Bueno, aquí traigo un nuevo capítulo de este fic. Muchas gracias a todos los que leen esta historia, me alegro de que os guste. También quiero agradecer a todos los que me han hecho reviews, (es la primera vez que publico un fic, así que es muy importante para mí saber que os gusta la historia).
Sin más dilación, aquí sigue la historia en la Ciudad de Piltover. Disfrutad.
-Vale, repasemos el plan.- dijo Vi encerrada en el baño a la mañana siguiente.- Estás en una casa, pero no una casa cualquiera, la casa de la mujer más odiada de todo Piltover. Y por si fuera poco, estás en uno de los barrios ricos de la ciudad…
Miró su reflejo en el espejo y se rascó la cabeza. Llevaba puesta una camiseta de tirantes de color roja. Su aspecto no había cambiado mucho de un día para otro. Su aspecto de macarra la seguía acompañando así como el despeinado pelo de color fucsia rapado por un lado.
-Está claro que acabaré loca antes de que el cupcake ese resuelva el caso.- se miró la cicatriz que tenía en el hombro derecho. Se la tocó sonriendo.
Más que nada porque cuando se despertó fue dejada en el orfanato de la ciudad, antes claro de pasar unos días en el calabozo de que le abrieran un expediente por conducta agresiva y agresiones a policías de la ciudad. Allí la cuidaron hasta que se escapó a los diecisiete para trabajar con Heimerdinger en el taller, no sin antes pasar a recoger sus guantes del instituto de ciencias y tecnología de Piltover.
Si hubiera quedado a merced de la calle, el alcalde la hubiera matado hace mucho tiempo ya.
Salió del baño pensativa con la cabeza gacha y se encontró con la Sheriff tomando una taza de té en la cocina con el periódico en las manos. Ya estaba vestida del todo y llevaba el sombrero en la cabeza.
-¿Qué tienes tú con los sombreros? – le preguntó acercándose a la cocina para tomar café. - ¿Fetiche?
Caitlyn levantó la mirada más terrorífica que le había visto hasta ahora. Con cara de pocos amigos bajó de nuevo la mirada hacia la lectura. Optó por ignorarla un rato, pero Vi la seguía mirando para que se sintiera incómoda, o al menos, para que le respondiera a la pregunta.
-¿Me dices a mí de sombreros? – dijo en voz alta la Sheriff.- Eres tú la amante de las máquinas.
-Es mi trabajo.
-Dudaba que tuvieras uno.- le dijo bordemente.
Vi la miró enfadada, eso había sido un golpe bajo. Estaba claro, la iba a sacar loca. Pero la joven macarra era cabezona como ella sola así que no aceptó el comentario de la castaña como el fin de la conversación.
-Llevas las de perder, cupcake.
-¡No me llames así!- exclamó dejando el periódico en la mesa y la taza de té fuertemente. Manchó toda la superficie. Vi soltó una carcajada. Era demasiado fácil hacerle perder los estribos aun sabiendo que era una de las personas más temida de la ciudad. Si la gente la conociera de verdad y supiera lo infantil que era a veces…
-Has empezado tú. – siguió sin borrar la sonrisa.
Levantó la mirada seriamente, empezó a fulminarla con ella hasta que se fijó en la cicatriz que tenía en el brazo, viendo la marca que le dejó su rifle. Se giró para coger un paño y limpiar el café derramado. Vi observó el cambio en sus ojos.
Vi se acercó a la cafetera para servirse una taza de café mientras Cait limpiaba con brío el estropicio que había causado en la mesa.
-Fuiste tú, ¿verdad? – le preguntó Vi rompiendo el hielo de nuevo, su tono serio.- La que me disparó. – se señaló el hombro.
Caitlyn paró de limpiar y miró sus ojos azules. Culpabilidad era lo que mostraban los suyos.
-¿Vas a odiarme como el resto de gente de esta ciudad?- preguntó la Sheriff fríamente. – Porque de ser así no me importa, no estoy buscando ninguna amiga. Ni la quiero, ni la necesito.
-¿De qué hablas? – preguntó ella levantando una ceja extrañada.- Iba a darte las gracias. De no ser por el disparo, me hubieran soltado a los dos días y hubiera muerto en las calles del barrio bajo.
Caitlyn la miró sorprendida mientras ella bebía de su humeante taza de café con tranquilidad. Era lo último que esperaba venir de alguien a quién había disparado.
-¿Lo dices en serio?
-Claro.- le dijo ella.- Esta cicatriz no es nada.- se la acarició.- Me duele de vez en cuando al levantar peso, pero por lo demás no molesta en absoluto.
Caitlyn respiró con tranquilidad sentándose de nuevo. Suspiró y sonrió mirando los ojos azules llenos de interrogante de su nueva compañera de piso.
