Bueno, gentecilla, aquí les dejo el tercer capítulo de esta historia. Gracias por la review y sí, tengo fallos garrafales porque al escribir y releerlo necesito que alguien me saque los fallos. ^^

Gracias por leer, espero que en este no haya tantos fallos y besos para todos. Disfruten. =)

-¿Dónde vamos?- preguntó la ex presa.

-Vamos a mi oficina, tengo que interrogarte ahí.

Vi soltó una carcajada frustrada. Salía de la cárcel para ir a otra prisión menos salvaje, menos agresiva.

-¿Por qué he llegado a pensar que me dejarías ir en paz?

-Eres un peligro para la sociedad y para ti misma. Necesitas a alguien que te controle.- le dijo.- Además de que ahora están intentando matarte. Quiero averiguar el por qué y quién está detrás de esto.

-Adam.- dijo simplemente.- No hace falta ser un genio para darse cuenta de que el alcalde lleva detrás de mí desde hace años. De momento he hecho un buen trabajo cuidándome sola. Me gustaría volver a mi vida.

-¿Qué clase de vida es esa? – le preguntó seriamente.- Apenas puedes disfrutar de ella teniendo que estar en constante alerta por si alguien se te acerca con intenciones de matarte, Vi.

La chica fijó sus ojos azules en la Sheriff, mirando ese sombrero tan ridículo que llevaba en la cabeza. Sonrió mirando a su salvadora. Decidió cambiar de tema desviando la atención de su situación actual.

-Pareces un cupcake con ese sombrero.- dijo divertida.

Caitlyn notó sus mejillas sonrojarse, nunca en su vida le habían faltado al respeto de esa manera. Aferró el volante con fuerza, sintiendo rabia crecer en su interior.

-¡Cállate! – le espetó enfadada. Vi estalló en carcajadas viendo la reacción de la joven. No pudo contenerse ante la cara de enfado tan mona que había puesto.

Caitlyn la miró de reojo enfadada con ella. Se quedó en silencio el resto del viaje, conduciendo tranquilamente hasta que llegaron a la comisaría. Vi bajó del coche molesta por estar rodeada de tantos agentes y oficiales, pero siguió a Caitlyn dentro.

El interior estaba repleto de mesas con agentes mirando sus papeles, gente de un lado a otro buscando a otras personas, varios sospechosos esposados a las sillas de espera de la sala de interrogación y demás fauna. Flora poca, un par de plantas encima de las mesas de recepción.

Caitlyn se acercó a la recepción y le pidió a uno de los agentes que estaba de servicio que le diera una ficha nueva para Vi, la mujer la miró extrañada mientras Cait empezaba a escribir cosas en ella. Varios agentes se acercaron a la Sheriff con varias carpetas distrayéndola de lo que estaba haciendo.

Vi vio su oportunidad en menos de dos segundos. Se retiró hacia la puerta comprobando que nadie le prestaba atención y salió del recinto corriendo hacia el barrio bajo de la ciudad.

-Caitlyn, estos documentos son incorrectos, hay que revisarlos.- le explicó uno de los hombres.

-Pues que se encargue otra persona, ahora mismo estoy ocupada con…- levantó la mirada buscando a Vi, al no verla se enfadó con sus propios hombres.- ¡Buscadla ahora mismo! – Les gritó con rabia.- ¡Habéis dejado que se escape en vuestras propias narices!

Después de unos segundos de miradas interrogantes se pusieron a buscar a la joven que acababa de traer la Sheriff hacía apenas unos minutos.

Vi corría todo lo rápida que podía hacia el barrio bajo. Evitó las patrullas de hombres que trabajaban para la Sheriff, así como las miradas de los soplones de la mafia y del alcalde. Consiguió atravesar toda la zona callejeando rápidamente.

Justo cuando llegó donde quería, varias personas pasaron por su lado. Vi se escondió entre unos cubos de basura mientras paseaban tranquilamente. Una vez se hubieron ido, Vi salió apartando varios alimentos en estado de putrefacción y con mirada de asco cruzó la calle hacia un establecimiento en el que se podía leer el letrero de "Taller de Piltover". No era un nombre muy especial ni interesante, pero cumplía su misión y la mayoría de las personas de la ciudad iban allí a reparar sus cosas debido en parte a las personas que trabajaban dentro.

Vi se dirigió hacia la trastienda y entró por la puerta de atrás sin hacer mucho ruido, no quería llamar la atención, pero su sigilo se vio truncado por una llave inglesa que le golpeó la cabeza. Había sido lanzada desde unos carros llenos de piezas.

Un hombrecillo con el pelo rubio lleno de rizos y con una bata blanca salió a recoger su llave inglesa.

-¡Vi! – exclamó sorprendido- ¡Pensaba que estabas entre rejas! – cogió la llave inglesa del suelo sonriendo.- Perdona el golpe, ya sabes, gajes del oficio.

