Bueno, siento el retraso pero he estado muy liada esta semana. Espero poder seguir escribiendo esta semana un poco más, al menos otro capítulo para subirlo a mitad de semana o finales. Un saludo, lectores.
Al día siguiente Vi fue despertada por unos golpes en la puerta de su dormitorio, se levantó de la cama como un rayo y fue hacia ella. Abrió con cuidado y se encontró a Caitlyn recién levantada pero completamente arreglada para ir a trabajar.
-¿Ocurre algo, Sheriff? – preguntó somnolienta mirando el vestido de Caitlyn de arriba abajo, era el lila, como de costumbre.
-Vístete, hoy me acompañas a trabajar.- le dijo seriamente.
Vi abrió la boca para replicar pero la mirada seria de Caitlyn le hizo tragarse sus palabras. Cerró la puerta detrás de ella y se comenzó a vestir. Diez minutos más tarde estaba fuera de la habitación preparada para un día de trabajo, con el pelo despeinado y cara de sueño.
Se arregló un poco en el baño y se preparó el desayuno mientras Caitlyn se tomaba su té de la mañana leyendo el periódico. Vi le dio los buenos días mientras se preparaba café y se sentaba delante de su compañera frotándose las sienes cansada.
-¿Dónde fuiste? – preguntó Caitlyn intentando no parecer interesada en el tema.
-A dar un paseo.- dijo ella mirándola a los ojos.- Necesitaba despejarme.
Caitlyn tragó saliva, lo de anoche le molestó.
-Lo siento mucho, Vi.- le dijo ella bajando la mirada.- No sé lo que pasó.
-No tiene importancia, Caitlyn.- le dijo ella esbozando una sonrisa. – Sólo fue un beso, no significa nada más.
Aunque pareciera mentira esas palabras hicieron que el corazón de Caitlyn diera un vuelco. No había significado nada para ella. Sintió desasosiego y su mirada se ensombreció, pero no dejó que la ex presidiaria se diera cuenta de su flaqueza. Siguió leyendo el periódico mientras tomaba té, pero no podía concentrarse en lo que leía. Su mente repetía una y otra vez esa frase. ¿No significa nada más? ¿En serio? Se mordió el labio pensativa, luego volvió a pensar, ¿y qué más le daba a ella? Mejor de esta forma, ¿verdad?
Levantó la mirada para observar con disimulo a Vi, que sorbía su taza de café en silencio pensando en sus cosas. Mejor de esta forma, ¿verdad? Su corazón sintió un pinchazo.
Una vez terminado el desayuno recogieron las cosas y partieron hacia la comisaría. Vi no replicó en ningún momento por qué tenía que acompañarla a trabajar a la oficina, ya que se sentía incómoda.
-No te voy a encerrar ni nada por el estilo, Vi.- le dijo bromeando la Sheriff.
-La policía y yo no nos llevamos muy bien. – le contestó con una sonrisa.
Condujo en silencio hasta que llegaron a la oficina, tal y como la recordaba el primer día, no había cambios significantes dentro del edificio de la policía. Era una casa de unos tres pisos, donde la oficina de Caitlyn se encontraba en la planta más alta, dentro de una sala para ella sola. Fuera estaban las mesas del resto de agentes haciendo papeleo o redactando informes. Otros cogían llamadas o se levantaban para ponerse en marcha a patrullar la ciudad.
Nadie le preguntó a Caitlyn por qué Vi estaba con ella, al parecer ya había dado el aviso de que iba a venir con ella. Aun así, la joven mecánica sintió las miradas de las personas de la oficina clavándose en su nuca cuando pasaba por su lado. Unos la miraban desconfiados, otros cautelosamente.
Una vez estuvieron dentro de la oficina de la Sheriff, se relajó, no sabía que había estado conteniendo el aliento hasta ahora.
Caitlyn la miró con una sonrisa amigable mientras dejaba las cosas al lado de la mesa y se sentaba en la mesa de su despacho. Vi dejó los guanteletes apoyados al lado de la ventana y se dedicó a mirar hacia la calle, donde los coches y las personas que pasaban le hacían la mañana más amena.
-¿Me has traído a comisaría para mirar por la ventana de tu despacho?
Caitlyn levantó la mirada de unos informes y le hizo un gesto para que se sentara delante de ella, en una de las sillas que había puestas delante de su escritorio. Se dejó caer pesadamente en una de las dos, observando los rasgos de Caitlyn mientras se concentraba en mirar uno de los informes con detenimiento. No pudo evitar sonreír un poco, estaba muy mona cuando miraba de esa forma.
