Capítulo 12: Escape y Preparativos.

Kagome cerró la boca y los ojos fuertemente, el sujeto la mantenía inmovilizada del cabello y le dolía, pero ella se resistiría hasta el final, sintió un pedazo de carne rozar su mejilla, sintiendo de inmediato asco, pero de pronto fue jalada lejos del hombre. Tsubaki estaba a su espalda y Kikyou había golpeado al hombre.

− ¡Mukotsu ella no!− le grito colérica Kikyou.− Será ella la estrella mañana por la noche.

El sujeto le miro con miedo, se alejo de ellas y fue a tomar a otra chica. Kagome estaba aliviada ya que por ahora se había salvado, pero no podía evitar sentir pena por la otra muchacha, además de que le inquietaban las palabras de Kikyou.

¿Qué tenían pensado hacer con ella?

− ¡Ah!− grito de dolor Kagome.

Estaba tan sumida en sus pensamientos que no se percato que Tsubaki le tomo la mano hasta que un dolor se presento en la palma de su mano. Le había cortado, era una herida considerablemente grande. La jalo e hizo que se arrodillara junto a Kikyou, quien se encontraba de nuevo sobre aquel hombre.

− Beba mi señora.

De inmediato Kikyou le tomo la mano y bebió la sangre que brotaba de esa herida.

− Ya llévensela.− ordeno y Kagome fue sacada a rastras.

Su mano le dolía y la sangre no terminaba de salir, algo le decía que no le quedaba mucho tiempo de vida, solo hubiera querido ver una vez más a Inuyasha. Pero estaba segura de dos cosas, primero debía decirle a Shippou que se tenía que ir de ese lugar y segundo escribirle una carta a su esposo para que él cuidase a Shippou y no se culpase de lo que le pasase a ella.

Al entrar a su habitación arranco un trozo de tela de su vestido y vendo su mano, cosa que no paso desapercibida por el niño.

− ¡Tu mano está sangrando!− grito alarmando.

− Escúchame.− lo tomo de los hombros y le obligo a verla.− Mañana debes irte de aquí.

− ¡Qué!

− Cuando me lleven debes irte por la puerta donde arrojamos la ropa o los desperdicios.

− Pero...

¿Por qué ella quería que hiciera eso?

− Eres pequeño, nadie te notará.

− Me da miedo la oscuridad y a quedarme encerrado, no quiero.− se reusaba Shippou al sujetarse más fuerte de la chica.

Kagome sabía de los miedos del niño, pero debía ser valiente, solo así podría salir de ese horrible lugar.

− Por favor, tienes que hacerlo Shippou.− lo abrazo y comenzó a llorar por el miedo, estaba aterrada, quería salir de ese lugar.− Te diré qué camino tomar para que vayas a un lugar seguro. Tienes que hacerlo, tienes que irte de aquí.

− ¿Vas a estar bien?− pregunto con miedo.

Era apenas un niño, pero sabía que algo muy malo pasaba en esa casa y algo muy malo le hacían a Kagome cada que se iba. Solo esperaba que Inuyasha llegará a salvarlos.

− No lo sé.− le respondió.

...

La mañana llego y a primera hora del día Tsubaki fue por Kagome, ella le dijo a Shippou que aun no se fuera, solo si ella no regresaba para medio día debía irse.

En esta ocasión Tsubaki la llevo a un dormitorio, tal parecía que le pertenecía a Kikyou, ella estaba frente a un tocador, tenía un vestido rojo con muchos holanes negros, sin mencionar el prominente escote.

− Hoy debo lucir radiante, tengo una cita. Necesitaré más sangre.

− ¡Qué!− acababan la noche anterior de cortar su palma.

− No te muevas.− ordeno Tsubaki al ver que la chica escondía sus manos y retrocedía.

− Hoy será el día que caerá a mis pies.− hablaba Kikyou, estaba segura que lo que había conseguido era lo que necesitaba para atrapar en sus redes a Inuyasha.− La mezclas con esta esencia.− sacó de su tocador una botellita con un liquido amarillo.− Le aturdirá tanto la mente que hará lo que le pida, me seguirá como fiel perro.

...

Izayoi miraba preocupada a su hijo que dormía en el sofá de la sala, llevaba ya dos crisis y en ambas lo habían tenido que sostener entre Sesshoumaru, Kouga, Miroku y Totosai.

− ¿Lo sedaron de nuevo?

− Sí, tuve que hacerlo.− respondió Miroku.

− Pobre de mi niño.

− Es por su bien.− no le gustaba hacerle eso a su amigo pero, eso era lo mejor en esas circunstancias.

− Lo sé, solo espero que la traigan con bien.

− Lo haremos.

Por la mañana tocaron a la puerta en la casa Taisho, Totosai abrió y se sorprendió al ver el carruaje de Kikyou, pero quien había tocado era la mujer que siempre le acompañaba.

− Buen día, la ama Ishida invita al joven Taisho a desayunar.

Totosai no sabía cómo despacharla, cuál sería la mejor manera.

− Inuyasha no está en condiciones.− interrumpió Sesshoumaru quien estaba en el jardín esperando a sus superiores.

