Capítulo 5

Suspiro mientras se levantaba de la cama y se acerco a la ventana, viendo como las nubes negras se extendían por el cielo. Al abrirla noto el fuerte aroma de la humedad, otro claro indicio de que ese día caería una fuerte lluvia. Una medio sonrisa curvo sus labios al pensar que el tiempo parecía haberse puesto de acuerdo con sus emociones. Quizás si deseara casarse se hubiera angustiado al ver como estaba el día, pero tal y como se sentía solo podía pensar en que parecía idóneo para lo que iba a ocurrir.

Volvió a cerrar la ventana mientras se estremecía a causa del aire frío que movió con fuerza las hojas de los arboles. Se vistió rápidamente con unos vaqueros y un grueso jersey y bajo las escaleras.

Sus padres ya estaban en la cocina, con el desayuno servido. Beso a su padre en la mejilla,deseando encontrar las palabras justas para quitar esa mirada de pesar que había en sus ojos provocada por la impotencia de no poder ayudar a su hija a evitar algo que estaba directamente relacionado con él.

Su madre se levanto y saco un tetrabick de zumo de naranja, sirviendoselo.

-Aquí tienes -dijo mientras lo colocaba sobre la mesa al lado de las tostadas.

-Ey -dijo Hermione mirándoles-. Que no es un funeral.

Su madre sacudió la cabeza, sus ojos estaban rojos por las lagrimas que había derramado esa noche. Siempre es difícil aceptar que los hijos han crecido, el que abandonen la casa familiar y formen su propio hogar pero esto se veía aún más difícil a causa de que la joven no era quien había tomado la decisión.

-Hija... yo... -su padre volvió a bajar la mirada, centrándose en el plato que había ante él.

-Papa, mama, no os preocupéis. Es un simple año y no va a ser tan malo.

Sus padres esbozaron unas tristes sonrisas y asintieron desganadamente con la cabeza.

Hermione les miro, en verdad no se había parado a pensar lo que suponía para ellos la boda. Tendría que haberse imaginado que su padre estaría preocupado, incluso enfadado... lo que nunca habría imaginado es lo que hoy vio en la cara de él, culpa. No tenía sentido, al fin y al cabo realmente no tenía nada que ver.

Lo que no podía imaginar es que el sentimiento de culpa de su padre se debiera al hecho de saber que si él hubiera sido mago, su hija no tendría que pasar por esto. Ciertamente era un sentimiento ilógico, pero estos nunca tienen lógica.

Tras terminar de desayunar, se levanto y lavo los platos. Subió a recoger su túnica para poder ir a la peluquería. No por primera vez deseo que su madre la pudiera acompañar, pero en teoría los muggles no tenían que pisar terreno mágico. El simple hecho de que ellos estuvieran en su fiesta de compromiso y en su boda había sido difícil de conseguir.

Y la gente decía que después de la caída de Voldemort las cosas habían cambiado. No era cierto, los magos seguían cerrando los ojos a los problemas que ocasionaban que cada X años aparecía alguien como él. Realmente sería necesario poner cabeza abajo ese mundo para que se realizara un cambio significativo.

Se desmaterializo para llegar al Callejon Diagón y con pasos rápidos fue hasta la peluquería. Una hora después salía de allí con un perfecto recogido y un maquillaje suave.

Cuando dos horas después se miro al espejo mientras su madre le ponía la mantilla no podía reconocerse a si misma. ¿Donde había quedado el cabello rizado e ingobernable? ¿Y la ropa amplia y cómoda?

No por primera vez se extraño de que muchas novias dijeran que querían ser ellas mismas ese día. ¿Qué acaso el vestido era del estilo que utilizaban siempre? ¿Los complementos? ¿El peinado? Sacudió la cabeza, muchas veces la sorprendía la estupidez de la gente.

-Estás preciosa -dijo su madre, sus ojos tristes contemplándola en el espejo.

-Gracias -murmuro Hermione mientras encontraba la mirada de su madre en el espejo.

-Venga, vamos bajando que tu padre está de los nervios.

La joven simplemente asintió mientras tomaba el translador que había preparado con anterioridad. Bajo las escaleras y se dirigió al salón, miro a su padre y vio como este trataba de sonreír. Le abrazo y murmuro en su oído:

-Todo está bien...

Su padre le devolvió el abrazo, apretándola casi dolorosamente. La beso en la mejilla y la soltó, echándose hacía atrás. Después de que la morena les explicara como se utilizaba el translador pusieron sus manos sobre él y aparecieron en en interior de la casa de los Malfoy.

Draco había preparado una habitación para que ese día ellos pudieran aparecerse dentro de la mansión sin problemas, había sido difícil ya que había multitud de hechizos defensivos tanto dentro como fuera de sus propiedades.

