Disclaimer: Nada me pertenece, simplemente disfruto torturando a los personajes...
N/A: Releyendo los review que me habéis dejado, me he dado cuenta de una chica pedía que informara si había un cap. más o menos duro, que pudiera provocar el llanto... a ella le digo:
"levantate a buscar la caja de pañuelos ahora mismo, porque si me he salido con la mía en este cap. tenéis que sentir diferentes emociones y puede que llegues a llorar"
Y es que hasta a mi me ha costado escribir algunas partes. Es curioso, que este sea uno de los capítulos con los que más he disfrutado, con una gran dosis de inspiración, pero al mismo tiempo haya sido de los más duros de escribir tratando de lograr plasmar unas emociones teniendo en mente el que os llegaran de forma clara.
Y, bueno, os dejo que leíais tranquilos y ya al final termino de comentar un par de cosillas...
Capítulo 8
Los días pasaban velozmente para Hermione. Si alguien le hubiera dicho que Draco era un hombre capaz de hacerte reír, le hubiera llevado directamente a San Mungo para que le trataran de la cabeza.
Y es que nunca había unido las palabras "risa y diversión" con "Draco Malfoy", sí imaginaba que era capaz de reír... solo que siempre había supuesto que para esto era necesario que estuviera minando el amor propio de alguien, como había hecho tantas veces en sus años estudiantiles.
Por ello su sorpresa durante los días en que estuvieron disfrutando de su Luna de Miel. Era como si él hubiera ido dejando caer poco a poco esa mascara de frialdad que siempre le había caracterizado, no del todo, desde luego, pero si lo suficiente como para que tuviera la oportunidad de conocer al otro "yo" de él.
Este hecho le demostraba que quizás eran demasiadas las ideas que tenía preconcebidas desde Hogwarts, haciéndole comprender que no todo en está vida era blanco o negro y no podía evitar preguntarse que otras ideas estarían montadas sobre un mero castillo de arena y no sobre solidas bases.
Acabo de cepillarse el pelo, mientras una idea daba vueltas por su mente: cada vez se sentía más atraída por su marido y, para que negarlo, no solo de un modo físico...
OooOooO
Draco sentía que empezaba a estar en verdaderos problemas. Había accedido al acuerdo con Hermione que especificaba que no habría sexo entre ellos y, a pesar de que lo estaba cumpliendo, notaba como su resolución cada vez menguaba más. Algo que verdaderamente le enfadaba, pues duramente mucho tiempo lo único que había tenido era su palabra, por lo que el quebrantarla ahora intentando seducirla no era algo que estuviera dispuesto a considerar.
¿Pero como resistirte cuando la mujer a la que deseas más que respirar duerme entre tus brazos cada noche? ¿Como parar los besos y caricias siempre antes de ir más lejos?
Por lo que cada día debía darse más de una ducha helada. Pero mantendría su palabra, aun y cuando de un modo inconsciente, por Merlin que esperaba que fuera involuntario, su esposa se lo ponía cada vez más difícil.
Los días siguieron su paso raudo hasta quemar el ultimo instante en que disfrutarían de esos quince días. Unos días que habían disfrutado charlando, conociéndose, paseando por las calles mágicas y muggles de Egipto, visitando sus monumentos...
0oo0oo0
Con un suspiro, deposito la maleta en el suelo. Aún seguía sin acostumbrarse por completo a ese método de transporte. Alzo la mirada mientras una bella sonrisa curvaba sus labios al mirar a Draco.
-Por fin en casa -dijo él correspondiendo a la sonrisa de ella.
-Sí, voy a decirle a mis padres que ya hemos llegado y que estamos bien.
Draco asintió y llamo a una elfina domestica mientras Hermione se encaminaba hacía el salón.
-Lleva las maletas a nuestra habitación.
-Sí, señor -la joven elfina realizo una reverencia, la punta de su nariz casi tocando el suelo, antes de tomar las maletas y desaparecer con ellas.
Suspiro, tenía que hablar con Hermione y temía que sus palabras pusieran en peligro la relación que estaba naciendo entre ellos. Pero era imprescindible que se lo explicara, no podía seguir de está manera. Ahora que habían vuelto, tenía que volver al trabajo, a sus responsabilidades diarias.
Para hacerles frente correctamente, debía descansar adecuadamente. Y esto era imposible con el cálido cuerpo de ella durmiendo a su lado.
