Capítulo 4
Una parte de él había temido la llegada de ese día ya que anunciaba que quedaba un tiempo efímero para la boda. Quince días que sabía que pasarían veloces acercándole al momento en que tendría que dar el "sí, quiero" que le uniría a una mujer que le despreciaba.
La rabia dejo un gusto amargo en su boca al pensar en esto. Ella seguía pensando que era el mismo crío que había conocido en la época de Hogwarts, no había sido capaz de verle como era en la actualidad. De comprender sus cambios y las razones que había tras estos.
¿Y es que como era posible que continuara siendo el mismo después de todo lo que había pasado?
La muerte de su madre, su unión a la Orden del Fénix, las luchas... la muerte de su padre a sus manos. No por primera vez, agradecía que Lucios hubiera estado de lado de modo que no pudo estar seguro en ese momento de que era él. Y no porque se arrepintiera de haberle matado, sino porque durante la lucha tenía que mantener la mente fría, más que nunca.
Y el verle traía a su mente los últimos recuerdos que tenía de él, de como había empuñado la varita arrebatandole la vida a la mujer con la que había compartido tantos años. Esta fue la razón de que cuando por fin acabo todo y pudo regresar a su hogar, mandara quitar y destruir todo lo que le había pertenecido: cuadros, ropa, libros... todo. De modo que en esa casa no quedara nada que pudiera recordar a Lucios Malfoy.
Bajo las escaleras con pasos lentos y comprobó que las cosas estuvieran perfectamente preparadas. No se podía permitir ni el más mínimo error, menos teniendo en cuenta algunos de los nombres que aparecían en la lista de invitados.
Y es que había invitado a varios miembros del Ministerio. A los mismos que habían intentado aumentar las ganancias que obtenían al requisar las propiedades de los seguidores de Voldemort. Estos no habían dudado al tratar de hacer lo mismo con él.
Poco o nada había importado que todo el mundo supiera que había sido un miembro activo de la Orden, que sus manos se hubieran manchado de la sangre de los mortifagos o que su cuerpo hubiera cargado en ese momento con heridas que demostraban su inocencia.
Fue necesario que Harry Potter hablara en su favor. Y es que este era uno de los pocos de los que nadie podía afirmar que hubiera sido sobornado, al fin y al cabo todo el mundo sabía de su desprecio y odio hacía todo lo que estuviera minimamente relacionado con Voldemort.
Se acerco a uno de los altos ventanales que daban al jardín en el que se desarrollaría la fiesta de compromiso, observo las mesas dispuestas con flamantes manteles blancos con bordados en verde oscuro que seguían un intrincado diseño geométrico, los faroles preparados para cuando cayera la noche...
Volvió a pensar en la lista de invitados y una sonrisa sarcástica curvo sus labios. En verdad hubiera preferido hacer caso a Hermione y celebrar una ceremonia pequeña e intima. Pero sabía a la perfección las consecuencias que hubiera traído este hecho.
Aún había demasiada gente dispuesta a señalarle con el dedo acusador por el bando al que se había unido su padre y para ellos ese hecho hubiera sido una clara confirmación de que él tenía las mismas ideas. Se negaba a que esto pasara, no tanto por lo que pudieran opinar sobre él como por el hecho de que esto podría afectar negativamente a sus negocios... y no había trabajo tanto para rehacer la fortuna de los Malfoy como para que esto la destruyera de nuevo.
La gente fue llegando poco a poco a su mansión, primero Hermione y sus padres, a los pocos minutos los amigos de ella y varios miembros de la antigua y ya desaparecida Orden del Fenix. Y finalmente el resto de los invitados.
Draco comprobó que las cosas estuvieran realizándose a la perfección, no quería que nada pudiera manchar ni un poco más su apellido y sabía que varios de los invitados poseían una lengua viperina deseosa de destruirle. Y es que cualquier error que él cometiera estas personas lo relacionarían con el hecho de que se estaba celebrando su compromiso con la hija de unos muggles, algo que siempre fue impensable en alguien como él.
Los ojos de Draco se deslizaron por la esbelta figura de su prometida mientras se acercaba a ella para iniciar el baile con un vals. La joven llevaba una larga túnica de gala, de un color oro viejo que al moverse relucía a la luz de los faroles. El largo cabello recogido exponía un cuello que se moría por acariciar con sus labios. Entrecerró los ojos, tenía que controlarse. No podía permitir que el deseo que durante tanto tiempo había sentido por la joven se le fuera de las manos.
No quería ni imaginar lo que ella sería capaz de hacer con esta información, quien sabe, quizás saldría corriendo temiendo que la tomara por la fuerza o algo por el estilo.
