Bueno, aquí os dejo el siguiente capi, espero poder seguir actualizando esto tan rápido como hasta ahora. Rezad para que en la uni no me maten a trabajos. Sin más rodeos, continuemos la historia.
Cuando la Sheriff llegó a casa se encontró con una persona desmontando cosas en la puerta de su piso, sentada junto al quicio, entretenida en mirar las cosas que había depositado en el suelo con sumo cuidado. Tenía pinta de aburrida y estaba cubierta por una sudadera.
-Ya era hora de que llegaras.- le dijo la joven levantándose del suelo. Vi recogió las piezas en un santiamén.
-¿Estabas esperando a que llegara? – preguntó sorprendida. Como un perro aguardando a su amo, pensó.
-¿Qué querías que hiciera? No tengo llave de la casa, y no creo que te hiciera especial ilusión verme dentro, ya que hubiera tenido que romper la puerta o una ventana para entrar.- se encogió de hombros mirándola de reojo.
Estaba cansada, se le notaba en la cara. El rifle al hombro y carpetas debajo del otro brazo de trabajo acumulado. Vi suspiró dejando de lado las quejas sobre su espera.
-Deja que te ayude.- le cogió las carpetas sin que Cait dijera nada.
Agradeció el gesto mientras sacaba las llaves de su vestido de trabajo y metía la llave en la cerradura. Cuando entraron, Cait dejó el rifle apoyado junto a la puerta y el sombrero en la estantería de la entrada. Vi pudo comprobar la cantidad de sombreros, gorros y demás variedad de artículos para ponerse en la cabeza que Cait tenía.
Dejó las carpetas en la encimera de la cocina justo para ver cómo Cait se desplomaba en el sofá como un peso muerto.
La divirtió verla de ese modo. Se dirigió a su cuarto a dejar las piezas y los guanteletes y a ponerse ropa cómoda para estar por casa, hoy no tenía pensamiento de salir.
Se le hacía raro convivir con alguien que no quería matarla a cada minuto que pasaba, pero se le hacía más raro estar viviendo con alguien como Caitlyn. La joven era un genio, se preguntaba por qué se dedicó a la investigación en vez de a otra cosa menos peligrosa.
-¿Un día duro? – preguntó Vi sentándose en el suelo mirando la cara de Caitlyn a unos metros de distancia.
-Demasiado trabajo, demasiados inútiles que no saben hacerlo, demasiados anormales que amenazan sin tener ni… - una idea le vino a la mente. Abrió los ojos mirando a Vi, que estaba observándola con la cabeza ladeada perdida en un mar de pensamientos.- Vi.
-¿Qué? – preguntó la otra sobresaltada.- ¿Qué pasa?
-¿Odias al Alcalde Adam? – preguntó directamente, estaba demasiado cansada como para andarse con rodeos.
-Con toda mi alma.- dijo endureciendo la mirada.
Caitlyn la observó con curiosidad. No había visto a nadie odiar tanto en menos de un micro segundo al pronunciar el nombre de una persona. Vi apretó sus dientes con fuerza.
-Juro que algún día mataré a ese desgraciado.
Miró a la Sheriff, que entrecerró los ojos.
-Eso es delito, puedo detenerte ahora mismo.- dijo Cait incorporándose en el sofá, se sentó mirando a la joven.
Vi se levantó del suelo y se acercó a Cait sin apartar la mirada de sus ojos castaños. Le tendió las manos sin decir ni una palabra, retándola con la mirada.
-Detenme, entonces.- le dijo ella mirándola con cierto divertimento.
Caitlyn se levantó del sillón poniéndose a su altura, a unos centímetros de ella, Vi notó cómo su corazón se desbocaba debido a la mirada de la Sheriff, feroz, respondiendo a su reto. Ninguna persona había conseguido ponerla tan nerviosa en menos de dos segundos estando tan cerca. Y eso que era Vi la que tenía fama de rompecorazones y de loba en el barrio bajo.
-Como gustes.- dijo cerca de ella en voz baja, sacando las esposas y poniéndoselas con cuidado de no hacerle daño en las muñecas.
-Por lo menos te tomas la molestia de no hacerme daño.- le dijo con una sonrisa.
