Epilogo.
5 años después.
En una tarde lluviosa de verano, una mujer de cabello castaño caminaba entre lápidas de mármol, cubierta por un paraguas verde, buscaba a cierto cuñado suyo, dio la vuelta a un mausoleo y lo encontró, parado junto a una tumba estaba el menor de los Taisho.
− Fui a la estación y me dijeron que estabas aquí.− dijo al verlo darse la vuelta.
− Vine a dejar flores.− le dijo, sin mucho ánimo.
− Se que a pesar de lo que paso no hablas mucho con Sesshoumaru, no fuiste a su ceremonia cuando lo ascendieron a Inspector.
Después de cerrar el caso, a su Sesshoumaru lo ascendieron, todos fueron incluso Izayoi y los padres de Kagome.
− Pero, en verdad espero que vayan a la fiesta de Rin.− comenzó a decir.− Ella te quiere mucho Inuyasha, la harías muy feliz, para tener cinco años es muy despierta sabe que hay cosas que te perturban.
Rin quería mucho a su tío, la niña cada que lo veía no se separaba de él, cosa que no le hacía mucha gracia a su padre, incluso había días que pedía a gritos que lo llevaran a la estación para verlo.
− Comienza a preguntar cosas como ¿Por qué no te llevas con su padre? ¿Por qué casi no vas de visita? ¿Por qué no has ido a sus cumpleaños?
Inuyasha la escucha, todo lo que decía era verdad, siempre se escusa con ella diciéndole que tuvo mucho trabajo o surgió un caso a última hora.
− Piensa también en Shippou, últimamente no lo sacas mucho que digamos, le vendría bien.− lo inspecciono por un momento, pero su semblante no le decía nada, estaba como perdido.− También vendrán Sango y Miroku con sus gemelas e hijos.
El chico esbozó una leve sonrisa, iban a tener casa llena con esa familia, las revoltosas gemelas de siete años, los niños de cuatro y tres años ¿Qué no iba su amigo a parar de tener hijos? Si en esta ocasión decían que tendrían otro la respuesta era no y si Sango le pedía ayuda para castrarlo no se negaría.
− Debes divertirte y no seguir culpándote por lo que paso, regresa a ser aquel chico vivas que eras. Sessho es cerio pero tú, te estás volviendo de hielo Inuyasha. Izayoi está preocupada por ustedes, hasta está pensando seriamente en venirse a vivir acá.
¿Su madre en la ciudad? Eso no sería bueno para su salud, ella estaba ya acostumbrada a una vida tranquila.
− Me tengo que ir, debo ir por el enano a la escuela.− dijo al ver su reloj.
− Claro, vámonos.
Ambos caminaron a la salida del panteón, hasta el estacionamiento.
− Inuyasha no se te olvide lo que te dije.− le recordó al subir al coche.
− Allí estaré.
− Eso espero o llevaré a Rin para que te saque a rastras de donde estés.− dijo al cerrar la puerta e indicarle al chofer que ya se podían marchar.
Inuyasha llego antes de que tocaran la campana para salir de clases, pensaba en lo que le había dicho Sara, pero era tan difícil olvidar aquello, si tan solo hubieran sido más agiles, rápidos, si no hubiera sido un novato, todo se hubiera dado de diferente manera.
Cuando escucho la campana salió del coche y espero a ver a Shippou, el mocoso ya estaba en cuarto grado y era el mejor de su clase.
− ¡Enano acá!− le llamo al verlo buscarlo.
− Ya no soy tan pequeño.− le reclamo al llegar junto a él.
− Dije enano y ¿Qué quieres de comer?
− Helado.
− Comida coreana será.
− Lo que quiero es comida casera.− dijo harto de estar comiendo desde hace un mes comida para llevar.
− No tengo tiempo de hacerla.
− Pretexto, no sabes cocinar.
− Mañana te demuestro que si se mocoso.
− Eso quiero ver.− le reto.
− Sube al coche.
Llegaron a su casa y dejaron los contenedores de comida en la mesa.
− Ve a cambiarte y a lavarte para comer.− le dijo Inuyasha, y Shippou subió a su recamara.
Enseguida Inuyasha subió las escaleras y entro a su recamara, las cortinas estaban entre abiertas dejando pasar solo un poco de luz, fue a su cómoda dejando sobre ella sus llaves y reloj, su arma la guardo en una gaveta bajo llave. Sobre la cómoda estaba el collar que le dio a Kagome, lo tomo y sostuvo entre sus manos, de inmediato un sentimiento de angustia lo invadió.