Sus pasos eran lentos, elegantes, mientras se acercaba a ella para sacarla a la pista para inaugurar el baile. A medida que se acercaba la miro a los ojos, descubriendo en los de ella un claro reto. Se contuvo de enarcar una ceja ante este, no quería que los demás descubrieran los problemas que había entre ellos.
Si en su mano estaba todos los que no eran cercanos a ambos jamás llegarían a saber porque se iba a celebrar la boda.
La cogió suavemente por el brazo, incliandose hacía delante dijo contra su oído:
-Tenemos que abrir el baile.
La joven simplemente asintió, apretando ligeramente los labios.
Cuando llegaron al centro de la pista, comenzó a sonar ese bello vals y no por primera vez se sorprendió al haber accedido a que ella eligiera la melodía, Danuvio Azul. Puso su mano en la cintura de ella y mirándola a los ojos comenzaron a moverse por la pista.
La atrajo más hacía su cuerpo y se inclino diciendo:
-Sonríe.
-¿Qué? -pregunto la joven frunciendo el ceño, mientras trataba de separarse de él.
-Se supone que este es un acontecimiento feliz, por lo que deberías sonreír.
Ella negó con la cabeza, ejerciendo un poco de presión con la mano que había puesto contra el pecho de él para apartarse.
-Hermione, no montes una escena.
-Entonces, dame un poco de espacio.
-¿Y no crees que la gente se extrañaría si bailamos un vals tan separados?
-No me importa -murmuro mientras aumentaba la presión.
-Granger -dijo él en un claro tono de advertencia mientras subía una mano para apoyarlo contra la nuca de ella con la intención de hacer que le mirara a los ojos.
-Que me dejes apartarme un poco -mascullo ella.
-No, tranquila, queda poco para que termine el baile y todo habrá salido bien. Ni tan siquiera volveré a sacarte a la pista.
En ese momento, eso carecía de importancia para la joven. Lo único que le interesaba era poner algo de distancia entre el cuerpo masculino y el propio, a causa del temor de que de algún modo él pudiera percatarse de como su cuerpo reaccionaba ante su cercanía.
Draco frunció el ceño, enfadado. Si por las buenas no conseguía que ella se comportara, tendría que ser por las malas. La atrajo contra su cuerpo, haciendo que se pegaran completamente mientras se detenía. La miro a los ojos mientras se inclinaba, decidido a conquistar esos labios que aunque lo negara durante mucho tiempo le habían hecho preguntarse por su sabor.
La forzó a abrir los labios y deslizo la lengua dentro de su boda, con la firme intención de lograr una respuesta por parte de ella. Cuando la joven cerro los ojos y apoyo una mano enredando los dedos entre su cabello rubio mientras su lengua respondía a los avances de la suya, su cuerpo rugió mientras cobraba vida.
Deslizo la mano hasta la parte baja de la espalda de ella, acercándola más contra si mismo.
Hermione jadeo débilmente contra la boca de él al sentir como él iba endureciéndose contra ella. Pasaron varios minutos hasta que fue consciente de que la música había parado y todos les contemplaban, algunos sonrientes y otros especulando. Aparto los labios de los de él, mirándole a los ojos.
Decidida en ese momento a no montar una escena, dijo con voz ligeramente temblorosa:
-Suéltame.
Los ojos de Draco brillaron mientras lo hacía. La observo alejarse, volviendo con Harry y Ron. Deseaba gritar hasta quedar afónico por el hecho de saber que podía hacer que ella reaccionara a sus caricias solo para que después le mirara asqueada, como si el hecho de que su cuerpo le respondiera fuera algo repugnante.
Por primera vez en su vida, deseo amargamente que las lecciones de su padre hubieran calado hondo en él de modo que no pudiera herirle en lo más mínimo lo que hiciera esa mujer que seguía comportándose como una niñata.
Hermione se acerco lentamente a sus amigos, sin saber que decir o como explicar lo que acababa de pasar. Una parte suya temía la reacción de ellos, sobretodo la de Ron, ya que siempre había sido el más intransigente.
Esos miedos se evaporaron rápidamente al ver como la miraban, sonrientes.
-¿Como estas? -murmuro Ron mientras se inclinaba levemente hacía ella apoyando la mano sobre su espalda.
La joven simplemente asintió, sin confiar en su voz aún.
Los ojos de Harry la contemplaron por un minuto antes de desplazarlos a donde se encontraba Draco, por un momento le pareció ver en él un entendimiento sobre algo que ni ella misma comprendía.
