Disclaimer: Nada me pertenece, simplemente disfruto jugando con este mundo...

Capítulo 9

Mientras se levantaba, se paso la mano por el rubio pelo despeinado. Roto los hombros y se dirigió al cuarto de baño, necesitaba meterse bajo los chorros de agua caliente para tratar de relajar sus músculos. Entre el hecho de tener a su mujer a tan poco distancia y el saber que muy probablemente ella no pudiera dormir bien esa noche, no había sido capaz de pegar ojo.

Menos de media hora más tarde se encontraba ante el gran armario de caoba bruñido que había justo enfrente de los pies de su cama. Con la toalla aún atada a la cintura, abrió las puertas dobles. Miro detenidamente su ropa, pasando capa tras capa hasta dar con un atuendo muggle adecuado para ese día.

Dejo sobre la cama la ropa y la miro con ojo critico, ya que iban a ir a comer a casa de los padres de Hermione. No es que necesitara causar buena impresión pero nunca había soportado ver como los magos hacían de si mismos un hazmerreir a causa de su ignorancia sobre las vestimentas adecuadas muggles.

Sí, la cazadora de cuero negro y los vaqueros combinaban, al igual que la camisa de manga larga de color negro. Se vistió rápidamente mientras miraba el reloj de muñeca. Faltaba solamente una hora para que tuvieran que estar allí y nunca le había gustado mostrarse impuntual.

Al fin y al cabo, en un Malfoy la imagen era un todo de una extrema importancia.

Salio de la habitación y se encamino hacía el ala opuesta de la mansión, sus pasos rápidos y decididos.

-Hermione -dijo después de llamar con los nudillos a la puerta del dormitorio de ella.

-¡Voy! -exclamo la joven mientras se dirigía a la puerta, terminando de ponerse los pendientes.

Draco deslizo su mirada por el cuerpo de la joven, apretando los labios mientras su cuerpo reaccionaba ante aquello que le estaba negado. La falda vaquera no era demasiado corta, llegaba un poco por encima de la rodilla, con una corta abertura en el lado izquierdo por el que se entreveía la funda de la varita. Una camisa blanca con un par de botones desabrochados, dejando a la vista su cuello y el pequeño colgante con una piedra roja. No era un atuendo que buscase que los hombres reaccionaran ante ella, pues en primer lugar se mostraba elegante y no excesivamente provocativa, pero para él era como si hubiera llevado un provocativo modelo de Victoria Secret.

Alzo su mirada hasta los ojos marrones de ella, dándose cuenta de que había sido demasiado obvio en su escrutinio. Si bien durante un segundo se preocupo a causa de esto, rápidamente arqueo una ceja y sonrió. Al fin y al cabo, era su esposa.

-Cojo el abrigo y nos vamos -se dio la vuelta y se dirigió hasta la cama, tomando el abrigo largo y poniéndoselo.

Draco se acerco a ella, deteniéndose a su espalda. Paso las manos entre su pelo y la nuca, sacándolo de dentro del abrigo mientras aprovechaba la ocasión para acercarse un poco más e inhalar su fragancia.

Hermione sintió que un escalofrió recorría su cuerpo, no es que lo que acababa de hacer Draco fuera más de lo que habían compartido en otras ocasiones pero notaba como su cuerpo empezaba a protestar por su negativa a entregarse a él. Se negó a alejarse de él para no mostrar realmente lo que estaba sintiendo, pues una parte de si misma aún sentía fuertes dudas referidas a Draco. Se concentro en el hechizo que debía utilizar para que su varita no fuera visible, murmurandolo, para alejar su mente del cuerpo del joven.

-Vamos -Draco no permitió que en su voz se transluciera lo que su cuerpo sentía. Apoyando la mano en su espalda, se dirigieron hacía las escaleras y salieron de la mansión ya que en todo el perímetro había fuertes hechizos que impedían el teletransporte. Una vez atravesaron las puertas, se desvanecieron de allí juntos.

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Ron toco suavemente a la puerta de la casa de Luna, impaciente por verla. Hacía casi una semana que no estaban juntos a causa del trabajo de ella y los estudios de él. Paso el peso de un pie al otro, impaciente, volviendo a tocar con más fuerza.

