Disclaimer: ¿Es necesario que lo diga? Nada me pertenece...
Libros: Hasta el quinto, algunos detalles del sexto pero si no lo habeis leido, no tengais miedo que no os estropearé la sorpresa...
Capítulo 2
Draco miro a su alrededor, comprobando que no había nadie en el callejón al que había conducido a Hermione, y le dijo:
-Abrázame.
-¡Qué! Ni loca me acerco a ti.
-Hermione, no sé que diablos estarás pensando que he querido decir con "abrázame" pero me refiero a que si quiero llevarte a mi casa utilizando el teletransporte tenemos que estar en contacto. Así que hazlo de una vez.
-No me des ordenes –mascullo mientras pasaba sus brazos alrededor del cuello de él. Un temblor recorrió su cuerpo cuando Draco puso una de sus manos sobre la parte baja de su espalda.
Draco apretó los labios ante las palabras de la joven. Ni que fuera un leproso para que ella no quisiera tener ni el más inocente contacto físico con él. Pero lo peor fue notar su dulce cuerpo contra el suyo, teniendo que contener el deseo que comenzaba a sentir. Se obligo a no acercarla más contra sí y a ceñir sus labios con los suyos. Siempre había tenido una cabeza fría y ahora, más que nunca, debía tenerla. Tenía que concentrarse en lo que se había propuesto, deberían hablar claramente de los términos del contrato y lo que les esperaba.
Se concentro para transportarlos hasta las verjas de entrada de la mansión.
Hermione había cerrado los ojos cuando sintió los primeros efectos de ese modo de viajar. A pesar de que hacía ya un tiempo que se había sacado el permiso, y aún antes de esto se le había enseñado a hacerlo como medida de prevención durante la guerra, seguía sin gustarle el tener que utilizarlo. Cuando los abrió noto como Draco quitaba los brazos con los que se había anclado a él y se alejaba un paso de ella.
La verja de hierro forjado estaba finamente trabajada, en su centro se podía ver una "M" hecha en un extraño material rojizo cuyos extremos recordaban vagamente a una serpiente.
-Ven.
La joven no tuvo oportunidad de examinar el magnifico jardín que daba a la mansión, ni el largo corredor por el que la condujo con andares felinos Malfoy. Él abrió una puerta de madera de nogal, con el grosor suficiente para hacer imposible que aunque se pegara la oreja en ella se escuchara la conversación en su interior, e hizo un gesto con la mano indicándole que entrara.
-Siéntate –pronuncio mientras se sentaba tras el escritorio.
Hermione se mordio fuertemente el labio para contener sus palabras mientras hacía lo que él le había dicho, realmente odiaba que le dieran órdenes pero si deseaba saber algo más acerca de ese contrato tendría que aguantarse las ganas de soltarle un par de cosillas a Malfoy.
-Imagino que has hecho que viniera hasta aquí para explicarme todo lo referido al contrato.
Draco mostró una sonrisa fría, ciertamente Hermione no había cambiado. Siempre había sido una mujer que deseaba saber todos los detalles de cualquier tema, sin importar lo aburrido que pudiera parecer, y memorizarlos de modo que después podía usarlos a su conveniencia. Desgraciadamente, en este caso no había mucho que ella pudiera hacer salvo resignarse.
-En parte. No sé exactamente cuanto te habrá explicado tu padre... –dijo haciendo un gesto con la mano para pedir que le contara lo que sabía.
-La verdad es que más bien poco. Sólo que mi abuela Miranda era una squib, que fue repudiada por su familia por esto pero que antes de descubrirlo se había creado un contrato por el que la familia Thorment y Black quedarían unidas. También que no hay modo de evitarlo, aunque creo que tiene que haber alguna forma se salir de este problema.
¿Problema? ¿Ella creía que era un mero problema el contrato? Ciertamente no sabía demasiado.
-Lo mejor sería que te explicara como empezó todo realmente ya que por lo que veo faltan muchos detalles. Fue mi abuelo el que exigió que su descendiente tendría que casarse con un hijo de Miranda tras serle prohibido tener cualquier tipo de relación romántica con ella.
-¿Realmente esperas que crea que un Black podía considerar tener algo con mi abuela?
-Perdonare esta interrupción y seguiré explicándote las cosas. Cygnus esperaba que tu padre tuviera algo de poder mágico pero no fue así, por segunda vez un squib impedía que los planes de los Black se llevaran a cabo. Cuando estaba en su lecho de muerte, hizo prometer que yo me casaría con la nieta de Thorment... pero murió antes de dar los detalles necesarios para encontrarte.
-¿No hay modo de evitarlo?
Draco negó con la cabeza mientras abría con un hechizo inaudible el primer cajón del escritorio, saco un manuscrito algo amarillento y lo deposito ante ella.
-Léelo. Veras que fue redactado de modo que no haya escapatoria, fue redactado con la clara intención de que sus deseos se verían cumplidos.
Hermione comenzó a leerlo, intentando en el mínimo tiempo posible memorizar tantas partes como le fuera posible para con más tranquilidad en su casa tratar de encontrar una escapatoria a todo este lió.
Las normas a seguir para que este contrato sea considerado hecho, con el peligro de que ambas familias queden extintas sin importar cual de las dos partes se rehusé, son las siguientes:
-Debido a la diferencia de edad que pueda existir entre los contrayentes, la boda deberá realizarse obligatoriamente antes de que el más joven de los cónyuges cumpla veintitrés años.
-Se exige que el matrimonio conviva durante un año bajo el mismo techo.
-Durante este plazo de un año se espera la concepción del primer descendiente legítimo, por lo tanto la mujer tiene prohibido intimar con cualquier hombre que no sea su marido.
Esta ultima hizo que Hermione frunciera el ceño. La mujer tenía que ser fiel, ¿y el hombre no? Ciertamente ese contrato destilaba machismo por cada una de las palabras que lo constituían. Pero tampoco había mucho que pudiera hacer si no quería tener la muerte de su familia sobre su conciencia durante poco tiempo que le quedara hasta que el contrato se cobrara su precio por no ser cumplido, tendría que aceptarlo. Por suerte, no sentía nada por él como para importarle cuantas mujeres podía llevar a su cama.