Aquel día aun estaba muy presente en su memoria, lo recordaba como si hubiera sido ayer y en más de una ocasión había tenido pesadillas. Apresaron a todos, muchos recibieron perpetua, pero otros como Kikyou, Naraku y sus verdugos pena de muerte.
Varias jóvenes corrieron con suerte de seguir vivas, pero los traumas que vivieron jamás se irían. Por eso los padres de Kagome habían hecho en su casa un lugar para ellas, allí recibirían la ayuda necesaria ¿Y ellos? Bueno, se fueron a la casa Taisho con su madre. Souta ahora se encontraba estudiando psicología criminal ahí en la ciudad y vivía con ellos.
Salió de sus pensamientos al escuchar un pequeño gemido, se volteo y se dirigió a la cuna detrás de él. En la cuna un pequeño ya se habían despertado y lo miraba con sus ojos miel.
− ¿Tenías mucho despierto?− le pregunto e hizo un puchero, ya iba a llorar y lo meció para calmarlo.− No llores ya te cambio.
Con mucho cuidado lo limpio, luego lo llevo hasta su cama donde reposaba su esposa, ella dormía profundamente ¿y cómo no? tenía un mes que su hijo nació y con los desvelos aun no se recuperaba del todo del parto.
Acomodo a su pequeño junto a ella y él se acostó a espaldas de su esposa, la beso en la sien, todavía no se terminaba de creer que ella estuviera junto a él y tuvieran a ese retoño.
Recordaba que Suikotsu le había dado el pésame y lo había dejado solo, lloraba sobre el torso de su esposa, no podía ser cierto que ella estuviera en el más allá. Sostenía en su puño la carta que ella le había mandado con Shippou, en ella le decía que por favor cuidara de Shippou, él era un niño bueno y no merecía pagar por lo que había hecho Kikyou, ponía cuanto lo amaba y no quería que se culpara si algo malo le pasaba, ella sabía que había hecho el mayor esfuerzo por salvarla, también le pedía que le dijera a su padre que tampoco se culpara, el irse con Kikyou había sido su decisión y su responsabilidad.
− No, por favor, tu no me puedes dejar.− decía entre sollozos.
En un momento ella estaba estable y al siguiente la había perdido, recordaba haberse quedado dormido un momento, eso era, debía ser una pesadilla, se enderezo y se pellizco.
− Vamos debo estar dormido.− se dijo al pincharse con una aguja, sintió el dolor y vio la sangre salir de su dedo.
No queriendo se resigno, ya debía irse, debía ir donde su familia, se limpio las lagrimas y beso la frente de su esposa, solo un momento se mantuvo frente con frente, hubiera durado más a no ser por que escucho que lo llamaban. Ya debía estar volviéndose loco, escuchar que su Kagome lo llamaba.
"Inuyasha"
¡De nuevo!, se alejo de ella y vio que estaba despierta, además respiraba y lo miraba confundida.
− ¿Qué sucede? ¿Todo está bien?− le pregunto con dificultad la chica al ver que él la observaba perplejo.− Inuyasha.
− ¡Oh Kami! En verdad... Te amo Kagome.− le dijo al sostener su rostro y besarla.
− Yo también.− contesto ella entre el beso.− Inuyasha ¿Todo está bien?
− Todo bien.− le dijo con una enorme sonrisa.
La expresión de todos al saber que Kagome estaba viva jamás la olvidaría, mucho menos la de Suikotsu, él la había declarado muerta.
Más tarde ese mismo día supieron que el tabernero había entrado a la cárcel y había asesinado a Naraku y a Kikyou, una de las jóvenes desaparecidas y que había muerto era su nieta. Lo más curioso fue que aquello ocurrió al mismo tiempo que Kagome despertaba.
No quería creer en aquello, pero tal vez el ritual si funciono, Sesshoumaru les dijo que el libro señalaba que después que la victima muriera (en ese caso Kagome), se tenía hasta antes del primer cuarto de hora después de la muerte para matar al receptor (Kikyou) y así el alma robada regresaba a su legitimo dueño, después de ese cuarto de hora ya no había vuelta atrás. Sesshoumaru no había dicho nada, porque no creía en eso, pero viendo que la muerte de Kikyou y el regreso de Kagome era mucha coincidencia, se decidió por decirles.