Su madre encabezo la marcha hacía la habitación donde se celebraría la ceremonia, ella iba tras esta del brazo de su padre. Agradeció haber tenido la oportunidad de mostrarles como era la casa de él para que las cosas salieran bien. Si al final tendría que estar agradecida a ese maldito...

Draco la esperaba al lado de un hombre mayor, de largas barbas tan blancas como su cabello, que iba a oficiar la ceremonia.

Al llegar hasta ellos, él extendió la mano con la palma hacía arriba y su padre tomo la mano que aún reposaba sobre su brazo para colocarla sobre la de Draco. Miro a su hija a los ojos y sonriendo ligeramente se sentó al lado de su esposa en el primer banco.

La joven no presto demasiada atención al discurso del hombre que trataba sobre los típicos temas de amor, fidelidad y respeto. Miro a Draco cuando este apretó ligeramente su mano y, entonces, se dio cuenta de que estaban esperando su respuesta.

¡Ni tan siquiera se había dado cuenta de que ya habían llegado a ese punto! Trato de que su voz no temblara cuando dio la respuesta afirmativa, pero noto para su disgusto que no había podido enmascarar completamente lo que sentía. Con un poco de suerte la gente que se había reunido en la habitación creería que se debía a los nervios.

Cuando fue el turno de responder de Draco, este no vacilo, con voz fuerte y grave, segura respondió uniendo su destino al de Hermione. Al menos durante un año.

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Desde la segunda fila a la derecha, Harry había visto la mirada de su amiga cuando dijo "sí, quiero". Esta delataba tristeza, incertidumbre. No por primera vez deseo tener anti si a un enemigo real, al que pudiera destrozar con sus manos desnudas, pero tal y como eran las cosas solo pudo apretar los puños mientras sonreía tratando de que nadie se diera cuenta de lo que se escondía tras está boda.

A su lado estaba Parkinson, quien había fruncido los labios al ver como Hermione dudaba. Harry imagino que se debía al deseo de que ella se negara, pues siempre había tenido la impresión de que a esta le gustaba Malfoy. Al fin y al cabo, ella se unió a la Orden después de que Draco llevara ya un tiempo con ellos.

No podía estar más equivocado. Pansy estaba furiosa, pero no por celos. ¿Como se atrevía esa a intentar humillar a Draco al dudar al responder? ¿Que pretendía? Rechino los dientes mientras trataba de controlarse y miro a su alrededor, por suerte parecía que todo el mundo había asumido que ese despiste a la hora de responder se había debido a los nervios. Lo agradeció, Draco no merecía ser humillado así.

Un poco más atrás, Luna contemplo la escena. Una sonrisa triste curvo sus labios, hacía tiempo que se había dado cuenta de la atracción que había entre ellos pero sabía que nunca harían nada con ella, al fin y al cabo los Slytherin y los Gryffindor no se juntan... y sin embargo, al final parecía que tendrían que hacer algo con ese sentimiento. De lo contrario el año que tendrían que pasar juntos sería un infierno.

Por primera vez, deseo ser capaz de creer en los finales felices como hacía antaño. Ya no era la misma, pero una parte suya deseaba que la felicidad, ese sentimiento tan esquivo, estuviera a la vuelta de la esquina para su amiga.

Ron apretó la mano de Luna, mirándola. Prefería centrarse en ella que en la ceremonia que se celebraba en ese momento. No quería ver a su amiga uniéndose a un Malfoy. Vale, Draco había cambiado pero en muchos puntos elementales seguía siendo el mismo.

Como deseaba seguir siendo el Ron de Hogwarts. Ese que actuaba más por instinto que por la razón. De ser así ese día no estaría sentado allí, viendo como su amiga se veía obligada a poner bajo tierra muchas de sus esperanzas... en su corazón palpito la esperanza de que al final ella pudiera encontrar a un buen mago al que no le importara el que ella ya hubiera estado casada.

Por primera vez, se resintió de esa sociedad anclada al pasado.

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Hermione miro a su alrededor. La gente se reía animadamente mientras conversaba, parecía que la celebración estaba siendo un éxito. Esbozo una sonrisa y se acerco hasta Luna. La verdad es que cada vez reconocía menos en ella a la chica con la que había estudiado en Hogwarts.

No es que no siguiera siendo un tanto excéntrica, sino que ahora esas peculiaridades estaban inclinadas hacía un lado que le daba bastante encanto. En lugar de un conjunto hecho de hortalizas, llevaba un collar y unos pendientes con un extraño símbolo. Al acercarse pudo reconocer que era un elemento egipcio que significaba sabiduría.