Sacudió la cabeza y siguió leyendo, veinte, treinta, cuarenta hasta llegar a las cincuenta normas, si la norma de la fidelidad había conseguido asombrarla y enfadarla esta no quedaba atrás. Intento deshacer el nudo que tenía en la garganta tragando saliva varias veces mientras sus ojos se demoraban en ese línea una y otra vez, tratando de hallar un significado que no fuera el más obvio. Y en ese momento tuvo que reconocer que Draco tenía razón, sus familias se habían asegurado de que no había modo posible de romper el contrato ya que la ultima norma exigía para ser considerado cumplido que los contrayentes realizaran un juramento inquebrantable para evitar que alguna norma no fuera cumplida.
-Como... como... se les pudo... ocurrir hacer esta norma –le costaba hablar, sus ojos seguían fijos en ese punto del contrato.
-Granger, piensa en quienes redactaron el contrato. Los Thorment y los Black fueron dos de las más importantes familias mágicas que han existido, así que no es de extrañar que utilizaran todos los medios a su alcance para asegurarse de que su descendencia cumplía sus expectativas.
-Pero, ¿no pensaron que muy posiblemente no pudiéramos ni vernos? ¿Y si no hubieras conseguido dar conmigo?
-Esperaban que pudiéramos crecer juntos, de modo que los enfrentamientos que tuvimos durante Hogwarts jamás se habrían producido y hubiéramos crecido sabiendo lo que se esperaba de nosotros. Hubiera sido un matrimonio de conveniencia pero, al menos, nos hubiéramos conocido lo suficiente como para no martirizarnos el uno al otro. En cuanto al tema de que hubiera pasado si no te encuentro a tiempo, creo que ya lo sabes.
Hermione asintió con la cabeza y centro su atención en el contrato. Desde que su padre soltara la bomba acerca del matrimonio había esperado encontrar algo con lo que escapar de esa situación. Cuadro los hombros al darse cuenta de lo derrotistas que eran sus pensamientos. Era una Gryffyndor, ¿no? Entonces tendría que asumir las cosas y sacar el máximo partido de ello, aunque en ese momento solo pudiera ver cosas negativas en toda la situación. Pero como leona debía tener valor para afrontar todo esto, había sobrevivido a una guerra, no perdería la compostura por esto.
Draco miro a la joven, viendo pasar por su rostro las ideas que circulaban por su mente. Parecía que seguía sin ser capaz de utilizar una mascara cuando estaba en presencia del "enemigo" ya que fácilmente pudo ver cuando acepto que no había escapatoria posible y hubiera podido jugarse el cuello, a que acababa de recordarse que era una Gryffindor y como tal tenía que comportarse. Era una de las cosas más curiosas que había visto en los integrantes de esa casa, aparte del hecho de que su valor rallaba en más de una ocasión la locura al arriesgar la vida sin un buen plan.
Negándose a perder más tiempo, se levanto y dijo:
-Pasemos al comedor.
Hermione se levanto y apretó entre sus dedos un extremo del chal que seguía cubriendo sus hombros en un claro indicio de nerviosismo. Al darse cuenta de que iba detrás de él enarco una ceja y acelero sus pasos para poderse poner a su mismo nivel. Si Draco Malfoy esperaba que ella fuera una mera sombra que le siguiera, como hacían antaño las mujeres teniendo que caminar tras sus hombres, iba a llevarse una más que desagradable sorpresa.
Esperaba que él le indicara, como había hecho en el estudio, que se sentara mientras este hacía lo mismo. Pero no fue así. Draco era un caballero y si bien son pocas las cosas buenas que aprendió de su padre, esta era una de ellas: un hombre siempre tenía que retirar la silla a la mujer y acercarla antes de sentarse él mismo a la mesa.
Tras un chasquido de sus dedos los platos de comida aparecieron ante ellos. Hermine frunció los labios al percatarse de que obviamente los Malfoy tenían elfos domésticos y su más que bien desarrollado sentido de igualdad para todos los seres vivos salio a la superficie al preguntar:
-¿Tienes elfos domésticos? Quiero que sepas que no voy a tolerar durante mi estancia en esta casa que maltrates a ninguno de ellos...
-Antes de amenazar, asegúrate de saber de que hablas –la corto Draco-. Y sí, hay elfos domésticos en la casa.
-No estoy amenazando, simplemente expongo un hecho: no voy a permitir ningún maltrato o trato no igualitario.
-Por lo que veo, sigues con todo ese tema del... como era... ah, sí, el P.E.D.D.O.
-Pues sí, ¿supone algún problema?
Draco soltó una carcajada, la primera que no contenía un frío glacial capaz de helarte la sangre en las venas, ante las palabras de ella. Ignoro su pregunta y comenzó a comer.
Hermione le miro y frunció los labios. Deseaba seguir discutiendo con él, pero había aprendido a lo largo de los años que pasaron juntos en la base que cuando Draco se comportaba así daba igual lo que dijera ya que este no respondería. Solo alzaría una ceja y una sonrisa irónica curvaría sus labios en una clara muestra de que se consideraba en lo cierto, sin importar de que tema se hubiera tratado.
Apenas comió, a pesar de lo sabrosa que estaba la comida ya que realmente los elfos tenían una capacidad excelente en todos los temas que estuvieran directa o indirectamente relacionados con la comodidad de sus amos. Cuando dejo el tenedor al lado del plato medio vació se aclaro la garganta y pregunto:
-¿Cuando deberá celebrarse la boda?
Draco alzo los ojos y los clavo en los de ella.
-En cuatro meses tendría que estar todo listo. Tiene que ser una gran boda, no todos los días se unen miembros de importantes familias y en la actualidad se sigue recordando a los Thorment.
-Malfoy, soy una Granger, no una Thorment.
Draco alzo una ceja ante estas palabras esperando a que ella explicara a lo que se refería.
-Siempre me han tratad como hija de muggles, quiero que esto siga siendo así. Soy y seré una Granger, sin importar quien fuera mi abuela. Espero que esto te quede claro.
-Como quieras.