Le llevo tiempo a Kagome recuperarse, le tenían que dar pastillas para dormir por las constantes pesadillas, no dormía con la luz apagada y solo permitía que la besara, no le dejaba ir más lejos. Por una parte era porque recordaba a Naraku tocarla y por otra, no quería que él viera las cicatrices que le quedaron. Pero poco a poco con mucha paciencia, ayuda y tratamiento lo había superado, en ocasiones aun tenía pesadillas pero él estaba a su lado para reconfortarla, Miroku les informo de un tratamiento para desaparecer las cicatrices, no lo dudaron y lo intentaron, en cinco meses parecían pequeñas manchas, aquello había hecho que Kagome recobrará un poco de su confianza y habían podido tener su noche de bodas.
Kagome acababa de bañarse y estaba parada enfrente de un espejo solo cubierta por su toalla, veía que las cicatrices en su espalda ahora eran pequeñas líneas casi invisibles. Pero la que tenía en su cuello aun se notaba, paso sus dedos alrededor sin tocarla, quería que desapareciera, ya no quería tener que usar bufandas o cuellos altos para cubrir su cuello.
− Deja de verla.
La voz de Inuyasha la sorprendió y se giro para verlo.
− Llegaste antes.− dijo con nerviosismo y sorpresa, sabiendo que Inuyasha había ido al trabajo y no lo esperaba a medió día en casa.
− Kouga dijo que se podía encargar del papeleo y aprovechara el día.
Camino hasta ella, la abrazo y beso en su cuello, ocasionando que ella se tensará.
− Allí no.− pidió al sentir sus labios sobre la cicatriz.
− A mi no me molesta.
− Pero, yo...− hablo con dificultad y sostuvo mejor la toalla que la cubría.− A mí...
Inuyasha no la dejo terminar, la giro y llevo hasta la cama.
− Alguien podría entrar.
− Sara tiene a Shippou y Souta después de la escuela pasará por él, tenemos hasta el anochecer para nosotros dos.
Inuyasha se quito la camisa, para posarse sobre ella, sus bocas bailaban juntas y él la acariciaba sobre la toalla. Kagome sentía que todo su cuerpo ardía, no quería que su esposo dejará de acariciarla, rodeo con sus brazos el cuello del chico, cosa que él aprovecho para desatar la toalla de ella, pero inmediatamente se tenso.
− Solo hasta donde quieras.− le calmo.− Intentemos ir más lejos.− refiriéndose a que no la había tenido desnuda por completo, siempre se acariciaban con la ropa interior puesta.
Kagome respiro profundo, se lo debía, él había sido muy paciente con ella, admitía que no le gustaba la idea que él viera las cicatrices, pero ahora ya solo eran pequeñas manchas ¿Pero si llegaba a tocar alguna que aun se sintiera y le causaba repulsión?
− No me molestan las cicatrices Kag.− comenzó a decir, sabiendo por donde iban los pensamientos de ella.− No me case contigo por tu tersa piel, eso vino como extra con el paquete que eres tú, me enamore de ti por quien eres.
Kagome sonrió con ternura, a leguas se daba cuenta que él sufría igual que ella.
− Te amo, hay que dejarlo para luego.− dijo resignado.
Kami sabía las ganas que tenía de poder disfrutar de su esposa, se arrepentía de no haberla hecho suya el día de su boda, de haberlo hecho Kikyou no la hubiera hecho pasar por todas aquellas cosas.
− Cuando te sientas cómoda, voy a recalentar la comida de ayer.− se separo de ella, pero fue ahora Kagome quien le cayó con un beso.
− Hay que intentarlo, eh querido saber que se siente estar contigo desde hace mucho.
Inuyasha sonrió complacido, sabía que había sido un impulso a causa de la culpa, pero le demostraría que no había que temer, él no la dañaría, pero había una condición.
− Si en algún momento no te sientes cómoda me dices.− la chica asintió.
Comenzó besando suavemente los labios de su esposa, mientras una mano se posaba en un seno acariciándolo, la otra la sostenía por la cadera, poco a poco iba sintiendo como su sangre se calentaba y su pantalón aprisionaba cada vez más cierta anatomía.
Kagome sentía las suaves caricias que su esposo le brindaba, siempre eran lento y gentil, por eso sabía que era él quien la tocaba. Percibió que la otra mano bajaba lentamente hasta su entrepierna, cosa que hizo tratará de retroceder, pero fue fácilmente detenida solo con el peso del chico.
− No te haré daño, si te incomoda lo saco y ya.− le susurro al oído justo antes de adentrar en la chica su dedo índice.