-¿Qué ocurre?
-Eres la primera persona que se alegra de que le haya disparado.- dijo.
Vi le sonrió con dulzura. Cait se sonrojó un poco haciendo que bajara la mirada de nuevo hacia el periódico. Carraspeó y volvió a mirarla.
-¿Por qué querían matarte los presos de la cárcel?- le preguntó cambiando de tema.
-Porque alguien quería que muriera, seguramente.- dijo ella encogiéndose de hombros.- ¿Tienes tú alguna idea?
-Mi ayudante me dijo que el alcalde había puesto precio a tu cabeza. ¿Alguna idea de por qué el alcalde quiere verte muerta?
Vi estalló en carcajadas.
-Siempre es el mismo. Lleva intentando matarme desde que entré en el negocio de los trapicheos.
-Sabes que podría detenerte por eso, ¿verdad? – le dijo mirándola con gesto serio.
-Relájate, Caitlyn.- le dijo ella sonriendo alegremente.- Entré a la cárcel por ello, mi deuda está saldada.
-Explícame lo que sepas. – le ordenó autoritariamente.
-Cuando salí o más bien dicho, escapé del orfanato, conseguí dinero gracias al taller de Heimerdinger. Conseguí meterme en líos varias veces en el barrio bajo y atraje la atención de varias personas por la zona que se dedicaban a tráfico de drogas y cosas de poco fuste, así que con un poco de suerte y gracias a mi pericia con esos guanteletes me hice con el control de una zona pequeña. El alcalde se dio cuenta de mi potencial y quiso contratarme a través de unos hombres trajeados. Les di una paliza y volvieron a ver a su amo, humillados. Se ve que le sentó mal lo que le hice a sus hombres y quiere matarme desde entonces, pero he resultado demasiado fuerte como para extirparme.
Caitlyn se quedó mirando a la joven con una ceja inquisitoria levantada.
-Vi, no soy tonta.- le dijo ella.- Está claro que no me quieres contar toda la historia, está bien, pero…
La otra se encogió de hombros mientras terminaba su café. Caitlyn supo que no iba a obtener más información de ella y se quedó en silencio.
-¿Estoy bajo arresto domiciliario o puedo ir al taller con el viejo?
-Tengo trabajo que hacer, así que sí. Puedes irte al taller. Ten cuidado.- le dijo antes de meterse a su habitación por el rifle.
-Tendré cuidado, descuida.- le lanzó una mirada seductora mientras se iba a cambiar a la habitación.
Caitlyn se rió de ella.
Volver al taller cubierta para que nadie la reconociera por la calle era lo más difícil que había hecho nunca. Ya que llevaba los guanteletes al no fiarse de dejarlos en casa de Caitlyn. Así que los llevaba en la espalda, cubiertos con una tela gruesa para que no se distinguieran y atados para que no se movieran mucho.
Aunque fue tarea difícil consiguió llegar sin que la gente la mirara demasiado, salvo alguna mirada fugaz y de un civil, no de los peligrosos matones de las bandas que rondaban el barrio.
Entró por la puerta de atrás de nuevo y esquivó la llave inglesa de Heimerdinger. Corky asomó la cabeza del aparato que estaba arreglando y le sonrió. Se acercó a saludarla.
-Tienes buen aspecto, Vi.
-Horroroso.- dijo Heimerdinger.- Está delgada y paliducha, así consigue que el tatuaje que lleva en la mejilla quede ridículo.
-Deja de meterte con la muchacha, viejo.- le dijo el otro atusándose el bigote.- Estás muy bien, Vi, no le hagas caso.
-¿Qué no me haga caso?
-No le hagas caso.- la miró de nuevo.
Vi sonrió divertida, ya empezaban de nuevo, esto terminaría con una discusión de proporciones épicas, así que se escabulló a trabajar en el piso de arriba con sus guanteletes. Iba a ver si conseguía reducirlos, o al menos, alguna mejora para plegarlos.
Después de un azaroso día de trabajo, Caitlyn estaba harta de los quehaceres burocráticos de sus hombres y de la carta amenazante del Alcalde Adam. La carta le decía que tuviera cuidado o podía ser destituida por tomarse la libertad de pagar la fianza de una presa con dinero público.
Sólo tenía ganas de volver a casa a descansar en su bonito sofá. Quitarse las botas y el sombrero y dormir un rato antes de cenar. Eso era lo que más quería. Y tomarse una taza de té.
Hoy no había podido saborear ese brebaje de los dioses debido al cúmulo de trabajo que su ayudante le traía cada dos por tres o los informes que no sabían completar el resto de personas que tenía a su cargo.
Cuando llegó la hora en la que se iba a casa, se desperezó en la mesa como un gato y miró hacia la ventana, allí todavía cantaban los pájaros. Mientras se entretenía en mirar a los pequeños animales voladores alguien llamó a su puerta, sacándola de su trance de nuevo.
