Capítulo 3
Mientras hablaban, la joven no pudo evitar el mirar fijamente a Harry y no por primera vez la sorprendió lo que vio. El que había sido su amigo, sonriente, siempre con una carcajada fácil en los labios y los ojos llenos de vida y alegría había desaparecido hacía ya mucho.
Los ojos que la miraban ahora eran duros, fríos, no demostraban ninguna emoción salvo cólera y odio. Sus labios estaban apretados en un rictus amargo, duro. Gracias al fuerte entrenamiento en técnicas de combate muggles, su cuerpo había cambiado muchísimo, endureciéndose, volviendo cada músculo y hueso de su cuerpo en una maquina de matar.
Aún a pesar de los cambios que notaba en él, sabía que podía seguir depositando una fe ciega en Harry. Su amistad con ellos seguía tan fuerte y poderosa como siempre.
Había momentos en los que podía pensar, antes de fijarse detenidamente en sus ojos, que su alma no había llegado a ennegrecerse a causa de lo que había tenido que soportar y de la carga que llevo sobre sus hombros durante tanto tiempo.
Recordó muchos de los momentos en los que durante la guerra, los tres desearon poder actuar con la frialdad de los motifagos. Que las muertes y el dolor ajeno no les afectaran, que no les importara el hecho de tener que utilizar un hechizo oscuro. Pero no había servido de nada, siempre fueron cosas que les afectaron y... que seguían teniendo presentes.
Miro sus rostros y comprendió que habían sido demasiadas muertes, demasiado grande el temor que habían tenido que soportar en los cuatro años de batallas. Aún no había pasado un año desde que todo hubiera terminado, y creía comprender la razón de que su amigo estuviera así.
No podía olvidarla, olvidar su sonrisa, el amor que le tenía y que él correspondía con cada fibra de su ser. Y no es que ella lo hubiera abandonado, no, ni mucho menos. El destino había querido ser mucho más cruel, y seguir sin darle ningún respiro a Harry.
Parecía que la noche en que él había nacido, los dioses se hubieran juntado, imponiéndole la maldición de que cualquier persona a la que quisiera moriría.
Había sido un milagro que Ron y Hermione no hubieran muerto durante la batalla, sus cuerpos habían cargado con heridas más que suficientes para demostrar el verdadero horror de la guerra. Y gracias a una poción que había creado Luna, ahora solo existían las heridas en sus almas, pues las físicas habían desaparecido para siempre.
Pero es que las heridas del alma son las peores, siempre es muchísimo más difícil que cierren, que dejen de sangrar, y en ocasiones estas jamás curan.
Menos cuando la herida que había quedado en el alma de los tres se debía a la muerte de una de las personas que más habían querido.
Ginny.
Hermana de Ron, él jamás quiso darse cuenta de que su hermanita había crecido, que era una joven que realmente amaba, que el amor infantil y estupido que tuvo por Harry, el amor que sienten todas las niñas por alguien famoso, había cambiado, mutando en algo real, en un amor que era más poderoso que la muerte. Y finalmente, Ron había aceptado que Harry se convirtiera en su cuñado, pues le conocía perfectamente, y sabía que él preferiría morir antes de dañarla.
Mejor amiga de Hermione, la única chica con la que había sentido que podía hablar, que no la juzgaba sino todo lo contrario. La apoyaba, alentándola a descubrir aquello que realmente llenara su alma. Y es que Ginny siempre había tenido una sonrisa y una palabra de aliento para la gente a las que quería.
Prometida de Harry. Si, prometida. Habían estado preparando la boda cuando Voldemort por fin había dado la cara. A pesar de estar preparados, de haberse estado preparando para ese momento durante años, Ginny no fue capaz de evitar el Avada Kavreda que le lanzo Lucios. Harry en ese momento se encontraba a varios metros de distancia, siendo imposible que durante su encarnizada lucha con Voldemort se percatara de cómo la mujer con la que quería compartir su vida había caído inerte al suelo.