Kagome soltó un suspiro al sentir que lo movía, pero tuvo que ahogar un grito al Inuyasha succionar uno de sus pechos y comenzar a mover su dedo dentro de ella.
Inuyasha la veía retorcerse y aferrarse a las sabanas, todo parecía que lo estaba disfrutando. Cambiaba de un pecho a otro y su dedo se fue mojando por los fluidos de ella, fue cuando se aventuro a adentrar otro más, en cuanto lo hizo Kagome no pudo evitar gritar, aun que lo trato de ahogar no paso desapercibido por su esposo.
− ¿Te lastime?− pregunto preocupado al notar que reprimía un grito, pero ella negó.
− Sig... sigue.− dijo con dificultad, aquello la había sorprendido pero no le incomodo, más bien le gusto.− Muévelos.− rogó.
Como fiel amante obedeció, pero al poco tiempo libero sus caderas y con trabajo se logró quitar el pantalón, pues se estaban volviendo una prisión para su miembro que comenzaba a hincharse. Se poso sobre ella, sus cuerpos encajaron a la perfección, podía sentir el calor que emanaba de ella y eso solo logró que su libido aumentará.
Kagome sentía sus labios recorrer el valle de sus senos, pasar por su cuello y capturar sus labios, podía percibir el calor del cuerpo de Inuyasha, todas esas sensaciones provocaban que su corazón latiera con fuerza y sintiera espasmos en su estomago, quería controlarlos todas esas sensaciones eran tan intensas para ella, pero al mismo tiempo no quería dejar de sentirlas, movió una de sus piernas provocando que el chico cayera entre ellas, sintiendo así toda la anatomía de él, dura y caliente.
Toda la excitación que sentía el chico ya estaba acumulada en su anatomía, sentía que palpitaba y toda esa "energía" clamaba por ser liberada, pero primero quería que su Kagome disfrutará al máximo y le complacía sentirla retorcerse bajo él. Pero en un movimiento de ella sus intimidades chocaron, Kagome gimió de placer y el gruño, ya no podía soportarlo, quería entrar en ella ¡ya!
− Inu... yo... por favor...− le llamaba ella.
− ¿Quieres que ya paré?− pregunto preocupado, sería muy frustrante tener que dejar aquello hasta allí, tendía que tomar una ducha helada y terminar de complacerse él solo, cosa que no le causaba gracia, pero por ella pararía. Para sorpresa del chico, ella negó.
− Mi cuerpo arde mucho...− comenzó a hablar con dificultad.− Quiero ya sentirte.
Ante tales palabras se quito la ultima prenda que le impedía estar en completo contacto con ella, se froto en la entrada de su esposa para lubricarse y hacer más fácil la intromisión.
Kagome sintió algo grande, duro y caliente frotarse en su entrada, sintió nervios ¿y si cuando fuera a entrar se acobardaba?
− Tranquilo soy yo Kagome.− le hablo al oído.− Mírame.− pidió y ella obedeció.
Sabía que sus recuerdos podían surgir en cuanto lo sintiera entrar y lo que menos quería era que Naraku estuviera en ese momento que era solo de ellos.
− Soy yo mi pequeña.− dijo al penetrarla en una sola embestida.
Kagome le sostenía la mirada a su esposo, esos hermosos ojos solo podía pertenecerle a él, al mirarlos sabía que solo eran ellos dos. Estaba perdida en un mar de sensaciones cuando fue consciente de una punzada de dolor, al fin Inuyasha la hacía suya.
− Te amo.− dijo Inuyasha, sabía que le dolía pero solo sería en esta ocasión y procuraría que el placer que le estaba por brindar opacara toda sensación de dolor.
Una danza entre los dos cuerpos acaba de comenzar, un vaivén entre los dos amantes. Entraba y salía de ella, con cada embestida le era más difícil salir, era como si las paredes de ella no quisieran dejarlo ir, con cada empuje ella le apretaba mas, era la sensación más placentera que jamás hubiera sentido.
Kagome se aferro fuertemente a la espalda de su esposo, si pensó que el placer sentido cuando la estimulaba con sus dedo era maravillo, esto era el paraíso, los espasmos en su estomago se intensificaron y se acumularon ahora en su vientre, comenzó a mover sus caderas con desesperación, algo le decía que todo aquello que sentía pronto explotaría.
Inuyasha se deleitaba al escucharla gemir y gritar su nombre, al sentirla pedirle más con sus eróticos movimientos, la tomo de la cintura y la alzo para poder adentrarse más en ella.