Caitlyn soltó una carcajada mientras miraba sus ojos azules, igual de hipnotizantes o incluso más que los de Ishmael.
-Tienes unos ojos muy bonitos, Vi.- le dijo ella. Su captiva se sonrojó un poco, no se esperaba que le dijera eso.
La sentó en el sofá con las esposas puestas, las manos detrás de la espalda y mientras, la Sheriff, se dedicó a hacerse el té de antes de la cena.
Se quedó observando los movimientos de la mujer que estaba haciendo la infusión mientras se le dormía el brazo derecho sentada en esa posición.
-Cait, la broma es divertida, pero se me está durmiendo el brazo.- le dijo con una sonrisa juguetona.
La Sheriff la miró divertida y se acercó a ella, sacó las llaves y se inclinó a quitarle las esposas, Vi giró la cabeza para verla y se topó con su esbelto pecho delante de sus ojos.
-¿Sabes? Creo que deberías esposarme más a menudo.- sonrió con cara de pervertida y Caitlyn cuando se dio cuenta de que no paraba de mirarle el escote le dio una colleja al terminar de quitarle las esposas.
-Vuelve a mirarme así y es lo último que haces.- la advirtió todavía con las esposas en la mano.
Se giró para volver a la cocina, cuando Vi vio su oportunidad de oro, en cuanto se giró su mano agarró el culo de la mujer. Caitlyn sin poder creérselo se giró para darle un puñetazo, pero Vi estaba en guardia y se levantó del sofá poniéndose en posición de ataque.
-¿Decías? – preguntó divirtiéndose mientras incordiaba a la Sheriff.
Cait no esperó más, se lanzó como una fiera contra Vi, ambas con una mirada divertida hacia la otra de vez en cuando. La delincuente se dedicaba a esquivar los ataques de la Sheriff esperando pillarla para poder tocarle el culo de nuevo y seguir picándola, hasta que Caitlyn consiguió hacer que la otra perdiera el equilibrio y acabara en el suelo boca arriba, Vi se golpeó la cabeza fuertemente y abrió los ojos para contemplar a Caitlyn encima de ella, apoyando todo su peso para que no se moviera, volviendo a ponerle las esposas, pero esta vez de forma más difícil ya que estaba tumbada en el suelo.
Vi notaba el peso de Cait encima suyo y notó su respiración errática de nuevo. No podía ser, sólo llevaba un día con ella y su cuerpo reaccionaba sólo. Iba a salir loca.
Borró la sonrisa dándose cuenta de que estaba jugando con fuego y Caitlyn se extrañó.
-¿Ahora no te ríes?
-No eres precisamente liviana, cupcake.- le dijo ella forzando que la otra se levantara y la dejara allí tumbada con sus pensamientos.
-No me digas cupcake, idiota.
-Nanananana naná, idiota.- dijo haciendo burla.
La mirada de Caitlyn la perforó. Si las miradas mataran, Vi hubiera muerto como unas treinta veces en menos de un minuto.
La dejó en el suelo tumbada mientras se tomaba su taza de té en el sofá tranquilamente. Vi no cambió de posición mirando el techo blanco y sintiendo que le dolían mucho los brazos. Se incorporó lo justo para que sus brazos no se clavaran en su espalda y se sentó apoyada en una pared.
-Dime, Vi.- le dijo Caitlyn desde el sofá.- ¿Por qué odias a Adam?
Vi se quedó en silencio pensativa. Tragó saliva y bajó la mirada. Cait sabía que no iba a responderle.
-Es una larga historia de la cual no quiero hablar.
-¿Por qué quiere Adam verte muerta? – preguntó Cait.
-Porque intenté matarlo a él primero.- dijo mirándola seriamente.
Un escalofrío recorrió su espalda sabiendo que la mujer que estaba conviviendo con ella era capaz de asesinar a sangre fría a una persona. A expensas de los motivos que tuviera, era una criminal y era peligrosa. Tragó saliva.
-¿Me tienes miedo? – preguntó Vi mirando hacia otro lado. – Es de sentido común, es mejor que no te involucres mucho conmigo.
Se consiguió levantar lentamente de la pared y se puso de espaldas a la Sheriff.
-¿Me las puedes quitar, por favor?