− Si necesita alistarse, ella esperará.

− No se encuentra bien, él está un poco enfermo.

− ¡Oh!− eso no le agradaría a Kikyou.

− Comprenderá que no es posible que acompañe a su señora.

Tsubaki asintió y fue al carruaje, cuando le informo a Kikyou se puso paranoica, no creía nada de lo que le habían dicho.

− Es lo que me dijo.

− No le creo, no quiere que lo vea, no quiere que estemos juntos.

− ¿A dónde vas?− le pregunto al verla intentar bajar del carruaje.

− Quiero verlo.

− Vayamos por un presente y lo traes.− le sugirió, de esa forma tendrían una excusa para entrar.

− De acuerdo.

Inuyasha despertó desorientado, todo le daba vueltas pero sabía dónde estaba, en la sala de su casa. Se sentó y espero un momento antes de levantarse, inhalaba y exhalaba, parecía que aun seguía un poco sedado, escucho pasos y vio entrar a Sesshoumaru.

− ¿Donde están los superiores?

− No han llegado.

− Dijiste que llegaban hoy a primera hora.− dijo al ver que el reloj de péndulo marcaba las once menos quince.

− Si no llegan a medio día nosotros vamos.

− Amo Inuyasha.− le interrumpió Totosai.− La señora Ishida lo busca.

− Haz que se largue.- ordeno de mala gana.

− Viene con un presente.

− Le dije que estabas enfermo, te vino a invitar a desayunar hace rato.

− No quiero verla.

− Le dije que yo le entregaba el presente, pero quiere verle, no va a dejar de insistir.− le explico Totosai.

− Ve y cógelo.− le aconsejo su hermano.

− ¿Estas demente?

− Si se enfada se puede desquitar con tu esposa.

− Te acompaño.− intervino Kouga, que llevaba tiempo escuchando.

Inuyasha respiro resignado, se levanto y camino a la entrada, no quería verla, se sentía aun mareado y le dolía la cabeza. Al llegar al jardín delantero Kikyou le esperaba, traía un arcón.

− Querido, me dijeron que estabas enfermo.

A Inuyasha estaba por darle un tic nervioso al oírla llamarle "querido".

− Sí, me sentí algo mal en la mañana.

− Te traje esto para que te repongas.− le dijo al mostrarle el arcón, traía frutas, pastas, queso y vino.

− Gracias.− lo tomo y se lo paso a Totosai para que lo metiese a la casa.

− Pero te vez bien, solo un poco desorientado.

− Es por la medicina.

− Entonces ahora podríamos ir a desayunar.

− Será en otro momento, aun no me siento bien como para salir.

− Podemos platicar, tengo algo que decirte.

− Será breve la medicina me da sueño.− camino a una banca y se sentaron, mientras Kouga los veía a una distancia prudente.

− Shippou, él me dijo que le agradaste mucho.− mintió, sabía que si hablaba del niño tendría a Inuyasha entre sus manos.

− Él también a mí.

− Lo note, tienes un don para la paternidad.

− ¿Por qué no le trajo?

− Estaba cansado, se acostó ya tardé, no dejaba de hablar de ti.

El chico solo se limito a escucharla, pero no le creía ni una palabra.

− Tenemos algo sobre Myoga.− intervino Kouga.− Es urgente.− mintió, lo mejor era alejar a su compañero de aquella mujer.

− Me tengo que ir.

− Claro, nos vemos.− lo tomo del brazo y le dio un abrazo, de inmediato noto que aspiraba su aroma.− ¿Sucede algo?

− Ese aroma.− eran jazmines y sakuras, esa mujer olía similar a su Kagome.

− ¿Te gusta?− pregunto feliz, su plan estaba funcionando.

− Sí, es como...

− ¿Qué te parece si mejor vamos a dar un paseo tu y yo?

− Creo que es una extra...

− ¡Inuyasha!− le gritó Kouga al ver que no se apartaba de aquella mujer y ella tenía una sonrisa sombría.

− Claro, Myoga.− sacudió su cabeza y camino hasta Kouga.

− ¿Qué paso hace un momento?

− No lo sé.− en verdad que no lo sabía, de pronto todo se había esfumado y solo existió Kikyou, en definitiva no se volvería a acercar a esa mujer.

Kikyou regreso a su carruaje y en cuanto entro Tsubaki quiso saber que tal había ido todo.

− Ya era mío, pero nos interrumpieron.− exclamo frustrada.

− Descuida estarán ocupados con su mentor como para ir por Kagome.

− Eso espero, porque después de esta noche él será mío.

...

A los pocos minutos de haberse ido Kikyou varios oficiales y superiores llegaron a la casa Taisho.

− Comisionado Tanaka.− saludo Inuyasha, al ver a un hombre de unos sesenta años.

− Tu hermano ya nos informo de todo.

− ¿Qué esperamos a ir?

− Que lleguen los doctores Suikotsu y Miroku.

− Comisionado.− interrumpió un oficial.− Encontramos al inspector Takeda.

− ¿Dónde está?