Fue Draco Malfoy quien lanzo la maldición imperdonable, la peor de las tres, quien acabó con él cuando vio caer a Ginny y a Hermione congelada en el sitio. Su rostro había permanecido frío, estoico, aunque la joven había podido observar como un el dique que contenía sus emociones se rompía un poco, permitiendo que en sus ojos se viera un destello de dolor y pesar.
Hermione sacudió la cabeza, apartando su mente de esos negros recuerdos. Los peores de toda su existencia, y se recordó que era una estupidez preocuparse por un matrimonio de conveniencia. ¿Si había sido capaz de sobrevivir a la guerra, acaso era un matrimonio peor? Y más si tenemos de que a pesar de la cláusula de la fidelidad, no se exigía que hubiera ningún hijo en la unión durante ese tiempo. Parecía que habían querido asegurarse de que si alguna de las dos partes era estéril, ambas tendrían la posibilidad de perpetuar su apellido con otra persona.
No pudo evitar el pensar que durante la guerra habían descubierto la verdadera cara de más de una persona. Y es que su sorpresa fue mayúscula al descubrir que integrantes de las casas "buenas" se unieron al Señor Tenebroso, mientras que para su sorpresa varios miembros de la casa de las serpientes se les unieron.
-¿Estás bien?
-¿Qué? Sí, Ron –parecía que se había perdido tanto en los recuerdos que sus amigos se habían dado cuenta-. Estaba pensando en el matrimonio...
Sus amigos asintieron con la cabeza, creyendo la mentira pues imaginaban lo difícil que debía ser para ella esto. Retornaron a la conversación hasta que Ron miro asombrado su reloj.
-¡Merlín! Perdonadme, chicos, he quedado con Luna y...
Hermione soltó una carcajada, debía reconocer que para algunas cosas Ron seguía siendo un despiste y entre estas cosas se incluían a las chicas.
-Anda, vete, no la hagas esperar.
El joven se levanto rápidamente y se despidió de ellos en la puerta.
-¿Te quedas a comer?
-Sí.
Hermione guió a Harry hasta la cocina y miro en la nevera que tenía que pudiera prepararse en pocos minutos. La verdad es que se les había ido el santo al cielo y las horas habían pasado tan rápido que ya eran cerca de las dos de la tarde.
Preparo rápidamente dos tortillas francesas y las coloco en la mesa. Al sentarse, noto como él la miraba fijamente.
-Hermione, te lo repito, si necesitas ayuda en cualquier momento, no dudes en pedirla.
-Tranquilo, no va a pasar nada. Al fin y al cabo, en un año volveré a ser libre. No es el peor de los destinos, Harry.
Él ataco la tortilla sin responder. Quizás no fuera el peor de los destinos, pero se sentía impotente al ver que no podía hacer nada para evitar que esto pasara. Lo único que podía hacer, que podían hacer él y Ron, era apoyarla en todo momento.
Cuando finalmente se quedo sola de nuevo, eran cerca de las seis. Suspiro y subió a su habitación, seguiría estudiando. Dispuso los libros y los pergaminos, y volvió a mirar la redacción que tendría que presentar al día siguiente.
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Luna había regresado a su casa, ese sitio tan grande en el que ahora tenía que vivir sola. Entro y encendió la luz. Se contuvo para no gritar "hola, papa". Hacía tanto tiempo...
El silencio era opresivo, parecía cernirse cada vez más sobre ella. Lo sentía como un ente vivo y de no haber sido porque se había visto obligada a prescindir de su inocencia, esa por la que la llamaban Lunática, hubiera jurado que realmente el Silencio era algo vivo.
Se detuvo en el que había sido el despacho de su padre, desde donde dirigía la revista "El Quisquilloso". Ahora ella trabajaba allí. La revista seguía existiendo, aunque con grandes diferencias. Atrás había quedado aquella revista en la que las noticias no eran contrastadas, en la que la gente no cobraba por su trabajo.
En la actualidad sus periodistas debían contrastar la información, asegurarse de poder utilizar los nombres completos de aquellos relacionados con cualquier tema y que este tuviera sólidas pruebas.