Un par de embestidas más y todo exploto para ambos. Kagome sentía como la semilla de su esposo se esparcía por todo su interior e Inuyasha como sus esencias mezcladas escurrían por todo su miembro.
− ¿Estás bien, Kagome?− pregunto al haber recuperado el ritmo de su respiración.
− Estoy bien, estoy feliz.
− ¿Segura?
− Fue maravilloso, perdón por hacerte esperar.− dijo avergonzada.
− No tienes porque disculparte, está espera lo hizo más placentero.− le reconforto y ella se sonrojo.− ¿A partir de ahora crees que podamos hacerlo más seguido?
− ¿Los chicos aun tardarán en llegar?
− Unas dos horas más.− contesto al mirar el reloj.− ¿Qué tienes planeado?− preguntó al captar las intenciones de su esposa.
− Que le saquemos provecho a esas dos horas.
Inuyasha le sonrió y capturo sus labios para iniciar un nuevo ritual.
− ¿Qué pasa?− le llamó Kagome al despertarse y verlo tan perdido.
− ¿Eh? Nada.− le contesto besándola.
− ¿Tiene hambre?− pregunto al ver que su bebé estaba junto a ella.
− No, quería que lo cambiara, ya se está durmiendo de nuevo.− le dijo.− Vamos a comer.
− Otro rato.− dijo al acurrucarse más junto a él.
− No dormilona, debes comer, aprovecha que aun duerme.
− Está bien.− acepto resignándose.
Bajaron al comedor y Shippou ya estaba acomodando la mesa.
− Kagome ¿Cómo estás? ¿Cómo está Hikaru?
− Estoy bien.− le dijo al revolver su cabello que ya había recuperado su color cobrizo.− Y él está durmiendo ¿Qué tal tu día?
− Muy bien. Souta llega más tarde ¿verdad? No saque plato para él.
− En dos horas, justo a tiempo para que te lleve a tu practica de beisbol.− respondió Kagome.
− ¿Vas a regresar a trabajar o te vas a quedar? No se puede quedar sola otra vez, ya todo el día estuvo con Hikaru.
− Claro que no mocoso, aquí voy a estar.
− Eso espero o te las veras conmigo.
Kagome solo se rio de ellos, Shippou a pesar de ser un niño, llegaba a comportarse como un hombrecito responsable y regañaba a Inuyasha como si fuera un niño.
− Kagome ¿Inuyasha ya te dijo que mañana él preparará de comer?
− ¿En verdad?− miro a su esposo no creyendo lo que escuchaba.
− No es la gran cosa.− dijo el chico desviando la mirada.
− Ya quiero que llegue mañana.− exclamo contenta Kagome, muy pocas eran las veces que Inuyasha cocinaba, ya que le daba vergüenza.
Cerca de las cinco de la tarde, Shippou y Souta ya se habían ido e Inuyasha y Kagome descansaban en su cuarto. Kagome estaba acostada sobre el pecho de Inuyasha quien solo tenía puesta una camiseta, ella tenía tanto sueño pero no quería dormirse aun, le daba la impresión de que en esos días lo único que hacía era dormir y quería pasar tiempo con su esposo.
Inuyasha acariciaba la espalda de Kagome para hacerla dormir, pero Hikaru comenzó a llorar, ya era hora de comer para él. Se levanto y fue por su hijo, cuando se dio la vuelta Kagome ya tenía su pijama desabrochada, le dio a su bebé y en cuanto Kagome lo acomodo en su pecho Hikaru comenzó a comer.
− ¿Crees que te sientas bien como para ir a casa de Sesshoumaru?− le pregunto Inuyasha al sentarse a su lado.
− ¿Cuando?
− Este fin de semana.
− Yo creo que sí ¿Ahora si iremos a la fiesta de Rin?− pregunto al recordar que jamás había querido ir.
− Ya se lo prometí a Sara y si no vamos, amenazo con traerla para que me lleve a la fuerza.
− A Rin le encantará conocer a su primo y Shippou se distraerá.
− Pero si te sientes mal o muy cansada, los podemos invitar otro día aquí.
− Voy a estar bien ¿Vendrá tu madre?
− No lo sé, no me dijo, solo de Miroku y su familia.
− Bueno, es buen momento para que conozcan a Hikaru. Si tu madre no viene, estaba pensado en...
− No.− le interrumpió, tajante.
− Aun no sabes...
− La respuesta es no.
− Por favor, mis padres y tu madre tienen derecho de conocer a su nieto.
− Mandaré por ellos, pero no iremos.
− ¿No piensas volver?