-Me estás mirando.- le dijo Caitlyn con tono un poco molesto.
-No hay nada mejor que hacer en este momento.- le dijo desviando la mirada hacia los informes.- Siempre me ha parecido terrible la vida del Sheriff, teniendo que revisar informes a diestro y siniestro día sí y día también.
Caitlyn la miró esbozando una sonrisa.
-Se me da mejor el papeleo que arreglar máquinas. Eso lo considero yo aburrido.
-Has herido mi pequeño corazoncito.- dijo llevándose la mano al pecho haciendo un gesto de dolor con la cara, Caitlyn se rió de ella. – Las máquinas por lo menos son interesantes, ¿recuerdas cómo se llama esta ciudad? Ciudad del Progreso, por algo será.
-Sí, sí, tecmaturgia y desarrollo de piezas Hextech, me parece muy bien.
-Tenemos un instituto de ciencias en Piltover, Heimerdinger lo dirige, ¿se te ha olvidado eso también?
-Cómo olvidarlo.- le dijo ella dejando el informe en la mesa.- Mi madre trabajaba allí con él.
Vi levantó una ceja sorprendida.
-Con lo aburridas que te parecen las máquinas jamás pensé que algún familiar tuyo pudiera tener algo que ver con ellas.
-Me parezco más a mi padre. – le dijo simplemente.- Mi madre me proveía con piezas Hextech para que pudiera investigar.
-Caitlyn, la chica prodigio de Piltover. Tan inteligente y avezada como bella. – dijo bajando la voz para que no la oyera, pero Cait la oyó, bajó la mirada para evitar que la viera sonrojarse un poco. - ¿Por qué dedicar tu vida a buscar gente como yo pudiendo ser cualquier cosa? Por lo que tengo entendido tu padre era adinerado, podrías haber sido lo que quisieras.
-Por la misma razón por la que a ti te gusta la mecánica.- le dijo ella revisando otro informe, dejó el que llevaba en una pila a su lado.- Siempre me gustó cazar gente.
-Suena hasta despiadado viniendo de ti. – le dijo riéndose.
Caitlyn esbozó otra sonrisa. Llamaron a la puerta del despacho. Entró uno de los agentes de la Sheriff, miró a Vi incómodo y volvió a dirigir la mirada hacia su jefa.
-Han dado un aviso un tanto extraño.- le comunicó.- Parece ser que una de las bandas se ha movilizado y tomado control de uno de los edificios del sector industrial. Los trabajadores han sido liberados.
-¿Qué es lo que quieren los delincuentes?
-Quieren sus guanteletes.- le dijo mirando a Vi de reojo.
La joven se levantó de la silla yendo a cogerlos.
-Puedes marcharte.- le dijo Caitlyn al hombre.
Vi se puso los guanteletes mientras el hombre se iba, la Sheriff se levantó y se acercó a ella.
-No vas a ir.- le dijo ella autoritariamente.
-Como si pudieras impedirlo.- le dijo ella furiosa.
-Te acabo de dar una orden.
-Nadie me da órdenes.- le dijo dándose la vuelta para mirarla bloqueándole el paso.
Caitlyn no se movió del sitio, Vi le mantuvo la mirada, pudo ver en sus ojos cómo la ira tomaba posesión de ellos. Pero la Sheriff se mantuvo rígida, con los brazos cruzados.
-Apártate, Cait.- le dijo ella bajando el tono de voz.
-En cuanto salgas por esa puerta mis agentes te detendrán. Y si montas un escándalo irás de vuelta a la cárcel, ¿entiendes? – le dijo ella.
-Todos tus agentes no podrían conmigo ni en cien años.- le dijo ella mordazmente.
Caitlyn le apartó un mechón de pelo de la cara, haciendo que la otra perdiera un poco la compostura. Cait sonrió dulcemente.
-Iré contigo.- dijo dando su brazo a torcer.
-No puedo permitirlo.- dijo cambiando la mirada de una llena de ira a una preocupada.
-Soy el oficial de mayor rango de este edificio y de esta ciudad, si digo que voy contigo, voy contigo.
Antes de que pudiera replicar, Caitlyn llevaba el rifle cargado al hombro y su sombrero encima de la cabeza. Vi refunfuñó algo y la siguió a través de la oficina hacia el coche.
El agente le esperaba a la salida con la dirección del edificio donde se encontraban los asaltantes, le preguntó si necesitaría refuerzos, pero Caitlyn dijo que con Vi le bastaba, en caso de que necesitara a alguien más pediría ayuda por radio.