Obviamente la joven había esperado otra clase de respuesta de parte de él, pero Draco sabía que ya no se le podía considerar un defensor de la limpieza de sangre. Por lo tanto, daba igual si se creía que se casaba con una "sangre sucia" o con una mestiza, los defensores de estos dogmas ya habían tomado una decisión cuando tomo parte activa en la guerra en vez de permanecer neutral. Esto había repercutido negativamente en sus negocios y se había visto obligado a ver como algunas de las familias que antaño alababan a su familia rompían toda unión económica con su familia.
No permitió que esto lo detuviera y ahora empezaba a ser capaz de levantar de nuevo el imperio que una vez tuvo su familia. También le había hecho reconocer a aquellos que solamente habían deseado relacionarse con el apellido Malfoy cuando este estaba limpio... una vez caído en "desgracia", habían huido como las víboras que eran sin importarles realmente el hecho más que posible de perder grandes cantidades de galeones al negarse a seguir haciendo unos negocios que siempre habían sido más que jugosos.
Menos de una hora más tarde había dejado a Hermione en su casa y se había encerrado en su despacho, con una serie de documentos comerciales que requerían su atención. Al sentarse, vio la foto en la que estaban él y Pansy juntos. Ambos sonreían y se podía ver como una mirada picara oscurecía los ojos de ella antes de revolverle el pelo y tener que soportar la mirada de furia helada que le lanzó él. Sonrió al verlo, no era de extrañar que en poco tiempo ella se hubiera convertido en su amiga...
Realmente la única amistad verdadera con la que había contado en su vida. La joven, al igual que él mismo, había perfeccionado una magnifica mascara de frialdad y prepotencia desde la que contemplaba a todo el mundo. Solo cuando estaban solos se podían permitir prescindir de engaños y encubrimientos para ser ellos mismos. Habían tenido infancias duras por distintos motivos, pero esto había logrado que se acercaran y formaran un magnifico equipo capaz de enfrentarse al mundo cubriéndose las espaldas el uno al otro siempre.
La foto había sido tomada poco después de que entraran en la Orden, recordó en ese momento la dura pelea que habían tenido y en la que había logrado convencerla.
Se había presentado en el hogar de los Parkinson, teniendo que soportar miradas un tanto altaneras hasta que le reconocieron y es que su aspecto no era el mejor. Sabía lo que quería hacer pero no podía evitar que las dudas le royeran. Confiaba en ella, sabía que podía hacerlo... pero las consecuencias serían tan negras si ella demostraba no ser merecedora de esta amistad.
Sus ojos recorrieron la habitación, centrándose en la puerta cuando la vio entrar. Sus rasgos se veían duros, con esa expresión que la hacía asemejarse a un perro de caza aunque seguía habiendo belleza en sus rasgos solo para aquellos ojos capaces de penetrar tras esa fría fachada. Aquel que fuera capaz de hacerlo se encontraría con unos ojos oscuros y suaves, llenos de ternura y unos labios capaces de esbozar la más amorosa de las sonrisas.
-Draco.
-Tengo que hablar contigo.
La joven asintió y se dirigió hacía su dormitorio. Sabía que sus padres, al igual que los de Draco, siempre habían deseado que fueran pareja. Habían aprovechado esto para escapar de matrimonios concertados que a ninguno le traería la felicidad. Una vez dentro de la habitación, hizo un hechizo para que no se escuchara lo que iban a hablar. Conocía perfectamente a Draco y la mirada en sus ojos le decía que la privacidad era imprescindible.
-¿Qué pasa?
-Mi padre... vi como... –sacudió la cabeza, le costaba aún poner en palabras las imágenes que había visto y no sabía como explicarlo.
Al ver el estado de agitación en el que se encontraba Malfoy, Pansy movió la varita haciendo aparecer una copa con güisqui de fuego. Hizo que Draco se sentara y puso la copa en sus manos, le obligo a beber hasta que vio como sus rasgos perdían parte de esa dolorosa rigidez.
-La mato.
-¿Qué?
-Él la a matado por orden del que no debe ser nombrado... –murmuro bajando la voz.
-Draco, ¿quien ha matado a quien? –murmuro Pansy arrodillándose ante él, mirándole a los ojos y puso una mano sobre su rodilla notando como su cuerpo se sacudía por las fantasmales imágenes que habían anidado en su mente.
-Mi padre... a mi madre...
La joven quedo impactada. Sabía que la relación entre los padres de su amigo no era la mejor, pero no esperaba que él fuera capaz de hacer algo así. No sabía como ayudar a Draco y esa impotencia la estaba matando.
-Tengo que... encontrara la Orden...
-¿A que orden te refieres?
Haría cualquier cosa por él, solo necesitaba saber que hacer. Se estrujo el cerebro pero ningún plan parecía lo bastante bueno como para suponer un modo en el que pudieran obtener justicia o venganza.
-La Orden del Fenix. Son los que se oponen con mayor fuerza a Él.
-Te ayudare.
-¡No! No hasta que sepa... si serán capaces de aceptarme. Las consecuencias pueden ser terribles. Pansy, nos convertiríamos en traidores.
-Lo sé –sonrió.
-¿No te preocupa como te trataran los demás? Eso sin mencionar los riesgos de que perdamos la guerra.
-Draco, conozco todos los inconvenientes. Si quieres, acepto que vayas la primera vez solo. Pero ten en cuenta que eres la única familia que tengo y el único que me preocupa lo suficiente como para tomar en cuenta su opinión. Así que cuenta conmigo.
Draco esbozo una sonrisa cargada de tristeza. Nadie podría imaginar la clase de conversación que habían mantenido, la gente les consideraba fríos y carentes de sentimientos. No comprendían que los Slytherin solían tener solo uno o dos amigos pero que por estos serían capaces de idear cualquier plan que les beneficiara, en muchas ocasiones poniéndose en riesgo a si mismos. No eran idiotas sentimentales como los Gryffindor pero si tenían un arraigado sentido de la amistad y la lealtad.
Pero su lealtad y amistad era tan fuerte, que pocas veces se podían permitir confiar lo suficiente en demasiadas personas para forjar una amistad, ya que sabían que seria gente con el conocimiento suficiente como para que su traición fuera mortal.