Sus primeros pasos hacía el salón fueron dubitativos, se detuvo un segundo y cuadro los hombres. Ningún Malfoy debía mostrarse vacilante, nunca. Siempre tenían que estar completamente seguros de sus actos y sus palabra. Cuando volvió a ponerse en marcha, sus pasos mostraban esa seguridad que le había sido inculcada durante su infancia.
OooOooO
-Ha sido magnifico, mama. Draco... no era lo que yo creía.
-Me alegra oír eso, mi niña.
-Como está papa?
-Bien, en la clínica. Le dije que entraría hoy después para poder hablar contigo, quería saber como te habían ido estos días. Ahora voy a ir para allá y le explicare lo que me has dicho, la verdad es que le vas a quitar un peso de encima. Sabes que no se sentía bien porque te hubieras visto obligada a esto... se sentía culpable.
-Dile de mi parte que todo está bien y que en ningún momento he estado enfadada con él, ¿vale? Que le quede muy claro.
-Lo haré -dijo su madre tras soltar una corta carcajada.
La sonrisa de la joven permaneció en sus labios mientras veía desaparecer de entre las llamas verdes a su madre. Siempre que hablaba con ella se sentía más tranquila, había un algo en esos ojos marrones que la miraban con tanto cariño que la hacían sentir mejor. Nunca había podido explicar de un modo lógico lo que era, simplemente sabía que era así.
-Hermione.
La joven pego un pequeño brinco y se giro con la mano apoyada en el pecho, respirando rápidamente; la voz de él había sido suave con la intención de no asustarla pero no había podido evitarlo.
-Draco, que susto -mascullo.
-Lo siento -respondió, la risa haciéndose evidente en su voz aunque su rostro intentaba permanecer serio-. Tengo que hablar contigo.
-Dime.
Los ojos masculinos se deslizaron por el cuerpo femenino, en un desesperado intento de postergar lo inevitable. La túnica entreabierta mostraba la blanca blusa y los pantalones negros. No era un conjunto precisamente provocativo, lo sabía ya que la había visto a la perfección antes de que se pusiera la túnica. Pero había algo en ese aire de intelectual que le excitaba más que la mejor lencería erótica.
Aparto la mirada mientras apretaba la mandíbula. Ahora no era el momento para esto. Tenía que mantener su cabeza fría para ser capaz de explicarse correctamente y que ella no le malentendiera.
-Creo que no debemos seguir compartiendo la misma habitación.
Los ojos femeninos se abrieron mucho ante estas palabras y abrió la boca para replicar.
-Escuchame, por favor.
Hermione asintió con la cabeza, manteniendo los labios firmemente cerrados por una vez, dispuesta a escuchar lo que le tenía que decir mientras en su mente se desplegaba toda una serie de razones y cosas que deseaba gritarle. Que hablara, que le dijera lo que deseaba decir... que después la escucharía a ella.
-Te deseo demasiado. No soy capaz de dormir contigo a mi lado. Me giro en la cama medio dormido, te noto y me despierto. Y no de un modo agradable... no, me despierto con una dolorosa erección, cuestionándome a mi mismo que locura se tuvo que apoderar de mi para estar de acuerdo con esa petición de nada de sexo.
-Yo...
-Así que para evitar el romper mi palabra o volverme loco, lo que sucediera antes, prefiero que durmamos en habitaciones diferentes hasta que estés preparada.
-Draco, yo también te deseo -antes de que la ultima palabra saliera de sus labios vio como él se acercaba rápidamente a ella-. Pero creo... que sería mejor que esperáramos un poco más. No quiero precipitarme y acabar arrepintiéndome de algo. Así que de acuerdo, habitaciones separadas.
Hermione vio como asentía y salia de la habitación, su espalda tensa mostrandole claramente lo que él estaba sintiendo en ese momento. La mascara de Malfoy cada vez caía más, mostrando como era realmente.
Sacudió la cabeza, mientras pensaba que quizás no fuera una mascara sino el hecho de que poco a poco le iba conociendo mejor. De un modo que le daba la habilidad de saber lo que sentía o pensaba sin necesidad de palabras o grandes demostraciones de sentimientos.
0oo0oo0
Tras cerrar la puerta con cuidado, evitando dar un portazo, permitió que su cuerpo mostrara lo que sentía. Sus pasos se volvieron rápidos, casi agresivos, mientras se acercaba al mueble bar y sacaba una botella de güisqui de fuego de quince años.