Luna se movio rapidamente hacía la puerta de la casa, saliendo de la cocina. Ese día había quedado con Ron para comer juntos y olvidar por completo la loca celebración que se estaba llevando a cabo en todos los hogares. Una vez abrió la puerta, sus labios se curvaron en una sonrisa dulce y, mientras le abrazaba fuertemente pudiendo sentir los latidos de su corazón, murmuro su nombre.

-Te he extrañado, ¿sabes?

-Y yo a ti -respondio mientras depositaba tiernos besos en su rostro, evitando la boca hasta que él tomo el control-. Pasa -murmuro contra sus labios, después le tomo de la mano y le condujo dentro hasta la cocina, una de las estancias más cálidas de su casa.

-¿Como estas?

-Bien, acabo de terminar de mirar el Monográfico y ya lo he enviado a imprenta.

Ron frunció el ceño porque, aunque la apoyaba en todo lo que hacía, temía la reacción que podría tomar el Ministerio.

-¿Es el mismo que me enseñaste? -cuando ella asintió, negó con la cabeza-. Luna, ¿has pensado en el riesgo que corres? Sabes como se las gastan y lo que habéis escrito va a provocar una reacción demasiado fuerte en ellos.

-Lo sé, créeme que lo sé a la perfección. Pero te repito que necesitaba hacerlo, no ha sido un simple capricho. Ron, nuestro mundo está estancado. Y, en gran parte, es a causa de la negación a ver lo que hay ante nuestros ojos. Seguimos actuando como hace más de un siglo y hasta que las cosas no cambien, un cambio real, otro ser como Voldemort puede volver a alzarse -a pesar de que su voz titubeo ante el nombre, lo pronuncio ya que se negaba a que este pudiera controlar cualquier aspecto de su vida.

No pudo evitar que un suspiro cansado escapara de sus labios ante esto, sabía cuanta verdad escondían las palabras de ella pero odiaba el hecho de que se hubiera puesto en peligro por ello.

-Parece que por una vez tendré que alegrarme del hecho de que la gente nos haya convertido en una especie de iconos, porque será lo único que realmente podrá protegerte del Ministerio.

Luna se acerco a él y le rodeo el cuello con los brazos, apretándole fuertemente contra ella. Sabía los pensamientos y temores que se movían dentro de la mente de Ron y trato de tranquilizarle.

-Cariño, mientras os tenga a vosotros a mi lado creo que soy capaz de enfrentarme a lo que sea. No tengas miedo, soy mucho más dura de lo que parezco.

La apretó más contra él, deslizando los brazos por su cintura, notando su cálida respiración en su cuello... solo esperaba tener la fuerza necesaria para mantenerla a salvo a pesar de la locura que había cometido.

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Jane abrió la puerta del horno, mirando el pavo que estaba cocinando. Después de alzarse, dirigió su mirada hacía el reloj que estaba en la pared derecha de la cocina, faltaban menos de veinte minutos para que su hija y su yerno llegaran.

Apretó los dientes a pesar de saber lo nefasto que era esto para el esmalte de ellos al pensar en el motivo que había hecho que quisieran ir a su casa justamente ese día, ya que no era únicamente por las fiestas navideñas. Estaba segura de que Hermione creía que desconocía la importancia de ese día, al igual que pensaba que no estaba al tanto de porque el año anterior se había ocultado dentro de su casa faltando por primera vez desde que acabara la guerra a las clases durante varios días.

Era el aniversario de aquello que tanto había cambiado a su familia. Aún podía recordar con una claridad absoluta como su esposo y ella tenían que moverse de puntillas alrededor de su hija cuando esta había vuelto por fin a casa con ellos. O los gritos desesperados que les habían despertado en más de una ocasión.

Una sonrisa triste curvo sus labios al pensar en la más probable causa de porque su hija prefería mantener ese tema fuera de la casa. Creía que Hermione no quería contaminar el hogar en el que había crecido con los horrores que se había visto obligada a vivir... pero no se había dado cuenta de que esto era algo imposible.

Como podría afirmar cualquier persona que hubiera vivido en primera persona una guerra, está no salía de tu vida solo porque tu te apartaras de ella o acabara. Parecía tener la maligna cualidad de enganchar sus garras en tu alma y negarse a soltarte.

Negó con la cabeza cuando sus pensamientos se volvieron demasiado amargos. Conocía demasiado bien a su hija como para creer que no sería capaz de reponerse. Ciertamente había cambiado y no podría volver a ser la misma, pero también sería capaz de levantarse.