-¿Como estás, Luna? Hace bastante que no nos vemos.

-Bien, Hermione, bastante ocupada con El Quisquilloso.

La joven morena sonrió ampliamente al pensar en la revista. Seguían tratando temas un tanto espinosos, pero la ultima vez que lo había descubierto había comprobado con bastante asombro que eran temas por los que ella misma se podía llegar a sentir atraída.

Trataban temas serios como conspiraciones, asesinatos que seguían unos patrones un tanto extraños y magia experimental de la que muy pocos tenían verdaderos conocimientos. Aún recordaba cuando tras acabar con un articulo había buscado información sobre el tema, sorprendentemente los datos que había visto lo confirmaban.

Ron se les acerco en ese momento y tomo posesivamente de la cintura a Luna, plantando un dulce beso en sus labios. Parecía que poco a poco la relación entre ellos se había ido afianzando.

-¿Estás bien? -le pregunto a Hermione frunciendo el ceño.

La joven asintió, sin querer dar explicaciones en ese momento. Además, ¿de que serviría explicar el lió mental que tenía? Por primera vez en su vida se enfrentaba a problemas para los que no había solución, no podía meterse en la biblioteca e ir mirando libro por libro hasta dar con algo que la ayudara.

Se dio cuenta de que la estaban observando y se giro levemente para ver quien era. Draco Malfoy se acercaba con pasos largos, que le recordaban a los de un depredador, a ella. Se dio cuenta de que era el momento para que el baile comenzara. Y al igual que con la fiesta de compromiso, ahora ellos deberían inaugurar el baile.

Solo esperaba que en esta ocasión las cosas salieran mejor.

-Hermione, Luna, Weasley -dijo Draco con una voz ligeramente siseante-. Tenemos que abrir el baile -dijo mirando a la joven morena.

-De acuerdo -respondió ella aceptando que él pusiera una mano sobre su cintura y la condujera a la pista. No se atrevía a alejarse estando sus padres tan cerca y observándoles tan detenidamente, se había dado cuenta de que su padre no se sentía bien con el matrimonio de ella y no quería darle más motivos para preocuparse.

Cuando Draco la envolvió entre sus brazos para comenzar el baile, el pulso de ella se acelero. ¿Cuanto hacía desde que la simple proximidad de un hombre no provocaba una respuesta en su cuerpo? Cuatro largos años...

Un suspiro escapo de sus labios al pensar en ello. No quería que ahora, finalmente, su cuerpo decidiera que tenía que volver a la vida. Mucho menos con Malfoy.

-Hermione -dijo Draco en un claro tono de advertencia. Era sorprendente como a veces con una simple palabra era capaz de hacerse entender a la perfección.

-¿Qué? -pregunto ella, aún sabiendo la respuesta no le gustaba que él se atreviera a reprenderla.

-Se supone que es un momento feliz. Así que actuá como si lo fuese.

-¿Quieres decir mirándote encandilada, sonriendo como una boba por tu belleza y por mi suerte? ¿Como si sintiera algo por ti? Lo siento, Malfoy, pero no soy tan buena actriz -las palabras escaparon de sus labios antes de que pudiera pensarlas con detenimiento. Era curioso como cuando estaba con Draco sentía que había vuelto a la época de Hogwarts, cuando las personas eran definidas por los colores de sus uniformes... y todo el mundo sabía que Slitheryn y Gryffindor no se mezclaban.

Draco lucho duramente para que la sonrisa que había en sus labios no se extinguiera, por no hacer ningún gesto que mostrara lo furioso que estaba. Y, por que no reconocerlo, también herido. Nunca hubiera imaginado que Granger, precisamente ella que había tenido que soportar tontos prejuicios desde que llegara al mundo mágico, no midiera a los demás por sus actos.

-Granger -siseo-, madura de una maldita vez. Mira a tu alrededor. ¿Que quieres, que piensen que eres una oportunista? ¿O que te he chantajeado con algo? ¿O quizás que tus padres se sientan peor? Por que de ser así, no tengo ningún problema en montar una escena aquí mismo para darte el gusto.

Hermione abrió mucho los ojos. Esto no pegaba con lo que sabía de Draco, era demasiado orgulloso como para atraer de ese modo la atención sobre él. Entonces se percato de lo que estaba haciendo, de como cuando él se le acercaba olvidaba hasta sus mejores intenciones.

-Lo siento -murmuro en un tono casi inaudible.

-¿Qué? -el asombro hizo que lo preguntara, no podía creer que ella hubiera dicho eso.

Los ojos de la joven llamearon mientras apretaba los labios. Se forzó a repetir:

-Lo siento.