Su mano tembló durante un segundo mientras llenaba una copa.
A pesar de que la conversación había ido mucho mejor de lo que esperaba, no podía evitar el sentirse extremadamente furioso a causa de esa loca esperanza que se había anidado durante un segundo en su corazón.
De un modo consciente había sabido que esa sería la respuesta de ella, pero realmente le hizo esperanzarse cuando había respondido que también le deseaba...
Subió la copa hasta sus labios y bebió, notando como el liquido se deslizaba por su garganta dejando tras de si un agradable calor. Tendría que ser paciente... lo que buscaba iba mucho más allá de un rápido revolcon, quería alguien con quien compartir su vida.
Una corta, seca y amarga risa escapo de sus labios. Para que negarlo, lo que realmente deseaba era que por una vez le amaran por él mismo, no por su apellido, su posición o su riqueza. Pero tenía la certeza absoluta de que esto jamás pasaría, no entre Hermione y él. Podrían llegar a desarrollar una amistad, una camaradería, pero no el amor que su alma exigía tan desesperadamente.
OooOooO
El sol comenzó a entrar por la ventana de la habitación infantil, dando con suavidad aún sobre el rostro del niño durmiente. Se removió, notando el agradable calor de los rayos solares y abrió los ojos mirando hacía el calendario mágico que colgaba de la pared derecha de su dormitorio.
Se levanto de un salto, la felicidad recorriendo su cuerpo. A pesar de su corta edad, sabía que este era un día muy importante en su mundo y le extrañaba que los muggles no fueran capaces de comprenderlo.
Si él con solo siete años podía comprender la importancia de ese día, ese del que le habían hablado durante tanto tiempo, ¿como ellos no podían ser conscientes?
Al fin y al cabo, ellos también tendrían que celebrar.
-Damien -murmuro la madre mientras abría la puerta para despertar a su hijo-. ¿Ya te has despertado?
-¡Sí, mama!
-Venga, vístete mientras te preparo el desayuno.
-¡Sí!
Sabía que era un día importante, esto se le había inculcado durante años. Tenía que dar gracias, sobretodo en ese día, por poder ser un niño libre. Por poder desayunar sin el temor de pasar hambre. Por el hecho de que ya no habrían más muertes...
Tenía siete años y creía comprender lo que representaba ese día. Hoy era el aniversario de la caida de ese hombre tan malo, sobre el que sus padres y abuelos habían hablado en susurros tantas veces desde que podía recordar.
OooOooO
Se había levantado antes de que amaneciera, de modo que pudiera llegar a la tumba cuando aún se encontraba solitaria. Comprendía que ese lugar se había convertido en una especie de lugar de peregrinación, al igual que varios enclaves más, que en unas horas estaría repleto de flores y velas por la memoria de una joven.
-Te extraño tanto... -murmuro mientras sus dedos recorrían el nombre escrito en la lapida. Hoy hacían dos años desde que la había perdido y el dolor seguía siendo casi tan intenso como al principio. Sentía que había entrado en un negro pozo y no había ninguna luz que le indicara como salir de ahí.
Seguía levantándose cada mañana, tratando de actuar con tanta normalidad como pudiera a pesar de que sus horas de sueño habían estado plagadas de pesadillas, de dolor. Se vestía y salía de la casa, dirigiéndose al frío bloque de ladrillos donde se encontraba la Academia de Aurores. Veía a sus amigos, tratando de sonreír y sabiendo que estos eran capaces de notar como esa sonrisa era fingida.
Alzo la mirada al cielo aún oscuro, que poco a poco iba aclarándose para dar paso a la mañana. Esa era la única hora en que podía visitar su tumba, cuando no tendría que enfrentarse a las miradas de los desconocidos. A la compasión que sabía que había en esos ojos.
Sus manos descansaron sobre sus rodillas, hundidas en la fría tierra húmeda y bajo la cabeza, sintiéndose vencido. Había sido capaz de derrotar al mago oscuro más poderoso que se había conocido en los últimos cien años en Inglaterra, sin embargo notaba como el amargor de la derrota quemaba su garganta.
