puse aquí, estoy seguro de que la puse aquí.− decía al recoger un libro y abrirlo, lo ojeaba una y otra vez.

− ¡Inuyasha!− gritó Kouga.

− Tengo que irme.− corrió a la puerta pero antes de cruzarla su hermano lo tomo de los hombros y lo estampo en la pared.

− ¡Cálmate y dinos que pasa!− le ordeno, no era momento para entrar en pánico.

− La foto de Kagome que guardaba en el reglamento de la academia no está.− le explico enfadado y forcejeando con su hermano, pero esté le hizo una llave y lo dejo de cara al piso.

− ¡Explica todo de una vez!

− Las chicas que desaparecieron y reaparecieron, le guardaban cierto parecido a Kagome, si no eran morenas les teñían el cabello y aquella chica que fue mutilada con más saña era la más parecida naturalmente, pero también se parecen a Kikyou. Antes de irme le hable a Myoga sobre Kagome, le mostré una foto y de mis intensiones de casarme con ella, en cierta ocasión me pregunto por las cartas de Kikyou y también le hable sobre ella.

− Cálmate y pon en orden tu teoría.− sugirió Miroku a su amigo a ver que Sesshoumaru no le soltaba e incluso afianzaba más su agarre.

− Es probable que el asesino quisiera a Kikyou pero ella se caso y se enfoco en Kagome, al no encontrar valor de acercarse a Kagome, comenzó a matar sustitutas. Quiere que le pertenezcan por completo, por ello que son solteras y vírgenes.

− Ella es tu esposa ya no tratará nada, ella está bien.− trató de calmarlo Miroku.

− ¿Y si solo las quiere vírgenes?− ese pensamiento lo atormentaba, Kagome seguía siendo virgen.

− Regresemos.− les dijo Sesshoumaru, libero a su hermano de su agarre y salió de la habitación.

...

Llevaban apenas un ahora de viaje e Inuyasha estaba como perro enjaulado, por lo que entre Kouga y Sesshoumaru lo sujetaron para que Miroku pudiera sedarlo, lo menos que quería era hacerle eso a su amigo, pero lo necesitaba, aun quedaban horas de viaje, así que lo sedo para que durmiera por 4 horas mínimo.

− ¿Qué pasa?− pregunto Sesshoumaru a los dos chicos frente a él, llevaban rato murmurando.− Esta durmiendo, lo sedaste bien ¿no?.− Miroku asintió.− Entonces hablen.

− Miroku me conto sobre la otra mujer y los hechos que la han rodeado, esos hechos y las fechas de algunas desapariciones coinciden.

− Se más explicito.

− En Septiembre de hace un año Muso acoso a Kagome y fue la primer muerte, Noviembre del mismo año murió Muso y fue cuando se llevaron a las chicas del cuarto pueblo y dejaron a una. Cuando Inuyasha regreso secuestraron a unas, cuando no fue a la fiesta fueron las cinco chicas. Durante el periodo que paso entre el la muerte de Muso y la llegada de Inuyasha siguieron los secuestros, pero a intervalos de tiempo mayores.− termino de explicar Kouga.

− La señora Ishida le guarda mucho rencor a Kagome.− aclaró Miroku.

− ¿Y si fue una trampa la invitación y Myoga cayó?− se preocupo Kouga.

− Lo dudo, lo más probable es que al llegar atara cabos.

− Kagome está a salvo ¿verdad?− Miroku estaba preocupado, no solo por ella, sino también por su amigo, si algo malo le pasaba a su esposa en su ausencia jamás se lo perdonaría y no quería imaginar si llegaba a perder la cordura.

− Siempre y cuando las quiera solteras y puras, pero no lo creo.− los dos jóvenes frente a él le miraron interrogantes.− Myoga fue el señuelo para que todos dejáramos el pueblo, al enterarnos de su desaparición nos sentimos forzados a ir en su búsqueda, Inuyasha se vio obligado a adelantar su boda, saltándose y posponiendo su noche de bodas. Su objetivo siempre fue Kagome, solo las busca vírgenes, buscándolas solteras se aseguran que muchas lo sean.− les dio a conocer su teoría Sesshoumaru.

− ¿Qué crees que nos encontremos al llegar?− quiso saber Miroku.

