Buenas noches lectores (Por lo menos ahora que lo escribo XD) Siento las tardanzas, estoy ocupada porque ya he empezado a estudiar U_U
Pero buenas noticias es fin de semana y no tengo mucho que hacer xP
Tengo una pregunta un tanto rara: ¿Qué habré puesto yo para que algunos penséis que este fic es cross over con Inazuma Eleven? Dejo claro que el otro Fic está borrado ya que mi falta de interés a Inazuma eleven calló a Cero en estos meses… Por lo que ya no escribiré ningún Fic al respecto. Aunque puede haber coincidencias con otros animes ya que no tengo ganas de pensar. XD
El sol pronto asomó en el horizonte iluminando poco a poco los edificios y las calles de Ciudad Mayólica. La gente pronto empezaba a despertarse y las tiendas empiezan a tomar el control de las zonas comerciales; las atracciones y estadios comenzaban a funcionar como de costumbre, como si el Equipo Plasma no hubiera existido.
En pequeñas cantidades pasaba una agente Mara o, simplemente, Camila paseaba controlando la paz de su ciudad, la cual le habían encomendado ser líder de gimnasio.
Alex y Zoro ya habían conseguido la medalla Voltio, aunque deberían estar alegres, no solo por conseguir la medalla, si no que Azura había evolucionado favorablemente en el último segundo… Todavía había algo que no funcionaba… Zoro y Alex no se miraban, ni siquiera hablaban entre ellos, el orgullo de Alex era demasiado fuerte como para romperlo sin más.
-¿A dónde vamos ahora?- Zoro pregunta como si no quisiera la cosa.
Alex solo hizo un gesto de indiferencia. Zoro no insistió y solo siguió a su dueña como un perrito faldero.
Las semanas pasaban, Alex consiguió un equipo bastante poderoso: Tranquill evolucionó a Unfezant, Marill a Azumarill; también consiguió a Solosis (Miko) que evolucionó a Reunuclus, Joltik (Trap) que también evolucionó a Galvantula; y por último Eevee (Gloria), que se lo regalo el profesor Oak en Pueblo Chamota. También consiguió la 6 medalla, y pudo derrotar al equipo Plasma varias veces.
Carlota y Suke no aparecieron en todo el viaje, sin embargo Zoro sabía que tarde o temprano aparecerían.
-¡Bienvenidos a Pueblo Ladrillo! ¡Gracias por recuperar tus pokémon, vuelva pronto!- La enfermera Joy saludo antes de entregar los pokémon a Alex.
Zoro y Alex caminaron por la ciudad mientras observaban a la gente pasear y reir junto a sus pokémon.
-Llevas sin decirme nada desde hace un mes casi… ¿Te pasa algo?- Zoro le pregunta, ya perdiendo la paciencia y el silencio tan prolongado que había durado tanto tiempo.
-¿De qué hablas?- Alex intenta evadirse de la pregunta.
Zoro observa a su alrededor y la aparta a un callejón donde no hay nadie, pasando una esquina y llegando a una plazoleta con varias atracciones para pokémon, hechas con neumáticos y madera en mal estado.
-¡¿Qué haces?!- Alex pregunta intentando soltarse.
Zoro solo la empuja a la pared y la acorrala con sus brazos, puesto en cada lado de la cabeza de Alex. Sus miradas se prolongaron hasta unos minutos, que parecían incesantes.
-¿Crees que no me haces daño si estás callada?- Zoro solo pregunta.- ¿Crees que no me duele que no pueda defenderte? Sabes que desde que me encontraste y me criaste te e protegido; de tus rivales, de tus compañeros de clase, de todo… He luchado contigo sin quejarme, e renegado de tus errores de entrenadora novata para poder protegerte… Y aun así… Y aún así… ¿no confías en mí?- Las lagrimas se apoderaban de Zoro poco a poco.
Alex no sabía que decir a eso, estaba en un estado de shock, las palabras de Zoro la habían abierto los ojos… Se había vuelto fuerte, pero cada vez estaba más cerca de perder lo que en realidad quería… su sueño, su vida… Estaba tan hocicada en ser fuerte que ya se había olvidado de la promesa que le hizo a Zoro, y de que ellos estarían justos para siempre…
11 años antes:
La nieve tapaba las calles, los copos siguen cayendo iluminados por la luz de la ciudad, como hojas cayendo de los árboles, que una vez en el suelo creaban una placa escondiendo un rastro de alguien. Un hombre mayor, con algo escondido dentro de su cálido abrigo de plumas. El hombre pronto llega a una puerta, que para él es su hogar; la abre y pronto la calidez golpea sus mejillas, calentando su cuerpo.