Esto había logrado que las noticias, a pesar de seguir tratando sobre temas que los demás consideraban poco probables, fueran ciertas y con una fuerza que algunas veces a ella misma la asombraba. Una parte importante de la revista se basaba en conspiraciones probadas, de ayer y de hoy. Está era una de las secciones más difíciles y que sin embargo había logrado que consiguieran un amplio reconocimiento.
Sonrió, le hubiera gustado que su padre viera como era en la actualidad "El Quisquilloso". Hubiera estado tan orgulloso como ella. Y por fin hubiera podido afirmar que todo lo que decía siempre había sido cierto, que en el mundo mágico las conspiraciones por el poder existían.
Siguió andando, hasta su dormitorio. No había trasladado sus cosas a la alcoba principal, prefería seguir en la que siempre había utilizado. Y es que ese recinto le traía demasiados recuerdos de épocas felices y de uno que aún le helaba la sangre.
A un año de haberse iniciado la guerra abiertamente, su padre seguía publicando información acerca de como estaban realmente las cosas en su mundo. A diferencia de las demás revistas que se limitaban a intentar calmar a la gente, él había logrado que estuvieran alerta y preparados.
Esto le había hecho ganar muchos enemigos, dentro y fuera de las filas de el que no debe ser nombrado. Por lo que no era de extrañar que un día al volver a casa, tuviera que presenciar como sobre ella se alzaba imponente la señal de que ellos habían estado allí.
Sabía que tendría que haber llamado al Ministerio, para que enviara a una partida de Aurores, pero su mente había colapsado. No fue capaz de pensar con fría lógica y entro en la casa. Su rostro perdió todo rastro de color al ver a su padre desplomado en el suelo.
Al acercarse, pudo percatarse de que no se habían limitado a matarle... había sido torturado. Durante mucho tiempo se pregunto que les había llevado a intentar sacarle información a través de la tortura.
No fue hasta poco antes de terminar la lucha que todas las piezas del rompecabezas se pusieron en su sitio y comprendió la causa. Estaban buscando a Harry y como la información que transmitía la revista era tan precisa, creyeron que él lo sabía.
En ese momento, se lamento de haberle pasado la información. Si hubiera estado callada, seguiría vivo. Sacudió la cabeza, tratando de alejar esos pensamientos. No debía pensar así, su padre se sentiría mal por su culpa.
Él siempre había querido marcar una diferencia y, finalmente, lo había logrado. Después de que él cayera, ella se había asegurado de que la revista siguiera llegando a todo el mundo con noticias frescas acerca de lo que pasaba. La muerte de su padre no sería en balde, sus sueños seguirían en pie aunque el precio fuera su propia vida.
Se tumbo e intento dormir, a la mañana siguiente tenía que levantarse pronto ya que debía hacer una entrevista y quería ver a Hermione, Ron la había dejado preocupada al decirle que ella y Draco se iban a casar.
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Al llegar a su casa tras un extenuante día de estudios, tuvo que reconocer que realmente la sorprendió encontrarle ahí. Había pasado un mes desde la ultima vez que se vieran y era algo que la alegraba, ya que los preparativos para el enlace no le preocupaban demasiado.
-Malfoy –su voz sonó dura al pronunciar su apellido, teniendo que soportar una mirada de reproche de su padre por esto.
-Granger.
-¿Qué haces aquí?
-Te creía más inteligente, ya que si tienes que preguntarme eso...
La joven apretó los labios, conteniéndose. No quería pelearse con su padre delante de él.
-¿Y bien?
-Los preparativos de la boda. Quedan solo cuatro meses.
-Prepárala como quieras, no me preocupa.
-Hermione –su nombre sonó a reprimenda en la boda de su padre. La joven le miro y suspiro.
-Muy bien, ya que estás aquí, preparemos las cosas.
Había pasado algo más de un mes sin verle, algo de lo que se alegraba. Realmente no le preocupaba la preparación de la boda, ya que está no le provocaba ningún sentimiento.
-Vamonos.
Tras despedirse respetuosamente de sus suegros, la cogió de la muñeca y la saco de la casa. Tuvieron que utilizar el teletransporte para aparecerse en el Callejón Diagon.
