Bueno, aquí os traigo el segundo capítulo de este fic. El primero no era nada del otro mundo, pero irá mejorando en el futuro. Espero que os guste, ^^.

Seis años más tarde…

La mañana era perfecta, el sol brillaba sobre las calles de Piltover mientras los pájaros cantaban sus melodías mañaneras entre las hojas de los árboles cercanos a la oficina del Sheriff, que estaba meditando sobre los casos que le llegaban a su mesa mientras tomaba una deliciosa taza de té humeante entre sus delicadas manos.

Pocos casos atraían la mirada de Caitlyn, el Sheriff de Piltover, ya que todos los que conseguían hacer que levantara una ceja interesada se terminaban antes de tiempo. Había casos sobre atracos de poca monta, alguna que otra agresión en la calle y poco más.

Desde que la joven ascendiera al cargo ninguno de los maleantes, ladrones, estafadores, violadores y asesinos que había sueltos por la calle seguían creando caos en la bella ciudad que ahora cuidaba ella, ninguno se atrevía a volver debido a las duras represalias que ella y su rifle podrían causar.

Le dio un sorbo mirando los pocos casos que tenía encima de la mesa y resopló. No había nada divertido que hacer en esos momentos así que se dedicó a la vida contemplativa a través de su ventana, mirando las nubes que pasaban lentas e inexorables sobre el cielo azul.

Un golpe en su puerta la sacó de su ensimismamiento. Caitlyn dejó la taza que se había quedado ya tibia y miró hacia la puerta. Uno de los ayudantes de la joven entró pidiendo permiso. Después de entrar se sentó delante de ella con cara de circunstancia y un poco agitado.

-¿Ocurre algo?- lo miró con sus ojos castaños interrogantes.

-Traigo noticias… malas noticias.- dijo un poco nervioso.- Desde que eres Sheriff poca gente ha osado interponerse en la paz de esta ciudad, pero ya sabes que de vez en cuando surge alguien que desafía a la gran Caitlyn.- soltó una carcajada nerviosa, Cait levantó una ceja disgustada, no le gustaba la gente que hacía la pelota.

-¿Adónde quieres llegar? – le hizo un gesto con la mano para que siguiera explicándole el problema con el que había llegado.

-Verás, hace unos días estábamos siguiendo a una de las bandas de crimen organizado más peligroso de la que hemos tenido constancia, creemos que está relacionada con el alcalde, pero no podemos probar nada todavía. Resulta que se encuentra en los barrios bajos de Piltover, pero como son muy cuidadosos no podemos detenerlos por nada. Hemos pillado a varios de sus ayudantes, traficantes y gente de poca monta, pero nada todavía.

-Suena interesante.- dijo Caitlyn mirando de nuevo hacia la ventana.- Lo investigaré por mi cuenta.

Se entretuvo mirando un rato a los pájaros cuando el hombre que había delante de ella volvió a carraspear. La Sheriff se volvió de nuevo hacia él.

-Hay otra cosa más.- le dijo poniendo una carpeta sobre su mesa.- El alcalde parece haber desarrollado una fijación extraña hacia una mujer que se encuentra entre rejas ahora mismo.

-¿Cómo?- preguntó sorprendida.

-Se ve que ha convencido a todos los presos de la cárcel para que la maten a cambio de una recompensa bastante interesante de dinero. Pero como siempre pasa, sólo tenemos rumores de que el alcalde está involucrado, no tenemos nada para poder pedirle explicaciones.

-Maldición.- dijo Caitlyn levantándose y cogiendo la carpeta.- ¿Cuánto tiempo lleva entre rejas?

-Una semana.

-¿Y sigue viva?

-Parece ser que es demasiado resistente como para morir por una banda de prisioneros sin escrúpulos.

-Dicho así suena hasta peligrosa.- le dijo ella abriendo la carpeta. Una mujer de su edad, con aspecto de macarra, era el perfil del archivo. Agresiones de todo tipo y mala conducta, toda una ciudadana pensó cuando miró las decenas de multas por agresión que le habían mandado ya. En su foto salía sonriendo con superioridad, llevaba un corte de pelo extraño, de un color fucsia fuerte que resaltaba sus ojos azules, debajo del ojo izquierdo llevaba un tatuaje con números romanos de un seis.