− Jamás.− dijo cortante y firme.
− Es el lugar donde crecimos, quiero que algún día Hikaru lo conozca.
− También es el lugar en donde...− la voz de Inuyasha se quebró, no quería pensar de nuevo en que técnicamente perdió a su esposa por un breve momento.− No iremos.− dijo como ultimátum y salió de la recamara. Su esposa no sabía los detalles de su "muerte", solo le dijeron que había estado en coma.
Kagome lo vio salir y se sintió mal, a ella tampoco le gustaba mucho la idea de regresar, pero, así como había cosas malas había cosas buenas y a su parecer había más cosas buenas que malas. Sintió que Hikaru había dejado de comer, le saco el aire y lo acuno en sus brazos.
En lo que restaba del día no habían vuelto a tocar el tema, llego la noche y Hikaru estaba recién comido, bañado y cambiado, así que los tres estaban acostados en la cama, listos para dormir.
− ¿Qué le regalaremos a Rin?− pregunto Kagome para iniciar una conversación.
− No lo había pensado.
− ¿Qué tal una caja de música?− sugirió.
− Mañana la vamos a comprar.
− Fuiste de nuevo al cementerio ¿verdad?
− ¿Cómo lo sabes?− pregunto sorprendido.
− Me lo imagine, además vas sin falta cada miércoles de cada semana.− Inuyasha le miro atónito, no se imagino que ella lo supiera, no se lo había dicho.− Si creías que no me daría cuenta te equivocas y no intentes negarlo, Kouga me lo confirmo hace tiempo.
− Él no debió morir, por eso voy.
− Estaba cumpliendo con su deber, es el riesgo de ser policía, tu también corres el riesgo de no volver cada vez que tienes un caso, como esa vez.− dijo al acariciar una leve cicatriz en su hombro izquierdo, recordando cuando Inuyasha estuvo en un tiroteo.
− Solo fue un rasguño y no tienes por qué preocuparte, siempre soy muy cuidadoso.− trato de quitarle importancia al asunto.
− Lo sé, pero el peligro ahí está y por mucho que lo niegues, también tienes un deber con las demás personas.
Kagome tenía razón, aquel día en el tiroteo que se dio en el banco sintió miedo, miedo por no regresar a casa, quería irse y no ponerse en peligro pero debía sacar con vida a los rehenes, donde entre ellos estaba una mujer embarazada y una señora con dos niños, era su deber.
− Cuando Hikaru sea más grande iremos, mientras, mi madre y tus padres deberán venir.
− ¿Qué tan grande?
− Cinco años.
− Es mucho.
− Tres años, no menos.
Kagome suspiro resignada, eso era mejor a "jamás".
− ¿Algún día me dirás que paso aquel día?− pregunto refiriéndose a cuando estuvo internada, sabía que fuera de su "coma" había algo más, pero tanto Inuyasha como su familia no tocaban ese tema.
− Eso ya no importa, estas bien, aquí conmigo y tenemos a este pequeño.− respondió abrazándola más.
− Quiero saber...
− Por favor, olvídalo...− pidió al hundir su rostro en el cuello de ella.− Hay que tratar de olvidar, por todos, Hikaru jamás debe saber que esa clase de oscuridad y maldad existen, ya que él es nuestra luz.
− Inuyasha.− eso era una de las cosas más lindas que le había escuchado.− Me parece bien, pero prométeme algo.
− Lo que quieras.
− Qué tendremos una niña, en este hogar hay demasiados hombres.
Inuyasha soltó una carcajada.
− Lo mismo pensaba yo, pero no te aseguro que la próxima sea niña, pero lo intentaremos tantas veces sean necesarias, no me importa si no salimos de la cama en días y termino sin energía.- bromeó.
− No te hagas el sufrido que bien que te gusta la idea.- contesto pícaramente.
− Te amo mi pequeña hermosa.− la tomo de la barbilla y se inclino a besarla.
Por la ventana de la habitación se asoma la luna, esa misma que un día trajo desgracia, ahora muestra un resplandor blanco y puro que iluminaba la tierra, vigilando y cuidando de la oscuridad que se esconde en las sombras a los seres que habitan la tierra.
FIN
...
Pues mil disculpas por este horrible atraso, ya casi terminamos el año y yo ni mis luces, pero no lo había podido terminarlo como se debe.
Deseo les gustará el final y no se decepcionaran.
Muchas gracias a quienes lo leen y/o han dejado algún mensajito. Espero que nos leamos pronto.
17/12/2013