Y es que no hay que olvidar que un rasgo casi siempre distintivo de un Slytherin es su capacidad para traicionar... y solo podían hacer amistades dentro de su casa. Esa había sido una dolorosa verdad que habían aprendido al poco de entrar en Hogwarts. Las demás casas les miraban con inseguridad y miedo, los murmullos de distintas voces les seguían sin importar a donde fueran. Finalmente aprendieron que los demás jamás serían capaces de verles como individuos, solo eran una extensión de la casa más odiada dentro y fuera de Hogwarts.
Pasaron varios meses antes de que volvieran a verse. Meses en los que los acontecimientos habían endurecido a Draco, dejando al niño cobarde y creído atrás para convertirse en un hombre. No sabía como explicar lo que había visto y hecho, sabía que una carta sería un medio pobre para hablar con ella. Pero realmente tenía que saber si podía contar con su amistad. Así que pidió a Hermione que le prestara su lechuza. Tuvo que soportar que ella le observara mientras escribía y ataba la carta a la pata del animal.
Comprendía que aún no confiaban en él. Daba igual el hecho de que las heridas de su cuerpo demostraran que realmente había cambiado de bando... así que tuvo que tragarse su orgullo y recurrir al único miembro de la casa que tenía una mínima educación que la llevaba a no recurrir a insultos o amenazas, a menos que fuera provocada. De no haber sido porque carecía de los medios para poder contactar con Pansy, jamás le hubiera pedido nada a Granger. No soportaba como le miraba y actuaba a su alrededor. Parecía esperar que de un momento a otro él sacara su varita e intentara atacarla, por lo que siempre parecía preparada para luchar cuando él entraba en una habitación o se encontraban en un pasillo. Incluso cuando se desarrollaban las reuniones.
Fue una gran sorpresa recibir una respuesta dos horas después. Salio del cuartel y se dirigió al parque muggle en el que había citado a Pansy. Al llegar, la descubrió sentada en un banco con la mirada perdida en los niños que jugaban a poca distancia.
-Dime, ¿como te fueron las cosas?
-Les encontré... y quiero que sepas que si sigues queriendo venir conmigo, tu relación con ellos no va a ser la mejor. Esta el Trío Dorado y cada vez que nos cruzamos parecen desear que haga un mal comentario para descuartizarme. Así que contigo sería igual...
La joven asintió con la cabeza. Draco no le decía nada nuevo. Era comprensible como actuaban ellos ya que casi desde el principio no se habían podido ni ver y realmente no tenía nada que perder.
-Iré a hablar con Dumbledore y le diré que quiero ayudar –se apoyo contra el respaldo y alzo la mirada al cielo.
Draco la miro y suspiro. Los padres de ella acabarían enterándose de esto, lo sabía. Al igual que medio imaginaba las consecuencias que podría tener.
-No son tan distintos a nosotros... –murmuro la joven con la mirada puesta en los niños que jugaban.
-¿Qué?
-Los niños muggles. Sé nos educa para odiarles, pero viéndoles ahora comprendo que no tienen cola ni cuernos. Quizás seamos mejores, pero no tan diferentes como intentan que creamos.
Malfoy frunció el entrecejo al recordar las consecuencias que había tenido esa conversación en el parque. La siguiente vez que vio a Pansy, tenía un labio partido y un pequeño moretón en la mejilla... eso sin tener en cuenta que estaba arrastrando por Grimmauld Place un pequeño baúl.
Sus padres la echaron de casa, borrando su nombre del árbol familiar. Al abandonar su casa sólo pudo llevarse unas pocas prendas y algún que otro recuerdo familiar que sus padres no echarían de menos, sabía que si descubrían que había sustraído algo de la casa las consecuencias podrían ser terribles pero eso no evito que se llevara las cosas que su abuela le había regalado. Esa mujer era la única que había sido capaz de darle cariño en una mansión en la que no había risas ni calor familiar.
El hecho de acertar en sus predicciones le disgusto sobremanera, ya que sabía que aunque la relación de ellos nunca había sido la mejor, ella siempre había hecho todo lo que estuvo a su alcance para complacerles.
Tomo la pluma y se obligo a concentrarse en los contratos. No podía permitir que la gente, ahora que su apellido no era temido, pensara que podían engañarle. Eso le llevaba a tener que revisar cada acuerdo desde la primera a la última línea.
Paso varias horas trabajando hasta que con un suspiro de agotamiento deposito la pluma y roto los hombros tratando de aliviar la tensión que sentía. Se levanto y se acerco hasta un pequeño botellero de madera labrada que se encontraba en la esquina derecha de la habitación. Tomo una copa y vertio un poco de Magnun.
Sabía que era una tontería no utilizar la varita para todo esto, pero realmente necesitaba estirar las piernas.
Había comprendido desde el primer momento que Granger estaba intentando memorizar el contrato. Esos casi cinco años de guerra, viviendo bajo el mismo techo, habían hecho que la conociera bastante bien. Era una mujer a la que le gustaba el conocimiento pues este es poder, un poder que podría ayudarle en cualquier momento. Finalmente había preferido no decirle nada, dejar que su cabecita siguiera dándole vueltas a todo el asunto.
Al fin y al cabo, aunque le hubiera explicado que había llevado el contrato hasta el despacho del mejor abogado del mundo magico sin conseguir nada, no le creería.
Tras guardar y asegurar los documentos, relleno la copa y se dirigió hasta su habitación. Esta se encontraba en la planta superior, a la derecha de las escaleras de mármol blanco. La puerta de robusta madera de roble estaba grabada con el escudo de los Malfoy y el pomo tenía la forma de una estilizada cabeza de pitón.
Era una habitación grande, en la pared derecha se encontraba otra puerta tallada que daba al cuarto de baño. Las paredes estaban pintadas en un tono verde oscuro y la cama era de estilo antiguo, con postes y doseles que permitían en verano dormir con las ventanas abiertas sin temor a que la luz de la mañana molestara. Sus pasos tranquilos se escucharon en el suelo de madera pulida.
Se desnudo y dejo la ropa sobre una silla colocándola pulcramente. Se paso la mano por el rubio cabello mientras se dirigía al baño. Sus ojos recorrieron la gran piscina que había en el centro de este, el suelo de mármol de un verde casi negro estaba tan pulido que reflejo casi como un espejo su mano al inclinarse para accionar la llave para llenar la bañera.