Cuando la gente se le acercaba, pidiéndole un autógrafo o felicitándole, deseaba romper a gritar y preguntar dejando que su voz se llenara de la amargura que sentía que motivo había para esto. Seguía sintiendo la misma impotencia que en su época de Hogwarts, cuando los ojos de los jóvenes magos le seguían a donde quiera que fuera pensando en el como en el niño-que-vivió. ¿Acaso no sabían el precio que había tenido que pagar? ¿El precio que había tenido su vida?
Y, después, cuando se convirtió en el-joven-que-venció y en el liberador del mundo mágico... esos mismos magos seguían sin saber el costo que la victoria se había cobrado en su pellejo, en su mismísima alma.
No lo sabían, o peor aún, no les importaba.
¿Que más daba que él hubiera perdido a tanta gente que quería? No era el único, durante esa cruenta guerra casi todos los habitantes del mundo mágico habían sufrido perdidas; sabía que esto es lo que pensaban. Que razón tenía el que dijo que mal de muchos, consuelo de tontos. ¿Que más le daba a él que su vecino hubiera perdido a su hermano durante la guerra? No le conocía, no sentía ese dolor.
Sin embargo, a ese hombre se le había permitido sumirse en su duelo, cicatrizar sus heridas poco a poco. La gente no le miraba cuando atravesaba una calle, no le detenían con pedidos estúpidos causados por una inmerecida fama.
Parecía que por el simple hecho de ser Harry Potter, tenía que ser lo bastante duro como para no sufrir el dolor por tantas muertes cercanas causadas por ese horrible ser.
-Te necesito tanto...
Aun a pesar de saber que no era el único que tenía que lidiar con una fama que odiaba, que no era el único que tenía que soportar el que la gente le felicitara, que no le dejaran llorar a sus muertos en paz no podía evitar el que esto en la actualidad no le preocupara.
La guerra había logrado aquello que nunca hubiera creído: el que aquellos altos valores morales que definían a la casa de Gryffindor, esos en los que había intentado apoyarse con todas sus fuerzas durante su época estudiantil, perdieran importancia tornándose en algo que actualmente consideraba estúpido.
Esto le había llevado a comprender algo, eso ante lo que había intentado cerrar los ojos con fuerza mientras crecía. Una parte de si mismo, que poco a poco iba tomando mayor importancia, tenía el espíritu propio de un desconfiado Slytherin.
Lo que le había llevado a comprender este hecho era el que la gente le había dejado de importar. La fuerte negativa a arriesgar su pellejo o el de aquellos que quería por otros. Nunca volvería a poner en peligro ni a Hermione, ni a Ron ni a ninguno de los Weasley.
Por esas personas lucharía a muerte, daría su vida por ellos sin titubear de ser necesario. ¿Los demás? Por él podían ir yéndose al infierno...
-Mi amor, me haces tanta falta... te necesito más de lo que nunca puedas imaginar para recuperar esa parte de mi mismo de la que te enamoraste. Ese pedacito de mi que murió contigo...
Alzo la cabeza al ver como lentamente se iban acercando una larga fila de personas portando en sus manos un largo cirio blanco. Entrecerró los ojos mientras se teletransportaba, desapareciendo de aquel lugar donde necesitaba estar para no tener que enfrentarse a preguntas o peticiones estúpidas.
OooOooO
El estridente sonido del despertador la obligo a abrir los ojos. Vio como el sol hacía tiempo que había subido en el cielo. Se levanto lentamente, tratando de retrasar por unos instantes lo inevitable. El que en su mente apareciera el pensamiento de en que día se encontraba.
Sabía lo que significaba. Era el día en que Harry Potter había derrotado al mago tenebroso, cuando finalmente la guerra había terminado.
Se vistió lentamente, tratando de prepararse mentalmente para lo que haría ese día, la visita que tenía que realizar. La misma que el año pasado en esa misma fecha: 1 de Enero.
Al igual que el año anterior, desayunaría y saldría de la casa. Se dirigiría a donde se encontraba el monumento a los caídos y depositaria un ramo de flores ante él, junto al de otros muchos. Vería las velas encendidas mágicamente, de modo que en ese día no se apagaran.
Esas velas que gente anónima dejaba como si de un grito silencioso se tratara, un grito que demostrara que no olvidaban.
Sí, tenían suerte, estaban vivos gracias a ellos. Y no olvidaban la deuda de gratitud que tenían. Pero suspirarían, felices de que el nombre de ninguno de los suyos apareciera en el monumento a los caídos.