− Solo malas noticias.

− ¿Solo las buscó para matarlas?− cuestiono ahora Kouga.

− Sé que hay algo más, pero tengo que ir a casa y buscar unos libros de mi padre.− tenía algunas sospechas, pero eran demasiado descabelladas.

− Kagome estuvo sola mucho tiempo, hubiera sido fácil secuestrarla y matarla, sin necesidad de todas las demás chicas.− Miroku lo fulmino con la mirada.− No es quisiera que lo hiciera, pero, oportunidades no le habrán faltado y sin un cuerpo no podían culpar a nadie.

− Si algo malo le paso, necesitaremos más sedante para detener a Inuyasha.− trató de bromear Miroku para mitigar el ambiente.

− No creo que eso funcione.− comento Sesshoumaru al voltear a ver dormir a su hermano.

...

En la casa Higurashi estaban desayunando en silencio, solo el sonido de los cubiertos golpear la vajilla se escuchaba en el comedor, desde que Kagome ya no estaba nadie decía nada, el ambiente se había vuelto lúgubre, el padre de la chica intento varías veces hablar con Kikyou pero nunca lo recibía y nadie le decía si su hija estaba bien. Pero ese día a mitad de desayuno varios pasos atravesaban el pasillo alarmando a todos, cuando la puerta se abrió y vieron a un joven de ojos miel, respiraron tranquilos.

Inuyasha entro a toda prisa a la casa, desde que bajaron del tren corrió en dirección a casa de ella, Kouga le siguió mientras Sesshoumaru y Miroku iban a la casa Taisho, ambos tenían familia que ver. Inuyasha llegó en tiempo record, ya quería ver a Kagome, saber que estaba bien, abrazarla y besarla como si no hubiera mañana, entro a la casa sin permiso alguno y atravesó el pasillo al comedor, al abrir la puerta su corazón se detuvo, Kagome no estaba con ellos, el ambiente era tétrico, Sonomi vestía de negro algo nada propio de ella, Sabato tenía grandes ojeras y Souta no tenía esa chispa propia del joven.

− ¿Kagome?− pregunto en un hilo de voz.

− Inuyasha.− murmuro Sonomi.

− ¿Dónde está?

− Ella, pues ella está en...− trataba de decir su suegro, pero no encontraba las palabras, se habían quedado atoradas en su garganta.

− ¿En la casa hogar?

¡Claro! Cuidando a los niños de la casa hogar, tal vez se quedo esa noche allá, por eso no estaba en su casa.

− No, veras ella...− trato de proseguir Sabato.

− Con mi madre ¿verdad?

Por supuesto, estaba acompañando a su ahora suegra.

− No muchacho, ella está en el castillo Ishida.

Se quedo pálido, eso era imposible, por mucho que le preocupara el hijo de aquella mujer no hubiera aceptado así por así ¿O sí?

− ¿Qué hace allá?

− Siéntate, ahora te explico todo, usted también joven.− le ofreció a Kouga.

A grandes rasgos explico todo, desde su arresto, su condena, hasta el trato que Kagome había hecho con Kikyou, también el hecho que no le quisieran dar cuenta de su hija. Sabato miraba expectante a Inuyasha, durante todo el relato no dijo nada.

− Por lo menos está bien.− dijo Kouga al ver que su compañero no decía nada.

− Ahora mismo voy por ella.− se levanto y fue a la salida seguido por Kouga y Sabato.

− Deberías decirle antes a tu hermano.− sugirió Kouga.− Él tiene mayor rango que Naraku, quieras o no, él sabrá que hacer.− trataba de persuadirlo, sabía lo impulsivo que podía llegar hacer.− Piensa bien las cosas y en las consecuencias que traería el ir tan acelerado como andas.

Al final lo pudo convencer, al llegar a la casa Taisho, Miroku y Sesshoumaru ya estaban al tanto de lo que pasaba, y estaban agradecidos que Kouga no lo hubiera dejado ir.

− Antes de ir por ella debemos tener pruebas para que no condenen a su padre.

− ¿Cuánto tiempo llevará?

− No lo sé, tenemos el caso de Myoga y ahora esto.− meditaba Sesshoumaru.

