Capítulo 6

El día amaneció soleado. Una elfina domestica despertó a la joven, diciéndole que debía prepararse para salir de viaje.

-¿De viaje? –pregunto Hermione a Draco cuando lo vio.

-Sí. Exactamente de Luna de Miel. Es lo que hacen los recién casados…

-Eso ya lo sé. Pero no me habías dicho nada… no tengo la maleta preparada, ni nada.

-Tranquila. Tu madre preparo tu maleta, la he dejado en el salón con la mía. Y en la facultad sabían que ibas a ausentarte durante unos días a causa de la boda.

-¿Y adonde vamos?

-Egipto.

¿Egipto? Era un lugar que Hermione llevaba mucho tiempo deseando ver. Quizás después de todo, no sería tan malo eso de la Luna de Miel

* * *

¿Realmente había pensado que no iba a ser una mala idea? ¿Cómo era tan tonta para pensar que estar con Draco Malfoy no iba a ser malo? Y a diferencia de en la mansión, aquí iban a tener que compartir la suite.

Eso ya era demasiado. ¿Quince días durmiendo junto a Malfoy? Oh, Dios, ¿Qué había hecho tan mal como para merecer un castigo así?

Estas eran las ideas que se repetían una y otra vez por la mente de Hermione. Y es que no podía creer en su mala suerte, tener que pasar quince días con él iba a ser terrible.

Fueron conducidos hasta la suite por un amable botones, que no dejaba de sonreír. Parecía que saber que el cliente era especialmente rico era capaz de ablandar el cerebro de cualquiera.

Granger miro la habitación, y una sonrisa curvo sus labios. Era un séptimo piso, con unos grandes ventanales que cubrían toda la extensión de la pared.

Escucho como el botones explicable que el cristal estaba encantado de modo que desde dentro se veía todo el exterior, pero que nadie podría verlos a ellos. ¿Era su imaginación o el chico estaba sonriendo de un modo picaron? No creería que… ¿iban a hacerlo contra los cristales?

Pero al pensar en esto, no fue asco lo que sintió. Todo lo contrario. Noto como su mente conjuraba las imágenes de ese cuerpo musculoso contra el suyo, las manos unidas, el juego de bocas enloquecedor…

Hermione sacudió la cabeza, intentando librarse de esas fantasías que de un modo tan simple habían empezado a preparar su cuerpo para entregarse a él.

No debía permitirse el que se le notara que deseaba a su marido. No debía permitirlo, pues sería darle a Draco la munición necesaria para destruirla.

* * *

Draco miro a su esposa. Entrego discretamente una propina al botones, instándolo a marcharse rápidamente.

Esa noche había tomado una resolución. Era un Malfoy, ¿no? Y los Malfoy siempre conseguían lo que deseaban.

Y hacía años que él deseaba a Hermione.

Así que mejor la joven se iba preparando, porque había forjado un plan de acoso y derribo que le daría aquello que tanto deseaba. Un matrimonio en el que la pareja duerme junta, en la que hay hijos, aunque no hubiera amor lucharía por conseguir compañerismo.

Al fin y al cabo, llevaba años viéndola con sus amigos. Sabía que era una mujer digna de confianza, siempre dispuesta a luchar y arriesgar su vida por la gente a la que quería. ¿Qué sería tener aunque solo fuera una milésima de ese cariño dirigido hacía él?

El plan era bastante sencillo. Lograría que ella bajara sus defensas, le demostraría poco a poco quien era en realidad. Quizás siguieran peleando, porque realmente le excitaba ver como sus ojos echaban fuego y sus mejillas enrojecían, pero ya no habría insultos.

Iría derritiendo el muro de hielo que la rodeaba hasta dejar solo a la apasionada mujer que sabía que se escondía en lo más profundo de ese cuerpo hecho para el pecado.

-¿Quieres que salgamos a dar una vuelta?

La joven asintió. Al fin y al cabo, se encontraba en Egipto. Donde se habían dado los primeros brotes de urbes mágicas, donde los magos se habían convertido en gentes de gran importancia dentro de la realeza.

También, sabía que para ella iba a ser muy importante una visita que había preparado.

Ni más ni menos, que en el centro de la ciudad, en la parte mágica. Era el primer hospital que se había concebido como tal. Pero no solo eso, contaba con una parte en la que se habían preparado tanto a muggles como a magos para servir como médicos. Aparte, de una inmensa biblioteca extremadamente bien conservada en la que se recogían los primeros tratados sobre medimagia.

* * *

Hermione miro a su esposo. Parecía que se estuvieran dirigiendo a algún lugar en concreto, en vez de lo que habían dicho: dar una simple vuelta y mirar escaparates.

Pasaron por calles muy estrechas, en las que había que pasar de lado con el suelo de piedra y las paredes de las casas de adobe. Siguieron andando, adentrándose en la parte mágica de Tebas. Iban casi hombro contra hombro, lo suficientemente separados como para no rozarse, pero lo bastante cerca como para que ella pudiera notar el calor que desprendía el cuerpo de él.

Miro a su alrededor. La calle se había ensanchado mucho. Había palacios a su alrededor, y al fondo… lo reconoció al instante. Sus altos muros, su fachada con representaciones en relieve de los dioses…

Era el primer lugar en el que se habían dado los tratados de magia. Donde los grandes magos de épocas pasadas habían hablado, atendido y servido a los reyes y castas gobernantes de Egipto. Pero no solo eso. En ese lugar, se ponía de manifiesto que los muggles y los magos podían convivir en paz. Al fin y al cabo, lo hicieron durante milenios. Hasta que la pasión se había interpuesto, logrando que fuera imprescindible desaparecer ante el ojo de los simples humanos.