¿Monumento? Quizás no fuera el nombre más adecuado para ese simple bloque de onix que se había alzado, donde se podían leer los quinientos nombres de todos los caidos en la lucha. Desde la primera muerte en el día uno de la guerra hasta la ultima sucedida durante la batalla final.
Y como en el año pasado, buscaría esos dos nombres para simplemente suspirar cuando viera que no aparecían. No estaban ni nunca estarían ahí escritos. No porque carecieran de importancia, sino porque a nadie le importaba.
¿Que más daba que ella les siguiera llorando? ¿que importaba que a sus veinte años sintiera como su corazón sangraba al ver que no estaban ahí?
Al fin y al cabo, eran simples muggles, ¿verdad? Pero eran sus padres, quienes habían muerto por una guerra que no comprendían; una guerra que nunca debería haber rozado sus vidas... aunque lo había hecho.
Las lagrimas se deslizaron por su rostro al comprender una verdad innegable. Esos nombres nunca estarían escritos ni en ese monumento ni aparecerían en los registros ni en el libros de historia. Al igual que tantos otros nombres de muggles serían olvidados para siempre.
A nadie le importaría nunca el hecho de que ellos también habían muerto por esa guerra, por aceptar que su hija era una bruja, que tenía derecho a experimentar y descubrir ese otro mundo. Un lugar que había llenado sus sueños de color y que ahora era donde se desarrollaban sus peores pesadillas...
Y la rabia anidaba cada día uno de Enero con mayor fuerza en su alma, al comprender que nada había cambiado. Que había arriesgado su vida por nada. Que las barreras seguían tan almas como cuando ese mago tenebroso sembraba el terror a su paso.
De ese modo, cada día uno, se formularia la misma pregunta: ¿había servido para algo? ¿cuando en ese bloque ni tan siquiera aparecía la frase "y a todos los muggles que murieron"?
Entonces se acercaría a la ventana y miraría al exterior, tratando de sonreír mientras un pensamiento se formaba en su mente. Sí, había servido de algo ya que gracias a esto esos niños muggles que veía salir camino al parque donde disfrutarían de ese día no tendrían que conocer nunca el horror de vivir bajo el yugo de ese monstruo.
Por lo que se tragaría la ira, el odio, durante otro año mientras trabajaba en el ministerio tratando casi inútilmente de conseguir un cambio significativo. Porque mientras hubiera un mero soplo de vida en su cuerpo, se negaba a dejar de luchar para que las cosas cambiaran.
Porque era hija de sus padres y jamás permitiría que sus muertes fueran en vano. ¿Que más daba que los demás no les tomaran en cuenta? No les habían conocido, no sabían la calidez que había en la sonrisa de su madre o la alegría pura que llenaba su casa cuando su padre reía. No les conocían y a nadie les importaba. Pero ella seguía respirando, vida y decidida a marcar una diferencia aunque después significara el perder aquel puesto dentro del Ministerio por el que tan duramente estaba trabajando.
OooOooO
El llanto se hizo más fuerte, permitiendo que se escuchara claramente dentro de su habitación. Suspiro apesadumbrado al no saber que hacer. Al igual que el año anterior en ese día, sus padres estaban encerrados en su dormitorio hablando, recordando y llorando la muerte de un miembro de esa familia.
A diferencia de otras personas, ellos no podían utilizar el día en que ella había muerto para ir a visitar su tumba ya que la encontrarían, especialmente en ese día, demasiado llena de extraños y el fuerte deseo de gritarles en la cara en forma de pregunta el que hacían allí sería demasiado poderoso como para poder contenerse.
Volvió a tumbarse, girándose hacía la mesilla de noche para poder mirar el despertador. Las ocho y media de la mañana. En unas horas se levantaría y arreglaría para salir de la casa.
Sabía que ese comportamiento se podía interpretar como el de un completo cobarde, el no ser capaz de permanecer junto a sus padres durante esas horas. Pero también era humano, y necesitaba desesperadamente descansar. Relajarse lo suficiente como para hacerles frente al día siguiente, para de nuevo tratar de animar a su madre cuando la viera con los ojos enrojecidos a pesar de saber ya a estas alturas que no serviría de nada.
Parecía que Molly Weasley había perdido todas las ganas de vivir y ninguno de sus otros hijos fuera suficiente como para darle un motivo para recomponerse.
