Nota:
Algunos de los personajes que menciono en este fic son de la gran autora Stephenie Meyer. Lo demás es puro desvarío de mi mente.
Casualidad o Premeditación
Luego de comer salimos no sé donde- idea de mi adorado padre- solo sabía que era muy importante no me dijo nada mas.
Llegamos a un edificio; hermoso y vistoso. Justo como le gustaban a mi padre las cosas.
-. Dime qué te parece – me dijo ya dentro de un departamento con una vista panorámica, increíble.
-. Es hermoso- dijimos Alice y yo al mismo tiempo, acompañado esto de un suspiro de admiración y vaya que lo era.
-. Entonces es suyo – dijo el entregándonos dos copias de la llave a cada una -. Como llegabas Rosie, y son como hermanas nos preguntamos ¿Por qué no? Y bueno aquí esta – dijo él con una sonrisa.
-. Gracias – chillamos ambas a la vez, saltando a los brazos de mi padre.
-. Pero para poder mantenerse…- Alice, hizo un gesto -. Deben trabajar; para pagar lo que es comida, televisión por cable y luz nada más es para que sean más independientes – ambas asentimos.
Mi padre se marcho y nos dejo a ambas con una sonrisa tonta en la cara y de la nada empezamos a saltar.
Ya mas calmadas…
-. Alice vamos a buscar trabajo – le dije y ambas fuimos directo a la mesada del comedor y tomamos asiento en los taburetes, empezamos -. Bueno yo no quiero nada de noche; además es necesario que nos permita estudiar a la vez – ella asintió nuevamente.
-. Qué te parece trabajar en esta cafetería; la paga es buena, 700 $ al mes – me dijo ella y yo asentí.
-. Vamos ya, para que por cualquier cosa podamos regresar con una respuesta.
Salimos luego de cambiarnos por ropas- que por cierto ya estaban en nuestras respectivas habitaciones – y fuimos a las entrevistas.
Llegamos, nos atendieron de una vez y luego de un gran interrogatorio y escrutinio…
-. Bueno tienen el empleo chicas, las esperamos a las seis, pasado mañana y aquí están los uniformes adáptenlo si no les queda y bueno las esperamos- se despidió, Sam, el encargado.
-. Gracias, Sam- nos despedimos nosotras.
Salimos de la cafetería, y nos abrazamos con fuerza -. No lo puedo creer ya tenemos trabajo-. Chillamos de emoción.
-. Rosalie…- era esa aterciopelada voz -. Alice… que gusto – ambas nos giramos para encontrarnos con una mirada intensa -. Qué casualidad justo venia por un café me acompañan- nos invito, pero no me pareció muy correcto; además teníamos muchas cosas por hacer.
-. Edward – lo salude y él me esbozo una hermosa sonrisa -. Lo siento, pero…- el ladeo la cabeza y en sus ojos vi decepción -. Tenemos cosas que arreglar y bueno fue un placer verte, adiós- cuando nos giramos, el tomo mi mano y miles de descargas me recorrieron.
-. Espera – yo mire a Alice y ella con una sonrisa picara en los labios.
-. Oh por Dios que tienda- dijo señalando una boutique, de una de las diseñadoras de moda. Natasha Mc Carty -. Sé que no te gusta ir de compras pero como a mi si, no te obligare, es más te conviene ir por el café con, Edward, así no se te hace tan pesado – le dijo ella.
-. Vamos – me tomo, Edward, del codo y me llevo dentro de la cafetería -. ¿Cómo estás?- me pregunto ya frente de mi.
-. Bien gracias y ¿tú? – le pregunte.
-. Mucho mejor- dijo el sonriendo -. Escuche algo sobre que conseguiste trabajo…- dejo el tema como para que yo se lo confirmara o negara.
-. Bueno si, es que queremos ser independientes y todo eso, para poder solventar nuestros gastos, que aunque son mínimos, no podemos ser unas niñas toda la vida – le dije sin dar mucha información.
-.¿ Y que te parece si trabajan para mí?- ofreció mientras llegaba la camarera-. Dos lattes por favor- pidió sorprendiéndome.