El agente miró a Vi de arriba abajo preocupado por su jefa y asintió. No confiaba en la ex presidiaria y sus motivos tenía, aun así la palabra de Caitlyn era la ley y debía acatarla sin miramientos.
Montaron en el coche de la Sheriff y ella condujo cerca de donde se encontraba el edificio en cuestión. Había gente por todas partes esperando que la Sheriff apareciera o algunos de sus agentes.
En cuanto la vieron aparecer con Vi, varias personas empezaron a murmurar entre ellas.
-Odio a la gente.- dijo intentando relajarse un poco.
-Tranquila, Vi. – le dijo la Sheriff mirando hacia los edificios del sector industrial.
Todos los edificios estaban hechos de metal, unidos por puentes entre las secciones para que los edificios pudieran ser más altos y pudieran sostenerse perfectamente. El grupo de asaltantes estaba justamente en el edificio central del sector, rodeado a su vez por edificios altos unidos por puentes entre ellos. De esa forma podían acceder a todos los edificios colindantes sin problema.
Caitlyn habló con varias personas y empezó a movilizarlas para que salieran de los edificios que estaban cerca del que habían asaltado inmediatamente.
Pero evacuar toda una zona llevaba tiempo y hasta el mediodía no salieron todos los del sector, quedando solamente los asaltantes en el edificio central, con sus hombres armados hasta los dientes y pidiendo que solamente Vi se acercara al edificio. La joven contestó con una sonrisa y amenazó a la gente con romper el pilar maestro del edificio y acabar así con todo, pero Caitlyn se lo impidió varias veces.
Una vez todas las personas estuvieron fuera de los edificios colindantes, Caitlyn empezó a trazar un plan para ella y para Vi, pero la joven mecánica no estaba prestando atención a lo que decía la Sheriff y más de una vez le hizo perder la paciencia. Pasado el rato entraron en el primer edificio para empezar a capturar a los asaltantes.
Vi iba detrás de Caitlyn, pendiente a cualquier movimiento, tal como la Sheriff le había dicho, pero sin éxito, al final Vi acabó por perderse entre los pisos de los edificios colindantes, perdiendo a Cait de vista. Separadas como estaban, Caitlyn soltó una maldición y siguió avanzando con cuidado intentando no atraer la atención de personas no deseadas que pudieran estar en el edificio.
Cuando llegó a lo alto del primer edificio, justo donde se encontraba el puente oyó una explosión en el edificio de al lado. Pensando que Vi estaba en peligro corrió por el puente acercándose todo lo que pudo hasta que contempló un trozo del suelo donde se encontraba en el piso inferior. Vi se levantaba pesadamente del suelo, una persona inconsciente se encontraba debajo de los escombros.
-¡Vi! ¿Qué haces? – exclamó con fuerza desde el piso superior.
-Este imbécil quería hacer explotar toda la dinamita del edificio.- le dijo lanzándole un detonador. – Lo he dejado inconsciente, pero no pienso quitarle los escombros de encima.
-Deja de destrozar cosas, por favor.- le pidió mientras levantaba la vista hacia el siguiente puente.
Llamó a sus agentes para que empezaran a venir a recoger a los hombres malheridos de los edificios y para que se los llevaran a la cárcel.
Vi saltó desde los escombros al piso de arriba, donde se encontraba Caitlyn y con una asombrosa agilidad trepó enseguida ayudada por su guanteletes. La Sheriff la miró sacudirse el polvo de la ropa que llevaba puesta, unos vaqueros con unas botas y un jersey granate.
Continuaron juntas hasta el siguiente acceso, donde dos hombres estaban apostados en la entrada del edificio. Sin pensárselo dos veces, Caitlyn les disparó evitando que pudieran coger sus armas mientras Vi se lanzaba contra ellos y los dejaba inconscientes a puñetazos.
No le gustaba que Vi se mostrara tan violenta, pero era la forma más rápida de llegar a su objetivo.
-Por lo menos aparenta que te dan pena.- le dijo Caitlyn apoyada en la pared de la entrada.
-No me dan pena.
-Entonces que no te divierta tanto verlos sufrir.
Vi se acercó a ella para mirar hacia dentro de la sala.
-Es que me divierte.- le dijo en voz baja cerca de su oído.
Se apoyó justamente donde estaba ella. Caitlyn tragó saliva al ver a Vi tan cerca de ella, podía notar su calor, su olor embriagador. Apenas se rozaron mientras Vi echaba una ojeada por encima de ella hacia dentro.
-Está vacío.- le dijo con media sonrisa separándose de la joven de nuevo.