-Pensábamos que sería una tontería, un rumor, pero se nos ha ido de las manos. Deberías averiguar por qué quiere matarla el alcalde, quizá te sirva para tu investigación.

-¿Se os ha ido de las manos, por…?

-Lleva una semana mandando a gente a la enfermería, así que el precio por su cabeza ha subido.

-Interesante, muy… -volvió a releer el archivo.- interesante.

El nombre de la mujer era Vi. Un nombre poco común en la zona donde se encontraban, seguramente sería cómo la llamaban, no su nombre real.

Al no haber demasiados presos mujeres, estaban mezcladas con los hombres. El problema venía porque ahora todos los presos de la cárcel querían matarla. Interesante, volvió a pensar. Llevaba ya una semana y ninguno la había conseguido matar.

Se levantó, cogió su sombrero y su rifle y se dirigió hacia la cárcel de la ciudad.

-Arriba.- la levantaron con un sonoro golpe en uno de los barrotes de la celda.

Vi se cayó de la cama golpeándose la cabeza contra el suelo fuertemente. Se rascó la parte trasera de la cabeza violentamente intentando paliar el dolor que tenía. Se incorporó y se estiró.

En su celda sólo se encontraba ella y daba gracias por ello todos los días. No sabría qué hacer si alguno de los hombres que se encontraban en las celdas contiguas fueran sus compañeros de celda, no podría dormir tranquila sabiendo que podrían asesinarla en cualquier momento.

Después de desperezarse como era debido se acercó a los barrotes.

Se recolocó el jersey ancho de color gris que llevaba para el invierno y se miró sus pantalones, estrechos y raídos del mismo color que el jersey. Llevaba las botas de uno de los guardas que se las había cedido después de haber estado coqueteando con él un rato.

Menos mal que ya no se lo encontraba por los pasillos. Casi siempre terminaba encarcelada de nuevo antes de que finalizara el día con la excusa de que era un peligro para sus compañeros.

Tonterías, pensó Vi rascándose de nuevo la parte trasera de la cabeza. Cuando el guardia abrió la celda, una bandeja del comedor apareció en su rango de visión queriendo golpearle la cabeza, uno de los prisioneros quería pillarla por sorpresa. Vi se agachó rápidamente, se apoyó en sus manos y golpeó con sus piernas fuertemente las rodillas del agresor.

Con un chasquido profundo, una de las dos piernas se rompió y el agresor cayó al suelo cuan largo era.

-Pues empezamos bien el día.- declaró la joven peinándose hacia detrás el cabello.

Obviando los comentarios del guardia que había sido atraído hacia los gritos del preso, se dirigió hacia el comedor mientras las miradas de sus compañeros la mataban a cada paso que daba. Sonrió con superioridad mientras paseaba hacia el comedor sin pausa.

Caitlyn aparcó el coche de policía en la entrada de la gran prisión que se extendía a las afueras de Piltover. Se bajó arreglándose el vestido antes de ponerse su sombrero y dejando el rifle guardado en el maletero. No quería llamar la atención de los prisioneros o darle la oportunidad de que se lo quitaran cuando entrara y se liara una buena dentro del complejo.

Los guardias se sorprendieron de ver a la Sheriff en persona hacerles una visita, pero sustituyeron la mirada de sorpresa por una distinta en cuanto se alejó. El vestido de la joven no dejaba sitio a la imaginación.

El alcaide de la prisión la recibió unos momentos más tarde en la entrada en cuanto sus guardas le dijeron que había llegado la Sheriff a verlo.

-Bienvenida seas, Caitlyn.- le dijo un hombre con aspecto cansado y entrado en la treintena. Se encontraba en buena forma, pero no era el tipo de la joven. Aun así sacó su sonrisa genuina para evitar que le denegara lo que iba a pedirle. - ¿Qué puedo hacer por ti?

-He recibido noticias preocupantes sobre una de las prisioneras que custodiáis en la cárcel.

En cuanto dijo esas palabras, la cara del hombre envejeció treinta años de golpe.

-Parece ser que las noticias llegan hasta la ciudad.- dijo cansado.