Este había cambiado drásticamente desde que comenzara la lucha, muchos locales permanecían cerrados a causa de la muerte de sus dueños. Otros que siempre habían tratado con desprecio a los que no tenían una sangre perfectamente limpia ahora los trataban a todos con la máxima cortesía.
Pero ella notaba que esto era por conveniencia, los ojos de ellos seguían mostrándose fríos y altaneros.
Draco camino rápidamente, arrastrándola desde el momento en que la volvió a agarrar de la muñeca hasta detenerse ante unos escaparates en los que se veía desde vestidos de fiesta hasta lencería, pasando por complementos… y vestidos de novia.
-Esa tienda es la mejor en cuanto a vestidos de novia, así que te dejo aquí para que puedas comprarte el vestido.
-¡Que! ¿No me podrías haber dicho antes nada de esto?
-Granger, el tiempo apremia. Te conozco lo suficiente como para saber que si por ti fuera, te presentas a la ceremonia en vaqueros y camiseta. Así que simplemente me quiero asegurar de que el apellido Malfoy no desciendo más de lo que lo ha hecho a causa de tu incompetencia.
-¡Incompetente! ¿Yo? Mira quien fue a hablar… -Hermione se puso furiosa, hasta el punto de pegar un tirón consiguiendo que él la soltara y dio unos pasos alejándose de él, no fuera a ser que acabara en Azkaban por haber estrangulado a su prometido.
-Aquí tienes todas las citas que están concertadas para hoy –le dijo extendiéndole un pergamino.
En el preciso instante en que Hermione tomo el pergamino, Draco se desmaterializo y la dejo sola ante la tienda.
Hermione estaba tan sorprendida y enfadada por lo que había hecho Malfoy que tardo alrededor de unos cinco minutos en darse cuenta de que se había quedado parada en medio de la calle, prácticamente boquiabierta y con el pergamino en la mano.
Lo miro, y no pudo sorprenderse de que él esperara que pudiera hacer todo eso en un solo día. Y es que el pergamino decía así:
14'00 Busca el vestido
16'30 Los zapatos
17'30 Cita con Madame Emmanuel, dueña de la joyería Magnific.
18'30 Cita en la peluquería de la señorita. Sabina Bautman
20'30 Reserva en el restaurante Charleston.
Se le escapo un bufido mientras pensaba que lo único que faltaba era que le hubiera programado también la compra de la lencería. apretó los puños al ver la recomendación de un sitio para que la comprara, un establecimiento que tenía la mismita fama que Victoria's Secret del mundo muggle.
Sacudiendo la cabeza, muy tentada de darse media vuelta y volverse a su casa, decidió acudir al establecimiento. Al fin y al cabo, ellos no tenían la culpa de esto y no debía hacerles pagar provocando perdidas de galeones. Empezó a caminar, dirigiéndose al primer sitio que aparecía en la lista con la firme convicción de que haría que Draco se tragara ese maldito papel.
Al entrar, se dirigió a la recepcionista y cuando esta pudo atenderla, le dijo:
-Soy Hermione Granger. Vengo a…
-Sí, señorita. Su prometido nos llamo para concertar una cita. Ahora mismo la acompaño con la señorita Samantha.
La joven siguió hasta la segunda planta a la recepcionista, caminaron por un largo pasillo, hasta llegar a una habitación en la que la recepcionista le dijo que esperara un momento. Nada más salir esta, entro una joven mujer de larga cabellera negra, ojos rasgados oscuros, y una hermosa sonrisa en los labios.
-Señorita Granger, soy Samantha Calles. ¿Tiene alguna idea de la clase de vestido que desea?
-Pues… la verdad es que no.
-Muy bien, estése tranquila que la mayoría de las novias tiene el mismo problema. Venga –la guió hasta una pequeña pasarela, y tras pulsar un botón empezó un desfile.
-Como puede ver, esto son solo algunas muestras de diseñadores de todo el planeta. Por ejemplo, en ese vestido se puede apreciar perfectamente que la diseñadora es española.