Se deslizo dentro y se apoyo contra ella, dejando caer hacía atrás la cabeza con los ojos cerrados mientras dejaba que el agua caliente calmara parte de la rigidez de sus músculos.
Aunque no le gustara, tenía que reconocer que cuando quería Hermione era capaz de sacar una belleza que solía mantener oculta tras esas ropas cómodas y túnicas anchas. El vestido que se había puesto resaltaba de maravilla los mejores rasgos de su cuerpo, dejando entrever lo suficiente para que los ojos de más de un hombre la admiraran.
Sonrió al pensar en los colores del vestido. Era demasiado obvio que había sido una pequeña rebelión contra él, no era necesario ser demasiado inteligente para darse cuenta de lo que esos colores representaban.
Su sonrisa se ensancho al pensar que había tenido el efecto contrario. El rojo oscuro contrastaba perfectamente con su pálida piel y no era tan estúpido como para preocuparse o sentirse ofendido por una combinación de colores en concreto.
Se sumergió más profundamente en el agua al percatarse de que ese año sería, posiblemente, terrible. Desear a una mujer y saber que esta no soporta ni el más mínimo roce tuyo era un infierno personal. Obviamente tendría que recurrir a bastantes duchas heladas para calmar su libido.
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Nada más llegar a su casa, tras saludar a sus padres, entro en su habitación y se desnudo poniéndose unos cómodos pantalones y una camiseta de tirantes. Sus pies desnudos apenas hicieron ruido al subir los escalones que daban al desván.
Encendió la luz y miro el tatami. Necesitaba sacar al menos parte de los nervios que llevaba encima y había aprendido que el ejercicio físico era en muchas ocasiones lo mejor para esto. Se posiciono y comenzó a realizar algunos movimientos de aikido.
Al principio, había considerado una gran tontería tener que aprender estilos de lucha muggles que no tenían nada que ver con hechizos ni con el modo de luchar de sus enemigos. Pero cambio de opinión al ver como el aikido, karate, lucha callejera y otros tantos tipos de luchas permitían que su cuerpo tuviera una agilidad que le permitiría esquivar hechizos tan poderosos que no había nada que pudiera utilizar para detenerlos.
Además del hecho de que en algunas ocasiones no luchaban contra mortifagos, sino con licántropos y vampiros, entre otras muchas razas que habían optado por seguir a Voldemort, por lo que la magia perdía valor.
No era lo mismo una patada bien conectada que haría que alguno de estos seres quedara un tanto mareado que un hechizo que sus pieles o poderes absorberían sin dejar rastro alguno de daño.
Se escaparon algunos mechones de la apretada coleta que se había hecho, estos quedaban húmedos y pegados a su rostro. Cuando se noto lo bastante cansada, tenía la ropa completamente humedecida y pegada al cuerpo. Su respiración era jadeante mientras descendía las escaleras y se encaminaba a su dormitorio.
Cerró la puerta a su espalda y se fue desnudando en su camino al baño. Aparto la cortina de la ducha y se introdujo, accionando el mando del agua caliente. Se deshizo del coletero y dejo que el agua acabara de humedecer su cuerpo.
Alzo el rostro, con los ojos cerrados, a esas deliciosas y calidas gotas. El calor estaba ayudando a terminar de relajarla.
Se seco y tras ponerse el camisón se metió en la cama. Parecía que había habido algo bueno en todos los nervios que había pasado, esa noche estaba tan cansada que probablemente su mente no le jugaría la mala pasada de introducir las usuales pesadillas.
Cerró los ojos y se dejo caer entre los brazos de Morfeo.
Sus pasos resonaban sobre el marmóreo suelo mientras alzaba su cabeza viendo el altar. Draco se encontraba ahí. ¿Qué podía hacer Malfoy en un sitio tan... tan... muggle? Era obvio hasta para los no creyentes que se encontraban en una iglesia...
La respuesta llego a su mente al bajar la mirada y ver el modo en el que estaba vestida. La seda blanca bordada con pedrería se ceñía a su torso, la pequeña cola se arrastraba por el suelo y sus manos estaban cubiertas por guantes también blancos que llegaban hasta un poco por encima de sus codos.
Tenía sujeto un buqué de rosas blancas.
Era el día de su boda. ¿Como había llegado tan rápido? Sus labios temblaban cuando se detuvo al lado de él. Miro a su alrededor. ¿Donde estaban sus amigos?
Ah, sí. Sus mayores temores se habían confirmado. Había tenido una gran pelea con ellos, se habían cruzado muchas palabras duras y acusaciones. Finalmente ellos se habían marchado diciendo que preferían que estuviese muerta que unida en matrimonio con ese ser.
Al recordar esto sus manos temblaron. Cierto, ellos no eran los únicos amigos con los que podía contar. Pero si habían sido los primeros en ver tras la fachada de chica estudiosa y descubrir a alguien en quien merecía la pena confiar. No podía creer, incluso en ese momento, que todo hubiera terminado de ese modo.
Draco la cogió del codo acercándola a su cuerpo y se inclino dejando a unos milímetros sus labios de su oído.
-Sabes, hay un modo de evitar todo esto.
Los ojos de ella se ampliaron. ¿De ser así por que había permitido que esto llegara tan extremadamente lejos?
-Matarte.
Una maligna luz verde que lo inundo todo fue lo ultimo que vio.
La joven se sentó en la cama. Sus labios estaban separados mientras intentaba llevar aire a sus pulmones. Una pesadilla, eso había sido. Pero a pesar de saberlo no conseguía que el ritmo de su corazón fuera más lento.
Se llevo las manos al rostro y aparto los rizados cabellos. Se levanto y tras humedecerse el rostro volvió a recostarse.
No tenía que temer que sus padres aparecieran por la puerta. Cada noche, antes de dormir, se aseguraba de hacer un encantamiento para que ningún ruido se filtrara. Los primeros días que había pasado en su casa habían sido un martirio tanto para ella como para ellos.