-Tranquilo, quizás debería haber llamado.

-¿Te has escapado?

-No, el alcalde ha pagado mi fianza.- sonrió caminando junto a él hacia el piso de arriba donde se encontraban las cosas de Vi.

-¿El alcalde? ¿No intentaba matarte?

-Me he librado gracias a la Sheriff.- explicó.- Ha aparecido antes de que pudieran hacerme daño, han estado a punto de matarme.

-Buen gesto por su parte.- le dijo él dejando la llave inglesa y mirando el aspecto de Vi. Seguía estando igual de delgada que siempre, ojeras bajo sus ojos, el pelo mustio y revuelto y sus ropas destrozadas.

-Estás horrible.- le dijo sonriendo.

-Gracias, viejo.

Heimerdinger se encogió de hombros mirando los dos guanteletes que había delante de él encima de la mesa de trabajo de Vi.

-Siguen estando igual que cuando te atraparon.- le dijo él. – Los he limpiado, es lo menos que podía hacer.

-Muchas gracias.- dijo sentándose en la silla de trabajo.- ¿Podría quedarme una temporada en el taller? No quiero que sepan que he salido de la prisión.

-Cuanto gustes.- le dijo.- Corky ha estado aquí, le diré que estás bien. Viva y eso.

Le lanzó una sonrisa divertida mientras cogía los guanteletes para probarlos de nuevo. Heimerdinger se fue escaleras abajo para seguir trabajando.

Al menos el rastro de la joven estaba fresco, pensó Cait mientras paseaba con su rifle al hombro siguiendo el rastro de Vi por el barrio bajo. La condujo al taller de Heimerdinger y de Corky, cosa que le sorprendió bastante, se acercó hacia la trastienda y entró con cuidado dentro de la tienda. Una llave inglesa le golpeó la cabeza en el lateral. Se llevó la mano al chichón que le había causado mientras miraba al hombrecillo que se acercaba a recogerla del suelo.

-Una Sheriff debería saber más que nadie que entrar en propiedad ajena sin una orden es delito.- la amenazó con la llave inglesa de nuevo.

-Perdón, Heimerdinger.- le dijo ella.- Estaba siguiendo el rastro de una persona y me ha llevado hasta aquí.

Oyó unos pasos en el piso de arriba y el viejo suspiró, la Sheriff esbozó una sonrisa dirigiendo la mirada hacia as escaleras que llevaban al primer piso. Heimerdinger se dio la vuelta y siguió trabajando en los aparatos que tenía delante de él.

-Vas muy fresca para la estación de lluvias.- le dijo mientras atornillaba un par de cosas en una máquina extraña.

-Es cuestión de comodidad.- le dijo ella son una sonrisa cargando su rifle al hombro yendo hacia las escaleras.

Heimerdinger siguió a lo suyo.

Vi estaba de espaldas a la escalera con los guanteletes puestos, mirando hacia los libros que tenía en la estantería, eligiendo el necesario para mejorar tecnología hextech y lo que necesitaba para poder reformar los guanteletes.

Cait miró hacia arriba sin hacer ruido, observando a la joven con los guanteletes en sus manos, los recuerdos de la trifulca de hacía tanto años llenaron su mente, esa era la chica a la que disparó en el hombro. Parece ser que se volvían a encontrar. Cogió el rifle con una mano y apretó el cañón contra su espalda. Vi suspiró cansada.

-No eres muy buena escondiendo rastros.- le dijo ella con voz suave.

-Nunca he tenido la necesidad de esconderlos.- se giró para mirar a la Sheriff, sus ojos azules brillando bajo la poca luz que había en la sala.- ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué no puedo ser libre?

-Hasta que no me ayudes a resolver este caso nada de nada.- le dijo acercándose apoyando el rifle por debajo de su brazo. - ¿Qué son esas cosas?

-Guanteletes. Mis armas.- le dijo sonriendo.

-Quítatelos.- le dijo apenas a unos centímetros de ella.

Vi tragó saliva nerviosa, Caitlyn era muy guapa, de cerca le hacía perder el sentido. Su corazón se aceleró y su respiración se volvió agitada. Sentía como si alguien le hubiera dado un puñetazo en el estómago, sus piernas temblaban de la emoción. Cait se dio cuenta de esto, sonrió seductoramente.

Los guanteletes de Vi cayeron pesadamente al suelo, Cait retiró el rifle apoyándolo en la pared sin retirar la mirada de los ojos azules de Vi. Sacó unas esposas y se acercó a ponérselas, de tal forma que la otra no se moviera.

La hipnotizó de tal manera que la ex presidiaria se quedó quieta en el sitio mientras los labios de Cait casi rozaban los suyos. Acarició su brazo poniendo una de las esposas apretada en su muñeca, luego cogió su otra mano y se la llevó a su espalda, paseando sus labios cerca de su oreja.