-Eso parece.- sonrió de nuevo intentando calmar el ambiente.

-Te prometo que he hecho todo lo que he podido con ella, pero simplemente sigue agrediendo a los presos. Además de forma aleatoria, no tiene ningún patrón definido.

-¿Estás seguro de que es ella quién agrede a los presos y no viceversa?

La ceja inquisitoria de la joven hizo que el alcaide tragara saliva.

-Esta mañana ha mandado a un preso a la enfermería con una pierna dislocada. Y la otra rota.- añadió intranquilo.

-¿Sería posible ver las grabaciones de la cámara de seguridad?

-Me temo que eso es imposible, sin una orden del juez no puedo dejar que las mires.- le dijo poniendo el gesto serio.

Caitlyn entrecerró los ojos sabiendo que había gato encerrado. Cambió de táctica.

-Me gustaría ver ahora mismo las cámaras. Quiero verla.

-Eso sí es posible hacerlo.- le dijo el hombre guiándola a través de las puertas de verjas hacia la zona más alejada de los presos.

Todavía no se habían cruzado con ninguno de los prisioneros de la cárcel, cosa que agradó bastante a la joven sabiendo que más de la mitad de los que estaban dentro, habían sido detenidos gracias a su pericia y al manejo de su gran rifle.

Llegaron a una sala con varios monitores encendidos y dos guardias mirando a través de ellos. Vigilando las zonas en las que se encontraban los presos, entre ellas, la zona de las duchas.

-¿Qué hacéis cuando se duchan? ¿Los seguís grabando?

-Tienen turnos.- le explicó a la joven.- Hay dos guardias distintos, un hombre que vigila a los varones y otra guarda que es la que hace el turno cuando se van a duchar las mujeres.

-Entiendo.- dijo mirando los monitores intentando encontrar a la persona que estaba buscando.

-Vi se encuentra en el comedor.- le dijo señalando el monitor para que se acercara a ver esa pantalla.- ¿Es mucha indiscreción preguntar por qué la andas buscando?

-La necesito para una misión.- explicó simplemente.- He venido a pagar su fianza.

La cara del alcalde era un poema, así como la de los guardias de la sala. Caitlyn se fijó en la joven que se encontraba en una de las mesas del comedor comiendo sola.

Varios presos le hicieron gestos de amenaza mientras Vi comía sus cereales con su cuchara de plástico. Intentaba obviarlos, pero eran demasiados como para poder comer o estar tranquila en algún momento del día. Siempre estaba en tensión.

Después de un rato en el que el murmullo era generalizado, todos los presos se quedaron en silencio. Todos la miraban.

Vi tragó saliva asustada. Hacía mucho tiempo que no conocía esta sensación. Sabía que la iban a atacar.

Contó hasta diez y se levantó de su asiento cogiendo la cuchara de plástico y el bol del mismo material para tener algo que lanzar por lo menos.

Tres hombres más grandes de lo normal se acercaron a ella.

-Estamos cansados de ti, Vi.- le dijo el primero.

-Queremos el dinero.- dijo otro.

Vi miró hacia detrás, estaba rodeada de todos los presos de la cárcel.

-¡Van a matarla!- exclamó Caitlyn saliendo de la garita del guardia seguida del alcaide y de los demás guardias, que estaban siguiéndola para que no se metiera en líos.

Abrieron las puertas con una lentitud pasmosa mientras el corazón de la joven se desbocaba. No quería tener que lidiar con un muerto, necesitaba saber por qué intentaban matarla.

Después de unos minutos en total tensión alcanzaron el comedor. Justo para ver cómo comenzaba la pelea.

Vi saltó hacia los tres hombres grandes, a uno lo golpeó con el bol en la cabeza, pillándolo por sorpresa. Partió la cuchara y se la clavó en el brazo.

Un golpe de uno de los presos de detrás la hicieron doblarse de dolor, entonces entre cuatro hombres más la levantaron agarrándola de las extremidades para que no se moviera mientras uno de los otros cogía otra cuchara para clavársela en el cuello.

Un disparo detuvo las acciones de los presos. Miraron hacia la entrada.