-. No, gracias, este trabajo está bien; además me queda cerca de casa, no estoy acostumbrada a estar en la calle – le agradecí.
-. Pero si tu no vives en…- empezó a decir pero, yo negué suavemente con la cabeza.
-. No, ya no. Quieren que seamos independientes- le dije con una sonrisa dibujada en mis labios.
-. ¿Cómo que no estás acostumbrada a estar en la calle?- pregunto él cómicamente.
-. Bueno, es que yo estaba en internados y de tanto estar encerrada en, Suiza, me da un poco de miedo – le confesé.
-. Entiendo y entonces acabas de salir de la preparatoria – asentí -. ¿Y qué vas a estudiar? – me preguntó.
-. Bueno, voy a estudiar medicina – le dije, no muy convencida y el hizo un mohín con sus hermosos y esculpidos labios al notar la inseguridad de mi voz.
-. ¿Segura?- preguntó con una sonrisa que me dejo de un ala internamente.
-. No quiero hablar de seguridades ni nada de eso, en realidad solo sé que gane una beca, mi padre está orgulloso y bueno…- le sonreí tambien.
-. No quieres defraudarlo- terminó la frase por mi.
-. Exacto. Pero, no me importa, el lo ha dado todo por mi y es lo menos que puedo hacer. Además me gusta ayudar a las personas – me encogí de hombros.
Llegaron nuestros cafés y yo lo probé gustosa y recordé la primera vez que lo probé…
-. Las mascaras anti- sentimientos pueden funcionar solo por un lapso de tiempo; eso es lo malo de ellas, a cualquier pensamiento o recuerdo de desvanecen y cuando la reconstruyes ya es muy tarde – me dijo él y yo asentí.
-. Tienes razón, pero es mejor para mí, me funciona más que ser un libro abierto – le dije dándole otro sorbo a mi café.
-. Me gustaría que fueras un libro abierto y no tengas nada que ocultar al menos si nos volvemos a ver – pidió el.
-. No sé si eso suceda, pero si sucede quizá lo haga – le dije sin mucho interés, ya que volver a verlo no estaba en mis planes si quería volver al convento.
-. Y aparte de ir a la universidad ¿que mas piensas hacer?- seguía el preguntándome.
-. Bueno, trabajar para poder mantenerme por ese tiempo, al menos mientras consigo…- él no me dejo terminar porque dijo algo totalmente ridículo.
-. Eres de las chicas que solo sueñan con casarse con un hombre millonario y no trabajar jamás – no reprimí mi risa, lo que causó que se tensara notablemente.
-. Mira, Edward, si me permites terminar…- el asintió -. Decía, que trabajaría lo más que pueda y me esforzaría mucho por ser la mejor en mi carrera hasta que consiguiera volver al convento. En mis planes no está tener una familia, bueno, no ese tipo y utilizare los conocimientos de la medicina para ayudar a los que o necesitan.- le di otro sorbo a mi café y lo mire sugestivamente.
El negó con sus dedos en el puente de su nariz y riendo a su vez.
-. No puedo creer que una chica tan guapa como tu, quiera ser una monja- dijo el mirándome con una ceja enarcada -. Además, como puedes renunciar a todos los placeres de la vida de esa manera… digo ¿no lo extrañaras?
-. Primero: eso es como un llamado, no importa tu atractivo físico y no puedes extrañar lo que nunca has probado y eso es un punto a mi favor, ya que si disfrutara de los "placeres de la vida" seria mucho más difícil – en eso vi mi reloj de mano y fruncí el ceño. Ya se había hecho de noche.
-. Buenas noches- dijo una voz muy suave que transmitía paz-. Edward, ¿que tal?- pero, contrastando con su aura, se notaba el sarcasmo. Ellos no se llevaban bien y lo confirme por el gesto de, Edward.
-. Jasper, buenas noches – dijo el mordazmente y como no quería presenciar esa conversación tan frívola.
-. Bueno, Edward, gracias por el café, debo irme- le dije y su cabeza se giro rápidamente hacia mi.