Volvió a comprobar el pavo, notando que ya había obtenido el tono dorado que indicaba que estaba en su punto. Una sonrisa curvo sus labios cuando inspiro profundamente, llenando sus pulmones con la mezcla de olores que creaba el pavo, el pan recién horneado y la tarta que se encontraba en la repisa de la ventana enfriándose.

Era el mismo olor con el que ella había crecido y también con el que su hija se había despertado los días importantes de fiestas familiares. Tenía la esperanza de que esto la ayudara a relajarse adecuadamente al menos por unas horas.

Estaba quitándose el delantal con una gran flor de un intenso color rojo en el centro del mismo cuando sonó la puerta, lo dejo sobre el respaldo de una silla y sus pasos resonaron por la silenciosa casa mientras se dirigía a la puerta.

-Hola -dijo Hermione en cuanto abrió, dando un fuerte abrazo a Jane. Mientras la abrazaba contra si, murmuro contra su oído:

-Hola, mi niña. ¿Como estás?

-Bien -el tono era alegre, aunque una mirada más atenta podía notar las suaves sombras que se percibían en sus ojos.

-Hola, Draco. Anda, pasad, no os quedéis en la puerta.

-Buenas -dijo él con un ligero asentimiento de la cabeza, su tono contenido sin revelar ninguna emoción.

Jane entrecerró los ojos ligeramente, notándolo. Sabía que la relación entre ellos no había comenzado del mejor modo posible pero, si era capaz de hacer feliz a su hija, le aceptaría y olvidaría las historias que ella le había contado sobre ambos cuando eran estudiantes.

-¿Y papa? -le pregunto comprobando su reloj, eran casi la una y media por lo que la extrañaba que no hubiera acompañado a su madre hasta la puerta. Esto parecía un ritual para sus padres, siempre que llegaba ya fuera de la escuela, Hogwarts o la Universidad ambos salían a recibirla; si bien siempre le había llamado la atención nunca le había dado demasiada importancia hasta que supo que sus padres habían leído uno de los periódicos que había dejado en su habitación.

En este se narraba el resurgimiento del Señor Tenebroso y, aun después de tantos años, podía recordar el miedo en los ojos de ellos y la fuerte pelea que habían tenido a causa de su decisión de luchar.

-Arriba, enseguida baja -unos pasos en las escaleras acompañaron a las palabras de Jane. Se giro y una sonrisa llena de amor ilumino su rostro.

Hermione sonrió, sus padres siempre habían tenido una relación maravillosa. Esto no significaba que no hubieran tenido peleas sino que juntos habían sido capaces de luchar por lo que sentían. Sus ojos se dirigieron a los grises de su marido, sin poder evitar el deseo de que entre ellos acabara ocurriendo lo mismo.

En estos cuatro meses que llevaban casados, Draco se había hecho a la fuerza un lugar en su corazón, penetrando tras las barreras que había alzado de modo inconsciente hacía ya mucho como un magnifico ladrón y cuando se dio cuenta de esto, era demasiado tarde para echarle. No creía que realmente fuera "amor", en toda la extensión de la palabra pero sí que era un sentimiento que no dejaba de crecer y fortalecerse.

Reconoció para si misma que este sentimiento la asustaba. Era curioso, había luchado contra Mortifagos, había tenido a la Muerte tras sus talones prácticamente desde que conoció a Harry y, sin embargo, esto hacía que el terror naciera en su misma alma.

Deslizo sus ojos por el rostro de Draco, observando como hablaba con sus padres mientras su madre servia la comida. Sus miradas se trabaron durante un segundo y sus labios se curvaron en una dulce sonrisa mientras empezaba a comprender las bases de este temor.

Y es que había dos partes en ella que se encontraban batallando, mostrando ideas totalmente contradictorias... algo que no le había pasado nunca. Podía ser que tardara un poco en tomar una decisión, pues le gustaba sopesar los pros y los contras de todos los movimientos que realizaba. Esto había sido lo que la había mantenido con vida durante la guerra, aparte de salvaguardar una parte imprescindible de si misma. Si bien tardo un par de años en darse cuenta, en la actualidad sabía que parte había salvado y como, al igual que el porque.