Draco asintió, sin fiarse en ese momento de hablar y estropear la aparente tregua a la que parecían haber llegado.

Tras esto, acabaron de bailar sin volver a dirigirse la palabra. Al fin y al cabo, estás siempre parecían estar en su contra. Cuando él la soltó, ella sonrío e inclino la cabeza antes de dirigirse hacía Harry.

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Desde donde estaba, había podido observar bastante bien la escena. Sí, ambos habían hecho una gran actuación. Claro, eso pensarías si no conocieras a la perfección a al menos una de ellos. Y después de tantos años, sabía lo que simbolizaba cada gesto o mirada de Hermione.

Estaba furiosa y completamente decidida a ocultarlo.

Cuando llego a su lado, sonrió y pregunto:

-¿Como estas?

-Maldita sea, Harry. Ni que fuera el fin del mundo o me estuviera muriendo para que eso sea siempre lo primero que me preguntáis.

Él alzo las manos, en un claro gesto de defensa. La joven soltó una carcajada ante esto.

-Lo siento. Vaya, parece que no dejo de repetir esas palabras.

-¿Y eso? -pregunto él enarcando una ceja.

-Es que acabo de disculparme con Draco.

-¿Por que?

-Por que tiene razón, quería que mis padres no se preocuparan más de la cuenta y sin embargo no dejaba pasar ni la más mínima oportunidad para pelearme con él.

Harry esbozo una medio sonrisa ante esto, preguntándose divertido si su amiga se habría dado cuenta al igual que él y Ron de la razón de esto. No, obviamente no por la mirada que había en su cara.

-Bueno, eso es lo que ha pasado siempre entre vosotros.

-Ya, pero... Harry, ya no somos niños. Y siempre he dicho que soy muy madura. ¿Por que no puedo serlo con él?

Harry soltó una larga carcajada, la primera en mucho tiempo. Asombrosamente se sentía bien reír así de nuevo.

-Seguro que lo descubres antes o después, al fin y al cabo eres Hermione Jane Granger, una de las alumnas más inteligentes que han pisado Hogwarts.

Hermione se puso en puntillas y beso suavemente la mejilla de él, después susurro:

-Gracias.

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Draco estaba hablando con Pansy cuando vio como su esposa besaba a Potter. No lo podía creer, hacía solo unas horas desde que habían dado el si quiero y hacía esto...

Vale, de acuerdo, era un simple beso en la mejilla. Pero es que eso no era lo malo. Lo peor eran los sentimientos de cariño obvio que se podían ver en ese acto. ¿Serían ciertos los rumores?

Nunca les había prestado demasiada atención, sabiendo de primera mano que estos no solían ser demasiado fiables. Pero... ¿y si lo eran? ¿Y si la joven había sentido algo más que amistad por Harry?

Quizás ahí estuviera la respuesta a la razón por la que se comportaba de esa manera con él. Para una mujer como ella no podía ser fácil reconocer que deseaba a un hombre que no era el que anidaba en su corazón.

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Horas después, tras despedirse de todos los invitados, Hermione subió a la segunda planta en la que unos días antes había trasladado sus cosas desde la casa de sus padres. Estaba agotada y bostezando se cambio de ropa, poniéndose el suave pijama y se metió entre las sabanas.

Sus parpados se movieron rápidamente, clara señal de que había entrado en un sueño profundo. Y por sus muecas y movimientos se podía afirmar que no era un sueño agradable.

Los hechizos se sucedían rápidamente, sobreponiéndose unos a otros de modo que no se podía afirmar de parte de que lado se habían lanzado ni contra quien.

Fuertes gritos de dolor y el hedor de la muerte impregnaron rápidamente el campo de batalla.

Los ojos de Hermione mostraban su decisión, su deseo de seguir viva que gritaba claramente que no se detendría y haría lo que fuera necesario para lograrlo. A su lado se encontraba Ginny. Estaban casi espalda contra espalda. Cansadas y casi extenuadas tras casi dos horas de lucha.

La Orden era superada en numero por los Mortifagos, hecho que se había ido haciendo más evidente a medida que la pelea continuaba y las maldiciones se repetían desde cualquier angulo. Las dos amigas debían moverse de un modo sincronizado para que sus espaldas estuvieran juntas, de modo que pudieran cuidarse la una a la otra. Era una postura incomoda pero se habían visto obligadas a tomarla.

Esto era algo que junto al uso de la magia tanto las estaba agotando.

Las palabras que invocaban al hechizo de la muerte hicieron que Hermione se tirara al suelo hacía la derecha, de modo que la maldición que la hubiera matado pasara casi rozando el hombro de Ginny. Antes de que la joven morena pudiera levantarse del suelo y asumir su posición otra vez, vio como la maligna luz verde impactaba contra el pecho de la joven pelirroja, alzándola en el aire antes de tirarla al suelo.