El hombre entra por la puerta que da a su casa. Era una casa en un bajo de un edificio, principalmente era un centro de cuidado para Pokémon. -¡Abuelo!- Una niña pequeña salta desde el mostrador.
-Oh, Alexandra. Mira lo que he traído.- El hombre dice a su nieta, sacando un pequeño Zoroa. La niña observaba con sus grandes ojos brillantes al pokémon que está delante de ella.
-¿Qué es, abuelo?- La niña pregunta, viendo que nunca había visto un pokémon así.
-Es un Zoroa, aquí es un poco difícil verlo. Mejor dicho, muy raro… Lo he encontrado cuando venía del Centro Pokémon. ¡Cuídalo bien!- La dijo mientras se quitaba el abrigo e iba a la parte trasera de la tienda; para buscar algo de comida.
El zoroa estaba observando donde lo había dejado, olisqueando cuidadosamente el entorno. Alex solo lo miraba fijamente, de cuclillas, observando aquella criatura que la hacía sentir tranquila.
-¡Hola, Zoro!- Alex lo llama haciendo reír a su abuelo.
-Jaja, Alexandra, no es tuyo…- Dijo este dando un bol de comida al pequeño.
-Pero no tiene a nadie…- Alex se queja poniéndose junto al Pokémon que olisquea ahora la comida, indeciso.- Puedes comer, no tiene nada.- Le dijo sonriendo.
Caso omiso, el pokémon empezó a comer.
-¿Tú crees?- Dijo el abuelo mirando la conexión que ellos tenían.- Bueno, si nadie lo reclama…- Se dio por vencido.
-¡Bien!- Alex vitoreo mientras miraba a su amigo.- ¡Estaremos juntos para siempre!
-¡Sí!- Este contestó.
¡Oh! ¡Abuelo, habla! ¡Él habla!- Alex dijo sorprendida.
-Jojo, eso es impresionante.
Unos días después:
-Devuélveme mi lazo, Zoro- Alex seguía a su amigo por la habitación.
-¡No! ¡Dijiste que estaríamos juntos!- Zoro dijo entrando debajo de la cama.
-Solo iré a casa de una amiga, es su cumple. No puedo llevarte, volveré pronto- Alex prometió, pero Zoro seguía en sus trece.
-¡No!
-Alex, llegarás tarde. – Decía la madre de Alex.- Deja el lazo, no hace falta que te lo pongas.
-Ya voy, mama. Lo siento, luego te veo.- Alex dice cerrando la puerta de la habitación y luego caminando a la casa de su amiga.
-Alex…- Zoro no soportaba estar lejos de ella. Así que decidió salir, y seguirla.- Estaré a su lado siempre… Mamá, también me lo prometió.
Zoro olisqueo siguiendo el rastro de Alex hasta un edificio alto, allí olisqueo hasta entrar en un Hall. Pero fue imposible, los pokémon no podían entrar, por eso lo dejaron nuevamente en la puerta.
-¡Alex!- Zoro intentó llamara desde la puerta.
-Mira, un pokémon parlante…- Dijo un hombre de negro.
-¡Oh, no. Son ellos!- Dijo Zoro corriendo.
Los hombres lo siguieron por toda la ciudad. Zoro ya los había visto antes, son los que se habían llevado a su madre, y aunque tenía ganas de acabar con ellos, prometió a su madre huir cuando lo requiriera. Mucha gente observaba a los hombres perseguir al pokémon.
Zoro pronto pudo encontrar un sitio donde esconderse, allí, escondido, con frío y asustado, busca entre la oscuridad algo de luz.- Alex, mamá…
-¡Zoro! ¡¿Dónde estás?!- Una voz familiar llamaba.- ¡Zoro!
-Está aquí…- La voz del abuelo dice sacando a Zoro de un hueco, entre escombros.
-¡Zoro! ¡Lo siento, siento mucho haberte dejado!- Alex lloraba mientras abrazaba al Zoro, que también estaba llorando.
… … … …
-Desde aquel momento… Yo…- Zoro dijo rompiendo los recuerdos.- ¡Yo te quiero!
-¿Eh?
-Alex, se que un pokémon no puede… pero, yo… cuando me convertí en humano, comprendí que…¡Que te amo!
Qué le sparece? Owo Espero que les haya gustado, por cierto, también tengo cuenta en FictionPress (Tamuky2) , en la que tengo pensado subir algunos Fics romanticos y demás.
Gracias por seguir leyendo, ya estamos en la recta final. X3