− Ella no debe estar allá, no confió en esa mujer.

− Por la mañana iremos con Suikotsu para que nos dé el informe de la muerte de Muso, si es necesario lo exhumamos.− explicaba con calma.

− Necesitas el permiso de la viuda.

− No si tenemos una orden, también necesitaremos las supuestas pruebas que tiene Naraku.− agregó Kouga.

− Lo que puedes hacer es preguntar por ella.− sugirió su hermano.− No le exijas que la suelte, si lo hace, su padre de inmediato va a la silla eléctrica.− le advirtió.

− Voy con él.− se ofreció Miroku.

− No dejes que haga una tontería.− pidió Sesshoumaru, lo menos que quería era empeorar las cosas.

...

En el castillo Ishida, Kikyou cepillaba por millonésima vez su largo cabello ébano, ya se había puesto color en las mejillas y labios, un rojo carmín. Estaba amarrando su cabello cuando Tsubaki entro a sus aposentos.

− Kikyou, Inuyasha está en la puerta.− de inmediato la aludida volteo, no se esperaba que ya hubiera llegado.

− No hay que hacerlo esperar.− se levanto con una enorme sonrisa.− ¿Cómo luzco?− pregunto mientras daba un giro luciendo su vestido rojo escarlata.

− Radiante.− Tsubaki la siguió hacia las escaleras.− Sabes que vino por ella ¿no?

− ¿Por qué lo arruinas? Sabes que no se la llevará y si la busca no la encontrará.− contesto confiada.

Al bajar las escaleras lo vio esperando en el recibidor, se veía tan galante y varonil con aquella ropa de la ciudad, en verdad que la lucia, no era como los otros hombres que venían a verla. Lo único que no le gusto fue que su amigo también estuviera allí.

− ¡Inuyasha cariño! Cuanto tiempo sin verte.

− Buenas tardes.− le contesto secamente, odiaba que le hablara con tanta confianza.

− ¿Dónde te metiste?

− En muchos lugares.

− ¿Quieres algo de tomar? Vamos a los jardines.− le tomo la mano pero de inmediato él la aparto.

− No, yo quiero saber...

− Lo sé, lo sé.− le interrumpió, esa mocosa a pesar de que no se vieron en años había conseguido casarse con él, lo tenía embrujado, completamente cegado y ella se encargaría de quitarle la venda de los ojos.− Pero compraderas que ella y yo tenemos un trato.

− ¿Cómo está?− le pregunto lo más calmado posible, quería apartarla y correr por todo ese lugar hasta encontrarla.

− No se queja.− Inuyasha apretó sus puños, eso no decía si estaba bien o no. Podía estar pasándola horrores y ella no diría nada para que no le fuera peor.

− ¿Puedo verla?

− No.− le contesto cortante, no dejaría que la viera.

− Es mi esposa.− dijo como si con aquello esa mujer reaccionara y le permitiera verla.

− Es mi criada ahora y si mal no recuerdo tu matrimonio no está consumado.− respondió a la defensiva.

− Por la ley es mi mujer.− a esa mujer que le importaba si no lo habían consumado, la ley decía que ella era suya y él de ella.

− La ley, somos un pueblo tradicionalista.− sabía que para algunos lugareños valía más una ceremonia religiosa y la consumación.− La ley no me importa.

− Solo un momento.− pido al tomar aire, aquella mujer lo sacaba de quicio.

− Lo siento pero si es todo, tengo cosas que hacer.− se dio media vuelta y entro a una habitación.

− Vámonos.− le detuvo Miroku al ver que ya iba tras la mujer.− Si lo que quieres es ir a buscarla no te dejaré, este lugar es muy grande y quien sabe que tantos pasillos o pasajes habrá.

Continuara...

Muchas gracias a quienes leen y siguen esta y mis otras historias.

Que hayan disfrutado del capítulo.

Saludos.

18/06/2013


Capítulo 9: Rencor y Sangre.

-¡No! no se la lleve.- corrió hacia su madre.

-¡No me llames así!

-No le pegue.- le suplico a Kikyou.

-¡Es maravilloso! Mira es más blanca y suave.- extendió su mano a su amiga y ella la acaricio.

-Entonces tenemos que sacarla de allí.