Sus manos temblaban mientras las apoyaba en el suelo para levantarse. Una lagrima descendió por su rostro al tener la confirmación de que su amiga acababa de morir. No necesitaba comprobar su pulso para saberlo... no había escapatoria para el Avada Kavreda. Cuando por fin estuvo en pie, movió los dedos para cerrarlos con mayor fuerza en torno a la varita.

Trago saliva y grito, con toda la fuerza de su alma, una maldición:

-¡Crucio! -su mano no tembló cuando el hechizo impacto contra el cuerpo masculino que había causado la muerte de Ginny. Vio sus rasgos y le reconoció. Lucios Malfoy.

Cuando escucho como él, aún a pesar del dolor de la maldición, era capaz de formar las palabras del Avada se aparto del camino de la luz verde comprendiendo horrorizada de que el terror por la muerte de ella la había hecho perder el tiempo de modo que no había utilizado su oportunidad correctamente.

Mientras intentaba volver a levantarse, apunto con la varita, lista para llevarse a ese mortifago con ella por delante.

-Avada Kavedra -dijo una voz masculina antes de que ella tuviera la oportunidad. Vio con satisfacción como el cuerpo masculino caía y alzo su mirada para ver a quien la había ayudado.

Comprendió consternada que este había sido Draco. Antes de que pudiera agradecerle su ayuda, él se había girado alejándose para ir a otro punto de la lucha.

Mientras volvía a acercarse a Ginny, se pregunto si él se había dado cuenta de quien era el mortifago. Seguramente no, por la posición que habían tenido los dos combatientes era prácticamente imposible que hubiera visto su rostro y la voz de él había quedado ahogada entre todas las otras que lanzaban la misma maldición.

Cuando llego al lado de su amiga, aún sabiendo lo que iba a encontrar, apoyo un dedo en su cuello, con la esperanza revoloteando en su alma. Quizás el hechizo no le había dado de lleno, quizás... cerro los ojos apretándolos fuertemente al comprender que sus ilusiones habían sido incluso estúpidas al notar como el cuerpo de ella carecía de pulso.

Sus lagrimas se mezclaron con la sangre de las heridas recientes, el odio anidando en su corazón, echando fuertes raíces que jamás podrían ser completamente arrancadas. Notaba el corazón helado, como si hubiera dejado de latir con un propósito superior y se hubiera convertido en un simple musculo que bombeaba la sangre que le permitía seguir en pie.

Siguió peleando, sin vacilar pero con la mente en blanco. Después descubriría horrorizada que no podía recordar nada desde el momento en que volvió a acercarse a Ginny. A pesar de lo que la lógica dictaba, no se movió de su posición. Sus pies parecían estar anclados al suelo.

Una y otra vez, sus labios se movieron formando esas palabras... llegando al extremo de que aun y cuando hubiera querido saber cuantos habían caído por su varita hubiera sido incapaz de decirlo.

Mientras la ultima maldición escapaba de sus labios, escucho un grito de jubilo. Movió los ojos entre ambos bandos, sabiendo el significado de ese grito.

La lucha había terminado. Uno de los principales personajes de esta batalla había caído. ¿Pero quien? Un estremecimiento sacudió su cuerpo, su mente rogó una y otra vez que no fuera Harry.

Harry no.

Dios no podía ser tan cruel como para que en una sola noche tuviera que perder a otro de sus mejores amigos. A su hermano, aunque no compartieran la misma sangre, su relación siempre había sido así. De hermanos…

Lo vio moverse, cansado y sangrando. Una sonrisa curvaba levemente sus labios. Se acercaba a paso lento, moviéndose entre la gente mientras terminaban de atar a los pocos mortifagos que habían quedado con vida ya que una vez caído el líder, estos habían depuesto las varitas. Una expresión de dolor paso por su rostro cuando vio el cuerpo que Hermione intentaba proteger.

Vio como en los ojos de él aún había un destello de esperanza, pues nunca hubiera podido imaginar que ella hubiera permanecido protegiendo el cuerpo de Ginny si esta estaba muerta. Al fin y al cabo, la lógica dictaba que el modo más seguro de luchar era el de irse moviendo sin convertirse jamás en un blanco fijo.

Pero es que en esa ocasión la mente de Hermione había perdido la batalla, una pelea que ni tan siquiera había intentado ganar y le había cedido la victoria al corazón. Y es que no podía dejarla allí sola…

Se aparto un poco, dejando que Harry se arrodillara en el suelo al lado de su prometida. Él deslizo una mano cubierta de cicatrices por el rostro de ella, sus ojos permanecían secos, pero había tal dolor en su expresión que parecía que fuera a enloquecer de un momento a otro.

