Bueno gente, aquí os dejo otro capítulo más de estas dos mujeres tan geniales. Saludos desde España. ^^
Vi estaba desmontando con gran destreza la parte central del Gólem. Heimerdinger y Corky seguían allí con ella ya que la estructura central de Blitzcrank así como la automoción del gigantesco invento de Zaun los tenía fascinados.
-Creo que es la primera vez que veo que Zaun hace algo normal.- les comentó Vi mientras miraba las conexiones debajo de una lupa para dejarlo todo como estaba.
-Después de todo, los experimentos que realizan son muy peligrosos, en vez de mecánica crean sólo monstruos.- dijo Corky molesto.
-Mira a Mundo si no.- explicó Heimerdinger.- Con el potencial que tenía ese Doctor, al final ha quedado para servir en los campos de la justicia como un mero luchador.
-Pero es bueno.
-Es lila.- dijo molesto.
-Es mejor que tú.
-Mentira.- dijo con la boca abierta.
Corky lo miró con gesto divertido, Heimerdinger le lanzó una llave inglesa por respuesta.
-De no ser por el avión que te fabriqué no serías nadie en la liga.- le respondió lanzándole otra llave.
-Que fabricamos.- corrigió el hombrecillo apartándose para no recibir un golpe en la cabeza, pero era difícil, Heimerdinger sólo llevaba llaves inglesas en la bata.
Vi optó por no inmiscuirse en las peleas de esos dos amigos. Siempre empezaban igual, la postura de Corky era más moderada en cuanto a los rivales de Zaun se refería, pero la postura de Heimerdinger era inflexible. Sobretodo sabiendo que cada vez que se encontraba a Viktor en los campos de la justicia solo iba tras él para que mordiera el polvo una y otra vez. Ni que decir que Viktor hacía lo mismo con el pobre profesor.
Corky y Mundo no se llevaban mal del todo, aunque claro, la conversación que daba el campeón de Zaun no era mucha.
Vi se sentía cómoda rodeada de estos dos hombrecillos que le habían enseñado todo lo que sabía desde que se escapó del orfanato y que le habían dado casa y prácticamente habían actuado como padres para ella aunque estuviera ya crecida.
La testarudez y la cabezonería de Vi no había nadie que se la quitara, pero aun así habían conseguido que aprendiera ciertas cosas sobre la vida y que no se metiera en tantos líos como antes. Ella estaba muy agradecida por todo lo que habían hecho a lo largo de estos años.
Siguió mirando la disputa mientras terminaba de montar lo que tenía entre manos. Miró el reloj del taller y vio que eran casi las once de la noche así que salió del taller por la puerta de atrás sin despedirse de los dos hombrecillos, que seguían discutiendo sobre Zaun y sus campeones.
Caminó hacia el barrio alto con una capucha echada sobre los hombros ya que estaba lloviznando, sus pasos hacían eco sobre las paredes de los callejones que tomaba y su ritmo era lento, relajado. Le encantaba el olor a lluvia y caminar debajo de ella. Era una de las cosas que no podía hacer entre rejas.
A decir verdad, no era la primera vez que estaba entre rejas, pero sí en prisión. Había pasado varias noches en el calabozo de la ciudad por agresión a algún barman de la ciudad que no le había puesto lo que ella había pedido o que casi la tima en la bebida.
Justo cuando caminaba hacia la esquina del callejón alguien la agarró del hombro. Instintivamente giró para darle un puñetazo a quien fuera el que estaba detrás de ella, pero al girarse vio un destello y no había nadie.
-Parece ser que tu agresividad no desciende conforme maduras, Vi.- le dijo una voz a sus espaldas. La joven sonrió girándose lentamente para ver al recién llegado.
Un joven rubio, con ojos azules y vestido con ropa de espeleólogo le sonreía con los brazos cruzados sobre el pecho. Debajo de sus ojos tenía tatuados dos triángulos de color carmesí. Llevaba unas gafas parecidas a las de Vi, perfectas para la espeleología y evitar que cualquier cosa entrara a los ojos del joven, así como un guantelete Hextech en el brazo derecho.
-No has cambiado nada, Ezreal.- le dijo ella sonriendo ante el cumplido de su amigo.
El joven abrió los brazos para abrazarla y ella lo correspondió, no sin antes darle unas palmaditas fuertes en la espalda.
-Acabo de llegar a la ciudad.- le dijo él contestando a los ojos inquisidores de Vi.- Ven, te invito a un trago.
Vi la siguió complacida hacia el bar en el que siempre se reunían cuando el joven volvía de alguna aventura por Runeterra o simplemente cuando se tomaba un descanso de la Liga.
La joven Sheriff llegó a casa de Jayce a la hora acordada, completamente bella enfundada en su vestido que le llegaba hasta las rodillas y que le dejaba los hombros al aire. El color de la prenda era rojo y le realzaba la figura perfectamente como si hubieran diseñado el vestido expresamente para ella. Calzaba unos zapatos cómodos con un poco de tacón del mismo color que el vestido.