Las continuas pesadillas, que parecían no querer dejarla descansar, habían ido perdiendo virulencia pero seguían poblando sus sueños. Era cierto eso de que solo cuando descansamos, dejando nuestra mente sin control, se nos muestran nuestros más grandes temores.
Bueno, al menos en este sueño no había tenido que revivir como sus amigos y compañeros caían uno por uno tras ese malvado contrincante. Habían vencido pero, en algunos momentos ella se sentía perdedora.
Y es que no hay mayor perdida que la de la inocencia. ¿Pero como mantenerla cuando te ves obligada a tomar tu varita y a que tu voz no tiemble cuando el hechizo escape de tus labios? Sabía que había hecho lo que era necesario, ¿entonces porque no podía encontrar paz en ese pensamiento?
Sacudió la cabeza. Solo era cuestión de tiempo, se repitió a si misma como tantas otras veces. Cuestión de tiempo que su vida retomara el camino normal y que ese infierno acabara saliendo de su vida.
Al volver a tumbarse, sus ojos vieron la fotografía que descansaba sobre la mesita de noche. Neville, Ginny, Luna, Harry, Ron y tantos otros que de un modo u otro habían sido afectados por esas batallas. Alargo una mano y rozo algunos rostros. Las lágrimas se vertieron libremente por sus mejillas al darse cuenta de que estaba acariciando a aquellos que en la actualidad yacían en la fría tierra...
Cerro fuertemente la mano convirtiéndola en un puño, sin importarle clavarse las uñas en la palma hasta que sintió como la sangre se vertía. Se obligo a abrirla y cerró los ojos, vaciando su mente de todo pensamiento. No podía permitir que esto la destruyera, tenía que seguir por ellos.
Seguir por los que habían perecido deseando un futuro mejor. Eran tantos, su corazón se encogía solamente al pensarlo. Pero lo había prometido el día que enterraron a Ginny, recogería los pedazos destrozados de su vida y se levantaría, viviría cada segundo al máximo. Por ella, por ellos, por todos aquellos que habían brindado amistad y apoyo a una de las que tanto tenía que perder si ganaba Voldemort.
Apretó más fuertemente los ojos, conteniendo las lágrimas y normalizo su respiración. Debía dormir, al día siguiente si sus amigos no iban a verla se presentaría ante ellos. No iba a permitir que se apartaran de su vida. Ellos ocupaban un lugar muy importante en su corazón y no podía permitir que más cubículos de él quedaran llenos solo de recuerdos.
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Si bien pasaba la mayoría de las horas diurnas con Harry, Ron seguía viviendo en la Madriguera. Era extraño como habían cambiado las cosas con los años. Siempre creyó que cuando comenzara a cursar los estudios superiores se marcharía de casa y ahora comprendía que era ahí donde más le necesitaban.
Aunque luchaban cada día por mostrar una cara sonriente, era obvio para cualquiera que la muerte de su hermana había destrozado a su familia. La casa carecía de las risas y el calor que siempre la habían caracterizado. No podía dejarles.
Al bajar a desayunar cada mañana, veía los rostros serios y demacrados de ellos. Sus sonrisas eran tirantes, claramente falsas. Al ver sus rostros, las palabras quedaban atascadas en su garganta. Los gritos de impotencia se retenían, siendo camuflados por una mascara.
¿Cómo podía decir, gritar, que no pasaba nada si mostraban su dolor? Comprendía que era el modo en que ellos se enfrentaban al sufrimiento, pero era doloroso ver como sus ojos se apagaban y como el nombre de ella no se pronunciaba en la casa.
Cada vez que Ginny aparecía en una conversación, su madre salía de la habitación. La escuchaba subir rápidamente las escaleras y entrar en su habitación. No necesitaba utilizar las "Orejas Extensibles" que habían creado sus hermanos para saber que hacía. Lloraba. Sola, en la tranquilidad de su dormitorio, las lagrimas que contenía fuertemente se derramaban.
Deseaba ayudarles, ¿pero como hacerlo si no podía ayudarse a si mismo? Se sentía mal, realmente mal. La muerte de ella había extendido un negro baldón sobre su familia y no podían rehacer de un modo normal sus vidas.
Recordó las ultimas palabras de su hermana, cuando de un modo extremadamente perspicaz comprendió las miradas que le dirigía a Luna.
-Ron, no seas tonto. Recuerda que cada día es una batalla por sobrevivir.
-Lo sé.
-Entonces, ¿por qué no aprovechas hasta la más tonta oportunidad que se te pueda presentar para ser feliz?
-No entiendes...
-Lo entiendo, Ron. Es el orgullo y el miedo al rechazo lo que te contienen.
-¡Ginny, te equivocas?
-¿Seguro? –le miro directamente a los ojos-. No ves que si ella muere te va a quedar el peso de saber que no aprovechaste una oportunidad magnifica de ser feliz. O imagina que mueres tu, ¿de que habrá servido el luchar? Podemos ganar, pero es que incluso el mero hecho de buscar nuestra propia alegría es una batalla en la que ellos no nos pueden ganar, una lucha que debemos encarar.
-No sabes de lo que hablas –sus palabras contenían un deje acerado. Se giro y se alejo de ella.
Ginny sabía de lo que hablaba. Su mente estaba cerrada en ese momento al hecho de que ella era la que más miedo debía enfrentar. No era solo la posible muerte de todos aquellos a los que quería, Harry era una pieza fundamental en el tablero que se había dispuesto.
Sin él, la guerra estaba perdida. Tenía que enfrentarse al que no debe ser nombrado de frente. Y su hermana comprendía esto, por lo que siempre se aferro a él. Cada minuto que tenían en los que no había que hacer planes, lo pasaba a su lado. Recordaba verla apoyando la cabeza en su hombro mientras hablaban con los demás. Parecía tener miedo de alejarse, como si un mero movimiento pudiera eliminar todo aquello que tenía.
Lo que nadie hubiera imaginado era que Harry sobreviviría para verla tirada en el suelo. Sus ojos abiertos sin ver nada y su pecho quieto, sin vida. Desde ese momento su amigo se convirtió en un muerto en vida. Nada parecía hacerle feliz, nada llevaba vida a sus ojos. Solo los que mejor le conocían pudieron comprender la razón.