-Lo siento… lo siento, Harry… lo… siento –por primera vez las simples lagrimas calladas se convirtieron en fuertes sollozos que sacudieron su cuerpo, haciendo castañear sus dientes e imposibilitando que dijera nada más.

-No tienes la culpa, Hermione… no la tienes.

En ese momento Hermione Granger comprendió que en ese campo de batalla, junto al cuerpo sin vida de Ginevra Weasley había quedado una de las mejores partes de su amigo. Sabía que este dolor que él sentía iba a provocar grandes cambios, y temía el solo hecho de pensar en hasta que punto lo iban a cambiar.

-¡No! –un grito lleno de dolor rasgo el aire, el rostro de Ron estaba blanco como la cal, sus ojos se movía por el cuerpo de su hermana y sus rodillas se doblaron, haciendo imposible que se acercara hasta donde estaban.

Sus manos se hundieron en la tierra, y agacho la cabeza. Sus anchos hombros se sacudían con lágrimas silenciosas, lagrimas ardientes y sangrientas que manaban desde su misma alma.

Hermione sintió como todo daba vueltas a su alrededor. Se toco el hombro. Sí, estaba sangrando y no sabía cuanta sangre había perdido. Sus rodillas se doblaron y en ese momento perdió la conciencia.

Mientras un fuerte grito escapaba de sus labios, se incorporo en la cama. Sus manos ascendieron a su rostro, tratando de contener los gritos.

¿Por que ahora? ¿Por que después de tanto tiempo? Hacía tanto que esta pesadilla no se le presentaba que había tenido la vaga esperanza de que jamás volviera... era uno de sus peores recuerdos.

Alzo las rodillas y las rodeo con sus brazos, apoyando el rostro en estas. Estaba completamente encogida, como si la posición pudiera alejar los demonios de su mente.

Un amargo sonido escapo de su boca. Había esperado que las pesadillas se hubieran alejado permanentemente de su vida, al fin y al cabo ya habían pasado dos meses sin ellas. Dos meses en los que por fin había podido dejar completamente la poción para dormir sin soñar.

Pero hoy era como si su mente quisiera vengarse de ella por ese breve respiro que le había dado, por ese pedacito de paz y tranquilidad que finalmente había parecido encontrar.

Agradeció a Merlin haber encantado la habitación con el hechizo para que no se pudieran escuchar sus gritos, no lo había creído necesario en ese momento pero no había querido arriesgarse. Por suerte...

cuando nuevos recuerdos se volcaron en su mense, abrio los ojos en un desesperado intento por alejarlos. Pero estos no quisieron obedecer y continuaron desarrollandose, sumerjiendola en sus oscuras profundidades.

Se debatía contra el sueño, pero cada vez que parecía capaz de salir de las negras aguas de la inconsciencia, estas volvían a apresarla sumergiéndola más profundamente.

-¿Por qué no despierta?

Dijo una voz, tardo unos segundos en darse cuenta de que era Harry.

-Ha tenido una experiencia muy traumática, no solo tiene que luchar contra las heridas y la gran perdida de sangre, sino también con los recuerdos. Aunque no creo que tarde mucho en despertar.

Ella intento abrir los ojos, hablar. Les oía, pero le parecía que estaban a una gran distancia y el esfuerzo de despertar era hercúleo.

Finalmente, consiguió abrir los ojos. No sabía cuanto tiempo había pasado, si un día, tres, una semana, un mes… solo sabía que el cuerpo le dolía menos, pero el peor dolor y el que no había menguado era el de su alma.

-¿Hermione?

-Harry…

¿Esa era su voz? Sonaba muy ronca, casi no podía hablar de un modo entendible.

-Por fin has despertado. Llevas casi un mes en coma.

La joven miro el rostro de su amigo, las profundas ojeras que había bajo sus ojos y la amargura que se rebelaban en su mirada y en el rictus de su boca.

-Lo siento… lo siento tanto…

-¿Qué?

-Siento no haber sido capaz de salvar a Ginny. Por favor, te lo… ruego, perdóname… lo siento –lagrimas amargas descendieron por su rostro. No se encontraba lo suficientemente fuerte como para luchar contra ellas, ni esconderlas, ni tan siquiera para secarlas.

-Hermione, no seas idiota.

-Si ella no se hubiera despistado por el hechizo que me lanzaron… perdóname… lo siento –le costaba hablar, pronunciar cada palabra, cada ruego hacía que su alma sangrara más. Pero tenía que conseguir el perdón de Harry y Ron, aunque jamás fuera capaz de perdonarse a si misma.

