Ishmael cruzó el umbral de la habitación en la que se encontraban los vasallos de Adam, sentados cómodamente jugando a las cartas en una mesa redonda. Olía a tabaco y a whisky por toda la sala y los gritos y las voces altas de los vasallos hacían que al joven trajeado le dieran jaquecas.

Los hombres levantaron la mirada para saludar con un gesto de cabeza al recién llegado, al menos le tenían respeto. Esos hombres no eran más de una decena, sentados entre los sillones leyendo y otros jugando a las cartas sonoramente. Ellos formaban parte de la seguridad de la mansión donde vivía el alcalde.

Todos llevaban armas, ya que trabajaban como guardaespaldas, así que la Sheriff no podía decirles nada sobre tenencia de armas.

Ishmael miró hacia el otro lado de la sala donde se encontraba la puerta que daba al despacho del Alcalde, completamente insonorizada de los gritos y las voces de sus hombres. Anduvo hacia la puerta y se detuvo antes de entrar. Llamó fuertemente y cuando la puerta se entreabrió, entró.

El mayordomo del Alcalde era el que había abierto la puerta dejándole pasar cortésmente.

La sala, ricamente decorada, con cuadros bastante caros y otros artefactos guardados en vitrinas de cristal le daba a la sala un toque parecido al que te puedes encontrar en un museo.

Adam estaba detrás del escritorio leyendo unos informes mientras le daba una calada a su gran puro. En la mesa tenía una copa con brandy. El hombre era de mediana edad, ya casi rozando los cincuenta años, se conservaba en forma e iba en bata de seda, la ropa que solía llevar mientras estaba en casa.

Ishmael se sentó esperando a que el hombre que había delante de él lo mirara. Pasados unos minutos, el mayordomo se retiró y Adam levantó la mirada hacia el joven.

-¿Y bien? – preguntó el alcalde.

-No han podido interrogarlos, conseguí dispararles a tiempo.

-¿Y los guanteletes?

-Siguen en posesión de Vi, no lograron terminar la misión. Esa joven es demasiado… resistente. Ahora cuenta con el apoyo de la Sheriff y claro, el trabajo se hace más complicado.

-No te he pedido explicaciones, te he pedido los guanteletes.- le dijo enfadado.- Si no eres capaz de ocuparte de una mísera mujer, no eres digno de servirme.

Ishmael tragó saliva mirando sus ojos verdes. El hombre se quedó pensativo.

-Tenemos que quitarnos a Vi de en medio. – dijo simplemente. – Es un grano en el culo y la quiero muerta. No sé cómo te las apañarás, pero quiero esos guanteletes y los quiero ahora.

-Así se hará. – le dijo Ishmael levantándose del asiento y yendo hacia la puerta.

El alcalde lo observó irse y justo cuando cerró la puerta, mandó llamar a su mayordomo. El hombre entró impasivo y cuando llegó a su altura, Adam le pidió que tomara nota para mandar un mensaje.

-Ofrezco una recompensa de un millón de monedas de oro a la persona que me traiga a Vi viva. Medio millón quien me la traiga muerta.- miró al mayordomo.- Ya sabes lo que tienes que hacer.

El mayordomo asintió y salió por la puerta dejando a su señor que volviera a la lectura.


"¿Me quedo? ¿Me voy? ¿Me tiro por la barandilla y acabo con todo?", se preguntaba Vi observando la ciudad desde lo alto del edificio donde residía de momento con Caitlyn.

"Por una parte quiero irme", pensó mientras acariciaba el hierro frío de la barandilla, sus costillas le dolían menos que antes gracias a un ungüento que tenía en la habitación, pero el moratón seguía ahí. Le tranquilizaba estar moviendo sus manos, ya fuera agarrando algo o golpeándolo. "Pero por otra deseo quedarme. ¿Tan egoísta me he vuelto en este mes y medio conviviendo con la Sheriff?"

Suspiró dejando caer su peso sobre la barandilla mirando con aire ausente al horizonte. Sabía que no era egoísmo lo que le hacía querer quedarse con Caitlyn, era algo más. Llevaba negándolo todo este tiempo, pero el incidente en la mina lo había vuelto a aflorar, se estaba enamorando de la joven.

"No estoy enamorada", se reprendió, "siempre me han gustado las mujeres con carácter así que esto no es diferente, simplemente quiero liarme con ella y dejarla de lado, igual que con las demás."

Volvió a suspirar y se llevó las manos a la cabeza, furiosa. "Maldita sea, Vi. Aunque ella quisiera tener algo contigo… espera, ¡qué ilusa! Ese pedazo de mujer con un trozo de basura como tú. Es hasta carcajeable."

Su subconsciente no ayudaba y la lucha interna entre sus pensamientos tampoco. Se sentó en el suelo mirando al cielo, cerrando los ojos disfrutando de la brisa. Estaba anocheciendo.

Notaba su cuerpo todavía en tensión y estaba triste por la pérdida del taller de Heimerdinger. Había sido una buena explosión.

-Una buena explosión… - repitió esas palabras.