Él había tenido pocas cosas en su vida, una vida plagada de menosprecios. Y Ginny había sido aquella que le había mostrado que podía soñar con una familia sin miedo a perder toda posibilidad. Se había aferrado con uñas y dientes a ese sueño para que todo acabara de esa manera.
Tenía miedo de los cambios que se estaban produciendo en él. Sabía que siempre podría confiar en su amigo, pero quería llevar algo de alegría a sus ojos. Y no encontraba modo de hacerlo, al igual que no había ninguna formula fácil para mejorar el estado en el que se encontraban sus padres.
Suspiro. Era cuestión de tiempo. Este cierra todas las heridas, hasta las más profundas acaban siendo parcheadas por él.
Y ahora esta noticia. El que Hermione estuviera obligada a casarse había desestabilizado aún más sus vidas. Pero lo peor es que tenía que hacerlo con aquel que había transformado en un arte el complicarles la vida.
Sacudió la cabeza. Comprendía que había cambiado, lo había demostrado las suficientes veces como para que no le cupieran dudas. La última fue a los pocos minutos de morir Ginny. Draco había utilizado, con voz y mano fría, el Avada Kadreva. Había atacado de lado y no fue hasta que este cayó al suelo que se pudo ver claramente la identidad del atacante.
Lucios Malfoy.
Imaginaba que de ese modo le había sido más fácil cumplir con el cometido que se había impuesto, pero la verdad es que Draco seguía siendo bastante inexpresivo y no mostró ninguna emoción al ver caer a su padre.
Se dirigió hacía la cama tras apagar la luz y se acostó. Mañana debería levantarse temprano para ir con Harry a ver a Hermione.
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Grimmauld Place se encontraba en poder de su nuevo propietario. Había sido un trabajo difícil, pero finalmente había conseguido que la casa se volviera acogedora.
En cada lugar al que miraba, veía algo que se la recordaba. No era de extrañar. Habían hablado muchas veces de como harían que fuera la casa que compartirían. Y tras su muerte, se había centrado en cumplir cada sueño que tuvieron.
Era extraño, pero eso consiguió mantenerlo cuerdo. Seguía sin ser capaz de dormir una noche completa. Siempre despertaba del mismo modo. El cuerpo empapado en sudor, los ojos desorbitados y las manos fuertemente cerradas alrededor de las sabanas.
Seguía viéndola caer. Cada noche era el mismo infierno. Madrugada a madrugada, el mismo ritual volvía a repetirse. Al despertar, bajaba a la cocina y se servía una copa. Se sentaba en una silla clavando la mirada en un punto inconcreto de la pared y ante sus ojos volvían a repetirse todos los momentos en que estuvieron juntos.
Había esperado ser él el que cayera, nunca se preparo para tener que enterrarla. Ella le había dado un motivo lo bastante fuerte como para que se agarrara a la vida, para enfrentarse con valentía a lo que el destino le había deparado. Lamentaba no haber podido hacer lo mismo por ella. Cada vez que ese pensamiento aparecía por su mente, sacudía fuertemente la cabeza y negaba.
Ginny le amaba. No soportaría ver el estado en el que se encontraba. Cada amanecer, se hacía la misma promesa solo para volver a romperla a la noche siguiente. Ponía todo su empeño en recuperarse, por ella. Porque sabía que la hubiera destrozado verle así.
Pero no podía hacer nada. Una parte importante de él había descendido junto el cuerpo inerte de ella en una fría tumba. Había quedado una cáscara del que antaño fue un alegre y valiente joven.
Parecía que solo cuando estaba con Ron y Hermione la cáscara se rellenaba un poco. Y ahora descubría lo que se veía obligada a hacer ella.
La apoyaría y tendría la varita preparada. Había perdido demasiado como para que le importaran las consecuencias de sus acciones. Si él la dañaba en lo más mínimo, le haría rogar por la muerte.
Al fin y al cabo, había aprendido muy bien del maestro. Voldemort había sido un duro maestro. Había ganado y se sentía perdedor. El que no debe ser nombrado estaba muerto y él vivo. Pero sabía, cada vez que se miraba en un espejo, que la victoria no había sido completa.
Para ganar, había tenido que perder a demasiadas personas. Sus padres, Sirius, amigos... y cuando creyó que todo había terminado, la perdió a ella. Por ello, cualquiera que se atreviera tan siquiera a mirar un poco mal a alguna de las personas que le importaban, comprenderían que Harry James Potter ya no tenía nada que perder y que les protegería sin importar los métodos que tuviera que emplear.
Subió las escaleras y se acostó. Sabía que sería poco el tiempo que tendría de descanso, pero si no quería preocuparles aún más, tendría que tener una apariencia medianamente sana.
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Por la ventana de su habitación, vio como amanecía un nuevo día. Domingo. Tenía que levantarse y acabar la redacción. Se reprocho no haberla tenido ya hecha. Parecía que un contrato matrimonial podía desestabilizar a cualquiera, incluida ella.
Suspirando se levanto de la cama y después de ducharse, se sentó para terminar el trabajo. Habían pasado unas dos horas cuando escribió la última palabra. Miro el reloj y suspiro. Las nueve de la mañana y sus amigos no habían dado señales de vida.
Era en momentos así cuando más deseaba que la casa tuviera una chimenea. Entonces, con un poco de Polvos Flu podría ir directamente a casa de Harry o a la Madriguera y preguntarles que opinaban sobre lo que iba a pasar.
Sonrió al pensarlo. Podía no tener los polvos, pero tenía unas buenas piernas y ganas de andar un poco. Se levanto y se dirigió al armario. Paso las pechas una a una, mirando hasta que dio con unos vaqueros y tras rebuscar en uno de los cajones encontró una camisa que no había visto en mucho tiempo.
En una de las raras ocasiones en que había venido al mundo muggle con Ginny, esta la había convencido de entrar en una tienda de ropa. No paro hasta que consiguió convencerla de comprarse esa camiseta. De licra, se ceñía en exceso para su gusto.
Paso los dedos sobre la tela y sonrió al recordar ese momento. Realmente había sido divertido. La saco y la puso al lado de los vaqueros. Tras vestirse se puso unas zapatillas de deporte y bajo las escaleras.