-Tranquila. Cuéntame lo que paso…

Con palabras entrecortadas, en algunos momentos siendo incapaz de terminar las frases, ni tan siquiera algunas palabras a causa de los sollozos que sacudían su frágil cuerpo, ella relato la historia.

Cerró fuertemente los ojos pero siguió hablando. Las imágenes se sucedieron en su mente, una tras otra mostrándole el horror de esa ultima batalla.

-Fue Draco quien acabo con Malfoy.

-Lo sé, estuvo en el entierro y me explico lo que había visto.

-Perdonadme –dijo mirando a Ron, que acababa de entrar en la habitación. Sabía que había oído su relato, pues su rostro se encontraba tan blanco como la cal y sus ojos mostraban el sufrimiento que había provocado esa perdida.

-No seas tonta. No hay nada que perdonar –mascullo Ron.

-Hermione, escúchame.

Volvió a abrir los ojos, y poso su mirada en los ojos verdes de Harry. Eran unos ojos duros, casi sin sentimientos, pero si te fijabas bien, veías en sus profundidades el dolor que sacudía el alma de este hombre. Hombre no por su edad, sino por las experiencias y horrores que habían marcado su vida. Tantas muertes, tantas… y otra se había unido ahora a la red negra que se tejía entorno a él.

La joven no pudo evitar el preguntarse si él alguna vez sería capaz de reponerse al dolor que había sido la única constante en su corta vida.

-Hermione, recuerda a Ginny. No su muerte, sino su personalidad. La conocías bien, perfectamente. Sabías como pensaba, como protegía a la gente que quería. ¿Realmente crees que a ella le gustaría verte así? Rota por una culpa que no es la tuya, una culpa por algo que no has hecho, por algo en lo que no podías hacer nada. Piensa, y recuerda como era…

Las lágrimas brotaron con mayor fuerza de los ojos de Hermione, lagrimas que salían de su misma alma.

-La conocías. Salvaste su vida en más de una ocasión en esta guerra. Luchasteis siempre espalda contra espalda, protegiéndoos la una a la otra. Ella perdió la concentración, un segundo, lo suficiente como para que su error fuera fatal. Pero tú no tienes la culpa. Compréndelo, y quítate este peso de encima. Un peso que no te corresponde a ti…

-Si a mi no me corresponde, a ti menos, Harry –le dijo Hermione, que había sido capaz de reconocer entre las palabras de su amigo su sentimiento de culpa-. Tú estabas librando una batalla, la más importante de esta guerra. De ti dependía la vida de muchos de nosotros, de ti dependía el que pudiéramos tener un futuro libre, sin pesares ni represiones.

Harry sacudió la cabeza y dijo:

-Hermione, no te has de preocupar por lo que yo sienta. Lo único que tienes que hacer es comprender que no tienes la culpa, que has de seguir viviendo, ser feliz, porque eso es lo que ella hubiera querido.

Hermione asintió con la cabeza y Harry y Ron se marcharon, dejándola sola.

No se habían dado cuenta de que había comprendido sus palabras, la verdad que se escondía tras ellas, pero que no era capaz de librarse de ese sentimiento de culpa.

Pero tenía que hacerlo. No podía dejar que la muerte de Ginny la hundiera. Tenía que sobreponerse, luchar por su cordura y su felicidad. Era lo que ella hubiera deseado, y en ese instante Hermione se juro a si misma que lo cumpliría aunque fuera lo ultimo que hiciera.

Cambiaría… cambiaría como tenía que hacerlo, para que la muerte de Ginny no la hundiera. Lo haría por ella. El primer cambio, y el más fácil, sería su forma de vestir. Ginny le dijo muchas veces que utilizaba esa clase de ropa para crear un muro invisible entre la gente y ella.

Y era cierto. Pero si tenía que seguir viviendo, sin culpa, debía cambiar eso. Y también su personalidad…

De un momento oscuro, el más negro de su vida, saldría una nueva Hermione Jane Granger. Sería como el ave fénix, renacería de sus cenizas.

Y la muerte de su amiga sería el fuego que purificaría su dolor, que provocaría el cambio…

Al fin y al cabo, durante mucho tiempo Ginny intento que ella cambiara. Parecía una ironía del destino que hubiera decidido hacerlo ahora, cuando ella no podía verlo ya.

Pero seria su homenaje a esa joven que le había ofrecido su amistad, un hombro sobre el que llorar y consuelo siempre que lo había necesitado. Aunque Harry y Ron eran sus mejores amigos, en Ginny encontró un respaldo, una compresión y una amistad que jamás pudieron darle los chicos.