Negó con la cabeza, no era realmente así. Se regaño a si mismo pensando que no podía comprender realmente lo que sentía su madre, aunque en tantas ocasiones deseara decirle: "era mi hermana, yo también la he perdido" pero como siempre se mordería la lengua conteniendo esas palabras.
-¿Por qué tu, Ginny? -murmuro en un tono extremadamente bajo en la oscuridad y el silencio solamente interrumpido por los sollozos que se colaban hasta allí.
Pero no necesitaba que alguien respondiera a esto. Habían sido conscientes desde el instante en que habían tomado la decisión de modo consciente de unirse a la batalla. Lo habían sabido en lo más profundo de sus almas... que cuando el ultimo hechizo fuera lanzado, uno o muchos de aquellos a los que querían podían yacer ya bajo tierra.
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Azkaban, sinomino de infierno en la tierra. No como aquel que se plasmaba en los libros religiosos, sino uno real, latiente. Aquel que jamás dejaría escapar a su presa.
Un infierno del que aunque salieras nunca te verías libre pues una parte de él siempre residiría en tu interior.
Hacían ya dos años que ese lugar empezaba a verse abarrotado, por todo aquel que portara la marca tenebrosa. Ya no valían escusas, no servia decir que habías actuado bajo el Imperius ni tan siquiera el dinero sería capaz de mantenerte fuera de allí si había la más leve sospecha de que habías sido uno de ellos.
Los altos cargos del Ministerio había decidido actuar con mayor dureza en esta ocasión, no porque realmente hubieran cambiado las cosas sino porque sabían que se enfrentaban a una verdadera rebelión por parte de las masas trabajadoras si tan siquiera había la sospecha de que se estaban dejando comprar.
Y como las alimañas que eran, protegían sus asquerosos pellejos metiendo tanto a inocentes como a culpables, casi sin tan siquiera la oportunidad de un juicio justo.
Era curioso, como ese lugar llamado Azkaban parecía cada vez más un campo de concentración que una cárcel...
Azkaban, prisión infernal con la capacidad de volver locos a sus moradores... cuyos gritos eran especialmente fuertes y duros en ese día...
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En el despacho que anteriormente había pertenecido a su padre, Luna Logevood se encontraba sentada tras el escritorio repasando por ultima vez el monográfico que saldría en unos días.
Este era especialmente difícil de hacer, entre otras causas porque había exigido que los datos que se recogían en él fueran tomados de fuentes que los conocieran de primera mano; la otra razón es que sabía que más de uno se enfurecería al leerlo.
Comprendía a la perfección que todo aquello por lo que había trabajo duramente desde el fin de la guerra podía estar en peligro por su escrito pero sentía la imperiosa necesidad de asegurarse de que se pusieran en papel y publicaran esas palabras.
Duras, oscuras, terroríficas, con la extraña cualidad de helarte la sangre en las venas.
A través de ellas, la gente conocería realmente lo que se había vivido durante la guerra. Sabría todo aquello que se había ido descubriendo después de que terminara la lucha. Al fin y al cabo, había dedicado dos años de su vida a recopilar información y datos fehacientes que mostraran a villanos y a héroes anónimos.
Había desmitificado al Ministerio y a sus altos cargos, se había asegurado que se supiera lo que Umbridge había hecho durante el año que domino con puño de hierro Hogwarts. Como esa mujer había enviado a dementores contra aquel que el mundo mágico veneraba, como esa "buena mujer" con "aspecto maternal" había obligado a un adolescente que cursaba su quinto año, un muchacho que a pesar de su juventud ya había visto demasiados horrores, escribiera con su propia sangre "no debo decir mentiras".
Mientras pensaba en esa mujer recordó la ultima conversación que había tenido con Harry...
Había pedido a Harry, Ron y Hermione que fueran ese día a su casa. Había una información que necesitaba mostrarles y no consideraba adecuado explicarselo simplemente. Quería que la tuvieran entre sus manos, que pudieran leerla con tranquilidad, para saber lo que iba a hacer.
Harry alzo la mirada del manojo de pergaminos que tenía entre las manos:
-¿Estás completamente segura de lo que vas a hacer? Conseguirás poner a todos los del Ministerio en tu contra.