Entro en la cocina y se acerco al frutero para tomar una manzana. Mientras pegaba un mordisco vio la nota que le habían dejado sus padres. Al parecer, habían ido a ver a su tío Jeremy. Se termino la manzana y se dirigió a la puerta. Al abrirla no pudo evitar que se le abriera la boca del asombro.
Harry y Ron sonrieron al ver la cara de ella. Parecía que no les esperaba.
-Chicos...
-Oye, ¿quieres que nos congelemos? –pregunto irónicamente Harry observándola.
-¿Qué?
-Que nos estamos congelando.
Hermione sacudió la cabeza y se aparto dejándoles pasar. Los guió hasta el comedor y se sentó mirándoles.
No sabía que decir, como comenzar la conversación que les había llevado hasta su casa. Por primera vez en su vida, se encontraba sin palabras. Les miro, en sus ojos se veía la impotencia ante este hecho sumado a su compromiso.
-¿Qué ha pasado? –pregunto Ron, su voz se oía aún más grave por la preocupación. Conocía perfectamente a la joven y sus ojos le estaban transmitiendo un mensaje que le preocupaba.
-Este viernes mis padres me explicaron algo que no me esperaba. Resulta que en verdad mi padre es un squib, al igual que mi abuela –se detuvo, sin saber como seguir explicando lo que había pasado. Ante la mirada inquisitiva y alentadora de Harry, continuo-. Esto en si no me preocupa, da igual ser hija de mugles o de squib. Lo preocupante es cuando te dicen que a causa de esto, tu destino esta sellado.
-¿Hay algún modo de evitarlo? –pregunto Harry.
-No. Si no me caso con él, significara que he rehusado el contrato y es vinculante... pero, por si eso fuera poco, toda mi familia paterna desaparecerá.
-Entonces, te casas –dijo Ron.
Hermione asintió con la cabeza y una sonrisa triste curvo sus labios.
-Sí, me caso. Tendré que convivir con él durante un año, después puedo divorciarme.
Entonces les miro, esperando en silencio su reacción. El temor atenazaba su garganta, haciendo que le fuera difícil respirar. Les quería muchísimo, no sabía como reaccionaría si ellos no podían soportar esto y decidían que no merecía la pena seguir en contacto con ella a causa de él.
-Borra esos pensamientos de tu mente.
Los ojos de Harry se habían endurecido aún más y Hermione comprendió que en esos seis años desde que abandonaran Hogwarts había cambiado mucho. Antes era un tanto despistado y hacía juicios erróneos, creyendo que las cosas eran de un modo cuando eran totalmente diferentes. Parecía que la guerra no sólo le había endurecido, poniendo un rictus amargo en sus labios y creando unas severas líneas en su entrecejo, también se había visto obligado a madurar hasta el punto de ser capaz de reconocer una intención o un pensamiento con una sola mirada.
-Si crees que te vamos a dar la espalda, tendrás que utilizar mejor esa cabecita –le dijo Ron frunciendo el ceño.
-Yo... tenéis razón, no sé porque he estado preocupada por esto.
Ron asintió con la cabeza, sus ojos habían perdido la inocencia que tuvieron antaño. Era extraño como la vida te hace cambiar. Estaba sentada ante dos de las personas a las que mejor conocía y no alcanzaba a terminar de comprender como era posible que estuvieran tan distintos.
Antes Ron hubiera comenzado a gritar, acusándola de algo que no había hecho o que no podía evitar. Ahora mostraba un apoyo y un sentimiento que antiguamente mantenía oculto. Los ojos de ella se humedecieron al comprender la causa de esto. Ginny. Había tantas cosas que empezaban y terminaban en ella... tantos cambios profundos.
Ron se levanto y se sentó al lado de ella, pasando un brazo por su cintura y haciendo que se apoyara contra su pecho. No le habían pasado desapercibidas las lágrimas contenidas en sus ojos. Y es que había tenido que desarrollar muy bien su mente y su capacidad para percibir todo lo que pasaba a su alrededor ya que en más de una ocasión había tenido que actuar como estratega.
Harry les miro, sin decir nada. Pero en su mirada se podía ver claramente lo que sentía y pensaba. Ella había llegado a ser una parte esencial en su vida, no permitiría que nadie le hiciera daño.
-Si en algún momento, hace algo que te hiera, dímelo.
Hermione le miro, mordiéndose el labio. Le conocía, actualmente Harry no hablaba en vano.
-No es necesario.
-Lo es. Prométemelo. No haré nada que no quieras, pero tienes que saber que puedes contar con nosotros para cualquier cosa que necesites.
-Eso ya lo sé.
Por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa sincera curvo los labios de él. Era cierto que se conocían, habían sido demasiados días encerrados juntos, planeando mil cosas como para que algo en sus compañeros les sorprendiera.
-Al menos, ahora sabemos que no es tan malo, ¿no? –inquirió Ron.
-No sé, es cierto que cambio para mejor, pero... –sacudió la cabeza-. Bueno, después de todo lo que hemos pasado, esto no va a poder conmigo. Soy Hermione Jane Granger y de ser necesario le haré frente en todo momento.
Las risas llenaron la habitación ante estas palabras. Por fin parecía que salía a la superficie la chica a la que conocían. Ella no era tímida ni vergonzosa, no tenía pelos en la lengua. Esta era la verdadera. No el clon pálido y ojeroso con el que tantas conversaciones habían mantenido. Parecía remotamente posible que algo bueno saliera de esto. Y es que aunque ella había luchado por ocultar su sufrimiento, la gente que la conocía era capaz de reconocer el dolor y pesar, las pesadillas que se adivinaban en sus ojos marrones.
Siguieron hablando, de todo y nada. De lo que esperaban hacer la siguiente semana y de los estudios. Incluso en un momento se toco de soslayo el tema de la guerra, para no ser profundizado ante la mirada acerada en los ojos de Harry.
Bueno, segundo capítulo reescrito. ¿Está mejor, verdad? O al menos eso creo yo... aunque espero que os siga gustando.
Comentario, si hay alguien interesado en que le avise cuando suba el tercer capitulo (ya que al resubir no manda notificación), que me deje un rebiew y lo haré encantada.