Si había explotado, Ziggs sabría algo del asunto. Ese maldito yordle pirómano amante de las bombas sabría quién explotó el taller. Sólo tendría que ir al Instituto de la Guerra para buscarlo, sacarlo de las habitaciones de los campeones de la liga y molerlo a palos hasta que le dijera quién había sido.

"Buena idea, sí, señora."

No surtiría efecto, si Ziggs estaba en el Instituto, no sabría quién era el que voló el taller. En cuanto a Heimerdinger y Corky, seguramente estaban los dos tan absortos en modificar el Gólem que ni se fijaron en quién entró aquella mañana.

Y eso que Heimerdinger estaba en el laboratorio secreto que tenía debajo del taller.

Absorta como estaba en sus pensamientos, cerró los ojos. Se frotó las sienes y entonces volvió al tema principal. ¿Se iba o se quedaba?

-Pensemos.- dijo en voz alta para ordenar sus pensamientos.- Pros y contras de quedarse.

Se mordió el labio. Caitlyn. La joven era el punto de mira de Vi. Tanto si se quedaba como si se iba sería todo por Caitlyn.

-A veces pienso que habría sido más útil si no me hubiera ido a casa aquella noche.- expresó en voz alta.

-¿Qué noche? – preguntó la voz serena y agradable de Caitlyn.

Vi tragó saliva y abrió los ojos para ver a la Sheriff vestida con una falda más larga de lo normal y una chaqueta. Era raro en ella, además, no llevaba sombrero alguno. Ahora, lo que siempre le acompañaban eran las botas y los guantes.

-Hace seis años, alguien me pidió que me fuera a casa. Y le hice caso.- dijo ella con pesar.

Caitlyn notó su mirada triste y se sentó junto a ella, haciendo que la otra diera un respingo. No se esperaba que la joven hiciera eso. Cait fijó sus ojos castaños en los de la mecánica y un ligero sonrojo se formó en las mejillas de Vi. Se reprendió mentalmente intentando desviar la mirada para que la Sheriff no se diera cuenta de ello.

-Hace seis años… - pensó la Sheriff.- Estaba en casa de mis padres, ellos todavía vivían en Piltover. Mi madre supo ver el potencial que tenía buscando pistas y rastros y siempre me animó a hacerme policía. Ella me proporcionaba todo el material.

-Eso está bien… - dijo Vi mirando de nuevo a la Sheriff.- Tener a alguien que te cuide. En el orfanato tenías que aprender a cuidarte a ti mismo. Tenías que ser el más fuerte o los demás te comían vivo.

-¿Por qué me da la sensación de que mandaste a más de un niño a la enfermería? – preguntó Caitlyn divertida.

-Seguramente se lo merecían.

-Como los presos de la cárcel.- le recordó ella.

-Esos se lo merecían más.- dijo frunciendo el entrecejo.

-¿Puedes creerte que el alcaide me dijo que eras tú el peligro para los presos? – soltó una carcajada que hizo que a Vi le diera un vuelco el estómago.

No la había oído reírse en mucho tiempo y era el sonido más bello que había oído nunca.

"Vuelve", le advirtió su cerebro, "estás mirándola demasiado".

Vi giró la cabeza para mirar al horizonte y Caitlyn paró de reír.

-¿Por qué me da la sensación de que tú también has mandado a hombres a la enfermería?- le dijo Vi.

-Es cierto.- le dijo sin borrar la sonrisa.- Hay algunos que se quejan del trato recibido cuando los capturo.

-¿Una bala en el hombro? – le dijo burlándose.- Nada, eso son quejas tontas.

-No te oí quejarte cuando te disparé.- agachó la mirada hacia el hombro que le hirió y cuando la levantó se encontró con los ojos azules de Vi que la miraban fijamente.

Hacían muy buen contraste con el color de pelo que llevaba ahora. Incluso con el tatuaje de debajo del ojo y el que llevaba en el cuello. Su cara perfecta, sus labios finos…

Caitlyn se inclinó hacia delante, notando a Vi cerca de ella, muy cerca. Notaba el calor que desprendía desde esa distancia, sus ojos azules mirándola, hipnotizándola. Notaba el aroma de su piel, de su cabello. Era todo perfecto.

Embriagada como estaba no notó la mano de Vi detrás de su nuca, acariciando su cuello suavemente, pero su subconsciente respondió al gesto inclinándose más hasta rozar los labios de la joven.

Se fundieron en un beso cálido, espontáneo, inesperado. Ambas cerraron los ojos notando sus corazones latir fuertemente contra su pecho, la respiración agitada de ambas y el movimiento de sus labios contra la otra. Vi respondió al beso de Caitlyn tiernamente, haciendo que la Sheriff siguiera besándola.

Después de unos minutos, Caitlyn rompió el beso. Vi la miró con las pupilas dilatadas, completamente embriagada, queriendo más. Notó en su mirar el deseo, la pasión con la que la miraba.

Caitlyn volvió a la normalidad, sabiendo que se había equivocado.

-Perdóname, no sé qué me ha pasado.

Se levantó del suelo caminando hacia la salida mientras Vi no dejaba de devorarla con la mirada. Una vez hubo desaparecido, Vi golpeó con fuerza el suelo.