Entró primera, antes de que la Sheriff recuperaba el aliento que no sabía que había perdido. La siguió momentos después con el rifle preparado para disparar en caso de que hubiera movimiento por la habitación.
Pasaron hacia el siguiente puente, donde no había moros en la costa. Caminaron por el puente observando con cuidado hasta que a mitad del mismo se detuvieron completamente.
Varios hombres por delante de ellas y por detrás aparecieron cercándolas en el puente.
-Parece ser que nuestro hombre llevaba razón. No te separas de ella.- le dijo a la Sheriff un hombre bastante corpulento, con una cicatriz en la cara.
-¿Y quién es ese hombre? – preguntó la Sheriff sin bajar el arma.
Tres hombres delante, cuatro detrás. Vi se encontraba flexionando los músculos a su lado, dirigiendo la mirada hacia los de detrás. Sus guanteletes brillaban con fuerza y desprendían humo.
-No es necesario que te lo diga, muñeca. Dentro de un rato no serás más que otro cadáver sobre este puente.
-Eso habrá que verlo.- dijo la Sheriff con una sonrisa.
Antes de que el primer disparo de los hombres saliera hacia ellas, Vi se había lanzado empujada por sus guanteletes hacia los cuatro hombres que había detrás de ellas. Dos se cayeron del puente con un grito desgarrador mientras que los otros dos quedaron aplastados contra la pared que daba acceso al puente.
Justo cuando se giró vio que Caitlyn había disparado a dos de los tres hombres que tenía delante de ella y que quedaba sólo el hombre de la cicatriz apuntándola. Otro disparo más se había oído, pero el disparo del hombre de la cicatriz sólo rozó el brazo de Caitlyn.
La Sheriff hizo una mueca de dolor antes de dispararle y dejarlo inconsciente.
Vi se acercó a ella y le miró la herida del brazo. Tenía un color verde extraño cerca de la herida.
-¿Estás bien? – preguntó Caitlyn a Vi.
-Te iba a preguntar lo mismo.
-Estoy un poco mareada, nada más.- le dijo la Sheriff caminando hacia el hombre de la cicatriz. Tras dar dos pasos cayó de bruces al suelo.
-¡Caitlyn! – exclamó Vi a su lado.
Los ojos castaños de la joven miraron los suyos azules llenos de preocupación, pero no podía oír lo que ésta le decía. Sólo atinó a decir en apenas un susurro una palabra. "Veneno"
Vi la cogió en brazos antes de que se desmayara de nuevo y la colocó con sumo cuidado en el suelo, fue a por el tipo de la cicatriz y lo registró hasta que encontró lo que andaba buscando. Un frasquito de veneno en su chaqueta.
Vi maldijo al desgraciado que yacía en el suelo y sin pensárselo dos veces cargó con Caitlyn hacia la salida de los edificios y hacia el coche.
Ya no quedaba mucha gente por allí, sólo los agentes de Caitlyn moviéndose por la zona. Ninguno se dio cuenta de su presencia ocupados como estaban en apartar escombros y recuperar cuerpos de los asaltantes y reducirlos. Montó a Caitlyn en el coche y depositó el rifle a su lado junto al sombrero.
Se pasó los guanteletes por la cabeza nerviosa, no podía llevar a Caitlyn a un hospital, seguramente Adam tuviera hombres trabajando allí esperando que ingresaran a alguien con los síntomas de este veneno. Suspiró. Se quitó los guanteletes rápidamente y los echó detrás.
Condujo hasta la tienda más próxima de hierbas. El veneno que tenían las balas era uno de los más comunes del barrio bajo, era de los más usados y Vi conocía la cura.
Aparcó rápidamente mirando a Caitlyn, que empezaba a temblar, empapada en sudor. Le tocó la frente y estaba ardiendo. Faltaba poco para que el veneno le empezara a quemar y se despertara del estado inconsciente del que se encontraba.
Entró a la tienda y le pidió al dependiente rápidamente las hierbas que necesitaba. Parece ser que con el aspecto que traía, la prisa con la que se la pidió y el tono, se pensaba que lo estaba atracando. Vi le dejó el dinero encima de la mesa cuando le trajo todas las hierbas.
Se volvió a meter en el coche y condujo hacia el apartamento de la Sheriff justo cuando Caitlyn empezaba a despertar. Respirando rápidamente, dolorida.
-Aguanta, Cait.- le dijo Vi sacándola del coche y subiéndola al apartamento.
Caitlyn gemía de dolor mientras subían las escaleras. Entró en la casa y la depositó en la cama. Caitlyn se retorció de dolor agarrándose a las sábanas, entre espasmos.