Tras esto, la fiesta siguió sin incidentes hasta que poco a poco todo el mundo se fue. Cuando se quedaron solos, Hermione se acerco hasta Draco.
-¿Se puede saber porque me has besado?
-¿Y tu porque has respondido? -pregunto Draco con una fría sonrisa.
Si la joven hubiera sido un poco más observadora, hubiera podido ver las sombras en los ojos de él. Sombras que la hubieran inquieta ya que jamás se le hubiera pasado por la mente que él podía estar furioso por el simple hecho de desearla ni tampoco que tenía que luchar para no fijarse en todos los rasgos de su personalidad que la hubieran convertido en una apropiada pareja...
-Responde -ordeno Draco con voz seca.
La joven negó con la cabeza, no podía dar ninguna pues ni ella misma las tenía.
-No vuelvas a hacerlo -le dijo, deseando poner una gran distancia entre ellos.
-Desde luego... pero sería conveniente que no reaccionaras ante mi como si lo desearas.
Draco observo como Hermione cerraba fuertemente la mano, convirtiéndola en un puño. Se preparo mientras veía como el cuerpo de ella temblaba, controlando poco a poco tanto ese revelador temblor que las emociones provocaban.
Hermione enderezo la espalda mientras apretaba la mandíbula, con el deseo de estrellar su puño contra la cara de él.
-Te lo repito, Malfoy, nunca, jamás, vuelvas a tocarme.
Ante esto, Draco simplemente esbozo una medio sonrisa fría, aquella que siempre había caracterizado a los miembros de su casa.
-Como desee la dama.
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Draco se sentó en su despacho, con la copa en la mano. Miro la oscura bebida que esta contenía mientras mil y un sentimientos danzaban por su mente. Rabia, ira... deseo. Y, para que negarlo, también alegría al haber descubierto que no iba a ser el único que se quemara en las llamas de un deseo que nunca sería satisfecho.
Hermione Jane Granger le deseaba, a pesar de luchar con uñas y dientes contra este sentimiento era algo que había quedado claro por el modo en el que le había respondido.
Ahora al menos sabía que podría meterla en su cama, pero negó con la cabeza ante este pensamiento. No serviría de nada. Solo sería un cuerpo cálido, unas horas de placer para después volver a esa fría batalla de voluntades.
Y sabía que esto sería algo que iría minando poco a poco la relación que tenía con ella, no que fuera demasiado buena pero al menos no era una lucha abierta.
Pensar que durante la guerra había creído que ella podía ver más allá de la casa en la que el Sombrero Seleccionador le había puesto, era una dura caída ver que no podía ver más allá de los colores de su casa.
¿O quizás no era tanto el hecho de ser un Slitheryn como el de ser un Malfoy? ¿Más aún, el de ser Draco Malfoy?
Dejo la copa olvidada sobre el escritorio de caoba y con pasos metódicos se dirigió hacía las escaleras que daban a la segunda planta, a su dormitorio.
Al abrir la puerta, por un breve segundo, le pareció verla como había sido cuando sus padres aún vivían. Sacudió con fuerza la cabeza, recordándose a si mismo que se había asegurado de destruir todo rastro de la existencia de Lucios.
Era curioso como actuaba el odio. Hubo una época en la que había deseado que su padre fuera capaz de estar orgulloso de él y, al final, solo había querido que no existiera nada que le hubiera pertenecido ya que una pequeña parte de si mismo, aún a pesar de saber de que pasta estaba hecho ese hombre, seguía preguntándose con indecisión si realmente podía odiarlo. Al fin y al cabo, era su padre.
Bufo al pensar en esto. ¿Su padre? Ciertamente si el hombre que le había engendrado, pero eran muchas más cosas lo que hacían que alguien pudiera recibir ese nombre y, por desgracia, ese nunca fue el caso de él.
Lentamente se fue desnudando, dejando caer descuidadamente las prendas al suelo mientras entraba en el cuarto de baño.
El marmol verde oscuro reflejo su imagen gracias al brillo que poseía.
Lleno la bañera, que por sus dimensiones más parecía una pequeña piscina, que había empotrada en el suelo. Sus manos se mantuvieron en los grifos de oro con la forma de una serpiente mientras el agua iba acumulándose. Lentamente los cerro y se sumergió en el agua caliente, apoyándose contra una de las paredes de esta.
Cerro los ojos, tratando de relajarse aunque sabía que esto era bastante difícil. No todos los días se celebraba una próxima boda en la que los contrayentes no sentían nada el uno por el otro.
Rechino los dientes ante el pensamiento, pues sabía que hubiera sido mejor que no hubiera sentimientos entre Granger y él... y no era el caso. Había un fuerte deseo que no sería satisfecho.