-¡Joder! – exclamó mordiéndose el labio inferior.

Caitlyn se detuvo en las escaleras mientras bajaba, su corazón desbocado y el sabor de los labios de Vi todavía en los suyos. Se llevó la mano a su pecho y abrió los ojos sorprendida.

-¿Por qué he hecho eso? – preguntó en apenas un susurro mirando hacia atrás, por donde había venido.


Vi bajó las escaleras de vuelta al apartamento, donde se encontraba Caitlyn cenando con la mirada perdida. Pasó por delante de ella y se dirigió a su cuarto, donde cogió los guanteletes, se cambió de ropa y se dirigió hacia la salida.

-¿Dónde vas? – preguntó Caitlyn.

-He de resolver unos asuntos. No tardaré mucho.- le dijo la joven cerrando la puerta con los guanteletes ya puestos.

Caitlyn no se atrevía a seguirla después de lo ocurrido en la azotea. Quizás iba a destrozar algo porque estaba enfadada con ella. No estaba segura. ¿Por qué la había besado?

Estaba claro, se sentía atraída hacia Vi. Apretó con fuerza la mandíbula enfadada consigo misma, ¿a quién se le ocurría involucrarse con una delincuente? Y ya no solo eso sino con una a quién querían ver muerta.

¿Qué pasaría si Vi muriera? No podría volver a mirar a Heimerdinger a la cara, mucho menos a Ezreal. Incluso ella se sentiría triste.

Intentó borrar todos estos pensamientos de su mente y se centró en su cena.


Las calles del barrio bajo seguían tan oscuras como siempre. No había nadie a esas horas de la noche salvo los vagabundos de la zona y algún que otro camello de poca monta. Pero a Vi no le interesaba esa gente, sabía exactamente dónde se debía dirigir.

Uno de los almacenes de la zona donde operaba la que antes había sido su banda cuando salió a las calles. Se dedicaban a robar a los bancos y a pelearse con otras bandas de la zona. Habían sido como su familia hasta que decidió dejarlos, no quería seguir con ellos sobre todo cuando Adam los quiso erradicar del mapa.

Llegó a la puerta principal, donde dos hombres altos y musculados la miraron de arriba abajo reconociendo quién era. Uno de ellos le sonrió mientras abría la puerta y la guiaba entre las grandes cajas hacia donde estaba el jefe de la banda. Atrajo las miradas de los miembros de la banda, que estaban holgazaneando por el almacén.

El jefe de la banda, un macarra con una cicatriz en la boca le dirigió una mirada amigable cuando vio que se trataba de Vi. Kane, que así se llamaba el hombre le indicó que se sentara junto a él.

-¿A qué debo tu visita, Vi? – preguntó mientras hacía un gesto a dos de sus hombres para que les trajeran unas copas con whisky.

-¿Cómo va el negocio, Kane? – preguntó interesada.

-Tenemos nuestros altos y nuestros bajos, pero nos mantenemos fuera del alcance de Adam, ya sabes cómo es.- les dieron las copas.

Brindaron en silencio por los viejos tiempos mientras el murmullo de la gente en el almacén crecía.

-Supongo que pasar a saludar no es lo único que te ha traído hasta aquí. – le dijo él.

-¿Qué sabes de la explosión del taller? – preguntó yendo directa al grano.

-El taller del viejo Heimerdinger… - dio un sorbo a su copa.- Sé que se usaron muchos explosivos Hextech, pero no sé cuándo los colocaron. El que se los vendió tiene que estar mal de la cabeza, explotar el taller... Corky y Heimerdinger lo matarán en cuanto lo pillen.

-¿Se sabe quién fue?

-¿El que los vendió? Me temo que no, pero todos sabemos que fue Adam quién lo ordenó. Otro que no sabe lo que es enfrentarse a la ira de Corky y Heimer.

-¿Qué ganaría Adam matando a los dos yordles? – preguntó Vi.

-A ti.- sus ojos castaños se posaron en los suyos azules. La cara de Vi reflejó tristeza.- Escúchame, Vi. Has sido siempre la mejor, esos guanteletes tuyos hacen los trabajos mucho más fáciles de lo que normalmente son. Es normal que Adam quiera ese poder.

-Adam no sabe lo que hace.- le dijo ella golpeando sus guanteletes entre ellos atrayendo la mirada de la gente que había cerca.

-Si alguna vez decides volver al negocio, siempre puedes venir aquí.- le dijo Kane.- Esos guanteletes tuyos son de lo mejorcito del barrio.

Soltó una carcajada despidiéndose del hombre. Salió del almacén sin que nadie la parara ni dijera nada y recorrió las calles del barrio bajo con cuidado, saliendo hacia el barrio de los ricos sin que nadie la siguiera.


Bueno, pues otro capítulo más. Las cosas se empiezan a caldear. ¿Qué pasará? Atentos a los siguientes capítulos y eso.

Muchas gracias por vuestras reviews e intentaré seguir subiendo tan rápido como ahora, pero lo dicho, estudiar, trabajos, universidad... espero que me de tiempo.

Un saludo a todos los lectores. ^^