Un "porque" que tenía nombre propio: Alex. Una razón cimentada en el sufrimiento padecido al igual que en la negación de exponerse voluntariamente a volver a pasar por ello. Comprendía por fin lo que había hecho cuando el shock por la muerte de él había comenzado a disminuir, después de que las lagrimas se hubieran secado cuando su cuerpo hacía ya mucho que yacía bajo la fría tierra.

Cuando le dijeron lo que había ocurrido, su mente quedo en blanco, no podía aceptar que había perdido al hombre que amaba, lo que provoco que se apartara de todos. Seguía asistiendo a todas las reuniones de la Orden, adiestrando a los novatos, luchando codo con codo tanto con amigos como con desconocidos pero sin importar a los peligros que se enfrentaran juntos, ninguno logro traspasar esa barrera invisible que había alzado.

Creía que el motivo principal por el que esta había permanecido inadvertida para ella se debía al hecho de que había seguido con su vida como si nada, moviéndose, hablando, interactuando con los demás... todos ellos nunca llegaron a pasar de conocidos. Y esta barrera se había fortalecido después de la muerte de Ginny, había sentido como otro trozo de su alma se destruía.

Y como ser humano que era, como el animal que todos somos en el fondo más profundo de nuestra mente, aquel que nos solemos a negar a reconocer, había buscado los métodos más seguros de protegerse de modo inconsciente.

Resultaba curioso que hubiera sido precisamente Draco, a quien siempre había considerado frió e indiferente, aquel al que nunca había sido capaz de soportar del todo ni tan siquiera cuando los cambios aún no se habían producido en su interior, hubiera sido la primera persona capaz de colarse tras las frías paredes que la envolvían.

Draco, la antítesis del hombre al que había amado. Un hombre cínico, duro y en parte cruel que escondía tanto del resto del mundo. Siempre le había llamado la atención la fuerte lealtad que había entre él y Pansy, lo había encontrado completamente diferente a todo lo que creía conocer de Malfoy, ahora después de cuatro meses a su lado habiendo llegado a un frió acuerdo comenzaba a comprender esto y a desear más.

Empezaba a querer un matrimonio de verdad, en el que existiese el amor, y no un acuerdo como al que había llegado durante su luna de miel. Había parecido tan lógico, tan razonable... que no había comprendido que por primera vez su mente le había jugado realmente una mala pasada. No, no era realmente culpa de su mente. Había sido ella al apoyarse en esta para tomar de modo lógico una decisión que había que realizar con el corazón.

Lo que la había llevado al punto donde se encontraba en ese momento: saber que empezaba a enamorarse y comprender que no podía esperar más de él que lo que le había ofrecido.

-Hermione, ¿estás bien, niña? -la preocupación que impregnaba las palabras de su padre atrajo su atención.

-Sí, claro, ¿por?

-Te estábamos hablando y no respondías.

-Lo siento, estaba pensando -hizo una pausa, sin desear realmente tener que explicar los pensamientos que habían poblado su mente-. ¿Que decías?

-Te preguntaba por tus estudios.

-Son más interesantes de lo que nunca hubiera imaginado. Sabía que el mundo de la medimagia era apasionante pero no esperaba que fuera tan atrayente, tiendo a perder la noción del tiempo siempre que abro uno de esos libros y comienzo a investigar... -siguió hablando, explicando con detalle todo lo relacionado con la profesión que había elegido. En su voz se notaba el orgullo y la satisfacción, al igual que el placer que sentía mientras realizaba una investigación para alguno de los trabajos que debía presentar, el reto de seguir manteniendo una aventajada posición en la Universidad Mágica por sus propios medios y no por la fama que había obtenido.

Se había negado a tomar ventajas, a considerar tan siquiera por un segundo la posibilidad que le habían ofrecido de clases especiales, de reducir aunque fuera una milésima las exigencias que suponían el camino por el que había optado. Esto había demostrado la clase de mujer que era, su valor y su orgullo al no ceder cuando se le ofreció el camino más fácil, al igual que la pasión que sentía tanto por los conocimientos que podía obtener a través de los libros como por el trabajo duro.