Tras una hora, aproximadamente, dentro del agua salio para dirigirse a la cama sin molestarse en secarse. Se tumbo y cerro los ojos, poniendo un brazo sobre estos.
Unas manos suaves y delicadas se deslizaron por su pecho, ascendiendo después hasta su rostro y trazando la forma de sus labios.
Draco abrió los ojos y centro su mirada en los labios de la joven. Después, poco a poco, fue ascendiendo hasta dar con los ojos marrones. Una sonrisa curvo sus labios finos mientras introducía las manos en la salvaje cabellera rizada que caía alrededor de los hombros de ella y la acerco hacía sí tomando posesión de sus labios.
Alzo el torso sin despegar los labios, disfrutando del tacto del cuerpo de ella contra el suyo. Poco a poco la hizo girar, poniéndola de espaldas de modo que pudo apoyar su torso contra los senos desnudos de la joven.
Finalmente rompió el beso para recuperar el aliento, aprovecho para deslizar la mirada por el cuerpo de la joven. Un dedo acaricio la mandíbula de ella, seguidamente los labios.
-Te deseo -la voz de ella hizo que su cuerpo se estremeciera por la necesidad.
Sus ojos brillaron por el sentimiento, aunque ninguna palabra salio de sus labios. Volvió a tomar posesión de la boca de ella, jugando, haciéndola abrir de modo que pudo deslizar dentro su lengua. Mientras su mano bajo por el cuello de ella, el hombro, rozo ligeramente un lado del pecho y llego hasta la cintura, volviendo a ascender de nuevo...
Draco se despertó sobresaltado, el sudor empapaba su cuerpo tenso y endurecido. Maldición, hacía años que no tenía sueños eróticos... y el hecho de que volvieran ahora, con esa fuerza, tomando la forma de ella era más de lo que podía soportar.
-Granger, ¿que me has hecho? -masculló mientras se levantaba de la cama y se dirigía al baño. Necesitaba urgentemente una ducha de agua fría, a ser posible, tendría que estar HELADA para que pudiera volver a dormirse.
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Hermione acababa de entrar en su dormitorio tras desearles buenas noches a sus padres. Se quito el vestido, colocandolo cuidadosamente sobre una silla y entro en la ducha.
Alzo el rostro dejando que las cálidas gotas de agua resbalaran por este mientras pensaba en lo que había pasado en la fiesta. Hacía mucho que ningún hombre era capaz de ponerla de cabeza.
Alexander. El nombre sonó en su cabeza una y otra vez, trayendo consigo el rostro del muchacho sonriente y alegre. Él había sido un miembro de la Orden, un hijo de muggles como ella. Recordaba aún como, sin perder la sonrisa a pesar de la seriedad en sus ojos, le había explicado porque deseaba luchar con ellos. No era tanto por si mismo como por las consecuencias que habría si Voldemort ganaba la guerra. Su familia correría aún más peligro de morir.
Así que sin pensar en los riesgos para si mismo se alisto. Poco a poco había ido consiguiendo calar muy hondo en ella. Primero se había ganado su amistad y, antes de que se diera cuenta, se había enamorado de él.
Pero la desgracia no tardo en cernirse de nuevo sobre la Orden. En una misión de, teóricamente, bajo riesgo había resultado ser una emboscada. Solo había habido dos de ellos preparados para pelear.
Dos jóvenes que vieron sus vidas truncadas a manos de los Mortifagos. Y ni tan siquiera tuvo la oportunidad de pensar al saber de su muerte que había tenido una posibilidad de luchar... y es que dos contra cinco no inclinaban precisamente la balanza hacía su lado.
Esta muerte fue la que la hizo tomar la decisión de no trabar amistad con nadie mientras durara la guerra. Ya había demasiadas personas a las que quería, demasiadas cosas que podían salir mal, demasiadas preocupaciones que podían anidar en su mente en los momentos más inoportunos.
Salio de la ducha y tras secarse, se puso el confortable pijama. Se metió en la cama, poniéndose de lado e intento dejar la mente en blanco. Poco antes de quedarse dormida, murmuro:
-¿Por que le he respondido? -se toco los labios, hubiera podido jurar que aún saboreaba el sabor de él.
Hermione se removió en la cama, las manos que tocaban dulcemente su cabello la habían despertado. Abrió lentamente los ojos y se encontró con la mirada grisácea de él. Vio como una sonrisa curvaba sus labios cuando deslizo sus manos por sus hombros, sus brazos, volviendo a subir para acariciar con la punta de los dedos los contornos de sus senos.