-Lo sé. No me importa. Siempre he sido juzgada negativamente por aquellos que no me conocen... y en esta ocasión, no me importara que me nombren "Lunatica". Merece la pena.
-Vas a levantar ampollas -le advirtió Hermione.
-Soy consciente de ello. Pero creo que es necesario. Se acerca el segundo aniversario y nada ha cambiado. Creo que es necesario que nosotros mismos obliguemos al mundo magico a cambiar.
Ron permanecía callado, toda su atención centrada en la entrevista que estaba leyendo. Parecía asombroso que una chiquilla de doce años, con pocos conocimientos magicos, hubiera sido capaz de mantener la cabeza fría el tiempo necesario para poner a su hermano de seis a salvo tras el asesinato de sus padres.
-Esto es... -callo mientras soltaba un largo suspiro-. Muy fuerte, Luna.
-Cuento con el consentimiento de Alice. ¿Sabes? Lo primero que me dijo cuando fui a entrevistarla fue: "Soy una Slytherin de los pies a la cabeza, y como mi familia, odie al-que-no-debe-ser-nombrado con toda mi alma. Quiero que la gente sepa que no por ser de la casa de las serpientes somos magos oscuros. No deseo que cuando mi hermano entre a Hogwarts tenga que soportar el maltrato de las otras casas solo por ostentar los colores verde y plata". Le pregunte que qué pasaba si no entraba en esa casa y me respondió sin titubear que no le importaba la casa a la fuera su hermanito, que solo quería que se supiera lo que también habían vivido los Slytherin. Como ellos habían encontrado enemigos en todas partes y que se necesitaba una gran fortaleza para no caer ante la presión que los demás ejercen, para no convertirte en aquello de lo que te han acusado siendo inocente. Para no desear que comprendieran a través del dolor, la muerte y la destrucción que ellos mismos habían logrado provocar ese destino.
-¿Como puede una niña ser tan... -Hermione se detuvo un instante, buscando la palabra justa, pues la primera que le había pasado por la mente había sido "cínica"- madura?
Luna se giro hacía ella, mirándola a los ojos, respondió:
-Si la hubieras visto... Hermione, sus ojos no son los de una niña. Son los de una adulta en una cara infantil. Los ojos de alguien que ya ha visto demasiado para mantener la inocencia de la juventud. Sí, tiene mucho de cínica...
Agito la cabeza, mientras suspiraba y rebuscaba entre los pergaminos que conformaban el monografico hasta encontrarlo: "La verdad que el Ministerio oculto".
Si bien al igual que muchos conocí a Harry cuando entre a Hogwarts, no supe ningún dato real sobre él hasta mi cuarto curso. Ese fue el año en que el Ministerio se decidió a dominar el colegio, cuando nos pusieron a Umbridge como "directora".
Sería mejor decir que fue la dictadora de Hogwarts. Pero... me estoy adelantando a los acontecimientos.
No sé cuantos de ustedes sabrán que ese año, esta mujer envio a un grupo de dementores al hogar muggle de Harry. Terrorifico, ¿verdad? Enviar a unos seres sin moral ni compasión a un lugar donde casi nadie podría protegerse de ellos. Pero se hizo, y las pruebas que pueden ver lo demuestran.
Tampoco sé cuantos de ustedes conocerán la verdad sobre lo que en Hogwarts se vivió ese año. Pero, ¿saben?, creo que todos ustedes tienen derecho a saberlo.
Cuarto curso, lo recuerdo bien. Llegamos hasta el castillo, aún atemorizados por lo que habíamos visto al finalizar el Torneo de los Tres Magos. Un chiquillo cargando el cuerpo inerte de un compañero y en la otra mano la copa, el translador que les había llevado hasta el que no debe ser nombrado. A pesar de la lejanía, pude apreciar el miedo que él había vivido y el valor que había mostrado.
En mi, esto acrecentó la admiración que siempre había sentido. Pero en otros, sembró el sentimiento contrario. Este fue el caso de Umbrigde.
Esta señora estaba decidida a que nadie supiera la verdad, prefirió cerrar los ojos ante ella pues la encontró demasiado desagradable. Desgraciadamente, de este tipo de persona podemos encontrar en exceso dentro del Ministerio.
Gente que se aferra al poder mientras cierran los ojos de aquello de lo que deben proteger a nuestro pueblo.