-. Buenas noches – me dirigí a Jasper y él me regalo una sonrisa real y en eso…
-. Rosalie, ya se hace tarde y no sabes…- abrió mucho los ojos cuando vio a Jasper.
-. Alice…- empezó a decir el con voz seria y ella ladeo su cabello.
-. Nos vamos- lo ignoró y tomando mi brazo me sacó de la cafetería.
-. ¿Que fue eso? – le pregunté confusa.
-. Olvídalo, total no es importante – dijo ella negando.
-. Vale…- le dije no muy convencida.
-. Yo creo que sí es muy importante- ella dio un brinco cuando sintió la voz de, Jasper, en su oído. Me quede extrañada al ver como él, colocaba una mano en su cintura con gesto posesivo.
-. Alice, yo…- dijo un chico, alto; de complexión fuerte, sonrisa picara, con hoyuelos que dejaban a cualquiera rendida y de unos hermosos ojos azules.
-. Emmett – ella se zafo del abrazo de Jasper -. Permítanme- y con una sonrisa se giro y le dio una fuerte bofetada a Jasper, que la miro enfadado y acto seguido la besó. Ella lo quiso apartar pero luego se rindió.
-. Eh bueno, creo que está un poco ocupada ¿Emmett, cierto?- le dije un poco ruborizada.
-. Si un placer – me tendió una mano que acepte gustosa -. Rosalie – beso mi mano haciendo que mi rubor anterior quedara opacado por el actual -. Muy buena postura- dijo el apreciativamente
-. Ballet – le dije y el enarco una ceja asombrado.
-. Qué casualidad yo practico ballet, tambien – ahora la asombrada fui yo.
-. No lo puedo creer, eso tendría que verlo – es que no podía ser el era…
-. Muy ¿grande? ¿Musculoso? ¿Guapo?- reí ante sus palabras.
-. Las dos primeras – respondí y el hizo un mohín -. Debes dar guapo, para que se vea mejor todo lo que haces. Eso no sería una razón para no ser un bailarín de ballet – le guiñe un ojo
-. ¿Practicas ballet actualmente? - pregunto nuevamente y cuando iba a responder escuche el sonoro ruido de una mano impactando la mejilla de alguien.
Me gire para encontrar a una, Alice, ruborizada hasta decir ya no más y un Jasper, sonriendo satisfecho, pero más allá a un, Edward, tenso y enfadado… ¡que raro!
Pov. Edward.
Mi Rose, estaba hablando con un imbécil, quería ir y arrancarle si es que tenia sesos, pero debía contenerme, no podía arriesgar todo, por un ataque de celos si yo sabía muy bien cuál era el final de todo esto. Mi cama.
Pero, lo que tambien me impactó; fue ver a la chillona, besarse de esa manera con el gigoló de Whitlock. Pobre de, Alec… que pobre ni que nada bien por el se libro de esa chiquilla.
Como no quería pensar en esas estupideces me quede observando a mi hermosa, Rose, ella era como una rosa, pero la más hermosa de todas, la más exquisita y de todo mi ramillete, la que me marcaria como ninguna lo hizo.
Toda ella era perfección; su cabello rubio caía en cascadas hasta sus omoplatos, con suaves y tiernas ondas; sus ojos azul rojizo me hacían temblar por dentro como un chico tonto; su boca ¡oh Dios bendito! esa sexy boca que quería devorar con urgencia; su cuerpo uno tan perfecto que quería amoldar al mío, hacerla mujer. Mi mujer.
Mierda.
Ya estaba duro y eso con solo mirarla, ya quiero imaginarme cuando la tenga desnuda en mi cama.
En un momento su mirada se topo con la mía y la vi fruncir el entrecejo y lo único que se me ocurrió hacer fue sonreír y ella se ruborizo devolviéndome la sonrisa.
Vi como el tarado musculoso, le llamaba y daba un folleto ella sonreía encantada.
Estaba que me llevaba el diablo, aunque como me iba a llevar si decían que yo era el mismísimo, Lucifer.
Malditas putas ardidas.
Y con un gesto de exasperación, al no poder retenerla a mi lado, subí a mi auto con dirección a la casa de Alec.