− En el hospital muy grave, no creen que sobreviva.− la noticia conmociono a todos, pero por cruel que sonase no tenían tiempo para preocuparse por eso.− Lo encontraron flotando en el río. El doctor Suikotsu manda decir que se adelanten, Miroku los ve en el castillo.

− Hagan guardia en el hospital y recorran el río.

− Ya están en eso otros oficiales y capitanes.

− ¿Y el Teniente Kagewaki?

− En interrogatorio, el capitán Kato y el inspector Hanabusa lo realizan.

− Muy bien. Muchachos vamos al castillo Ishida.

...

Kagome y Shippou merendaban tranquilamente, la chica ya le había explicado hecho repasar hacia donde se debía dirigir una vez que saliera del castillo y le dio a guardar su collar junto con una carta, no quería por nada del mundo que Kikyou se lo quitase y quedase. En cuanto escucharon los pasos y el sonar de las llaves guardaron silencio, ambos sabia que ya venían por Kagome.

− Levántate.− le ordeno a Kagome.− Y tu quédate aquí y ni se te ocurra hacer drama.− le advirtió a Shippou.

− Kagome.

− Pórtate bien.− le dio un abrazo y un beso en la mejilla.

− Te quiero mucho.− le dijo el niño con lagrimas en los ojos.

− Yo igual, ojala todo hubiera sido de otra manera.

...

El comisionado toco la gran puerta de entrada al castillo Ishida y no demoraron en abrir. Una mujer desgarbada, ojos ojerosos y de unos cuarenta y tantos, les recibió.

− Deseamos hablar con su señora.

− No está, fue al pueblo desde temprano y no a regresado.

− Tenemos ordenes de entrar e inspeccionar el castillo.

− Pero la señora no está.

− Esta orden nos permite entrar sin su consentimiento.− le mostro el papel pero la mujer no se aparto de la entrada.

− ¿Qué se les ofrece señores?− pregunto una mujer más madura y robusta.

− Le explicaba que tenemos una orden para revisar el castillo, con esta orden no hace falta que este su señora ¿Sería tan amable de mostrarnos el lugar?

− Yo los guío, pero no hay nada malo aquí.− acepto la mujer mayor.

− Eso lo decidiremos nosotros.

En cuanto entraron se dividieron en grupos, debían abarcar el mayor espacio en el menor tiempo posible.

− ¿Dónde está mi esposa?− pregunto Inuyasha a una jovencita que limpiaba el suelo.

− ¿Disculpe?− pregunto temerosa.

− Kagome, Kikyou la trajo.

− Nunca la eh visto, ni escuchado nombrarla.− le respondió.

− ¿Qué te paso en las muñecas?− pregunto Inuyasha al ver que tenía unas cicatrices.

− Un descuido señor.− le inmediato se cubrió la muñeca y levanto sus cosas.

− ¿Te han hecho daño?

− Debo terminar mis deberes, por favor déjeme ir.− le imploro e Inuyasha la dejo marcharse, la joven no le metía, no sabía sobre Kagome, pero algo malo le había sucedido a aquella joven.

...

Poco después de que se llevaran a Kagome, Shippou trataba de armarse de valor y entrar al pequeño ascensor. Debía encontrar al esposo de Kagome y decirle que se la habían llevado. Respiro profundo por millonésima vez y se metió.

Al bajar un poco y pasar por otra puerta, se percato que Tsubaki iba seguida por dos hombres y estos llevaban cargando una enorme caja. Algo le decía que tramaban algo, después que pasaron salió del ascensor y los siguió procurando no ser visto. Los notó detenerse al final de un pasillo, no había puerta o ventana, solo una inmensa figura de hierro de un hombre con cabeza de toro.

Tsubaki toco la figura y está se abrió, para después ellos entrar, cuando la figura se cerró corrió a ver de qué se trataba, intento tocar donde ella pero era pequeño y no alcanzaba, resignado volvió al asesor, se metió de nuevo y siguió su trayecto.

Llego a un lugar que olía mal, muy mal realmente, salía de su "escondite" y camino por el lugar esperando encontrar la salida. Escucho unos pasos y se escondió detrás de una gran caja, se asomo con cuidado, de nuevo era Tsubaki ¿Cómo le había hecho para llegar hasta ese lugar tan rápido? La mujer ahora era seguida por muchas jóvenes que iban llorando, al final otros sujetos de negro las acompañaban. Tsubaki se paro en frente a la chimenea del lugar, le hecho agua a la fogata, apagándola.

Escucho el rechinar de algo pero no podía ver que era y pronto se dio cuenta que al fondo de la chimenea había un pasillo, todos entraron y una vez cerrado una mujer cambio los leños y volvió a encenderla. En cuanto se fue la mujer, Shippou aprovecho para correr fuera del castillo, había visto ya la salida, reconocía el exterior y ya sabía cómo salir, suerte que su padre lo sacaba, solo esperaba encontrar el lugar que le había indicado Kagome.

Continuara...

Bueno hasta aquí, lamento la demora pero me eh entretenido con otras cosas. Deseo que la historia les este gustando, lamentablemente solo le quedan dos capítulos más (si todo va como lo tengo planeado)

Saludos y que estén bien.

04/08/2013