Arqueo ligeramente el torso ante las caricias y un quedo gemido escapo de sus labios. Se alzo poco a poco y puso una mano en la nuca de él, acercándole para poder besarle...
La joven morena se despertó sobresaltada, abriendo los ojos y alzándose en la cama. Hubiera podido jurar que aún sentía esas cálidas manos sobre sus pechos, delineandolos y jugando con ellos. Sacudió la cabeza, liberándose de los últimos vestigios del sueño.
De no ser por los conocimientos que había adquirido durante la guerra hubiera jurado que Malfoy se había valido de algún tipo de encantamiento para arrebatarle el control de su cuerpo y, para que negarlo, también de su mente.
Volvió a tumbarse y cerro los ojos. Mientras intentaba volver a dormirse, una incomoda y desintencionada pregunta rondo los confines de su mente: ¿que había visto en Draco para que su mente y su cuerpo le jugaran está mala pasada?
Se negó a pensar detenidamente en ello, no por temor a una posible respuesta, sino por la certeza que tenía de que no había respuesta para la pregunta.
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Ron bajo la mirada al rostro dormido que se apoyaba sobre su pecho. Una dulce sonrisa curvaba los labios de Luna e inconscientemente respondió a esta. La abrazo con más fuerza mientras pensaba en su amiga.
Hubiera deseado que ella tuviera la misma suerte que él, que encontrara a alguien capaz de amarla con la intensidad que merecía y que su matrimonio se hubiera realizado por amor. Estas esperanzas se habían desmoronado como un castillo de naipes al saber que tenía que casarse con Malfoy.
Y es que aunque los años habían pasado, en muchas cosas la mentalidad de los magos seguía anclada en el pasado, por lo que cuando ellos se divorciaran la gente asumiría que había algo defectuoso en ella.
No que se atrevieran a decirlo debido a la importancia que había adquirido Hermione tras la guerra. Nadie quería estar en contra de una mujer que había sido capaz de comandar una batalla, obteniendo la victoria.
Pero lo pensarían y los rumores la perseguirían, por lo que serían muy pocos los hombres que tendrían el valor de acercarse a ella con intenciones serias... y los que solo deseaban jugar no se atreverían a acercarse tanto por el miedo que podía inspirar ella como por la relación que mantenía con Harry y con él mismo.
Beso dulcemente la frente de Luna y cerro los ojo, rezando porque las cosas salieran finalmente bien para su amiga.
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Harry se llevo la botella a los labios, con la firme intención de emborracharse. Quizás así consiguiera dormir una noche entera, aunque a la mañana siguiente tuviera que pagar las consecuencias del alcohol.
La carga que había llevado durante años sobre sus hombros solo parecía aumentar. Sí, la guerra había finalizado. La gente podía caminar tranquilamente por la calle, sin tener que mirar sobre su hombro temiendo encontrarse a un enemigo a su espalda o con la garganta atenazada por el pánico por la posibilidad de que un Mortifago se escondiera en una oscura esquina de cualquier callejón, dispuesto a anotarse otra victima.
Bajo la mano a la mesa, acariciando la varita. Ese día había tenido que contenerse para no hechizar a Malfoy. Y no tanto por el beso que le había dado a Hermione sino por las razones que intuía que había tras esto.
No era tonto y había podido ver claramente la mirada de deseo en los ojos de él.
Apretó los dientes al pensar en esto, temiendo lo que este hecho pudiera hacerle a su amiga. No que creyera que la joven necesitaba que alguien la protegiera en todo momento o que no podía cuidarse con los hombres, pero sabía que tras la muerte de Alexander ella se había decidido a apartarse de los desconocidos.
Durante esos años, Hermione si bien no se había negado a relacionarse con los nuevos miembros de la Orden no había llegado a profundizar ninguna relación.
La comprendía muy bien, y esta comprensión solo había aumentado tras la muerte de Ginny. Y es que la raza humana, tanto magos como muggles, tienden a protegerse aunque sea inconscientemente de aquello que les puede herir.
Sabiendo esto, no era extraño que le preocupara lo que podía llegar a pasar durante ese año de matrimonio y es que era la primera vez que veía a su amiga interesada romanticamente en alguien después de la muerte de Alexander.
Sacudió la cabeza, sintiéndose impotente. En esta ocasión no había un enemigo al que se pudiera aniquilar para proteger a aquellos a los que quería. Solo podía rezar para que cuando el tiempo pasara ella siguiera siendo la misma.
Volvió a llevarse la botella a los labios, decidido a no dejar en su cabeza sitio para ninguna clase de pensamiento serio...