La verdad es que no se había pensado mucho el vestuario, en cuanto abrió el armario supo qué prenda quería ponerse. Aunque estuvo un rato divagando si quizás se hubiera excedido en el atuendo, sobretodo sabiendo que iba a ir a cenar a casa de Jayce, uno de los hombres más deseados de todo Piltover.
Llamó al timbre dejando de lado los pensamientos sobre el vestuario y esperó hasta que la puerta se abrió, un trajeado Jayce le dio la bienvenida con una sonrisa en los labios. Le dio dos besos en forma de saludo lentamente, intentando quedarse cerca de ella todo lo posible.
Tras pasar el umbral se encontró con la gran casa del hombre. Estaba decorada con mucho gusto y completamente limpia, impoluta, todo en su sitio. Completamente diferente de su casa, que siempre estaba llena de papeles, informes y cosas por el medio.
-Me alegra tanto que hayas aceptado la invitación a cenar.- le dijo Jayce.- Hacía mucho tiempo que no te veía. He de disculparme por eso, es culpa de los combates de la liga.
-Es tu trabajo, no tienes que disculparte.- le dijo Caitlyn esbozando media sonrisa mientras el joven la conducía al salón donde iban a cenar.
La cena estaba preparada para servir, se olía el agradable aroma de la comida desde aquella sala salir de la cocina.
Jayce la acomodó en su silla y se fue hacia la cocina a por las cosas. Caitlyn mientras se entretuvo en ver la mesa, donde estaban colocados los platos blancos junto a la cubertería de plata, dos copas de vino vacías todavía y servilletas blancas. También había un par de velas encima de la mesa.
-Vaya, parece que alguien está intentando conquistarme.- dijo en voz baja mientras el hombre seguía en la cocina. Le parecía cómica la situación.
Cenaron tranquilamente hablando de los combates de la liga del hombre y de los casos de la Sheriff, pero sin nombrar mucho el caso de Vi salvo de pasada. Estaba más centrada intentando descubrir la forma de poder tenderle una trampa al Alcalde Adam. También le relató el incidente de Ishmael en su oficina.
Jayce se comportó como un verdadero caballero de ensueño durante toda la velada. Siguieron tomando vino mientras seguían charlando de todo un poco, dejando de lado el trabajo.
-…Miss Fortune no dejó pasar esa oportunidad para dejar en ridículo a Gangplank, el pobre se quedó con ganas de querer matarla, pero así son las cosas.- le relataba Jayce.
-La verdad es que se llevan como el perro y el gato.- le dijo Caitlyn.- Pero siempre acaban perdonándose.
-Hacen buena pareja.- le dijo sonriendo alargando la mano para coger la suya.- Como nosotros.
Caitlyn miró la mano de Jayce sobre la suya. Notaba el calor que desprendía y lo que el hombre quería mostrar con ese gesto, así que cuidadosamente la separó de él y se la llevó a su regazo.
-No sé qué decirte sobre eso.- le dijo la Sheriff seriamente.
-Seamos francos.- le dijo Jayce poniéndose serio. – Ya somos mayorcitos para saber lo que hacemos, así que iré directo al grano. Me gustas mucho, Caitlyn, ¿quieres salir conmigo?
La joven lo miró entrecerrando los ojos un poco. Salir con Jayce no estaba en sus planes de futuro aunque nunca se había preguntado si quería salir con él. Estaba claro que era un hombre poderoso, un campeón muy bueno y también un hombre muy deseado. Pero no estaba segura de querer salir con alguien como él.
-Verás, Jayce… - empezó a decir Caitlyn con aire ausente.- Creo que no estoy preparada para tener una relación en este momento.
El hombre suspiró. La joven lo siguió mirando.
-Entiendo.- dijo él. – Pero no voy a parar hasta que digas que sí.
Caitlyn le dedicó una sonrisa y se levantó preparándose para marchar. Esa conversación había hecho que se le quitaran las ganas de seguir conversando con el hombre. Empezó a preguntarse por qué había accedido a cenar con él.
Cuando la dejó en el coche para que volviera a su casa, Caitlyn pensó en Vi. ¿Qué estaría haciendo la joven? ¿Se habría preocupado por su ausencia?
Esbozó una sonrisa imaginándose a Vi buscándola por la casa hablando en voz alta como si pensara que se había escondido en algún lugar del apartamento.
Tras dejar el coche cerca de su casa, notó que estaba chispeando. Hacía un poco de frío pero se estaba bastante bien. Subió a su apartamento y abrió la puerta. No había nadie dentro de la casa. Vi no estaba, ¿dónde se abría metido?
Dejó sus cosas en el sofá y se frotó las sienes pensando de nuevo en Jayce. La velada iba tan bien… ¿por qué tenía que sacarle ese tema? No era la primera vez que lo hacía, estaba un poco cansada de darle evasivas.
Miró hacia la calle y decidió subir a la azotea a tomar el aire. Así podría distraerse un poco.
Vi estuvo hablando largo y tendido con el joven explorador hasta que se dio cuenta de la hora. Al día siguiente quería seguir reformando al Gólem y quería estar a primera hora en el taller, así que se despidió de él quedando para otro día y se fue a casa.