Pensaba atender con una reprimenda a la persona que la hubiera distraído de tan bonita vista, pero se tuvo que callar al ver quién era el hombre que acababa de entrar a su oficina y había cerrado la puerta detrás de él.
Un hombre joven, moreno, con los ojos azules, vestido con traje y con buen aspecto le dirigió una sonrisa seductora mientras se acercaba a la mesa a saludar a la Sheriff.
-Buenas tardes, Sheriff Caitlyn.- saludó el hombre tendiéndole la mano, por alguna extraña razón no podía apartar la mirada de sus ojos.- Mi nombre es Ishmael, vengo de parte del Alcalde Adam a tratar unos asuntos.
Caitlyn volvió a la realidad nada más oír pronunciar el nombre del Alcalde de Piltover, le correspondió al saludo y lo invitó a sentarse en una de las dos sillas que tenía delante de su mesa en la habitación.
-¿En qué puedo ayudarle, Ishmael? – preguntó la Sheriff recostándose en su asiento mirándolo con los ojos un poco entrecerrados.
-Verá, Sheriff, como ya estará al corriente, el Alcalde no está muy contento con la última factura que le ha llegado de la prisión de Piltover. –Caitlyn no dijo nada, se limitó a examinar al hombre, que estaba perfectamente impoluto, ni una mancha en el traje, el cabello perfectamente peinado, la sonrisa perfecta, los ojos azules e hipnóticos…- Adam no quiere ser irrespetuoso, pero exige que el pago de la fianza de la presa llamada Vi sea pagada por otra persona, se niega a pagar tal desorbitada suma de dinero por una persona que no es digna de su devoción.
-¿No es digna de su devoción?- preguntó Caitlyn intentando conseguir algo de información.
-Vi es una ladrona, ella y su banda tomaron control de los barrios bajos de Piltover hace unos años. Me sorprende que no sepa esta información.
-Estaba al corriente.
-Pues bien, ella debería seguir en prisión, ¿por qué ha sido liberada? – el tono del hombre no varió en ningún momento, siempre tranquilo y con la sonrisa en los labios.
-Eso no le concierne ni a usted, ni al alcalde.- dijo ella devolviéndole la sonrisa.
-Entonces como Sheriff que es usted, dará caza a la presa Vi y la devolverá al sitio que le corresponde como ladrona, la cárcel. Además, no tiene la fianza pagada, con lo cual está quebrantando la ley. ¿Qué tiene que decir al respecto?
-¿Qué tengo que decir…? – se quedó pensativa, chasqueó los dedos con una idea.- Que Vi no está en busca y captura por parte de la policía, simplemente porque es una víctima, está amparada por la ley ahora mismo. Si delinque de nuevo, que no creo que lo haga, seré yo misma quién acabe con ella.
La franqueza de la respuesta de la Sheriff era justo lo que esperaba de una mujer como ella. Ishmael la miró de arriba abajo admirando a la mujer que había delante de él y no paró de sonreír, aunque cambió la mirada completamente.
-Vi es un peligro para la sociedad.- dijo Ishmael.
-Por primera vez estamos de acuerdo en algo.- dijo ella.- Pero de momento no creo que sea inadecuado dejarla en libertad. ¿Qué es lo que le preocupa al Alcalde Adam?
-Su seguridad.- dijo yendo directo al grano.- Vi tiene en su punto de mira a Adam desde hace varios años, no es de extrañar que el Alcalde quiera guardarse las espaldas.
-Entonces… ¿a quién debería detener, señor Ishmael? ¿A la ex presa o al Alcalde que quiere matarla?
-¿Qué insinúa Sheriff? – preguntó rápidamente, su sonrisa y la expresión de su cara sin cambiar.
-Vi tiene puesto precio a su cabeza, dígame si me equivoco.
-Creo que no sabe de lo que habla. Está insinuando sin ningún tipo de prueba que el Alcalde quiere a Vi muerta. Ni que fuera tan necesario que muriera.- le dijo el hombre soltando una carcajada.
Caitlyn borró la sonrisa.
-Y yo creo que usted ha venido aquí a perder el tiempo.- su tono serio.- Agradecería que se fuera por donde ha venido.
Ishmael sonrió y asintió, se levantó de la mesa sin darle la mano cortésmente como cuando entró y salió por la puerta cerrándola con un ligero golpazo, no le había gustado nada la actitud de la Sheriff. Era más joven que él y con un cargo más importante, eso no quitaba para que tratara así a la gente.
Salió de la comisaria y se montó en el coche que lo esperaba en la puerta del edificio.
Caitlyn suspiró intranquila, recogió las cosas y se marchó a casa.