El primer reconocimiento de los demás lo había obtenido a causa de sus hazañas como miembro de la Orden del Fénix, el segundo y más importante había sido gracias tanto a su mente como a su perseverancia. Muchos habían creído que por el simple hecho de ser Hermione Jane Granger se creía intocable o perfecta, les había podido escuchar desde su comienzo en Hogwarts pero al final había sido capaz de demostrar a más de uno que no se veía así.

Jane tuvo que luchar duramente contra las lagrimas que deseaban inundar sus ojos cuando escucho la voz de su hija. Era la primera vez después de dos años en que la veía con esa fuerza interior que se deslizaba en sus palabras, movimientos e incluso en los más leves gestos de su rostro. Giro su cabeza para mirar a su derecha, donde se encontraba sentado Draco. Este acababa de tomar un trozo de carne cuando su hija había comenzado a hablar, sus ojos grises se deslizaban por el rostro de ella mientras una sonrisa en parte arrogante que escondía un dejo de ternura iluminaba su atractivo rostro.

Se pregunto a si misma si él había sido consciente de los cambios que se habían dado en su hija, tanto los más dañinos como los positivos que comenzaban a mostrarse realmente ahora. Por primera vez desde que escuchara hablar sobre ese contrato matrimonial, quito el apelativo de "maldito" a este acontecimiento. No podía decir que hubiera sido una bendición pero si era capaz de observar como todo esto había hecho que su hija comenzara a levantarse de nuevo.

Para aquellos que la conocieran menos, hubiera parecido que la guerra no le había pasado realmente factura. Pero para ella que la había llevado en su vientre, que la había sentido mover, que había estado a su lado cuando dio su primer paso y la primera palabra escapo de sus labios era más que obvio. Sabía que buena parte de esta mejoría se debía a la misma Hermione, que lo más probable es que la parte más pequeñita fuera a causa de Draco pero no por ello dejo de sentir una gran gratitud hacía él.

Ya fuera por orgullo, amor, obstinación o rabia ante el hecho de no poder modificar el rumbo que tomaba su vida su hija comenzaba a volver a ser la que había sido dejando tras de si aquella pálida y amarga sombra en la que la vida la había convertido.

El orgullo en la sonrisa no era el típico que había mostrado durante casi toda su vida, en esta ocasión se debía a lo que sentía por ella. Sentía deseos de exclamar "Esta es mi mujer", lo único que mantuvo las palabras en su interior fue el conocimiento de que ella hubiera detestado saber que él la consideraba algo suyo.

No como una posesión material sino como aquello que necesitaba para sentirse completo. No creía que este sentimiento fuera amor ya que nunca había estado enamorado ni tenía conque compararlo. Solo sabía que aquello que se había iniciado en su interior durante las reuniones de la Orden, cuando las miradas de ambos se cruzaban y el deseo había crepitado en lo más profundo de su alma casi tomando el control de su mente, cuando esos amargos sentimientos le habían llenado mientras la observaba con Alex.

Estos eran unos sentimientos que habían comenzado a transformarse desde el día en que supo quien era su misteriosa prometida. Y por primera vez en su vida, dio gracias a Merlín por esto. Por haber puesto aquello en su camino, no por haberle quitado opciones sino porque le había dado la oportunidad de obtener lo que inconscientemente deseaba.

Cuando los sueños de la juventud aún se mantenían bastante intactos en su mente había pensado en una mujer dulce que tuviera el don de comprenderle, de apoyarle sin importar lo que las apariencias indicaran, que le mostrara aquello que siempre había faltado en la mansión de los Malfoy. Ni en sus más salvajes fantasías hubiera creído que esta pudiera ser Granger, su enemiga durante su época estudiantil.

Aquella que tuvo el valor de darle un puñetazo, el primero que recibió en su vida. Algo tan pero tan muggle que jamás lo hubiera esperado y que logro desestabilizar lo bastante su mente como para no medir las consecuencias de sus palabras, logrando que entre ambos el odio se acrecentase hasta la muerte de su madre y su unión a la Orden, cuando ambos se habían visto forzados a dejar todo aquello atrás por un objetivo en común.

O no tan en común, pues lo que él había buscado con ahincó era el modo de vengarse. No le habían importado los medios, solo el resultado final. En cambio ella había luchado por un futuro mejor, dejando salir aquello que había motivado al Sombrero Seleccionador a colocarla en Gryffindor aunque todos fueran conscientes de que también hubiera sido una magnifica Ravenclaw o incluso, de no haber sido por la imposibilidad de esto, en Slytherin.