Hermione contemplo el vestido del que le hablaba Samantha. Realmente era bello, uno de los más lindos que había visto hasta el momento. Estaba tejido en seda salvaje, de un blanco roto, ceñido al torso. Dejaba ver los hombros, parte del escote y de la espalda. Cuando la modelo se giro, pudo ver como tenía una pequeña cola. Además, de que iba con mantilla de encaje y también se podía apreciar el mismo diseño del encaje en el torso del vestido.
Salieron varios modelos más, pero Hermione ya tenía su decisión tomada.
-Deseo probarme el de diseño español.
Samantha esbozo una sonrisa, y asintiendo con la cabeza hizo un movimiento con la varita, haciendo que la sala cambiara su apariencia. Aparecieron una serie de espejos, que permitían que la novia se viera desde todos los ángulos.
Con otro movimiento de varita, hizo aparecer el vestido y los zapatos a juego.
Hermione se miro en los espejos, subió las manos recogiéndose el cabello y dio un pequeño giro. Realmente le gustaba como le sentaba el vestido, parecía que hubiera sido hecho especialmente para ella.
Y esta impresión se le confirmo Samantha, cuando le dijo que era la primera vez que veía un vestido que sentara tan bien a la novia que no hubiera que hacer el más mínimo cambio.
-Entonces, el día 20 se lo mandamos.
-Sí –dijo la joven firmando el recibo del vestido y dejando su dirección para que pudieran llevarle el vestido a su casa.
Miro el pergamino y pensó:
"Bueno, dos cosas hechas". Utilizando la varita, tacho de la lista el vestido y los zapatos.
Se dirigió a la joyería muy enfadada, no entendía como Malfoy se había atrevido a dar orden en la tienda de que no le cobraran a ella sino que les mandaran las facturas a él.
La propietaria había sido una de las mujeres que no aceptaban mestizos ni "sangres sucias" en su establecimiento, pero pareció reconocerla nada más verla. Al fin y al cabo, no todos los días entraba en su establecimiento alguien que en contra de su voluntad había acabado haciéndose famoso por sus acciones.
La mujer esbozo una sonrisa que no llego a sus ojos, sus rasgos se veían tensos. Era obvio que a pesar de los aparentes cambios en la sociedad mágica, había gente que seguía considerándose superior a los demás y esta mujer era solamente una prueba de esto.
Tras saludarla, afirmando que su prometido había llamado para concertarle una cita y comentarle lo raro que era el que un hombre se preocupara de ese modo por una mujer, la guió hasta un mostrador. Se coloco tras este y comenzó a sacar un juego tras otro.
Hermione no veía nada que realmente la convenciera, comprendía que esta mujer intentaba conseguir una cuantiosa cantidad de galeones por lo que sacaba cosas muy cargadas.
Se cruzo de brazos y suspiro, parecía que esto de encontrar las cosas para la boda era más complicado de lo que había imaginado. Una sonrisa curvo sus labios cuando, al mirar a su derecha, vio un conjunto muy sencillo pero que parecía haber sido creado pensando en el vestido que iba a utilizar.
-Ese.
La propietaria alzo las cejas, en verdad ese modelo era demasiado sencillo para una futura Malfoy. Pero tuvo que reconocer que en esa joven, el conjunto ganaría bastante. Con pasos lentos se acerco al busto en el que estaba expuesto y tras desmontarlo, lo llevo hasta donde la esperaba Hermione.
-Es oro blanco, las piedras son de ámbar de la mayor calidad. Está realizado por los duendes de Cornualles, como sabrá, tienen una magnifica fama.
Granger asintió con la cabeza y dijo:
-¿Cuanto?
-Oh, queridita, no se preocupe por eso. Su prometido me dijo que le mandáramos la factura –la mujer trago saliva al ver como los ojos de la otra se encendían.
-Muy bien –sus palabras no traslucían la rabia que sentía, a pesar de estar pensando en mil y una maneras de matar a Malfoy.
Tras acordar el día en que se lo mandarían, salio del establecimiento. Mientras se acercaba a la peluquería, pensaba en como se podía descuartizar a un hombre y esconder todos los restos para no acabar en Azkaban.