Caitlyn había cogido una de las pistolas de uno de los guardias y se acercaba a ellos sin miedo alguno. Los presos la reconocieron y se echaron para atrás. Pero a Vi no la soltaron.

-Soltadla.- dijo con una voz amenazante. Sus ojos llenos de odio.

Los presos hicieron caso soltándola lentamente. Vi se quedó en la mesa, desplomada, abrumada por los nervios e intentando controlar su respiración. Miró hacia atrás para ver a su salvadora boca abajo. Lo que más llamó la atención de la joven era el sombrero tan ridículo que llevaba en la cabeza.

-Vi, estás bajo la jurisdicción del Sheriff de Piltover.- le dijo ella.- Acompáñame.

Ni los guardias, ni los presos, ni el alcaide se atrevieron a contradecirla mientras llevara la pistola en la mano.

Vi se incorporó para mirar a la joven Sheriff. Sus ojos se encontraron con los suyos marrones, un escalofrío recorrió su espalda nada más verla. Hermosa y feroz con la pistola apuntando hacia ellos. No había visto a nadie igual en su vida.

Caitlyn la miró de arriba abajo. Vi saltó de la mesa hacia su lado alejándose de los agresores y de los demás presos de la cárcel. La siguió hacia la salida, donde los guardas no la detuvieron.

Cuando estuvieron fuera del comedor y dentro de una de las garitas de los guardias, Caitlyn devolvió la pistola a uno de los guardias y miró al alcaide con sonrisa de niña buena que no había roto un plato en su vida. Vi miró la imagen y sonrió divertida.

-¿Cuánto es la fianza?- le dijo ella mirando al alcaide.

-Si contamos todos los destrozos y la factura del médico por todos los huesos que ha roto suma una cifra bastante grande.- le explicó.

-Me alegro.- le dijo ella.- Pásasela al Alcalde, que costeará encantado los gastos de Vi.

La cara de alegría del alcaide volvió a envejecer, pero Caitlyn no borró la sonrisa. Había ganado este asalto y seguramente el Alcalde Adam no estaría demasiado contento con que le pasara la factura, pero ella era la Sheriff, no podía decirle que no. Se encontraba en un aprieto.

Vi miró el intercambio de miradas extrañada de las palabras de la Sheriff.

-¿Tienes que recoger algún efecto personal?- le dijo ella mirando a su nueva acompañante.

-No.- dijo simplemente mirando sus ojos marrones.

-Entonces vámonos.- se giró hacia el alcaide de nuevo.- Un placer, como siempre.

-El placer es mío.- dijo un poco molesto.

La Sheriff se giró mirando a la salida de la cárcel con anhelo esperando que no se encontrara ningún impedimento que le evitara salir de allí. Miró a Vi, que sin cruzar una palabra entendió que se tenían que ir de allí.

-Ten cuidado, Sheriff.- le dijo el alcaide. – Esa chica le dará problemas.

Vi tragó saliva girándose para mirar al hombre con rabia en sus ojos. Tenía ganas de pegarle un puñetazo en su cara de viejo antes de salir por completo de ese sitio.

-Ocúpese de sus asuntos, alcaide.- le cortó Caitlyn antes de que Vi diera otro paso hacia él.

Tocó el hombro de la chica y se dirigieron a la salida, donde los presos la miraban insultándola y amenazándola de nuevo. Los guardias no hicieron nada para pedir silencio.

Cuando salieron de las puertas de la cárcel, Vi se apoyó en la pared, sus piernas temblando de la adrenalina y de los nervios sufridos dentro del comedor. Se sentó en el suelo respirando agitadamente. Caitlyn se acercó a ella mirando una faceta de la chica que no esperaba ver.

-¿Estás bien?- preguntó la Sheriff.

-Han intentado matarme.- la miró sus ojos enfadados.- Todos. Otra vez. Sí, estoy perfectamente.

-Estoy intentando averiguar por qué quieren matarte.- le explicó.- Agradecería que colaboraras conmigo.

Le mostró su coche, donde Vi se acercó. Se montaron las dos y Cait empezó a conducir hacia la comisaría de nuevo. Vi apoyó la cabeza en el cristal cerrando los ojos, disfrutando del paisaje y de su libertad.