Nada más cruzar el umbral de la puerta, que hizo con sumo cuidado para no despertar a Caitlyn, se encontró las cosas de la Sheriff encima del sofá y su habitación estaba abierta, pero ella no estaba dentro.
Vi se extrañó y miró por encima buscando algo que le dijera donde estaba, hasta que se acercó a la ventana y vio que estaba abierta. Tras pasar por el desorden de habitación de la Sheriff y de la ropa que había tirada por el suelo, se asomó a la ventana y miró hacia arriba, viendo a Caitlyn en la azotea, apoyada en la barandilla.
La joven cogió una cerveza del frigorífico y subió las escaleras, no sin antes cerrar el apartamento y coger las llaves por si acaso. Cuando llegó seguía chispeando pero la lluvia no molestaba. Caitlyn estaba en la barandilla apoyada, llevaba un vestido de color rojo muy bonito con los hombros al aire, así que supuso que acababa de volver de algún sitio o de cenar con alguien importante.
-No sabía que te gustara este sitio, Cait.- le dijo Vi apoyándose en la barandilla a su lado.
La Sheriff salió de su trance y se fijó en la presencia de la pelirrosa, no se había dado cuenta de que estaba allí con ella. Miró la cerveza que traía con ella, le ofreció un trago que la Sheriff no despreció y se quedaron en silencio un rato hasta que Caitlyn lo rompió mirando hacia el horizonte, donde las luces de la ciudad mostraban ciertas zonas de la Ciudad del Progreso de forma distinta al día.
-¿De dónde vienes? – preguntó al darse cuenta de que la ropa de Vi tenía un ligero olor a tabaco y bebidas alcohólicas.
-Me he encontrado a un viejo amigo.- le dijo ella.- Me ha invitado a tomar un trago. ¿Y tú? ¿De dónde vienes tan sumamente elegante?
El tono con el que le hizo la pregunta hizo a Cait mirarla. Pero la joven no se fijó en ella ya que estaba demasiado ocupada acariciando la parte baja del vestido, era suave al tacto y no paraba de frotar los dedos contra la tela.
Caitlyn notó a Vi muy cerca de ella y tragó saliva. Nunca había visto a la ex presidiaria tan tranquila como en ese momento.
-De cenar con otro viejo amigo.- contestó secamente mirando cómo Vi recorría su cuerpo de arriba abajo con la mirada.
"Otra mirada como esa y acabarás mal, Vi".- pensó la Sheriff. No pudo evitar sonreír. Se quedó helada un momento, ¿qué acababa de pensar? ¿Qué había insinuado su cerebro ahora mismo? ¿Quería acostarse con Vi? Le pareció algo inaudito hasta que volvió a notar la mirada de Vi sobre ella y sintió fuego arder en su interior. Carraspeó.
Vi se dio cuenta de lo que estaba haciendo y dio un paso hacia atrás soltando la tela y dando un sorbo a la cerveza.
-Es una tela muy suave.- dijo intentando guardar las apariencias apoyándose en la barandilla, esquivando los ojos de la Sheriff.
-Sí, me gusta mucho este vestido por eso precisamente.- le dijo ella.
-Entiendo.- le dijo.
Momentos más tarde un escalofrío recorrió la espalda de Caitlyn, quien se llevó los brazos cruzados al pecho para evitar perder calor. Un soplo de aire que venía cargado de lluvia era el culpable de ello. Sin decir una palabra, Vi se quitó la chaqueta para ponérsela sobre los hombros. La joven llevaba debajo una camiseta de tirantes bastante sucia del taller, pero ninguna de las dos le dio importancia al estado de la prenda.
-Ahora vas a tener frío.- le dijo ella.
-Mejor yo que tú, ¿no crees? –le dijo sin mirarla, dando un sorbo a su cerveza.
Cait la miró interrogante, pero no le importó. Un gesto bonito no iba a dejar de lado los pensamientos de que Vi era peligrosa y que si se acercaba a ella podía resultar herida. Aunque en el fondo pensaba que era alguien amable, sobretodo viniendo de un barrio marginal y habiendo pasado tantas penurias cuando era pequeña. Después de varias semanas se había acostumbrado a la presencia de la joven, también sabía que le gustaba a Vi, era más que obvio. La verdad, no le importaba siempre y cuando no sobrepasara sus límites. Lo que le preocupaba era el pensamiento que antes le había asaltado, quizás se estaba mezclando demasiado con ella. Era bastante probable que estuviera mezclando sentimientos.
"Sí, seguramente será eso", pensó.
Después de terminarse la cerveza, ambas se fueron a dormir sin mediar palabra de nuevo. Cait dejó la sudadera de Vi perfectamente doblada en la encimera de la cocina, donde la joven la recogería al día siguiente sin ninguna duda.
Miró hacia la habitación donde dormía la ex presidiaria y sonrió, la verdad es que era la primera vez que sentía algo más que amistad por una mujer. Dejó de lado esos pensamientos de nuevo, suspiró y se fue a su cuarto a dormir.