Entro y miro a su alrededor, cinco mujeres de entre cuarenta y diecipocos años trabajaban a un ritmo frenético. Se escuchaba una música relajante, en la esquina había un servicio de té que se movía con magia por el aire sirviéndoselo a las clientas que sostenían la taza en la posición adecuada.
Se acerco a la joven que le quedaba más cerca y comento que tenía cita. La peluquera la miro de arriba abajo.
-¿Y como se llama?
-Hermione Granger.
-Muy bien, por favor, espere un momentito que enseguida la atendemos.
No tuvo que esperar mucho, menos de quince minutos habían pasado cuando la sentaban y le preguntaban que deseaba hacerse. Realmente hacía mucho que no se hacía ningún arreglo.
-¿Que me aconseja?
-Mire, tenemos una nueva poción que le dará más vida a sus rizos. Hará que se vean más definidos. Y lo mejor es que dura seis meses.
La joven arqueo las cejas. ¿Seis meses? Pero no había ninguna poción capilar que durara tanto. Al ver la mirada de su clienta, la peluquera aclaro:
-Es una poción exclusiva, solo se fabrica en nuestro establecimiento. Mi jefa la desarrollo, realmente siempre está preparando nuevos productos para mantener contentas hasta a las clientas más difíciles. Entonces, ¿se la aplico?
-Sí.
Iba tarde para llegar a la reserva cuando salio de la peluquería. De nuevo se habían negado a cobrarle. Y en ese momento estaba aún más enfadada con "su prometido". Había tenido que escuchar tantas alabanzas hacía su buen hacer, que se sentía a punto de explotar.
Tras ser escoltada por el maître hasta la mesa, vio que él ya la estaba esperando. Se sentó y espero hasta estar a solas para increparle:
-¿Por que no me has dejado pagar mis cosas?
-Quería asegurarme de que tenías el mejor trato. Granger, recuerda que el apellido Malfoy sigue siendo importante y no me puedo permitir que afirmen que soy un tacaño con mi mujer.
-¡Tu mujer! No te atrevas a referirte de esa manera a mí. Además, tu habrás quedado como generoso, pero yo como una sanguijuela.
Draco negó con la cabeza, se negaba a montar una escena. Después de todo, atrás habían quedado hacía mucho los días en que podía permitirse insultar y menospreciar a la mujer que tenía delante.
Si ahora le veían alzarle la voz, afirmarían que era por la falta de pureza en su sangre. A la gente no le importaba que él mismo hubiera luchado en la guerra, seguían viéndole como un seguidor de Voldemort solo por su apellido. Por lo que si veían que pronunciaba una sola palabra en contra de ella, sería el único que saldría perdiendo.
La miro fijamente a los ojos.
-No es lugar para hacer una escena.
-No me importa.
-¿Quieres que le diga a tu padre que me has dejado en evidencia? Como se sentiría...
La joven cerró fuertemente los puños, clavándose las uñas en las palmas hasta estar a punto de hacerse sangrar. No permitiría que él la amenazara de esa manera, pero tenía razón en que no era el mejor sitio para ponerle los puntos sobre las ies.
Tenía que tener en cuenta que esto podía llegar hasta los oídos de sus amigos, los cuales no la escucharían y actuarían de un modo sin duda alocado. No podía permitir que por una tontería ellos acabaran siendo apresados o tuvieran que huir. Cerro los ojos y respiro hondo, calmándose. Al volver a abrirlos, esbozo una sonrisa que contenía a partes iguales dulzura y sarcasmo.
-Cariño, no me amenaces. Pero, tranquilo, que no te avergonzare aquí.
Draco la miro, conteniéndose para no rechinar los dientes. ¿Por que siempre tenía que intentar tener la ultima palabra? Pero no se rebajaría respondiéndole, al fin y al cabo, era un Malfoy.
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Bueno, otro cap. reescrito. Y a diferencia de los dos anteriores, en este se mantienen unos cuantos párrafos. Así que si tenemos suerte y hay más cap. que me gusten, significara que tengo menos que editar, por lo cual tardare menos en tenerlo terminado para poder hacer el siguiente cap (el 14).
Espero que os haya gustado, ahora me toca liarme con el siguiente. ¡Deseadme suerte!