Le quemaban los pulmones y completamente empapada en sudor le daban escalofríos cada dos por tres.
Vi volvió a bajar al coche a por las cosas que le faltaban, subiendo rápidamente hacia el apartamento de nuevo. Dejó las cosas tiradas y empezó a hacer la infusión de hierbas para que el veneno no la matara.
Una vez preparado un cazo grande, lo vertió en una taza y lo llevó a la habitación, donde Caitlyn estaba en la cama retorciéndose de dolor. Lágrimas en sus ojos y escalofríos por su espalda.
-Vi… - intentó decir Caitlyn mientras la joven se arrodillaba a su lado y la incorporaba.
-Bébete esto, Caitlyn.- le dijo mirándola preocupada.- No te va a gustar, pero trágalo entero.
La Sheriff tragó poniendo cara de asco conforme el brebaje preparado por la joven pasaba por su garganta. Vi la volvió a dejar en la cama. Parecía que estaba un poco más calmada, pero le seguía doliendo.
-Tengo frío, Vi.- le dijo en apenas un susurro.
Estaba con los ojos cerrados, agarrando las sábanas de la cama, intentando paliar el dolor.
-Escúchame, Caitlyn.- le dijo Vi nerviosa.- Tengo que quitarte esa ropa, está completamente mojada. También tengo que curarte la herida del hombro.
Caitlyn abrió los ojos un poco para mirarla con cara suplicante.
-Hazlo.
Su voz sonaba tan dolorida como mostraba su cuerpo. Vi le quitó las botas y las correas que llevaba en los muslos. La piel de la Sheriff era suave al tacto y aunque estuviera sudorosa, Vi no pudo evitar sonrojarse un poco. Pero la preocupación que tenía encima sobre la salud de ella le podía más que cualquier pensamiento erótico que pudiera tener sobre Caitlyn en ese momento.
Le quitó las correas de los brazos y empezó a desvestirla. Fue más difícil de lo que pensaba, la joven moviéndose cada dos por tres por culpa del dolor. Le puso unos pantalones largos de pijama y una camiseta de manga corta. Después le puso la plasta con las hierbas sobrantes de la infusión vendada en el brazo.
-Tengo frío.- le dijo agarrando la camiseta de Vi.
-Espera.- se fue de la habitación trayendo un balde de agua con un paño. Empezó a limpiarle el sudor de la cara.
Caitlyn entreabría los ojos para mirarla de vez en cuando, mientras le tomaba la temperatura para ver si la fiebre le bajaba. Enjuagó el paño de nuevo en el balde y lo dejó apoyado en la mesita, mientras se tumbaba al lado de Cait.
Caitlyn se acercó a ella, acurrucándose contra su cuerpo, buscando el calor que desprendía.
-Duele mucho.- dijo con los ojos abnegados en lágrimas.
A Vi se le cayó el alma a los pies al verla en ese estado. La abrazó fuertemente estrujándola contra ella. Era su culpa, otra vez. Se había dicho a sí misma que no quería ponerla en peligro pero aquí se encontraba. Caitlyn envenenada, intentando paliar el veneno con una de las infusiones que se usaban en el barrio bajo.
Caitlyn le clavó los dedos en la espalda, intentando calmarse.
No contó el tiempo, pero era ya de noche cuando volvió a cambiarle el vendaje y a darle de nuevo de la infusión. Le volvió a limpiar el sudor del cuello y comprobó que estaba menos caliente que por la mañana. La fiebre estaba más baja.
Se quedó con ella toda la noche hasta que la fiebre se le pasó.
La Sheriff abrió los ojos para poder contemplar a Vi mientras intentaba descansar, todavía agarrándola. Su corazón latía fuertemente en su pecho, debido a la proximidad y al dolor creado por el veneno. Los rasgos de Vi le resultaban muy bellos mientras la cara estaba completamente relajada apoyada en la almohada. Se acercó más a ella para poder sentir su calor, su olor y se quedó dormida tiempo después.
Caitlyn había dejado de temblar y parecía haberse dormido, así que se levantó de la cama, con los músculos agarrotados intentando no hacer ruido para no despertarla.
Cuando miró el reloj del salón eran las siete del siguiente día, estaba amaneciendo.
Se sentó cansada en el sofá masajeándose el cuello agarrotado de estar toda la noche pendiente de Caitlyn, cambiándole el vendaje y dándole de la infusión. Ahora estaba más tranquila sabiendo que su vida no corría peligro, que el dolor había remetido y que estaba descansando por fin.
Espero que os haya gustado. Nos vemos pronto, ^^.
