ADVERTENCIA: El contenido del capítulo puede resultar un poco perturbador para algunas personas.


Capitulo 14: Luna Sangrienta.

Kagome estaba presa en una jaula, observaba su alrededor, esté lugar parecía que eran unas mazmorras o un acueducto antiguo, el agua escurría por la paredes que estaban llenas de moho, escuchaba el goteo del agua y el silbar del viento, había varías hogueras y a lo alto en el techo había un traga luz circular, por donde se podía ver una parte del cielo y la luna casi se asomaba por completo.

Le sorprendía la cantidad de gente que había allí ¿Cómo era posible que todos ellos estuvieran involucrados? A muchos los reconocía, el juez que había dictado la sentencia contra su padre, el padrastro de una de las chicas desaparecidas, el abogado de Kikyou, los esposos que atendían la tienda de telas y los hermanos que cultivaban arroz.

− Ya está todo listo, la luna estará en su posición dentro de poco.− le aviso Tsubaki a Kikyou.

− ¿Tienes miedo?− le pregunto Kikyou a Kagome, ella solo se limito a tratar de ignorarla.− No debes tenerlo serás parte de algo grande y vivirás para siempre... en mi.

Los gritos de jovencitas llamaron su atención, volteo a ver que sucedía, los verdugos tenían colgadas a cuatro muchachas sobre una tina, a otras las amarraron contra una pared dejándolas suspendidas.

− Al fin ha llegado el día que tanto hemos esperando, el día en que rejuveneceremos. Hoy no se contengan hay mucho de donde tomar.− dijo Kikyou.

Kagome casi se desmaya, en cuanto Kikyou termino de hablar les cortaron la garganta a las chicas sobre la tina, a las que tenían atadas en las paredes las azotaron y comenzaron a torturarlas, unos hombres jalaron a otros a unas sillas con púas y bajo ella había una tarja que recolectaba su sangre.

Entre los gritos de agonía de las chicas, se escuchaba música, las mujeres y hombres danzaban alrededor de las fogatas, en cuestión de minutos se encontraban copulando en una gran orgia.

− Ya era hora que llegaras.− saludo Kikyou.

− Debía esperar a estar solo para salir.− contesto un hombre.

Kagome de inmediato reconoció aquella voz, era Naraku, el muy infeliz sabía de todo eso y formaba parte de esa retorcida y sucia masacre.

− Elige a quien quieras.− dijo Kikyou.− ¡Menos ella!− le gritó cuando vio que se acercaba a Kagome.− Ya cuando no me sirva la puedes tener.

Naraku hizo un gesto de desagrado y se fue por una chica rubia que estaba encadenada al suelo.

− Ustedes dos.− dijo Kagome con un hilo de voz.

− Eres algo lenta, claro que todo fue planeado. Secuestramos a Myoga y lo mantuvimos vivió hasta hace poco, solo para que Inuyasha se fuera y así poder tenerte.− Kagome le miraba con terror.− El arma de tu padre fue muy simple de sacar, entramos una noche. El herrero ¿lo reconoces? esta por allá con ese hombre.− le señalo Kikyou a una esquina donde dos hombres musculosos estaban copulando.− Nos ayudo abrir la caja fuerte ¡Mukotsu no las mates tan rápido!− le regaño al ver que era la tercera chica que dejaba sin vida y aun no llegaba la medía noche.

− Es muy placentero mientras pierden la vida.− le contesto con una mirada perdida, mientras aun entraba y salía del cuerpo inerte de aquella joven.

− Hay que divertirnos en lo que llega la hora.− le advirtió Kikyou.

Dos hombres llegaron hasta Kikyou, uno de ellos le quito la bata que traía y otro la bañaba con un aceite, de inmediato los tres se comenzaron a dar placer, poco después Tsubaki se les unió. Kikyou era penetrada al mismo tiempo por los dos hombres mientras Tsubaki la besaba y bañaba con la sangre de las chicas.

Kagome trataba de no prestar atención a su entorno, quería que todo eso fuera una horrible pesadilla, trataba de no llorar pero las lagrimas escapaban de sus ojos al recordar a su familia, a Inuyasha, hubiera querido verlo una vez más, desde que le conoció no dejaba de imaginarse una linda familia junto al chico, su sueño era tener un bebé de él, vivir una feliz vida juntos. Ahora todos esos sueños se destrozaban, nadie sabía cómo llegar hasta ese horrible lugar. Estaba segura que Inuyasha la estaba buscando, pero las probabilidades de que llegara a tiempo eran nulas. Miro el tragaluz, la luna ya se veía casi por completo, se sorprendió al darse cuenta que ahora la luna tenía un color rojo, como si también se hubiese bañado de sangre.

La hora que Kikyou había esperado ya había llegado.

− Quítenle la ropa.− ordeno la anfitriona y Tsubaki junto con un hombre abrieron la jaula.