-Así quietecita estás más guapa.- le susurró al oído haciendo que la otra sintiera que se caía porque sus piernas no podían soportar tanto nerviosismo.

Se separó de ella dejando a Vi con ganas de más. La miró con lujuria en la mirada al mismo tiempo que con un poquito de rabia. Caitlyn sonrió maliciosamente.

-Eso no quita que sigas pareciendo un cupcake.- le dijo haciendo que la Sheriff se mostrara ofendida.- Si me vas a arrestar coge mis guanteletes por lo menos.

Las manos esposadas detrás de su espalda le impedían cogerlos, pero Cait los levantó con presteza y le volvió a sonreír. Bajaron las escaleras con cuidado de que no se cayera y pasaron por delante de Heimerdinger.

-¿Ya vuelves a la cárcel, Vi? Esta vez has durado poco.- le dijo el hombrecillo.

-Cállate.- le dijo enfadada.

Había perdido los estribos cuando la joven se había acercado a ella con esa mirada y esa sonrisa en los labios. ¿En qué estaba pensando? Su mirada se dirigió al vestido tan corto que llevaba Cait en ese momento, poniéndose completamente roja.

-Mierda.- dijo en voz alta mirando hacia otro lado.

Caitlyn la miró divertida. A la salida del taller estaba el coche de la Sheriff que le había traído uno de los hombres que estaba a su servicio.

Empezaba a oscurecer debido a las nubes negras de tormenta que venían por el horizonte.

La volvió a montar en el coche, en el asiento del copiloto y volvió a empezar a conducir, pero esta vez no se dirigió a la comisaría, si no que empezó a conducir en el barrio rico de la ciudad.

-¿Dónde vamos ahora?- preguntó molesta e incómoda por las esposas.

-Parece ser que no te sientan bien los ambientes hostiles, así que vamos a hacer un trato. Necesito tu ayuda y estoy dispuesta a sacrificar un par de cosas para que me ayudes.

-¿Sacrificar qué cosas?- preguntó sorprendida.

-Mi intimidad.

-¿Qué? – preguntó confusa.

-Vamos a compartir piso mientras me ayudas a resolver el caso. Te dejaré libertad para tus cosas, sólo te pido que no te metas en líos y que por favor, respetes el mobiliario de la casa.

-¿En serio me estás diciendo esto? – preguntó sorprendida.

-Sí.- le dijo aparcando el coche.- No te escapes, por favor. Me da pereza tener que salir a buscarte de nuevo.

Vi sonrió maliciosamente. Salió del coche con dificultad y con ayuda de Caitlyn. Recogió el rifle y los guanteletes y entraron dentro del recinto. Un edificio señorial con varios apartamentos dentro de las vallas que lo separaban de la calle.

Después de unos cinco minutos recorriendo los terrenos de los apartamentos llegaron a la casa de Caitlyn. Uno de los apartamentos más altos que había allí, con sólo dos habitaciones, un baño, salón-cocina y el recibidor.

La verdad es que era acogedor. Más que el piso de arriba del taller y la cárcel.

Caitlyn le quitó las esposas a Vi sobresaltándola, ya que no se esperaba que se las quitara tan rápido. Recogió sus guanteletes y miró las cosas que tenía por la casa.

Cait se quitó el sombrero y lo dejó en una de las repisas que había en el recibidor, junto a varios gorros y sombreros más.

-Dormirás en esa habitación.- le dijo señalando hacia la puerta de una de las dos que había.

Cuando entró se encontró con una habitación bastante espaciosa, con una mesa muy grande llena de papeles y una cama en el rincón. Tenía un armario pequeño en una esquina. Vi sonrió contenta. Dejó sus guanteletes encima de la cama.

-Perdona el desorden, solía usar esta mesa para los casos.- le explicó recogiendo los papeles.- En el armario tienes ropa limpia y jabón y cosas. Puedes usar mi ropa, pero dudo que te quede bien, eres un poquito más grande que yo.

Vi levantó una ceja divertida.

-Bueno, al menos no parezco una tarta pequeña.- le dijo burlándose de ella.- Con sabor a arándano.

Cait la miró enfadada.

-Para con esas bromas, por favor. Es una falta de respeto.

-Tarta. De. Arándanos.- le dijo mirándola a los ojos.

-Vi…

-Tarta. De…

Caitlyn se acercó a ella y se quedó a unos centímetros de sus labios, Vi tragó saliva de nuevo, sorprendida de la velocidad con la que se había acercado.

-Puede que parezca una tarta, pero parece ser que te mueres de ganas de darme un bocado.- le dijo de forma seductora al oído. Oyó los latidos del corazón de Vi desde tan cerca, golpeaban fuertemente su pecho.

Se separó de ella con otra mirada maliciosa y riéndose sonoramente mientras dejaba a Vi. La joven cogió ropa limpia y se fue directamente al baño a darse una ducha. Fría a ser posible.