Y es que si bien su inteligencia la posicionaba como una gran Ravenclaw, su astucia la ponía al nivel del más notable Slytherin. Pero su alma, su deseo invencible de un futuro mejor, de tener mayores opciones, incluso aquella diminuta parte de ella que deseaba cambiar las normas para lograr un cambio significativo en el mundo eran propias de un Gryffindor.

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Ya era noche cerrada cuando salieron de la casa. Un escalofrió recorrió el cuerpo de Hermione mientras se ajustaba mejor el abrigo, aunque este no podía parar el aire helado que soplaba congelando sus piernas.

-En mal momento me decidí por falda... -murmuro quedamente.

-¿Tienes frió?

-No, que va. Tirito porque me apetece -se giro cuando una fuerte risa siguió a sus palabras, mirándole ceñuda-. ¿Te ríes? Eso es porque nunca te has tenido que poner una.

Draco se acerco decidido a ella, pasando el brazo por su cintura la atrajo hacía si mismo mientras decía:

-Cierto, pero es porque mis piernas no son tan hermosas como las tuyas.

Hermione rió al oír esto, nunca hubiera creído que él fuera capaz de bromear de esta manera y mucho menos con ella.

-Vayamos rápido para casa y así entras en calor -le dijo Draco al oído, su tono cálido y su aliento haciendo que un estremecimiento de placer recorriera el cuerpo de la joven.

Desde que habían vuelto de la Luna de Miel, él prácticamente no la había tocado a pesar de que ella podía notar a la perfección la pasión que se vislumbraba en sus ojos y el deseo que había notado en la voz de Draco parecía vaticinar el que en esta ocasión si estaba más que dispuesto a volver a poner a prueba su autodominio.

Abrazados se dirigieron hasta un callejón oscuro que quedaba a poca distancia de la casa de los padres de Hermione, si bien hubiera sido mucho más cómodo para ambos utilizar la Red Flu para trasladarse desde la chimenea que había en el comedor de la casa a la de la mansión esto resultaba imposible a causa del Ministerio.

La joven había tenido que hacer muchos movimientos para que el día de su boda sus padres pudieran estar ahí, al igual que para poder utilizar ese día y el de regreso del viaje la Red ya que los miembros superiores del Estado habían fortalecido al máximo las medidas de seguridad para evitar que los muggles accidentalmente vieran algo que no debían, como si no hubieran visto ya más que suficientes durante la guerra.

Pero a pesar de que había intentado mantener la linea establecida, estos no habían dudado a la hora de decirle con un tono un tanto altanero que no podía esperar tener unos privilegios que no se le daban a los demás. No habían incluido el "por que seas Hermione Granger" o un "porque seas una de las que lograron la victoria", pero en el tono que habían empleado quedaba perfectamente claro que esas palabras estaban incluidas.

Se acerco más a Draco, sintiendo el calor que manaba de él y sonrió al recordar que en varias ocasiones había pensado que las mujeres que habían estado a su lado debían quedar heladas. Tanto a causa de su personalidad como por el hecho de que cualquier serpiente tenía la sangre a una temperatura que la hacía ser denominada "fría", y ella siempre había creído que su esposo era un perfecto Slytherin. Sin embargo había descubierto que estos planteamientos quedaban muy lejos de la realidad ya que en sus besos y caricias se notaba la clase de hombre que era.

Y a día de hoy, podría afirmar poniendo la mano en el fuego que precisamente "frió" no era.

-Llegamos -dijo Draco, rompiendo el silencio en el que habían estado desde que sus ultimas palabras les sumieran a ambos en los recuerdos de lo que había pasado y podía llegar a pasar entre ellos. Realmente no había sido su intención el dar un segundo sentido a sus palabras, pero parecía que sus sentimientos habían tomado el control de su boca logrando que hiciera algo que no había hecho nunca.

Siempre había sido extremadamente sincero con las mujeres con las que había estado, habían sabido lo que quería ya que nunca las había engatusado con palabras dulces. Maldición, ni tan siquiera entre las sabanas sus palabras eran delicadas ya que prefería otras más fuertes, más acordes con el simple intercambio que se estaba produciendo en ese momento. Negó con la cabeza al pensar en el hecho de que había algo en Hermione que le hacía desear utilizar frases elaboradas para seducirla, alabar la belleza que para muchos permanecía inadvertida y decir que esto le gustaba, que se sentía como el que descubre un extraño diamante entre simples circonitas.