− ¿Qué? No, no, no...− Kagome se jalaba, no quería que la tocasen.− ¡No me toque!− gritaba mientras era arrastrada fuera de la jaula.

− Con tu sangre recobraré mi juventud y como tendré tu esencia, Inuyasha no podrá rechazarme.

− Estás loca, él nunca te haría caso, ya debe de saber la clase de mujer que eres.− le decía con desprecio.

− ¡Te equivocas!− le grito al mismo tiempo que la jalaba y acercaba un cuchillo a la garganta de Kagome, ella cerró los ojos al sentir un hilo de su sangre bajar por su cuello.

Inuyasha.

...

Inuyasha ya se estaba desesperando, seguían bajando escaleras, recorriendo pasillos y revisando cuartos, pero no había señales de nadie.

− Este lugar parece no tener fin.− dijo ya cansado Kouga.

− ¡Aquí!− grito un oficial.

− ¿Qué es esto?− pregunto el comisionado al ver una mancha roja ya seca bajo una silla.

− Sangre.− respondió el oficial.

− Mis sospechas eran correctas.− murmuro Sesshoumaru.

Al escuchar un ruido provenir de otro de los pasillos todos se alertaron, alistaron sus armas y esperaron a que aparecieran.

− No disparen somos nosotros.− dijo el capitán Kato.

− Así que todo está conectado.− dedujo Kouga al ver al grupo que habían dejado en la chimenea.

− Tenemos que encontrarla casi es media noche.− dijo ya desesperado Inuyasha al ver su reloj de bolsillo que marcaba las doce menos diez.

− Busquen cualquier cosa que nos diga donde pueden estar.− ordeno el comisionado y todos se dispersaron.

− ¡Vengan!− llamo Hanabusa que estaba junto a un jarrón.− La sangre se corta, como si atravesara la pared.

− Busquen como abrir ese lugar.− les dijo Sesshoumaru.

Movieron cosas, pero nada pasaba. Inuyasha se quedo viendo las antorchas, todas estaban encendidas menos una que estaba polvosa, se acerco a ella y la jalo, de inmediato la pared se movió.

− Se escucha ruido.− dijo Kouga.

− Vamos, no perdamos tiempo.− dijo el comisionado al escuchar las campanadas que marcaban que en un minuto sería media noche.

...

Kikyou sostenía a Kagome de la barbilla, mientras le cortaba la otra muñeca y bebía su sangre.

− No morirás, tu ahora vivirás en mí, me pasarás tu vida, tu alma.− tomo otra daga la paso entre sus pechos.− Míralo por el lado bueno, aun seguirás al lado de Inuyasha.

− Termina ya, quiero tomar su virtud, mientras respira.− le apresuro Naraku.

− La tendrás con su último aliento.

− Eso espero.− contesto Naraku al pasar su lengua por la espina dorsal de Kagome.

Kagome sentía que sus fuerzas se le iban, su vista era borrosa pero aun sentía las manos de Naraku acariciar su cuerpo, quería quitárselo pero no podía ya moverse, tenía cortadas por muchas partes de su cuerpo, pero no eran tan profundas como las de sus muñecas y palmas.

...

No tardaron mucho en llegar y no fue difícil guiarse gracias a la luz de las fogatas.

− ¿Pero qué es esto?− exclamo sorprendió Hanabusa al ver la gran orgía.

− Apresen a todos.− ordeno tajante el comisionado.

Inuyasha de inmediato corrió por el lugar en busca de su esposa, cuando la vio su sangre le hirvió. Estaba desnuda, cubierta de sangre y Naraku la tenía entre sus brazos.

− ¡Kikyou suéltala! ¡Naraku maldito cerdo pervertido suelta a mi esposa!

Kikyou y Naraku le miraron sorprendidos, no se esperaban que ellos encontraran ese lugar. Sesshoumaru tomo a Naraku y lo esposo, mientras otros oficiales alejaban a Kikyou.

− ¡Kagome! ¡Kagome!− gritaba histérico Inuyasha mientras sostenía entre sus brazos a su esposa.

− Cúbrela con esto.− Sesshoumaru le paso su gabardina y tapo a la chica.

− Sus muñecas.− dijo con miedo, estaban cortadas y ella perdía mucha sangre.

− Le ataré esto.− desgarro su camisa y ató sus muñecas para evitar que se desangrará.− Ya fueron por Suikotsu.

− Debemos llevarla al hospital.

− El ritual se completo, su vida ahora es mía.− les decía Kikyou con una gran sonrisa.

− Llévatela, nosotros nos encargamos.− le dijo Sesshoumaru.

Inuyasha tomo a su esposa y corrió lo más rápido que puedo afuera, la respiración de Kagome era muy débil, sentía como su propia ropa se empapaba con la sangre de ella.