Habían trascurrido casi dos semanas, y sabía que en poco tiempo le darían el alta, cuando se presento Luna.

Estaba cambiada. Ya no llevaba ese excéntrico collar ni ninguna de las cosas que habían provocado que la llamaran Lunática.

Miro sus ojos, y acepto la verdad de que la guerra y la muerte cambian a la gente. El padre de Luna había muerto en la guerra y sabía que ella había decidido seguir con la revista y si Dios quería, lo llevaría a la cima.

-Hola, ¿Cómo estas?

-Bien… dentro de poco podré salir de aquí. ¿Tu como estás?

-Alegre. Por fin he conseguido terminar la formula.

-¿Qué? ¿Formula?

-Sí. Al poco de que empezara la guerra, empecé a investigar. Y en esta ocasión, con una seriedad que te sorprendería hasta a ti. Leí un libro tras otro, buscando una clave que me permitiera ayudar realmente en esto. Pero la idea que yo tenía, solo serviría cuando terminara la guerra… si ganábamos y no moríamos todos en el intento.

-Pero… ¿a que te refieres?

-Bueno… pues realmente es una poción. Descubrí un hechizo que combinado con ciertas hierbas tenía unos resultados… bastante llamativos. El hechizo debía pronunciarse mientras se echaban las hierbas. Los resultados han sido sorprendentes. ¿Te acuerdas de la cicatriz de Harry?

Hermione asintió con la cabeza. ¿Cómo olvidarla? Iba desde el ojo derecho hasta llegar casi a la comisura de los labios.

-Pues ha desaparecido completamente. Al igual que todas las demás… bueno, salvo la de la frente. Parece que la poción tiene un máximo de tiempo en el que puede funcionar y no llega a alcanzar los dieciocho años que tiene esta. Pero creo que no creía que iba a funcionar y pensaba que estaba a punto de ser envenenado.

Hermione arqueo las cejas. ¿Harry podría estar tan mal que la idea de probar una de las locuras de Luna le resultaba atractiva? ¿No intentaría matarse?

Sacudió la cabeza apartando ese pensamiento de su mente, su amigo era demasiado fuerte como para atentar contra su propia vida.

-La he traído –dijo Luna mirando las cicatrices que había dejado la guerra en la otra joven-. Para que puedas tomarla.

Un suspiro escapo de los labios de Hermione, ¿pero que perdía por probar? Si era otra locura de Lunática, al menos estaban en San Mungo y podría ser atendida de inmediato.

Tomo el pequeño frasco que contenía una poción con un tono brillante, de un suave azul. Lo abrió y lo bebió de un solo sorbo.

Una serie de estremecimientos recorrieron su cuerpo.

-Mírate las manos.

Hermione bajo los ojos, esperando encontrar las cicatrices. Pero no había ni una sola. La piel se había regenerado dejando una apariencia satinada, sana.

Alzo los ojos hasta mirar a Luna.

-Gracias.

-De nada. Para eso estamos los amigos, ¿no? Para ayudarnos los unos a los otros.

Hermione asintió con la cabeza, y pensó que realmente no era malo tener una amiga como Luna. Podía parecer muy loca a veces, pero en otras tenía ideas realmente buenas.

Los ojos de Hermione estaban anegados de lágrimas, lagrimas silenciosas que eran el vivo testimonio de que tras el tiempo transcurrido hay cicatrices que no dejan de sangrar.

Se levanto y saco los libros que debería estudiar para los próximos exámenes. Realmente necesitaba tener la mente completamente ocupada durante un ratito... lo suficiente como para que se alejara del borde del precipicio que eran sus recuerdos.

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Bueno, chicos, otro capi reescrito. Me parece que me he vuelto un pelin repetitiva con la muerte de Ginny, pero es una de las que más pilla de cerca a todos...

Es la primera vez que pongo un mismo evento visto desde la perspectiva de varios personajes, ¿que os parece?

Otra cosa, perdonad por no haber profundizado en lo que es en si la batalla pero es que soy negada para describir peleas... las acabo en cuestión de segundos. Por lo que he preferido centrarme en los sentimientos de Hermione. ¿Os parece que le he dado una buena muerte a la pelirroja?

Es que la verdad, no es uno de mis personajes preferidos pero no me gustaría que se notara por el modo de escribir... y menos cuando puedo explotarla tanto.

Bueeeeno, me despido hasta el sexto capitulo. Ya quedan menos!

PD: Me he dado cuenta de que el sexto era simplemente el recuerdo de su estancia en el hospital, por lo que he decidido juntarlos. Así que un capi. menos que reescribir, porque este a penas si he tocado algo. A ver si tenemos la misma suerte con el séptimo... bueno, el sexto ahora.