Acaban de adentrarse en la parte más profunda del callejón, lejos de la única farola que daba un poco de luz, cuando un ruido a sus espaldas les hizo girarse. A pesar de que la mayor parte de los Mortifagos estaban presos, aún quedaban dos o tres que habían logrado eludir a las partidas de Aurores que se habían lanzado a por ellos. Ni Draco ni Hermione habían creído realmente que se atrevieran a ir a por ellos ya que se expondrían a demasiados peligros por una recompensa demasiado pequeña. Y si algo había caracterizado a los seguidores de Voldemort era el hecho de que siempre se habían movido buscando grandes ganancias.

-Alto -la voz masculina pronuncio la palabra como un gruñido al tiempo que se oía como un arma se amartillaba-. Giraos, despacio.

Draco quito el brazo de los hombros de Hermione mientras empezaba a girarse. Inspirando profundamente, ella también se dio la vuelta para encarar a ese hombre.

Debido a que permanecía en las sombras que proporcionaba el callejón, esas que había agradecido hacía unos instantes pues les permitirían llegar más rápidamente a su hogar, no pudo ver adecuadamente a ese desconocido. Solo fue capaz de notar como el arma que había en su mano, preparada para disparar, relucía gracias al hecho de que estaba justamente bajo la luz que caía de una de las ventanas.

-La cartera y el bolso, tiradlo aquí y no os pasara nada.

Hermione contuvo una maldición al comprender el fallo que había cometido al no colgarse el bolso del mismo lado donde había escondido la varita. Solo podía rezar para que sus movimientos fueran lo bastante rápidos como para alcanzarla antes de que él disparara ya que ninguna magia podría protegerla de una bala.

Los ojos del ladrón se movían con nerviosismo de uno a otro, hasta que vio como ella no seguía adecuadamente sus instrucciones y su instinto se disparo. No sabía si la joven iba armada, solo que cuando algo en su interior gritaba "cuidado" era mejor hacerle caso. Al fin y al cabo, era lo que le había mantenido con vida.

-Joder, no se haga la valiente y deme el jodido bolso -pudo ver como los ojos de ella se cerraban durante una milésima de segundo ante sus palabras, pareciendo comprender la locura que hubiera sido sacar un arma cuando te apuntan con brazo firme con otra.

Draco había notado como Hermione intentaba obtener su varita, la cual llevaba en su funda sujeta al muslo. Quedaba visible y accesible gracias a la raja que había en esa falda pero gracias al hechizo de invisibilidad hubiera pertenecido indetectada incluso para el mago más poderoso. La única esperanza real que les quedaba a ambos era que él pudiera sacar la suya. Subió la mano derecha, introduciendola dentro de su chaqueta.

-¿Que coño está haciendo? ¡Saque de una maldita vez la cartera!

-La llevo dentro de la cazadora -explico, con un tono perfectamente tranquilo. Notaba el nerviosismo en la voz del ladrón aunque podía apreciar gracias a la poca luz que había en el callejón que la mano que sostenía la pistola no temblaba ni tan siquiera un poco.

Flexiono ligeramente los dedos al notar la textura de la madera, movió un poco más el brazo para asegurarse de que la podía coger adecuadamente pues lo ultimo que necesitaban era que en el momento más importante esta se le resbalara de los dedos. Una vez la tuvo en su poder, saco lentamente la mano. Quería asegurarse de que no podía más nervioso al atracante, en ese momento no por temor por si mismo sino por ella.

-Accio pistola -murmuro.

Cuando el desconocido noto como el arma le era arrancada de las manos por una fuerza invisible, no dudo ni un segundo en echar a correr mientras un único pensamiento cruzaba por su mente: tendría que haber hecho más caso a su instinto que a su desesperación cuando este le dijo que a pesar de la apariencia inocente de esta pareja, era mejor no meterse con ellos.

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N.A.: ¡Ya queda menos para acabar de reescribir todos los capítulos!

¿Que os parece la escena con el atracador? Es que son estas escenas de "acción" las que siempre me dejan con dudas sobre como habrá quedado, porque la verdad es que tampoco se me dan demasiado bien...