Caitlyn se las quitó tal y como le pidió. Vi se fue a su cuarto y cerró la puerta tras de ella. No volvió a salir en toda la noche, así que Caitlyn no se molestó en entrar a preguntar si quería cenar.
La semana pasó sin incidentes. Vi se distanció de Caitlyn y la trataba como una extraña, más por la Sheriff que por ella, no quería causarle problemas a alguien que le había ofrecido ayuda sin pedir nada a cambio. Bueno, sí, que la ayudara en el caso, pero sin agresores, Vi no podía ayudarla en nada hasta que no volvieran a intentar atacarla.
Pasados los días optó por ir al descubierto por el barrio bajo, saludando a la gente que la conocía y a los que la buscaban con gesto amenazante en la mirada.
Caitlyn no volvió a intentar sacar el tema de por qué Adam la quería ver muerta, su instinto le decía que había algo más en todo aquello, pero no quería molestar a su invitada, no fuera a ser que se enfadara y destrozara algo con esos guanteletes tan sumamente grandes que tenía como arma.
Vi llegó al taller la semana siguiente y se encontró a Corky y a Heimerdinger montando y desmontando a un gólem de metal más grande que el espacio que tenían en el taller, así que a veces lo sacaban para ponerle piezas y tener una visión global del "paciente".
-¿Qué es esto? – preguntó Vi tocando varias piezas sin los guanteletes.
Los dos hombrecillos le estaban haciendo modificaciones en todo lo que encontraban sobre el gólem.
-Esto es un gólem de metal.- dijo capitán obvio, alias Corky.
-Gracias, pero quiero saber qué hacéis con él. – les dijo Vi divertida.
-Modificarlo para una mejor funcionalidad.- dijo Heimerdinger.
Ambos hombrecillos se rieron antes la mirada molesta de Vi, que cruzó los brazos amenazadoramente.
-Su nombre es Blitzcrank.- le dijo Corky.- Esos inútiles de Zaun consiguieron crear un autómata, pero su diseño es obsoleto.
-Vamos a demostrarles a esos idiotas lo que Piltover puede hacer por este gólem.
-Manos a la obra, pues.- dijo Vi yendo a por los materiales que necesitaban para seguir trabajando en la modificación del gólem.
Estuvieron trabajando todo el día con Blitzcrank hasta que consiguieron hacer bien una parte del gólem, necesitarían por lo menos una semana para poder terminarlo por completo.
Caitlyn estaba patrullando el barrio alto como todos los días en los que tenía menos trabajo que hacer, pensando en sus cosas y en todo lo que tenía que hacer para resolver los casos que le quedaban. Seguía caminando hasta que perdida en sus pensamientos se chocó contra un hombre.
Era alto, musculoso, con una sonrisa encantadora, moreno y con los ojos castaños. La agarró de los hombros para que no perdiera el equilibrio y ladeó la cabeza sonriendo.
-¿Qué tal, Caitlyn? – le preguntó Jayce, que llevaba el martillo colgado en la espalda.
-Haciendo la ronda un poco despistada, ya ves. – le contestó con una sonrisa.
-Me han comentado que has estado trabajando muy duro últimamente.- sonrió de nuevo.- ¿Te apetecería cenar conmigo esta noche? Así te relajarías y dejarías de estar tan sumamente tensa, podemos hablar, reír… lo que quieras.
-No suena mal.- le dijo sonriendo ante el plan.- ¿En tu casa a las 9?
-Hecho.- le dijo él.
Se despidieron cordialmente y se fueron cada uno por su lado, hasta que se volvieran a encontrar por la noche.
Cuando terminó la ronda, se fue derecha a casa para ducharse y cambiarse de ropa. No quería presentarse en casa del Defensor de la Justicia de Piltover con las pintas que traída de trabajar en las calles.
Vi todavía no estaba en casa, pero por lo menos le había dado una llave, así que cuando quisiera podría volver a dormir. No tenía que preocuparse de la pelirrosa.
Cogió el coche hacia la casa de Jayce, situada en el mejor barrio de Piltover, cerca de la casa del alcalde Adam, aunque no le daba importancia a ese hecho, la verdad es que se sentía más tranquila sabiendo que Adam no haría nada teniendo a Jayce viviendo en su barrio.