Esto fue lo que motivo el ataque de dementores y el intento de expulsión del mundo mágico que Harry tuvo que vivir. Pero no fue lo único que vivimos ese año.
Esa noche, la primera dentro del castillo, era cuando se nos presentaba a los nuevos profesores. Umbridge sería la profesora de Defensa contra las Artes Oscuras. Como todos saben, esta es una clase donde prima la practica sobre la teórica. Pero, curiosamente, durante ese curso se nos prohibió completamente la practica de los hechizos que nos deberían defender.
A causa de esto nos vimos en la necesidad de acceder a unas clases secretas. Enseñanzas que nos serían impartidas por Potter. No porque le gustara ser el centro de atencion o tuviera un orgullo excesivo, sino porque siempre fue excepcional dentro de la matería y sabía lo que nos esperaba. Se negaba a permitir...
Luna continuo leyendo, viendo como se desgranaba el desastre que significo su cuarto curso. Pero no era el único tema que se trataba en ese apartado. Aparecía también una copia de la carta que llego a todos los hogares con la firma del ministro, en la que se daban los pasos que se debían seguir en esa época de crisis.
Punto por punto, se señalaba porque jamás se tendrían que haber dado esos consejos y finalizaba con la demoledora frase: ¿acaso los Aurores no sabían que nada de esto funcionaria? ¿O nos encontramos de nuevo con que el Ministerio nos considero tan estupidos que no creyo que fuéramos lo bastante fuertes como para asimilar los datos reales que hubieran podido salvar vidas?
Sonrió al recordar lo que Hermione había dicho. Ciertamente, levantaría ampollas pero... iba a disfrutar cada minuto de ello.
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De nuevo había sido incapaz de dormir una noche completa, en está ocasión había sido la ultima batalla que habían librado la que había poblado sus sueños provocando que se desvelara. Se giro en la cama, quedando de lado para poder ver el como el sol iba despejando las sombras.
Suspiro al pensar que no era de extrañar que justamente ese fuera el recuerdo que se le había presentado hoy, al fin y al cabo ese día hacían dos años de ello. Dos años y el terror junto con el dolor seguían plagando su vida cada vez que trataba de dormir.
Mientras se levantaba pensó en el hecho de que comenzaba a comprender el porque tantos soldados habían acabado por suicidarse cuando por fin volvían a sus casas, ya que un soldado podía abandonar el campo de batalla pero... era muy dificil que este dejara el poder que tenía sobre sus recuerdos, los cuales condicionaban su vida.
Frotándose los ojos enrojecidos, cansados tras otra noche casi completamente en vela, se dirigió al cuarto de baño que había en su habitación. Abrió el agua y poniendo la mano bajo ella comprobó la temperatura hasta que tuvo el grado justo para ayudarla a relajar sus músculos. Entro y alzo la cabeza, cerrando los ojos, disfrutando de las gotas que caían sobre su rostro.
Se tomo su tiempo, ya que aún faltaban bastante para que llegara la hora en la que habían quedado ella y Draco con sus padres, ambos habían estado de acuerdo de que necesitaban alejarse ese día de todo lo relacionado con el mundo mágico.
Una sonrisa amarga curvo sus labios cuando un pensamiento siguió a este, el hecho de que ninguno de los que realmente había tenido que luchar tomaba parte en la "celebración" ya que no sentían que hubiera nada por lo que festejar mientras que ciertos oportunistas aprovechaban la ocasión para conseguir algo de notoriedad.
Salio de la ducha y tomo una toalla de un verde botella, muy suave, que envolvio alrededor de su cuerpo bajo los brazos. Con la mano limpio el humedad que había nublado el espejo y comenzo a desenredarse el cabello.
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N.A.: Por favor, decidme lo que os ha parecido este capitulo ya que no estoy segura de haber conseguido mi intención. Me explico: he tratado de mostrar, a través de lo que es la conmemoración del segundo aniversario de la batalla lo que sienten distintos grupos... y también he sentido la necesidad de nombrar al Ministerio, ¿y que mejor momento que echando la vista atrás hacía los cambio que sucedieron en esos dos años?
También, comentar que sé que Luna es uno de los personajes que más han cambiado; por eso me gustaría que me comentarais si es comprensible o no, eso sí, sigue siendo una persona que no cede ante la opinión de los demás. Solo que no gira su mirada hacía seres "inexistentes" sino a otros temas que la sociedad no quiere ver...