Draco la tomo de la mano, urgiendo sus pasos hasta el Cri'hgt Tolaium. Un hombre de piel oscura con una túnica negra, y un símbolo que delataba que era medico prendido en el pecho, los saludo respetuosamente.

¿Draco había preparado esto? ¿Realmente la conocía lo suficiente como para saber que ella hacía años que deseaba visitar este lugar?

A medida que avanzaban por las salas, con la agradable voz del medico explicándoles como se había utilizado el lugar en otros tiempos, comprendía que la respuesta a las preguntas que daban vueltas a su mente era "si".

¿Pero porque lo había hecho? ¿Qué esperaba obtener a cambio? No era lo bastante tonta como para creer que lo había hecho por su buen corazón.

¿O quizás él tenía razón y lo juzgaba simplemente por las apariencias? Le estaba juzgando y comportándose de ese modo con él, no solo para mantener su orgullo intacto, ¿sino también porque sabía que si conocía al verdadero Draco corría el riesgo de acabar enamorada de él?

Pero mientras se alejaban del Cri'hgt Tolaium movió la cabeza. Quizás se equivocaba con él, y podía llegar en un futuro a considerarlo su amigo. Pero sabía que siempre se había rodeado de diversas mujeres que tenían solo una cosa en común. Una gran belleza y una calculadora por corazón.

Entonces, ¿qué había en ella que hacía que él hubiera tomado la decisión de darle una oportunidad? Quizás simplemente él no era tan malo juzgando el carácter de las personas, y había comprendido que Hermione Jane Granger podía ser la mejor amiga que encontrara nunca.

Pero, al fin y al cabo, eran solo suposiciones. Los únicos hechos que conocía de Draco Malfoy era que era un hombre duro, de mente, cuerpo y espíritu. Que nunca se doblega ante nadie. Y que la frialdad que rezumaba era capaz de congelarle el alma.

Esos no eran indicios de que él podía ser mejor de lo que esperaba y ser capaz de darle una amistad sincera.

Finalmente, se canso de pensar en esas cosas y tomo una decisión. Lo observaría, trataría de comprenderlo. Vería como era realmente. Y si le gustaba lo que veía, le ofrecería su amistad. Y si creía tener una oportunidad para algo más, o surgía algo más que amistad entre ellos, no le daría la espalda a la oportunidad.

* * *

Draco veía como Hermione le daba vueltas al cambio de actitud que él mostraba hacía ella. No solo había sido la visita al Cri'hgt Tolaium, sino también la cena que había hecho que les sirvieran en la suite.

Habían bebido y comido con tranquilidad, hablando poco pero sin pelear.

Faltaba poco para que tuvieran que acostarse. Era parte de su plan, una sola cama. En mitad de la noche, uno de ellos podía rodar y acabar rozando al otro. Y si estaban durmiendo, no había ningún mal en algunos besos robados.

Siempre podía fingir que estaba soñando y que no se había dado cuenta de lo que hacia.

Y quien sabía, quizás ella misma fingiera dormir y disfrutara de sus caricias.

Habían transcurrido varias horas, y Draco finalmente también se había dormido tras observar con tranquilidad los rasgos relajados por el sueño de Granger.

Un grito cortó el silencio de la noche. Fuertes sollozos lo siguieron cuando Draco se despertó y tomo la varita.

-¿Qué…? –miro a su alrededor. Hermione estaba encogida, rodeándose con los brazos las piernas y las lagrimas se deslizaban por sus mejillas.

-Hermione, tranquila. Solo ha sido una pasadilla –le dijo mientras acariciaba con suavidad su mejilla.

Ella abrió los ojos y lo miro, sin pararse a pensar que él que le hablaba era Draco Malfoy. Se hecho contra su pecho, rodeándole el cuello con los brazos. Los sollozos sacudían su cuerpo, y Draco la abrazo apretándola contra su cuerpo.

-No es solo un sueño –murmuro ella-. Desde que acabo la guerra, no he podido dormir una noche entera…

Draco no necesito más palabras para comprender lo que pasaba. Él tampoco podía olvidar el miedo que había sentido al ver como se desarrollaba esa lucha. Aunque la gente creyera que era un ser frío y desalmado, una de las cosas más duras que había tenido que hacer en su vida fue matar a su padre, aún a pesar del odio que sentía hacía él. Pero sabía que era la única alternativa que tenía y que era una justicia que le correspondía a él, el poder hacer que por fin su madre durmiera en paz.

De no haberlo hecho, Hermione hubiera muerto y aunque no lo comprendió entonces, tampoco ahora lo comprendía realmente, no había soportado la idea de que ella dejara de existir.

Y tanto por eso como por su madre, agradecio no haber sabido en el momento en que lanzo el Avada quien era el Mortifago, porque no podía tener la seguridad completa de que el hechizo hubiera resultado de saberlo.

La abrazo con más fuerza, haciendo que se tumbara en la cama. Y murmuro palabras tranquilizadoras una tras otra hasta que ella dejo de llorar. Bajo la mirada y vio que se había dormido. Deslizo los dedos siguiendo el trayecto de las lágrimas que habían bañado el rostro de ella con ternura. Miro su rostro, y deseo poder hacer algo para que el pasado dejara de ser una herida abierta en el alma de la joven... y en la suya.

Ya que si bien no despertaba gritando, las pesadillas tambien acechaban sus sueños. Los recuerdos tambien guiaban sus actos.

Quizás, con suerte, poco a poco con amor y paciencia las heridas de ambos pudieran acabar cicatrizando.

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Bueno, un capi que casi ni toco salvo por algunos puntos. Nos vemos en el siguiente, cruzad los dedos conmigo para que al igual que en este no tenga que modificarlo demasiado...