Suspiro aliviado al salir del castillo al ver que Suikotsu y Miroku ya había llegado.

− Por Kami.− exclamo Miroku al ver a Kagome.

− Ayúdela.− le pidió Inuyasha a Suikotsu.

Miroku lo miro con atención, el rostro de Inuyasha estaba bañado en lagrimas y se notaba que estaba en un estado de estrés muy alto.

− Haré todo lo posible pero ya ha perdido mucha sangre, suban al carruaje.− de inmediato Inuyasha subió.− Miroku, ve a ayudar a las otras chicas.

− Resiste Kagome, ya estoy contigo.− le decía Inuyasha.− Por favor no me dejes.− le pedía entre sollozos.

...

La familia de Kagome, la familia Taisho, Sango, Miroku, Kouga, el comisionado Tanaka, Hanabusa y Kato estaban en el hospital esperando noticias de Kagome. Llevaban diez horas en la sala de espera del hospital, a la espera de noticias sobre el estado de Kagome.

− ¿Entonces ese niño no es hijo de Kikyou y Musso?− pregunto curiosa Sango al referirse a Shippou.

− No, su parto se adelanto y nació una niña, como Musso quería un niño lo cambiaron, todo este tiempo le teñían el cabello.− explico Sesshoumaru.

− ¿Qué paso con la niña?− quiso saber Sango.

− Nació con una extraña cualidad, su cabello carecía de color, no es completamente blanco pero...

− Kanna.− murmuro Sara al comprender a su esposo.

− Así es.

Todos guardaron silencio al ver a Suikotsu aproximarse.

− Suikotsu ¿Cómo está?− pregunto Sabato.

− En cuidados intensivos.

− Sobrevivirá ¿verdad?− pregunto Sonomi.

− Las probabilidades están en su contra.

− ¿Qué tanto?− pregunto con miedo Sabato.

− 30% de que se mejore.− contesto con pesar.

− ¿Inuyasha ya lo sabe?− pregunto preocupada Izayoi.

− Sí, ahora está con ella. En lo que a mí respecta ahora todo depende de ella.

− Existe un "pero", Suikotsu dime, es mi hija.− le exigió Sabato.

− Tal parece que los antibióticos no le hacen efecto y su cuerpo ah rechazado las transfusiones de sangre.

Sonomi se dejo caer en el sillón de la sala de espera y empezó a llorar, Sabato y Souta la intentaban consolar.

− Debemos regresar a la ciudad, díganle que se tome el tiempo que necesite.− dijo el comisionado.

− Muchas gracias.− agradeció Izayoi.

...

Inuyasha estaba junto a su esposa, llevaba puesto un traje especial si quería estar junto a ella. Suikotsu le había informado del estado de Kagome, no quería pensar en que podía perderla, no quería pensar en que si lo que había hecho Kikyou hubiera funcionado, no quería pensar que en verdad ahora la vida y alma de Kagome estaban en el cuerpo de Kikyou.

− Kagome debes recuperarte.− le pedía mientras le acariciaba la cara.− Nos iremos de aquí, formaremos una familia juntos. Nunca te lo eh dicho pero quiero ser padre, quiero tener alguien que me llame papá, no me importa si es niño o niña. Pero si fuera niña, quiero que tenga esos hermosos bucles azabaches que tienes.− confeso con una sonrisa.− También debes ponerte bien para que nos podamos ir de luna de miel, recuerda que te debo nuestra noches de bodas.− dijo al darle un peso en la frente.

Miro el reloj y vio que llevaba casi cuarenta horas sin dormir. Se acomodo un poco en la silla sin soltar la mano de Kagome, se estaba quedando dormido cuando el sonido del electrocardiógrafo llamo su atención, el pitido se hizo más rápido y de inmediato pulso el botón de emergencia, en segundos Suikotsu llego y junto con algunas enfermeras trataban de estabilizarla.

Lo apartaron de Kagome y Suikotsu tomo el desfibrilador, tres veces y ella no respondía. Inuyasha se fue haciendo hacia atrás y al topar con la pared se dejo caer al suelo cubriendo sus ojos llorosos con su brazo derecho. Levanto la vista al escuchar un pitido largo, miró la maquina y mostraba una alinea continua, se levanto y camino hasta Suikotsu.

− Lo siento muchacho.− Inuyasha se le quedo viendo no creyéndole, no queriendo creerle.− Te daremos un momento.− dicho esto salió del cuarto seguido por las enfermeras.

Inuyasha contemplo a su esposa y ella parecía que dormía, no podía estar... ella no podía dejarlo...

...

Pues que digo... ojala no me quieran linchar. La buena noticia es que aun falta el epilogo.

Muchas gracias por tomarse un momento y leer la historia, también gracias por los mensajes.

Espero que estén bien y recuerden que sus opiniones son bien recibidas.

17/08/2013